Iago Moreno – La Trivial http://latrivial.org Wed, 01 Apr 2020 14:14:44 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.13 https://i0.wp.com/latrivial.org/wp-content/uploads/2016/11/cropped-15036253_710723722415432_1532388340839172055_n.jpg?fit=32%2C32 Iago Moreno – La Trivial http://latrivial.org 32 32 108976849 TikTok y los nuevos fascismos http://latrivial.org/tiktok-y-los-nuevos-fascismos/ http://latrivial.org/tiktok-y-los-nuevos-fascismos/#respond Thu, 30 Jan 2020 05:07:21 +0000 http://latrivial.org/?p=7663  

Por Iago Moreno (@IagoMoreno_Es)

El auge de TikTok y su incursión en la vida política

A día de hoy, TikTok ha sido descargado por más de mil millones y medio de usuarios alrededor de todo el mundo, convirtiéndose en la primera red social de origen chino en volverse global. Como aplicación es simple y precaria; desde fuera, casi absurda. Aunque pueden publicarse vídeos más largos, la enorme mayoría de ellos tienen una duración de quince segundos, en los que los usuarios suelen limitarse a imitar un vídeo-meme, hacer playback de sus canciones favoritas o compartir momentos  aislados de su vida. Sin embargo, durante los últimos meses TikTok ha adelantado en número de descargas a gigantes de las redes sociales como Facebook, Instagram, YouTube y Snapchat. Lleva un año y medio creciendo exponencialmente, y es particularmente fuerte entre audiencias como los países en vías de desarrollo o las nuevas generaciones que se suman a la red. Nadie puede asegurar dónde estará su techo.  Asustadas de su desembarco, Google e Instagram intentaron lanzar sus propias versiones (Firework y Reels) pero la operación ha sido un fracaso. Definitivamente, TikTok ha venido para quedarse, y ya la usan hasta organizaciones terroristas como el ISIS.

En nuestro país, la plataforma china aterrizó como una moda entre los más jóvenes. Sin embargo, cada vez son más quienes se han ido contagiando de este fenómeno global que pronto formará parte de nuestra realidad cotidiana. ¿Cuáles serán los efectos del alunizaje de TikTok en la política española? Cuando sea una red tan popular como las demás… ¿Ganará la extrema derecha esta partida igual que cuando logró tener tantos seguidores en Instagram como todo el resto de partidos juntos? ¿Será la revancha de la izquierda que le permita retomar la iniciativa? La periodista cultural Ana Iris Simón abrió el melón esta misma semana. Explicaba, bajo el titular atrapador  “TikTok está lleno de fans adolescentes de VOX”, cómo los de Abascal han sido los primeros en desembarcar en ese terreno inhóspito. Hoy me sumo al debate contando cómo los neofascismos de otras partes del mundo tomaron la ventaja en esta red adaptándose a sus códigos y formatos y planteando qué implicaciones concretas puede esto tener.

 

TikTok en la India:  de bollywood y el cricket al odio entre castas y el neofascismo hinduista

India cuenta con cientos de millones de usuarios de Tik Tok. Allí, el furor por esta app entró en erupción repentinamente pero con una fuerza incomparable. En sólo 18 meses, la red social pasó de ser absolutamente desconocida a estar en el 30% de las pantallas. Hoy en día, un usuario medio de la India gasta 30 minutos diarios atiborrándose a tik-toks. TikTok India es un mundo complejo: se sigue el último meme de moda nacional, se baila al son de sitares distorsionados y sintetizadores ochenteros, o  se parodian escenas del cine de Bollywood; pero también se generan fenómenos-fan completamente singulares. Según afirma el investigador indio Aman Kumar, los estudios más fiables nos dicen que más de la mitad de los usuarios indios pertenecen a los estratos más pobres de la sociedad, es decir, de allá donde Twitter y Facebook jamás lograron penetrar con fuerza. Como explica la periodista india Snigdha Poonam, para muchísimos de ellos, TikTok se ha convertido en una suerte de escenario donde competir por atención, celebridad o una vida nueva como las súper-estrellas que antes sólo coronaba el cine, el deporte, o la televisión. En una sociedad desgarrada por la desigualdad y la pobreza, una ventana así se vuelve terriblemente magnética.

India está viviendo una de las épocas más oscuras de su historia reciente. Cuando los pueblos del subcontinente indio lograron su independencia frente al imperio británico, la República India se constituyó como un Estado federal aspirando a integrar y reconocer toda la diversidad cultural, religiosa y social de quienes la habitaban. Sin embargo, desde 2014,  la victoria del fundamentalista hindú Narendra Modi ha ido arrastrando al país a un proceso violentamente extremista: transformar ese modelo de equilibrios y reconocimiento mutuo en una teocracia supremacista hinduista; alimentarse de la desesperación y el “miedo al futuro” de cientos de millones de indios para instaurar el poder de una nueva casta política bajo la promesa de “hacer a India grande otra vez”. ¿Cómo? Enfrentando a la mayoría social del país con la comunidad musulmana, los inmigrantes, los sindicatos o cualquiera que alce la voz contra la feroz represión de su gobierno.

Como señala el historiador Subir Sinha, la dirigencia política del Bharatiya Janata Party (BJP) ha explotado intensamente redes sociales como Facebook, Twitter y Youtube para construir la apariencia de una conexión directa, sin mediaciones, entre el pueblo y el liderazgo de Naredna Modi. Complementariamente, junto a aplicaciones de mensajería como whatsapp, han servido para la diseminación de campañas de desinformación o la conexión subterránea de los sectores más radicales de la juventud nacional-hinduísta. Tras investigaciones como las de Swati Chaturvedi, conocemos también la organización y el modus operandi de las campañas de linchamiento anónimo y masivo que se apoyan sobre sus enjambres de cuentas troll.  Sin embargo, aún nos queda mucho por comprender qué papel está jugando TikTok, como red emergente, en eso que autores como Ali Zain han llegado a bautizar como “tecno-populismo indio“.

El nacional-hinduismo entiende que TikTok es un espacio digital a conquistar. Como un toque de atención, la aplicación fue censurada temporalmente en abril de 2019 bajo la acusación de “distribuir pornografía” y durante todo el año India fue el país desde el que más peticiones de censura se enviaron. El mundo de TikTok india se ha dejado permear por las dinámicas sociales del odio social entre castas    y, como era de esperar, también del resto de conflictos políticos fundamentales. El modismo no ha dudado en arrastrar esta realidad a su favor extendiendo el monzón propagandístico de su movimiento a la nueva red; principalmente, alentando a la agitación vía TikTok o haciendo viral el “juego” de imitar orgullosamente las frases más polémicas o graciosas de su líder. 

@maira.shahmodi insan ban ja ….♬ original sound – mehboob.jutt

Para entender cómo se ha dado esta simbiosis conviene centrarnos en casos concretos. Desde mi punto de vista, esto se ve particularmente claro en tags como “#article370” o #370a, dedicados a la decisión del gobierno de suprimir la autonomía política de Kashmir  (la única región de mayoría musulmana). Mientras los cachemiros sufrían un sitio militar, el cierre de su parlamento y un apagón total de su acceso a internet, estos tags modistas se convirtieron en un altavoz del gobierno para justificar la masacre. A través de ellos, los modistas se dedicaron a viralizar video-memes caricaturizando a quienes difunden las denuncias de torturas y ejecuciones, celebraciones orgullosas de la ocupación militar y el toque de queda, o playbacks y bailes de canciones del llamado “pop patriótico”. Es decir, canciones que entre sitares y teclados ochenteros elogian a Modi, atacan a Pakistán o hablan de lo prometedor que sería el futuro si se arrancase de cuajo “el separatismo”, “el islam” y “el comunismo”.

@ankitafandomNow that article 370 is repurcatted kashmir to kanyakumari is all same💞 #unitedindia #article370♬ original sound – deepusudeepa23

@geetrathore0#ilovemyindia #15aguest#article370 #duetwithgeet #indiatiktok i love my india😚jai hind…jai bharat♬ original sound – shivakushawaha

Brasil: el auge del Bolsonarismo también suena a funk carioca

De los suburbios de Nueva Delhi a las favelas de Río de Janeiro hay más de 14 mil kilómetros de distancia. Sin embargo, como describe el CM de la aplicación Rodrigo Barbosa, el crecimiento de TikTok  en Brasil ha sido un fenómeno “explosivo” durante el último año y medio. Coincidiendo cronológicamente con la llegada de esta app, el auge del bolsonarismo se ha hecho notar también en este nivel de las redes sociales.

Los ecos del bolsonarismo en TikTok no sólo están protagonizados  por sus seguidores más comprometidos. De hecho, su auténtica fuerza se basa en usuarios medios que se suman puntualmente aunque sin complejos. Como Samara, que sin tener un perfil político un día decide sumarse a la ola bolsonarista para reírse de quienes le dan unfollow por sus ideas. Como buena tik-toker, Samara lo expresa a través de un tag; uno de esos video-memes que los usuarios usan como lienzo para expresarse a través de él.  Escoge el “Love You Guys”, que consiste en contar algo molesto que no quieres dejar que te afecte mientras suena una versión de un trap de Lil Uzi Vert ralentizada y llena de reverb. Tras unos segundos fingiendo estar afligido, miras a cámara, te ríes en la cara de quien pretende molestarte, y pasas a otra cosa; en este caso, subir vídeos mostrando sus dotes para el maquillaje o perreando temas de Anitta.

@eusafurtado#bolsonaropresidente♬ LOVE YOU GUYS – تويكر

Hay que puntualizar que el bolsonarismo no sólo toma los tags existentes, también crea los suyos propios. El más viral que he podido encontrar se titula “Bolsonarolover”. Consiste, básicamente, en grabarse mientras suena una de las pullas más sonadas de Bolsonaro como si saliese de tu boca. La mayor parte de quienes se suman al tag son mujeres jóvenes seguidoras de o bolsomito y fervientemente anti-feministas. El tag lo comenzaron militantes de su movimiento, pero acabó tomado por cuentas normales. Cuentas normales que, como el ejemplo mostrado abajo, más que a la agitación bolsonarista se dedican casi enteramente  a doblar escenas de la televisión brasileña o a grabarse haciendo twerk sobre temas de funk carioca remixeando “Bella Ciao”.

@maikellysantos3Acabou😗 #bolsonaropresidente♬ original sound – bolsonarolover

@maikellysantos3#pulsar #pulsa #pulsa #pulsabunda♬ som original – victoriioso

TikTok en Israel, la ciber-propaganda militar y el blanqueamiento del terror 

Al otro lado del mediterráneo, en las tierras ocupadas de Palestina, el tsunami de TikTok hace tiempo que anegó las redes de los israelíes. Allí, bajo la etiqueta de #IDF (Israel Defence Forces) una enorme parte de las y los jóvenes israelitas que pasan por el servicio militar obligatorio comparten su rutinas en los cuarteles vía TikTok. Evidentemente, no se graban selfies disparando civiles con munición real ni encarcelando menores como Aheed Tamimi. Por el contrario, en las más de 31 millones de visualizaciones del tag lo que predominan son videos donde  muestran su orgullo de pasar por esa “preciosa” etapa de su vida, posan coquetamente con el uniforme puesto ante el espejo del baño, cantan, o presumen de sus prácticas de tiro  con un TAR-21 entre las manos. 

@sayeret_1ראש פלדה 👊 הזאבים של 101 צנחנים 🐺#idf #foryoupage#viral #foryou #fun #laugh #fyd #tiktok♬ original sound – sayeret_1

 

Lo que truena en la calle no se queda a las puertas de las redes y, por tanto, no es difícil encontrar tik-toks islamófobos y frivolizaciones de las consecuencias de la ocupación. Eso sí, en la línea habitual del pink-washing israelí, entremezclados con exaltaciones “feministas” y gay-friendly de lo que llaman “la única democracia de oriente próximo”.

@litalpakanaev#tik_tok #foryou #idf #duet♬ Stay Young – Darren Styles Dougal & Gammer

Los nuevos fascimos y la era digital: ¿qué hay de nuevo en el fenómeno TikTok?

Que el Estado israelí haya conseguido hacer que las redes sociales sean un espacio de reafirmación de su proyecto es un fenómeno muy interesante que podemos observar con claridad a través de TikTok. Sin embargo, nada de lo que ahí está pasando es particularmente nuevo. Cuando los virales y los memes comenzaron a normalizarse como fenómenos socio-virtuales, uno ya podía toparse con lo que en 2013 Paula Slier  bautizó como la “guerra virtual” (web war) de la IDF.  Hace años, este fenómeno se encarnaba a través de páginas de Tumblr, retos virtuales como el “Harlem Shake” (no diré que éste no sea revelador) o polémicos flash-mob, incluyendo paradójicamente uno a la canción “TiK ToK” de la cantante Kesha. Hoy que las redes sociales son un lugar de socialización aún más importante para todos los ciudadanos israelíes, este fenómeno es todavía más claro. 

 

En Instagram, cuentas pro-IDF cosechan miles de seguidores publicando los posados que cientos de jóvenes recluta les envían con sus uniformes puestos para ganar seguidores tras ser publicadas. La cuenta de Twitter oficial de la IDF tiene más de un millón de seguidores y ha internalizado tanto los códigos de la red que ha llegado hasta a amenazar a Irán con memes. Hoy mismo, mientras escribía estas líneas, dieron su último anuncio. “Tik, Tok, Tik, Tok, Tik, Tok… ¡Boom! *emoji de una bomba* ¡Ya estamos en Tik tok!” ¿No era acaso un paso esperable? 

 

Con los casos de India y Brasil pasa más o menos lo mismo. En la India el modismo penetró incluso en el corazón de Bollywood, donde se han filmado películas sobre su figura protagonizadas por superestrellas tan reputadas como Vivek Oberoi. Su ofensiva online, como explicamos, se extende desde la desinformacíon por medio de las aplicaciones de mensajería instanea a las macro-operaciones de linchamiento a lo partisan trolling. ¿Y Brasil? Allí la campaña de Jair Bolsonaro tomó como vehículo de expresión hasta la música trap, los videojuegos y los vlogs. La estudiosa de las redes sociales turca Zeynep Tufekci (una de las mentes más lúcidas en su campo) afirmó una vez que Youtube es “uno de los instrumentos radicalizadores más poderosos del siglo XXI”. En caso de Brasil le da ciertamente la razón. Como señalan Max Fisher y Amanda Taub, dentro del “ecosistema de odio” en el que se ha convertido la ciber-esfera brasileña, Youtube ha sido la punta de lanza en la amplificación de los discursos ultraderechistas, las teorías conspiradoras más enrevesadas y la desinformación organizada. Al lado de todo lo anterior, que haya usuarios de TikTok que hablen positivamente de Bolsonaro en los códigos propios a la app no es una sorpresa. En primer lugar, es una manifestación irrefrenable de un proceso político que impregna todas las instancias de la sociedad. En segundo lugar, es la continuación ineludible de una consonancia entre el bolsonarismo y las dinámicas de la red que ya se había hecho notar en otras muchas esferas virtuales.

¿Cómo entender la fuerza del tecnopopulismo y el auge del neofascismo? La importancia de estudiar sus expresiones sin confundir síntomas y causas

Ana Iris Simón hizo muy bien en señalarnos como el apoyo que VOX genera en cientos de miles de jóvenes nuestro país se hace eco en TikTok incluso aunque esta red social esté aún despegando. Como ella señala, Abascal fue la papeleta más votada entre los varones menores de 30 y en  ese sentido es normal que una red que triunfa mayoritariamente entre los más jóvenes no sea inmune a su auge. La extrema derecha europea, como explica Paolo Gerbaudo, es consciente de la afinidad de sus discursos con las lógicas de las redes sociales. No van a mirar a otro lado ante la erupción social del fenómeno TikTok;  por eso il capitano tiene ya un cuenta oficial con más de un millón de likes y Vox un perfil “oficioso” allanando el terreno.

@matteosalviniufficiale#Pizza bruciata? #colpadiSalvini (questa volta per davvero) 🍕 🔥♬ original sound – bingbongshowtime

Sin embargo, es importante no perder la perspectiva a la hora de hablar de estas cuestiones. El caso de TikTok es novedoso y sugerente, pero hay muchos otros fenómenos parecidos que aunque merezcan una atención mucho más profunda seguimos ignorando por no ser tan atractivos. Desde mediados de 2018 la esfera de youtubers que dedican sus canales a hacer críticas devastadoras al feminismo, elogiar las virtudes del fundamentalismo de mercado o  caricaturizar a la izquierda, ha crecido vertiginosamente auspiciada por VOX. Al menos 5 de ellos tienen más de 100.000 suscriptores y los de Abascal les han concedido más de una docena de entrevistas a canales de su órbita. Mientras, en Twitter, la alt-right española (autodenominada burlonamente como #TeamFacha) ha asumido con plena normalidad  la gramática de los memes y las dinámicas de la agitación troll. En Instagram o Facebook, las páginas pro-derechistas se cuentan a miles. TikTok es sólo un síntoma interesante pero de dimensiones marginales; la extrema derecha es virtualmente anfibia desde hace mucho, simplemente hemos decidido ignorarlo para estar más cómodamente despreocupados.

Enmarcar la apuesta por TikTok dentro de las sintonías más amplias que hay entre las redes sociales y el populismo reaccionario, es una primera clave. Sin embargo, hay una segunda mucho más vital: por muy importante que sea entender el modo en el que el tecnopopulismo explota las redes sociales, es aún más necesario que no confundamos el síntoma con la causa. El auge de la extrema derecha no emana de ninguna “alquimia de la comunicación digital” o del márketing político en toda su amplitud. Proviene fundamentalmente de una lectura política inteligente de los tiempos históricos que vivimos. Sus virtudes a la hora de amoldarse a las nuevas formas de eso que Strömbäck llamó “mediatización de la política” sirven para maximizar el alcance de su discurso, para explotar las potencialidades de su estrategia, pero no es su estrategia en sí.  

Esta confusión interesada es tan vieja como el vértigo al auge de los fascismos. ¿Cuántos liberales gimotearon sin cesar sobre “la poderosísisma estrategia de propaganda de Goebbels” para evitar discutir los orígenes de la verdadera crisis que dió aliento al nazismo? Hoy no podemos caer en ese mismo error. Los nuevos fascismos y populismos reaccionarios toman todo cuanto esté a su paso, si les sirve estratégicamente, como vehículo para su discurso: Bolsonaro, los templos evangélicos; Duterte, la iglesia católica de Filipinas; Modi usa hasta las expectativas sociales puestas en la carrera espacial. Son medios, canales, y escenarios que les ofrecen enésimas oportunidades para profundizar su estrategia, pero no son las espina dorsal de su proyecto. Estudiar cómo funciona la comunicación personalizada a través de la minería de datos, las estrategias de captación de los templos evangélicos o los ritos hinduistas no nos explica por qué avanzan Trump, Bolsonaro o Modi, sino cómo. Mientras esa cuestión no se entienda, dará igual cuantos hagamos esfuerzos aislados por repensar la praxis política de los movimientos progresistas y democráticos en las redes sociales. Si ese esfuerzo no se enmarca en un estudio mucho más profundo  de las razones  por las que sus discursos sirven para reconstruir esperanzas rotas, forjar identidades anchas y poderosísimas o movilizar afectos reprimidos durante años, seguiremos vagando perdidos. 

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Álvaro García Linera: “El neoliberalismo 2.0 es una acción de venganza” http://latrivial.org/alvaro-garcia-linera-el-neoliberalismo-2-0-es-una-accion-de-venganza/ http://latrivial.org/alvaro-garcia-linera-el-neoliberalismo-2-0-es-una-accion-de-venganza/#respond Sat, 23 Nov 2019 11:45:21 +0000 http://latrivial.org/?p=7490

Por Denis Rogatyuk y Iago Moreno

Entrevista publicada originalmente en El Ciudadano el 29 de octubre de 2019, semanas antes del golpe de Estado

Álvaro García Linera ha sido sindicalista, guerrillero en el Ejército Túpac Katari, preso político y profesor; además de ser considerado un intelectual de pensamiento comunista que desde el año 2006 ejerce la vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, en el binomio que integra con el presidente Evo Morales, ambos ganadores de cuatro elecciones de forma consecutiva.

En esta entrevista exclusiva para El Ciudadano, García Linera expone la visión que tiene de los nuevos proceso neoliberales que han llegado a algunos gobiernos de América Latina, después de poco más de una década de gobiernos progresistas, desde la victoria de Hugo Chávez en Venezuela en 1999. Esta entrevista se llevó a cabo en septiembre y se publicó en octubre, unos meses antes de que se perpetrara un golpe de Estado contra el gobierno de Evo Morales, que actualmente ha llevado al exilio tanto al presidente como al propio Álvaro García Linera.

En países como Argentina, Brasil, Ecuador, El Salvador y Paraguay la derecha retomó el poder y ha enfilado sus garras contra quienes formaban los entonces gobiernos de izquierda. Frente a esta realidad, García Linera sostiene que este regreso del neoliberalismo es solo una oleada política, mas no el inicio de un largo ciclo.

“El gran problema de este neoliberalismo 2.0 es que no es un proyecto de sociedad, sino que es ante todo una acción de venganza, es un repudio y una actitud de cobrar cuentas; no es un proyecto que entusiasme, es simplemente un proyecto que enerva la emotividad enviciada de la gente para buscar culpables de sus problemas en respuestas fáciles, y eso tiene pies cortos”, enfatizó.

Igualmente, García Linera aborda el proceso de formación de cuadros políticos que tiene lugar en su país, la influencia de las redes sociales en la nueva geopolítica regional, entre otros temas que han colocado a Bolivia en el tapete mediático, tras la reciente victoria de Evo Morales en primera vuelta con más de 10,5 puntos porcentuales de diferencia sobre su más próximo contendiente, Carlos Mesa.

A continuación, la entrevista íntegra que ofreció el vicepresidente boliviano:


¿Cuál es el balance político ahora en comparación con el período electoral de 2014 en Bolivia? ¿Cree que el terreno político del MAS se ha reducido debido a la aparición de figuras como Carlos Mesa y Oscar Ortiz y sus respectivos personajes?

Los opositores hoy tienen otros rostros, distintos a los de hace 5 o 10 años atrás. Sin embargo, hay algo en común, la ausencia de un proyecto alternativo de Estado de economía y sociedad por parte de las fuerzas opositoras, y esa es su principal debilidad.

Más allá de rostros nuevos o antiguos, de siglas diferentes, de retóricas diferenciadas, la gran limitación de las fuerzas conservadoras es que no han podido superar el horizonte de época prevaleciente marcado por el Estado Plurinacional, no tienen un proyecto distinto al Estado de articulación de clases populares con clases dirigentes. No tienen un proyecto distinto de economía que enfrente o que supere esta presencia del Estado como principal actor económico y distribuidor de la riqueza y tampoco tienen una propuesta, al menos abiertamente distinta, de este empoderamiento de los pueblos indígenas en la construcción del Estado.

Entonces, el trípode que ha armado, o que ha caracterizado la última década la economía boliviana, la política boliviana, no tiene hoy una contraparte, no tiene un proyecto alternativo, y en ese sentido ahí estamos parecido a hace cinco años.

Por eso confiamos en las bases fundamentales del proyecto y de la estructura hegemónica de la plurinacionalidad.

El Vicepresidente boliviano considera que la victoria de Andrés Manuel López Obrador en México es la primera de muchas de la izquierda en los próximos años.

Durante años, eso que usted describió como el esfuerzo ideológico-mediático por pontificar un fin de ciclo, quiso proyectar sobre el futuro de América Latina un inevitable regreso a la larga noche neoliberal. Sin embargo, la victoria sin precedentes de Andrés Manuel López Obrador en México y la sorprendente ventaja del Frente de Todos en las PASO argentinas, parecen estar demostrando que esa inevitabilidad del regreso al paso no era más que una quimera. ¿Qué papel ve que juega Bolivia en las nuevas alianzas regionales y posibilidad de un nuevo bloque del poder continental?

Curiosamente ha habido una especie de matrimonio o coincidencia filosófica entre el discurso del fin de la historia, propugnado por las corrientes liberales de los años ‘80 del siglo pasado, con ciertas corrientes izquierdistas o progresistas que hablaban del fin de ciclo de la oleada progresista. Digo que coincidían porque tenían una mirada teleológica de la Historia, algo así como fundada en leyes que van o están por encima de la acción humana.

Resulta que cuando estaban ya cantando que se acabó el fin de ciclo de las izquierdas, que ahora viene una nueva época conservadora, se da la victoria en México, se decía ‘ya es el último coletazo de fin de ciclo’, y entonces aparece Argentina, y Bolivia, y pretendemos que pase en Uruguay.

Lo que no entienden estas miradas fantasiosas de la realidad, es que los procesos históricos no se mueven por ciclos, por ‘leyes’, independiente de la acción humana, se mueven por oleadas. Frente al concepto de fin de ciclo, yo propuse oleadas. Las acciones colectivas, las luchas sociales se dan por oleadas, van, avanzan, logran, conquistan, llegan a un tope, se detienen, retroceden, pero luego pueden volver a animarse a una nueva oleada y a una tercera oleada.

Yo creo que asistimos, y lo vamos a comprobar al finalizar este mes de octubre, a una nueva oleada de los procesos progresistas de un mundo y una América Latina que busca opciones y alternativas a la desigualdad, a la miseria y a la explotación.

La segunda cosa de esta lectura es que concebían las victorias conservadores, este regreso del neoliberalismo, como el inicio de un largo ciclo que podría durar 10 o 20 años, y no es así. El gran problema de este neoliberalismo 2.0 es que no es un proyecto de sociedad, sino que es ante todo una acción de venganza, es un repudio y una actitud de cobrar cuentas; no es un proyecto que entusiasme, es simplemente un proyecto que enerva la emotividad enviciada de la gente para buscar culpables de sus problemas en respuestas fáciles, y eso tiene pies cortos.

Uno no puede construir hegemonía de largo aliento, es decir, tolerancia moral de los gobernados sobre los gobernantes, con base en el odio y el resentimiento. Entonces, este neoliberalismo 2.0 tiene patas cortas, tiene posibilidades muy limitadas, porque no ha creado una nueva propuesta de vida, una nueva propuesta de sociedad.

Lo hizo en los años ‘80 y ahí estuvo su fuerza. Mientras que los otros pretendían conservar lo existente, los neoliberales decían: ‘Vamos a cambiar el mundo de esta manera: libre empresa, globalización, economía de libre mercado, tratados de libre comercio’. Era una propuesta de vida, de sociedad, que capturó el entusiasmo, la adhesión y el consenso activo de sectores subalternos de clases populares, pero hoy no lo hacen.

Encima este neoliberalismo 2.0 surge en un momento en el que el mundo entero está viendo un derrumbe de la creencia del fin de la Historia, basada en los preceptos neoliberales de Inglaterra y Estados Unidos, que eran los abanderados del libre comercio hace 30 años atrás, hoy son proteccionistas. Y la economía planificada de China, con el partido único, ahora es la abanderada del libre comercio.

En este escenario de caos generalizado, de derrumbe de la narrativa globalizadora, de la narrativa neoliberal, los proyectos neoliberales que se están dando en algunos países ya no tienen el brillo, la fuerza, la convicción, la entereza, ni capturan el entusiasmo de la gente. Pueden durar unos años para cobrar cuentas y vengarse -las clases altas de las clases medias o populares-, pero no atraer el espíritu colectivo de largo aliento de la sociedad. Por lo tanto son proyectos de corto alcance y más pronto que tarde se enfrentarán a nuevas oleadas de malestar popular, porque lo que están generando es mayor pobreza.

El binomio que integra con Evo Morales no ha perdido una elección presidencial desde el año 2006.

El proyecto del MAS ha combinado varias dimensiones de la política revolucionaria: la gestión del Estado, la lucha política contra la oposición, el cumplimiento de las demandas de los movimientos sociales y el proceso de cumplimiento y actualización de las tareas revolucionarias. ¿Cuáles cree que son los principales centros de gravedad del poder político dentro del MAS y cuáles son los principales desafíos que se le presentan al Gobierno de Evo Morales?

Una de las enseñanzas que ha traído Bolivia radica en que no construye gobernabilidad ni estabilidad social y política únicamente con fuerza parlamentaria, sino también con acción colectiva. Los dos pilares de la gobernabilidad que hemos construido son mayoría parlamentaria, evidentemente, pero también mayoría social en las calles, acción colectiva en las calles, un elemento clave para entender las nuevas formas de democratización. La segunda, la articulación compleja y flexible de organizaciones sociales en las estructuras de poder y de decisión. Sindicatos, gremios, confederaciones, campesinos, indígenas y juntas vecinales forman una estructura de poder en el Estado.

Es flexible porque a veces se retiran, luego se reincorporan, la estructura de gobierno es una confederación flexible de organizaciones sociales. El MAS no es tanto un partido, sino una organización flexible, fluida, laxa, negociada de organizaciones sociales, y eso también es otra novedad en las formas de organización colectiva que se hacen Estado, que se hacen gobierno y le dan otra dinámica al proceso político boliviano.

Los retos son varios. El hecho de que el mundo plebeyo tenga ahora acceso a cargos de poder, de decisión en parlamentos, en ministerios, en alcaldías, en gobernaciones, de la cual estaban permanentemente excluidos, ha abierto una apetencia sana de querer participar, de hacer una especie de carrera: ‘Me vuelvo dirigente obrero y ya mi siguiente paso es convertirme en concejal, en diputado, en viceministro, en ministro’.

Yo no critico esa actitud, después de 500 años de marginamiento y de encerramiento de la gestión de gobierno en pocas familias, se trata de una ampliación del derecho a ser reconocido y de tomar decisiones, pero eso genera un problema en la organización social, porque son militantes, sindicalistas, obreros, campesinos, indígenas, que rápidamente hacen una carrera de gestión social y pasan a la política estatal, dejando el ámbito sindical sin cuadros políticos; y entonces eso se traduce en una gradual y lenta despolitización de las estructuras sociales, y a mediano plazo puede ser muy complicado.

Se requiere una permanente repolitización de los sectores sociales. En Bolivia, nosotros, cada cinco años se cambian los diputados y senadores y alcaldes, y concejales, y asambleístas departamentales. En promedio, hay una renovación en 98 % de los cuadros políticos, eso es muy acelerado, porque ascienden nuevos y luego ascienden otros nuevos, y a nivel de direcciones intermedias va quedando gente con menos formación, con menos trayectoria, con menos experiencia que en parte puede ir debilitando la estructura organizativa de los sindicatos.

Eso es para mí uno de los riesgos que nos exige en los siguientes cinco años, a apoyar los procesos de repolitización de la vida sindical, de cualificación de los cuadros dirigenciales de sindicatos, de gremios, de comunidades campesinas e indígenas. Ese sería un primer reto.

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García Linera expone que desea fortalecer la formación de cuadros jóvenes políticos en Bolivia para los próximos años.

Usted declaró en 2017 tener ganas de poder liberar más tiempo y espacio para dedicarse -cito textualmente- “al objetivo de formar nuevos cuadros comunistas”. Sin embargo, las necesidades del proceso han requerido de su permanencia como candidato a vicepresidente un periodo más. Sabemos que, no obstante, sigue siendo uno de los grandes planes en su cabeza y, a la vez, uno de los retos fundamentales para la supervivencia a largo plazo del proceso de cambio. ¿Cuáles serían las aristas más importantes de esta tarea permanente de formar cuadros y qué papel tendrían las organizaciones juveniles del entorno del MAS, como La Resistencia, Generación Evo, Siglo XXI o Columna Sur en este proceso, y sus ramificaciones internacionalistas, sus lazos, organizaciones, iniciativas juveniles a lo largo y ancho del mundo?

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Estas estructuras juveniles son un gran resultado, una fuerza vital que enriquece y permanentemente renueva las ideas y los liderazgos, y hay que potenciarlos. Pero hay también que fortalecer la formación política, ideológica, colectiva de construcción de liderazgos y de formación de opinión en los sindicatos obreros, en las comunidades campesinas, en las dirigencias barriales.

Como el MAS es fundamentalmente una estructura plebeya de organizaciones sociales y donde los que sí toman decisiones pertenecen a estos sectores sociales, es ahí donde hace falta una mayor dirección de formación de cuadros. Tengo toda la intención de apuntar en los próximos cinco años una gran escuela de formación de cuadros, tanto de jóvenes de distintos sectores sociales pero también de sindicalistas, de comuneros, de vecinos, de trabajadores manuales, de trabajadores intelectuales. Cursos de formación muy intensivos y muy duraderos.

No se olvide que la primera generación que entró a las estructuras de gobierno con el MAS provenía de dos vertientes: de la vieja formación de izquierda que habían hecho el Partido Socialista, Comunista y la izquierda partidaria; y de la antigua formación de cuadros en la lucha sindical: caminatas, bloqueos, persecuciones, detenciones del mundo sindical. Esos dos fueron la cantera que alimentó a la primera generación del gobierno del MAS.

Pero luego ya no, ya no hay grandes marchas, ya no hay grandes bloqueos, es bueno eso, pero tampoco hay la escuela del bloqueo y la marcha para formar los cuadros, y la formación que hacían las izquierdas de cuadros políticos a lo largo de décadas también se ha debilitado muchísimo, porque el MAS como que los ha absorbido a todos, y esta militancia pequeña pero muy sólida no ha continuado. Ahora son nuevas circunstancias que obligan a trabajar en ambos lados: con la juventud, pero también con las organizaciones sociales en una perspectiva de nuevos liderazgos ideológicamente bien formados, políticamente bien preparados en las nuevas batallas que se avecinan.

El Vicepresidente destaca el poder que tiene la formación de un pueblo en la lucha contra la desinformación mediática actual.

En Bolivia, tras años de injerencia norteamericana, los nuevos “planes Cóndor” parecen apuntar hacia una suerte de “revolución de colores” financiada y alentada desde el exterior. La apropiación de ciertas Universidades por parte de la oposición, las campañas de desinformación en torno a la Chiquitanía y el resurgir de la violencia opositora y los paros evidencian esa tendencia. ¿Qué mecanismos de autodefensa democrática han de empoderar a los pueblos de pie contra este tipo de asedio ideológico-cultural?

En política soy de esta idea de que los adversarios siempre harán todo lo posible para debilitarte, por definición, si no no fueran adversarios, y aunque no los ves, lo están haciendo, tienes que suponerlo.

Soy de los que cree que cuando uno lanza un objeto duro, contundente a un vaso de vidrio, el que se rompa el vaso de vidrio no es culpa del objeto contundente sino de la debilidad del vaso; hay que construir un vaso que no sea quebrable, que resista. Así imagino los procesos revolucionarios, siempre vas a tener ataques de un lado y de otro, de países extranjeros, de lógicas imperiales, siempre va a haber eso. Serías ingenuo si no supusieras esas acciones.

Es lo que hemos intentado estos 13 años. Y está claro que en el último tiempo las fuerzas conservadoras y la inteligencia planetaria conservadora también han mejorado sus tácticas, usan la cultura, el sedimento del sentido común, buscan construir consensos, adhesiones duraderas; es lo que hacía la izquierda. La izquierda a lo largo de su vida -nosotros éramos marginales- nos hemos esforzado en construir ideas-fuerza, pequeñas ideas que capturen parte del imaginario colectivo. Dime cuánto influencias en el sentido común y te diré qué fuerza política tienes, la izquierda ha partido de eso.

Entonces, ellos ahora son más sofisticados y tu batalla como izquierda ahora es más complicada. Pero no importa, de eso se trata, si no tuvieras un adversario inteligente al frente, tú mismo te convertirías en una persona con limitaciones evidentes. Son las fortalezas de tu adversario, las estrategias de tu adversario, la que te obligan a tener mayor capacidad para poderlo enfrentar y derrotarlo.

El voto campesino es el responsable de darle una holgada victoria a Morales y García Linera en las elecciones recientes en Bolivia.

Hablando precisamente de estrategias futuras, las pasadas elecciones brasileñas demostraron el peligroso punto de inflexión que se está viviendo en torno a las redes sociales, a la emergencia de esa ciberesfera, el ciberdominio. Ese espacio que muchos describían como un aura de debate democrático ha demostrado ser un terreno controlado por una minoría de empresas transnacionales y poderes globales. De hecho, hoy son las redes como Facebook y WhatsApp las que aplican el uso intensivo de redes bots, los llamados trolls, la punta de lanza de las campañas de intoxicación masiva de la esfera pública. Para muchas voces críticas, la falta de anticuerpos democráticos en la red de Bolivia se habría visto reflejado en primer lugar en la derrota del 21 de febrero y, en segundo lugar, la soltura con la cual los adversarios del Estado Plurinacional consiguieron enlodar en redes sociales esa campaña de desinformación sobre la Chiquitanía. ¿Será el período 2020-2025 también de la ciber-soberanía? ¿Conseguirá el proceso de cambio ser millones también en la red?

Ciertamente las redes sociales han introducido en el ámbito político una nueva plataforma, un nuevo soporte técnico de la construcción de la opinión pública. Pero no soy de los que cree que las redes pueden inventar el mundo, no es cierto. Evidentemente pueden crear imaginarios, como lo hacía en su tiempo la radio, luego la televisión; pueden distorsionar realidades como en su tiempo lo hacían los periódicos, la radio y la televisión; pueden apuntalar determinados prejuicios sociales, como también pueden apuntalar determinadas formas de participación social, como lo hacen las otras plataformas y los otros soportes tecnológicos, y al igual que los otros soportes tecnológicos, quien tiene más plata tiene mayor poder.

Quienes puedan controlar la inteligencia artificial para segmentar hasta los colores que te gustan, tu película favorita y mandarte mensajes con tus colores preferidos en el horario que tú estás atento y que gastas más tiempo para ver los mensajes del teléfono, entonces tiene más opciones; lo ha demostrado la empresa analítica que es también fácil manipular las redes con un poco de dinero y un poco de inteligencia artificial en manos de unos cuantos inteligentes que saben construir esos mecanismos de direccionamiento de la información.

Pero las redes requieren siempre de un soporte mínimo de realidad para volver las cosas, o creíbles o más o menos creíbles, o al menos generadoras de dudas. No pueden inventar cosas extraordinarias y no es que la inteligencia artificial puede manipular tu cerebro de forma que estás pensando una cosa y luego al instante vas a pensar otra, no es cierto. Lo mismo se decía de la televisión en su momento, la ‘caja boba’. Tampoco la gente es tonta, tampoco somos una esponja en la que cualquiera puede venir a apretar y dejar la huella como le dé la gana, no. Los seres humanos permanentemente somos seres de creencias y evidentemente las redes son un escenario fantástico para manipular y reorientar las creencias de los seres humanos, pero esas creencias deben tener un soporte mínimo de terrenalidad para ser eficientes.

¿Cuántos usan las redes?: el 90 %. ¿Cuáles son los medios creíbles?: televisión, radio, periódicos, y las redes aparecen abajo. Entonces, no caigamos en la trampa de seres humanos como un manojo de huesos y de músculos con una cabeza hueca que es llenada por las redes, no es así.

A las manipulaciones de la inteligencia artificial hechas por algún gobierno extranjero, una empresa o algún partido que tiene demasiado dinero, hay que contrarrestar también con formas y uso de inteligencia artificial para contraponer información más verídica o más contrastable. Hay que dar otra batalla, es decir, es un nuevo mundo que se ha abierto con las redes, pero es un nuevo mundo cuyas reglas de juego y cuyas tácticas de asedio, de enfrentamiento no siguen siendo muy diferentes a las que enfrentó Sun Tzu 3.500 años atrás.

Bolivia representa hoy un modelo a seguir en el ámbito económico para todo el continente americano.

¿Quién es Álvaro García Linera? Usted ha sido sindicalista, guerrillero en el Ejército Túpac Katari, profesor y vicepresidente. ¿Cómo ha evolucionado su trayectoria política? ¿Qué referencias intelectuales de Europa y América Latina se esconden en Álvaro García Linera?

Soy desde adolescente un socialista, un comunista, un hombre que entiende que vale la pena vivir aportando a transformar las condiciones de vida de las personas en función de mayor igualdad, justicia y libertad. Y todo lo demás son elementos, herramientas temporales, contingentes a esta labor que define al comunista, al socialista.

Entiendo al socialismo y al comunismo no como la militancia de un partido, sino como la militancia a un horizonte de sociedad. En el caso boliviano no puedes ser socialista, no puedes ser comunista, si a la vez no entiendes tu realidad, tu justicia, tus aportes, tus luchas: el movimiento obrero, el movimiento indígena, el indianismo. Es decir, no se puede ser comunista en Bolivia si no eres indianista, es un tema de cualidad en la lucha que te impone como posibilidad.

Soy una persona que permanentemente anda fusionando el debate contemporáneo, las luchas ideológicas, los avances en las distintas áreas de las ciencias sociales, me gusta absorber ese conocimiento, pero está claro que a la vez no puedo entender, no puedo volver útil ese conocimiento como un mero ejercicio de reflexión lógica, de palabra y de ideas, me parece muy simple ese ejercicio. Puedo entender este ejercicio de ideas, de conceptos, de autores, para entender y para enriquecer lo que pasa en Bolivia, lo que pasa en el continente, lo que pasa en el mundo y lo que pasa en Bolivia indígena, no indígena, obreros, pobreza, miseria, élites, intervenciones, colonialismo.

Entonces, siempre he ido fusionando esas ideas, esta articulación de ideas con otras experiencias del mundo, con ideas que nacen de nuestra propia experiencia, y creo que esta articulación ideológica, espiritual, viene desde los inicios de mi militancia en el colegio, y hasta hoy no he variado. Pasa el tiempo y otros autores me llaman más la atención y me sorprenden sus políticas, sin embargo, hay un hilo rojo conductor que es esta militancia socialista, comunista, indianista, y creo que eso me va a sostener hasta el día de la muerte. Ya luego no sabemos qué vendrá y qué dirá el universo.

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Sobrevivir a una Europa en llamas http://latrivial.org/sobrevivir-a-una-europa-en-llamas/ http://latrivial.org/sobrevivir-a-una-europa-en-llamas/#respond Wed, 17 Apr 2019 10:50:33 +0000 http://latrivial.org/?p=6839 Por Isabel Serrano y Iago Moreno 

El lunes 15 de abril, a las siete de la tarde, una densa nube de humo ennegreció el cielo parisino. La imagen de Notre Dame envuelta en llamas consternaba a medio mundo. Con la misma rapidez que las llamas se extendían por la aguja central de la catedral, el incendio se trasladaba al debate político en la red. La primera chispa emergió en un tuit viral publicado por una cuenta aparentemente de izquierdas. “Cuando decís que Notre Dame es patrimonio de la humanidad… ¿De qué humanidad habláis? De los hombres blancos y heteros que los mandaron hacer y para quienes se hizo? Ningún negro o asiático o LGTBI ha podido sentir entre sus muros más que una tradición asesina.” La cuenta era falsa, pero su mensaje incendiario se convirtió en una diana para la cólera de muchos. ¿Por qué se viralizó este mensaje? Sería reconfortante pensar que fundamentalmente, por ajustarse a la caricatura que el poder pretende asociar a la izquierda. Pero no es la única causa. Desafortunadamente, si quienes crearon ese bulo pudieron triunfar en sus objetivos, fue porque en sus palabras había un menaje que nos es familiar. Porque esa caricatura contiene una parte importante de verdad. Todo el mundo ha escuchado en otras ocasiones o incluso en esta por una parte (pequeña pero ruidosa) de la izquierda actual.

 

Que uno de los tuits virales de los que más se hicieron eco de este mensaje viniese de una cuenta falsa es, desgraciadamente, algo anecdótico. Sobretodo cuando es tremendamente sencillo encontrar docenas de ejemplos similares provenientes de cuentas reales. En Francia, de hecho, hay varios casos polémicos que ponen esto de evidencia. Por ejemplo, el periodista de LVSL Maximilien Dardel cuenta el de una dirigente estudiantil que se dirigió a sus seguidores de twitter diciendo: “porque no me importa lo de Notre Dame, porque no me importa la historia de francia (…) corred, mencionadme (…) amáis la identidad de Francia por un simple delirio como blancos”. Un caso tan lamentable al del militante de La Francia Insumisa  Selim Bouchareb, que aprovechaba para reírse de aquellos neofascistas que pedían incendios en las mezquitas de Francia como si el incendio les tocase directamente a ellos. Es probable que a Selim no le queden muchas horas como militante de su organización por mucho peso que tenga el llamado “islamogauchisme” en LFI; que para desgracia del partido, ha ido orientando parte de las políticas y discursos de ciertas áreas del movimiento en una dirección sectárea e incongruente. Pero la cuestión es que, tristemente, no se trata de casos aislados. De hecho, estos debates tienen sus réplicas en España. Sólo hay que recordar las pintadas feministas que se hicieron el mes pasado sobre la fachada de la Catedral Santiago. Aunque es entendible querer creer que estas fuesen “ataques de falsa bandera”, no costaba mucho encontrar por la red decenas de cuentas izquierdistas saliendo en defensa de esa barbaridad. Como no cuesta escuchar en manifestaciones corear cánticos contra la iglesia católica que apunten más a la fé que al poder del clero. Cánticos que además, parten de una vara de medir desigual, jamás serían lanzados contra el Islam por mucho que en su nombre se opriman a millones de mujeres en el planeta.

La respuesta frente a estos casos es tímida, cuando no silenciosa. Esto es algo profundamente preocupante sobretodo a medida que los conflictos de este tipo se vuelven más importantes en sociedades crispadas, anómicas y vulnerables como las nuestras. Por esto, con este artículo queremos reflexionar sobre el problema al que nos enfrentamos cada vez que la fe de nuestra gente (principalmente la cristiana) se ve agredida, pero las mismas fuerzas que se supone que han de empatizar con ese dolor sólo saben ensañarse con él. Sobre el problema que supone que las fuerzas de la izquierda de nuestro país, o al menos una parte de ellas, no aprecien la importancia que tiene el legado de nuestra historia, sus símbolos y sus monumentos. 

Lo primero que olvidan es que la Catedral de Notre Dame es uno de los mayores legados del arte gótico europeo. La importancia de este edificio supera su dimensión eclesiástica y católica, para colocarse en la posición patrimonio de la humanidad e insignia de la historia europea. Su pórtico, sus gárgolas, sus rosetones, sus vidrieras, su órgano, sus arbotantes, sus altas bóvedas de crucería, junto con todas las obras artísticas que se albergaban en su interior, son piezas de un valor artístico incalculable. Su diseño gótico buscaba representar la trascendencia de la razón y las luces de la Ilustración que comenzaban a iluminar a Europa. Es esa la razón de ser de sus grandes ventanales, resultado del esfuerzo arquitectónico por “iluminar” lo más alto de cada bóveda, y de los arbotantes para recoger todo el peso de construcciones majestuosas nacidas del conocimiento humano.  Que alguien pueda sentir siquiera un ápice de placer al imaginar toda esta herencia devorada por el fuego debería resultarnos a todos espantosamente aterrador. ¿O es que nos hemos dejado arrastrar por la confusión lo suficiente como para olvidar que los valores de la ilustración, pese a sus dialécticas, son imprescindibles para construir un proyecto progresista y democrático?

En los cimientos de Notre Dame hay mucho más que barro y argamasa. Sobre ellos, late la historia de dos siglos convulsos. Siglos marcados por el olor a muerte que trajo la peste y el ruido ensordecedor que envolvió a Europa durante la caída del feudalismo. Sus contrafuertes han resistido el paso de ocho siglos de historia, haciéndola testigo de momentos tan trascendentales para la historia mundial como la coronación de Napoleón Bonaparte, La Comuna de París o la liberación de Francia frente a la ocupación nazi-alemana. A sus pies han marchado los soldados de La Nueve, división española y republicana, encabezando la expulsión de sus ocupantes nazis. Por ello, es también parte de nuestra historia. Incluso por respeto a la historia de la propia arquitectura, de la ingeniería o de las matemáticas, tendríamos que ser menos (o nada) permisivos ante este tipo de barbaridades, porque Notre Dame no es sólo un monumento, es también una obra vanguardista para su época. Una obra imposible de imaginar sin el conjunto de desarrollos técnicos que hicieron su construcción una ambición posible. Las llamas no estaban quemando sólo un monumento, sino el  vestigio de algo tan difícil cómo reunir y cuidar conocimientos tan preciados durante siglos. Seríamos históricamente miopes si pensáramos la catedral de París como un simple símbolo del poder que financió sus obras. Si decimos que el fruto del trabajo es para quien lo trabaja, no podemos pensar que estas construcciones les pertenece tan solo a unos pocos.

 

No se trata solo de apreciar el valor técnico, histórico, artístico y cultural de un edificio tan importante para la historia de Francia como país y de Europa como continente. También es imprescindible empatizar con lo que este incendio ha simbolizado para toda la comunidad católica Europea, e incluso para los católicos de todo el mundo. En el mundo hay más de mil millones de personas para los cuales Notre Dame es mucho más que un monumento. Notre Dame es una Iglesia levantada en honor a la Virgen María, es un lugar de culto y un lugar sagrado.  No se puede ser demócrata y progresista y negar un mínimo de empatía al dolor, a la ansiedad y la pena que asola a quien ve arder en esos muros algo más que un vestigio de la historia: una morada de Dios. Y menos desde un país como España donde el 67,5% de la gente sigue considerándose católica.

 

Siempre escuchamos citar de Marx aquello de que “la religión es el opio del pueblo” pero sus palabras iban más allá del sentido que le han querido atribuir de forma interesada. En el mismo pasaje, Karl Marx  afirma que si bien “la miseria religiosa” es la expresión de “la miseria real” (del sufrimiento humano), también es una suerte de “protesta contra la miseria real”. Porque, a su entender, al hablar de religión, hablamos también de un “suspiro” ante el tormento, “del alma de un mundo desalmado”, de “el espíritu de situaciones carentes de espíritu”. La crítica a la religión, nos avisaba el propio Marx, sólo tiene sentido como parte de la crítica a “el valle de lágrimas” que con religión se disfraza de inmutable. Ensañarse contra quienes sin amparo ni alivio recurren a la fe para mitigar su dolor, sólo demuestra crueldad y cobardía. Quien se ceba con la fe, lo único que demuestra es su falta de atrevimiento para encarar a quien la manipula, así como una total incomprensión de los motivos que hacen a la mayoría de nuestras comunidades seguir portando esas creencias.

 

Las ideas expuestas en estos párrafos no son incompatibles con criticar el apagón mediático que ha silenciado decenas de tragedias similares en otras partes del mundo. Hay, evidentemente, una colonización de la empatía que ha hecho a mucha gente completamente impermeable a sentir como propias situaciones similares cuando estas afectan a pueblos del otro lado del charco o religiones distintas. Es completamente verdad.  Pero señalar a quienes han perdido la empatía hacia el dolor de los suyos no va reñido con criticar a quienes han perdido la capacidad de ponerse en lugar de otros. Al contrario, son dos caras del mismo problema. Porque al igual que nos duele Notre Dame más allá de motivos de fe, nos duele ver la Gran Mezquita Omeya de Alepo (del 715 d.c.) devastada por las bombas de una guerra injusta como la que le ha tocado soportar al pueblo Sirio; porque como nos duele Notre Dame, nos duele ver Al-aqsa incendiándose en una Palestina ocupada; y porque nos duele Notre Dame, nos duele también el incendio del museo nacional brasileño; nos duele la destrucción de Palmira por parte del DAESH; y nos duele recordar cómo los Budas de Bayma se convertían en escombros sólo por capricho de Al-Qaeda.  No debemos de caer en falsas dicotomías.

Por estas razones, y por muchas otras, es  importante reconocer que hay silencios cómplice que juegan a favor de la pandemia ultraderechista. Hay momentos que exigen claridad: no es menos reaccionario quien celebra una tragedia como la de ayer justificándose en un falso anticlericalismo, que el neofascista que disfruta llamando a la quema de mezquitas, o el salafista que llama a destruir los legados cristianos de la historia de Europa. Puede ser, efectivamente, algo menos deliberado, menos consciente; pero en el fondo es igual de tenebroso. En las repugnantes interacciones de “me divierte” de las publicaciones de Facebook sobre el incendio, ahí estaban compartiendo espacio con los últimos. Si el magma de odio y xenofobia que vimos latir bajo nuestros pies tras los atentados de Barcelona nos sirvió para prever el riesgo que suponían ciertas pulsiones de odio, estos exabruptos izquierdistas, carentes de la más mínima empatía hacia el dolor ajeno (y respeto hacia la historia de nuestras propias naciones) deberían alertarnos de otros posibles peligros que pueden llegar a marcar nuestro futuro.

 

En una Europa donde como García Linera ha avisado, el sueño de la globalización ha muerto, los sentimientos de vulnerabilidad, desarraigo, anomia social y desamparo que se apoderan de la vida pública están haciendo de este tipo de conflictos cada vez más fundamentales. Nuestros silencios cómplices, junto a los exabruptos intolerables de estos falsos compañeros de viaje, demuestran que estamos muy poco preparados para abordarlos con la altura necesaria. Toca pensar con valentía como responder a la crisis de época que nos enfrentamos.

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Iglesias ha vuELto más fiero que nunca ¿Bastará? http://latrivial.org/iglesias-ha-vuelto-mas-fiero-que-nunca-bastara/ http://latrivial.org/iglesias-ha-vuelto-mas-fiero-que-nunca-bastara/#respond Sun, 24 Mar 2019 11:47:02 +0000 http://latrivial.org/?p=6736

Por @IagoMoreno_es

Iglesias ha vuelto poniendo el antagonismo “la gente” vs “las élites” más en el centro de su discurso que nunca, poniendo más énfasis que nunca en las conexiones entre los grandes partidos y el poder mediático y económico.  ¿Pero bastará? Hay quienes durante mucho tiempo hemos defendido que ahondar en este tipo de antagonismo, era fundamental. Pero es  haber defendido la necesidad de un giro como este durante mucho tiempo y sin embargo, tener graves dudas respecto de si funcionará; fundamentalmente, por la forma concreta en la que se está llevando a cabo.

Porque devolver al centro del discurso un antagonismo de este tipo no es una especie de conjura mágica; no  es algo permita articular todas las demandas de la gente por ciencia infusa. El discurso popular-democrático es un discurso que, para articular, tiene que hacerse midiendo bien la naturaleza de los tiempos en los que uno vive, cuidándose de no obviar la posición de enunciación de la que uno parte, y entendiendo todas las limitaciones que este discurso tiene (no todas las demandas democráticas se pueden articular a través de esa lógica y ese cleavage) . En España hay un descrédito generalizado de los medios de comunicación y los partidos tradicionales, y los entramados de corrupción que unen a los partidos del turno con los grandes intereses privados son conocidos por todo el mundo. ¿Pero basta con señalar estas cuestiones para desplegar las velas de una campaña triunfante?¿O estamos enfrentándonos a retos más complejos que estos?

Las palabras gruesas, las voces roncas, los tonos elevados, la actitud desafiante, no pueden hacer un soprasso a todos los obstáculos que tiene este discurso en boca del PODEMOS de 2019. Hay quien piensa que sí, pero en sí mismos, la virulencia de los choques dialécticos con periodistas y la ferocidad de los gestos, no le dan más fuerza a un discurso antagonista. Lo que le da fuerza y efectividad es el ajuste a la coyuntura. Y eso es algo que solo lo puede dar una virtud especial para conectar con las demandas concretas de la gente; hablar en los códigos propios a la naturaleza de los tiempos que vivimos. No estamos en 2014, ya no basta con patear el tablero.  El clima social no es el mismo que entonces; aunque lo añoremos. Y el escenario político, por mucho que haya quien se niegue a aceptarlo, tampoco es el mismo. Hace falta ser duro con el poder, sí, hace falta ser conscientes de los engranajes del poder a los que uno se enfrenta, sí, pero también hace falta entender que la gente que mira a través de las pantallas ese conflicto, espera algo más (o distinto) que una escenificación “dura” de un conflicto que ya conoce (pero en el que no acaba de tomar parte, al menos del lado morado). Hay más polaridades, hay más demandas, y no todas caben en este eje. Además de las formas, que cada vez son más desafortunadas.

Los votantes progresistas, los desencantados, los que anhelan un cambio contundente, los demás potenciales votantes de Podemos… ya no sólo temen que no haya nadie que señale los grandes problemas de este país. Temen también que quien los señale no sirva para resolverlos. Temen que pueda haber grandes consensos que no encuentren expresión política después de 4 años de banderas de cambio y promesas vibrantes. Temen que el partido que señala estos problemas, por mucho que sepa responsabilizar en su discurso a los culpables, por mucho que presente “un buen diagnóstico de la sociedad”, no gane el peso electoral que necesita para frenar una mayoría absoluta de la extrema derecha. Temen que la dureza del arsenal semántico de su discurso no vaya acompañada de una capacidad para trabajar con el resto de actores del bloque progresista. Y temen que la hemorragia interna que desangra el partido desde hace demasiado tiempo haga a Podemos aún más débil. Estas son demandas que no se pueden articular a través de una equivalencia con el resto de quejas y exigencias en contra de las élites de nuestro país. Son demandas diferenciadas que tiene que atender Podemos como partido (y Unidos Podemos como coalición); a ser posible, con alguna propuesta más que alzar el tono y rugir con más ferocidad contra las élites. Porque no es hacia ellas a las que apuntan estas dudas, descontentos y quejas que tanto lastran el futuro del proyecto.

Cambiando de tercio…. ayer escuchamos expresiones como “Malnacidos” “Las paridas de Abascal”, “la puñetera verdad”, “llevar una pipa”…. expresiones estridentes que están lejos de nacer espontáneamente de una persona como Pablo Iglesias, que no suele hablar así (ni como SG ni como presentador de programas on-line más distendidos). ¿Cuál es la expectativa concreta con la que se elige expresarse así? ¿Se sienten los potenciales votantes de Unidos Podemos más representados estas formas de hablar? ¿Ayudan a generar el impulso y la ilusión que necesitaría el partido para recobrar vuelo en el camino al 28A? o ¿Puede ser que se estén adoptando expresiones que se fundan sobre una caricatura sobre lo que es nuestro pueblo?  Por la forma de comunicar que ha ido asimilando el partido desde la llegada de Juanma del Olmo a la secretaría de comunicación, da la impresión de que se ha llegado a asumir que hablar claro es comparable a hablar zafiamente, como si la gente de nuestro país no puede explicarse a si misma sus problemas sin exabruptos del lenguaje. Es cierto que hay “verdades” que se escuchan en las barras de los bares, en los pasillos de las facultades, en los lugares de trabajo, en las mesas de las familias que se juntan a la hora de comer… y que sin embargo no se escuchan (casi) en los medios de comunicación, en los discursos oficiales del resto de partidos políticos, y en gran parte de las instituciones.  Pero son estas ideas las que necesitamos sacar a la palestras, no las formas (imaginarias) en las que se dicen. Por lo general, los liderazgos que funcionan no son los que copian como un espejo la caricatura que el adversario dibuja del pueblo que aborrece; sino los líderes que representando, inspiran, emocionan, producen admiración y se convierten en un ejemplo carismático de lo que a uno le gustaría llegar a ser. Pablo Iglesias, en 2019, sigue generando eso es efectos en las cuentas trol que insultan a cualquiera que discrepe con la dirección de Podemos en Twitter, pero ¿Lo hace entre la gente común, los trabajadores, las mujeres, los pensionistas, los estudiantes? 

Cuando le sumamos a estas incógnitas el estado de salud de la “maquinaria de guerra electoral” de la que dependían las campañas electorales de Podemos, el escenario se ensombrece un poco  más. La dirección del partido ha prescindido de (o expulsado a) los spin-doctor, los analistas, los diseñadores de campaña y los responsables de organización del 20D y, en gran medida, del 26J. El espacio de reflexión que orientaba al partido y marcaba, en gran medida, sus decisiones sobre el día a día, ha cambiado profundamente. Profundamente. Tanto que en este espacio ya no sólo pesan las ausencias de Íñigo Errejón (director de la campaña a las Europeas de 2014 y las 2 campañas generales) o Sergio Pascual (Secretario de Organización del Partido hasta después del 20D) sino las expulsiones de personas que formaban parte del núcleo “duro” de Iglesias después de las primeras brechas entre él y el candidato de Más Madrid a la Comunidad.   Es decir, faltan Luis Alegre y Carlos Fernández Liria, a los que Iglesias llamó “autores intelectuales de la hipótesis de podemos” cuando el 26J, ya resultaban claras sus discrepancias estratégicas con Errejón. Falta Manolo Monereo, que entró el 26J como un auxiliar de infantería estratégica para el equipo de Iglesias y ha acabado abandonado la dirección del partido por considerar al CCE como poco más que una pantomima. ¿Cómo afectará a la campaña estas 3 sucesivas rupturas entre Pablo Iglesias y sus “estrategas” de referencia?

 

Lo mismo pasa con la construcción del discurso. En las últimas elecciones generales, la dirección de Podemos aún seguía manteniendo a Jorge Moruno como coordinador y líder del “Área de Discurso” del partido. Es cierto que este Área, después del 20D ya dejó de marcar la tónica general del discurso al nivel que lo hacía antes; pero al menos no había sido destituida, como lo fue en 2017, para ser reemplazada equipos de trabajo y decisión dirigidos por personas tan distintos a Moruno como Pedro Honrubia o Juanma del Olmo. Moruno había acompañado a Iglesias en estas tareas fundamentales desde antes de la fundación del partido, cuando discutían juntos sus intervenciones en La Sexta Noche y Las Mañanas de Cuarto. Hablamos de la pérdida de una persona fundamental para el proyecto. El partido ha cambiado mucho, y ha desarrollado nuevas “herramientas de campaña” (Redes de usuarios constantemente movilizados para defender a la dirección / Programas de “Late Night” presentados por miembros de la dirección como Juan Carlos Monedero / Nuevas apuestas para la comunicación en redes sociales..) ¿Pero compensarán la debilidad que supone perder muchas de las que tenía antes? Dejar de contar con los espacios de confección de discurso que se tenían antes, con los coordinadores de la organización que se tenían antes, de los anteriores estrategas de campaña, y perder la ayuda de quienes venían a reemplazarlos, tenerlos que sustituir improvisadamente a último momento, es algo muy serio. Hay que recordar que el partido ha prescindido incluso de apoyos que parecían ser la misma orientación a la interna que la dirección que salió de VA2. Como Bescansa, que lideraba las áreas encargadas de analizar socialmente el clima político en España, las encuestas disponibles, los diferentes estudios de opinión; como Casamayor, que venía a reforzar el equipo de Echenique para la organización del partido, pero que  fue apartado “misteriosamente” cuando Espinar decidió dimitir como Secretario General de Podemos en Comunidad de Madrid. Si un partido es una estructura “viva” compuesta por diferentes “órganos” integrados en un sistema conjunto, si estos han de trabajar sincronizadamente y con el máximo rendimiento, no es un disparate decir que el partido, a día de hoy, está lejos sus condiciones ideales.

 

Ninguna de las grandes hazañas de Podemos ha tenido lugar con el apoyo de quienes desde fuera contemplaban sus movimientos. Pero nunca han sido “los de dentro” tan pocos y tan diferentes a los de 2014. Cuesta, de hecho, encontrar algún “protagonista” o incluso a algún “actor de reparto” de los grandes momentos de aquel Podemos. Y dado que las formas, los discursos, las estrategias de quienes hoy están al volante han cambiado tanto como la gente que compone esta dirección, surge una incógnita importante. ¿Podrá un podemos radicalmente distinto conseguir resultados parecidos a los de 2015-16? Es cierto que con todo lo que ha cambiado (en) nuestro país durante los últimos 3 años y medio sería una temeridad proponer que hacía falta repetir punto por punto las viejas fórmulas, pero eso no avala cualquier cambio; y menos cuando los planos de estos los ha hecho un equipo marcado por las limitaciones que se han comentado en este artículo.

Habrá que ver que resultados brinda esta agresividad, este tono de bronca y desafío. Tendremos que apreciar que efectos provoca el endurecimiento formal del discurso y estas líneas de confrontación (aún mayores) con los mismos medios de comunicación que cubrirán y mediatizarán la campaña. Lo que sí podemos tener claro es lo siguiente: ganar una campaña nunca depende de decir un mayor número de verdades seguidas la una tras la otra. Depende de que el discurso público y los movimientos políticos que lo acompañan conecten con los puntos de la coyuntura y los tempos a los que uno se tiene que enfrentar. Y es difícil entender qué razones hacen pensar a quienes diseñan esta campaña que el discurso y los movimientos del Podemos de hoy sirven para hacer tal cosa. ¿Cuales son exactamente las razones que hacen creer a la Dirección de podemos que la mejor fórmula para desbordar esta campaña es poner el énfasis en las conexiones entre los medios y el establishment, el poder de las grandes empresas, y sembrar un escepticismo generalizado a lo que diga la prensa y las empresas? ¿Bastan estos elementos para conectar con los sectores desencantados del bloque progresista, los votantes al borde de la abstención, o los que se plantean en votar al PSOE sólo por evitar que el reparto de escaños favorezca a los partidos de la derecha?

 

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La ofensiva cultural de Bolsonaro: Fake News, Trap y Anti-feminismo http://latrivial.org/sobre-bolsonaro-iago-moreno/ http://latrivial.org/sobre-bolsonaro-iago-moreno/#respond Mon, 29 Oct 2018 13:51:34 +0000 http://latrivial.org/?p=6283

Por Iago Moreno (@IagoMoreno_ES)

Nadie quería creerlo; decían que aún había esperanza. Pero la recta final de estas últimas elecciones a la presidencia de Brasil ha sido la crónica de una muerte anunciada: la de la democracia Brasileña. Y ayer, tras la victoria final de Jair Bolsonaro con el 55,1% de los votos, se confirmó el desastre. 15 años después de la llegada de Lula da Silva al poder, el golpe de Estado contra el gobierno popular de Dilma Rousseff  no sólo ha desembocado en la derrota del proceso de cambio en Brasil; ha abierto paso a una debacle mayor. La llegada de un gobierno autoritario dispuesto a arrancar de raíz todo lo construido durante años. La vuelta a la dictadura de los mercados internacionales, del neoliberalismo; una victoria más para la internacional reaccionaria de Trump, Salvini y Le Pen. 

Hace apenas un año, nadie hubiera apostado por Jair Bolsonaro como candidato. El candidato era por visto por aquel entonces como un extremista marginal ignorado por la prensa y lejano a las mayorías. La prensa internacional le conoció el día en el que el golpe parlamentario de Tremer acabó con el gobierno de Dilma. Bolsonaro entregó su voto alabando a Brilhante Ustra, responsable militar de más de 500 torturas durante la dictadura militar. “Un diputado brasileño dedica su voto a favor del ‘impeachment’ al general que torturó a Rousseff”,  titulaba La Vanguardia. Ese mismo día, su hijo, un diputado del mismo partido que el padre y conocido por alardear de su colección de armas en las redes sociales, avisó al mundo de lo que vendría. “¡Y ahora Lula a la cárcel!” gritó mientras hacía el gesto de empuñar un arma. Nadie lo creyó posible. La prensa habló de “show” y “delirios”. Y la verdad, era justo eso lo que parecería. ¿Pero cómo hemos llegado hasta aquí?

Bolsonaro dedicando su voto durante el impeachment al torturador de Dilma Rouseff, sucesora de Lula.

Durante las próximas semanas, un torrente de artículos intentará responder a esta amplia y compleja cuestión. Se hablará de la composición demográfica del voto, del papel de los partidos tradicionales, de la dinámicas y las tendencias de cambio a nivel regional… se harán análisis a todos los niveles imaginables. Muchos prometerán saber la razón absoluta que podía haber evitado esta tragedia y se apresurarán a repartir culpas. Este artículo se niega a caer en ese juego. Pretende ser meramente una contribución más a este debate, una pieza más del mosaico con el que tendremos que intentar explicar la razón de los hechos.  Y por eso se limita a explorar una pregunta concreta.   ¿Cuáles han sido las estrategias de Bolsonaro en las redes sociales?  ¿Qué papel han tenido?  Como veremos hay mucho de qué hablar: desde el uso de redes encriptadas hasta la apuesta por géneros de música urbana como el reggae y el trap. Pero intentaremos ser lo más sintéticos posibles.

Una red de difusión ilegal con un presupuesto multimillonario

Cuando la noticia saltó a la prensa internacional quedaban sólo 9 jornadas de campaña. El País tomó distancia, como si dudase de lo que era ya un secreto a voces: “Haddad denuncia pacto entre Bolsonaro y empresas para difamarle por Whatsapp”.  Pero la situación era abiertamente clara: Bolsonaro había utilizado una trama ilegal de financiación para costear la difusión de bulos y montajes contra su adversario en paralelo a la campaña oficial. Una maquinaría de financiada por menos 156 empresas nacionales e internacionales que se dedicaba  a difamar a sus adversarios, promover la lista 17, y sumir el debate nacional en un mar de Fake News . De acuerdo con las informaciones del periodista británico Tom Philipps, la respuesta de la compañía fue tajante; “hemos vetado proactivamente cientos de miles de cuentas durante esta campaña electoral” comunicó uno de sus responsables nacionales. Y avisaba: “emprenderemos acciones legales para poner fin al envío masivo de mensajes de Whatsapp por parte de compañías privadas”. Pero aquella respuesta llegaba demasiado tarde. La red, que tiene muchos indicios de haber sido construida con ayuda de personas cercanas Steve Bannon, ex-director de campaña de Trump, llevaba ya meses funcionando. “Es la clase de líder que solo aparece cada dos generaciones” dijo sobre él al diario Folha de Sao Paulo. 

Hay que aclararlo: no hablamos de beneficiarse de las manipulaciones mediáticas de uno o varios de los grandes medios nacionales. Eso, desafortunadamente, ya se ha convertido en parte del “juego electoral” de todos los países de América Latina. Hablamos de la construcción de una red de propaganda informal de un tamaño sin precedentes y un coste multimillonario. Una red construida a partir de la combinación de páginas de Facebook extraoficiales, grupos de difusión en abierto, canales de Telegram para la coordinación de campañas en Twitter,  mareas de bots falsos, centenares de canales de Youtube conectados entre sí y, sobre todo, la compra ilegal de interminables listas de contactos telefónicos para la difusión de noticias falsas mediante mensajes de Whatsapp. Haddad, el candidato de Lula, prometió a los medios “hacer todo lo posible por rectificar el daño que ha hecho Bolsonaro en Internet”. Pero ya era demasiado tarde. La red de desinformación del candidato ultraderechista no era sólo imposible de desactivar en el corto plazo, sino que a muchos niveles resultaba prácticamente irrastreable. Los mensajes de Whatsapp, centrales en su estrategia de difusión, están encriptados;  no era tan fácil acceder a ellos. Y Whatsapp tardó demasiado en reaccionar.

Haddad ondeando la Bandera nacional de Brasil ante sus seguidores – Fotografía de Ricardo Stuckert – Fuente: Último Segundo –

¿Había realmente una forma de desactivarla?

Bolsonaro sabía que el Tribunal Superior Electoral intervendría en Facebook en cuanto cruzase ciertas lineas rojas. Pero eso no le hizo dar la espalda a una red social que en Brasil tiene más de 130 millones de seguidores. Es algo que  explicó con claridad la periodista Almudena Barrabán: sus cuentas extraoficiales de su campaña difundieron por allí bulos y mentiras incluso antes desde antes de que la  campaña comenzase. Pero cuando el Tribunal Superior Electoral se vio obligado a reconocer en público que las campañas de Bolsonaro estaban “generando desinformación y perjudicando el debate político”, tuvo que atrincherarse en el uso de la mensajería instantánea. Allí, encriptados, sus mensajes se volvían imparables y difícilmente rastreables. Y no sólo eso, sino que como dice Jónatham Moriche, pasaban a moverse en un espacio en el que resulta mucho más difícil introducir elementos correctivos como el escrutinio público o la verificación de datos; un espacio privado en el que las fake news se propagan con una facilidad infinitamente mayor. El equipo de campaña de Bolsonaro usó las redes como simples artefactos con los que propagar el odio y el miedo, pero lo hizo de forma calculada y organizándose en profundidad. Por eso fue tan eficaz.

Bolsonaro y el Trap: la extrema derecha que viene 

El despliegue de campañas de fake news y difamaciones, o la creación de sistemas de difusión en paralelo a través de la compra ilegítima de datos privados, son estrategias que cabía esperar. Sobre todo cuando hablamos de un escenario de crisis en el que poco a poco se ha ido normalizando la idea de que todo vale. Pero hay mucho más allá; porque Bolsonaro y su equipo de campaña han sido aterradoramente creativos a la hora de explorar nuevos caminos para viralizar su mensaje, y han acabado encontrando hasta en la música nuevas maneras de alcanzar a sectores que quizá jamás se hubiesen interesado por su campaña. Nuevas maneras de usar esa enorme red de difusión de la que estamos hablando.

Navegando durante la campaña electoral por sus páginas no oficiales hemos podido encontrar más de 50 canciones distintas; de los géneros más dispares que uno pueda imaginar, desde la música folk brasileira al trap y el reggaetón.  Y todas las canciones están resubidas varias veces, con diferentes montajes y/o videoclips caseros, y mayoritariamente en canales que se desmarcan de la campaña oficial. No es abiertamente una campaña formal, pero es evidente que lejos de ser espontánea, está artificialmente organizada.

Estas canciones han sido difundidas fundamentalmente a través de las redes ilegales que Bolsonaro ha construido en Whatsapp, aprovechando la facilidad que hay para viralizar contenidos de esta manera en un país en el que el 90% de las personas que utilizan la aplicación reconocen usarla más de 40 veces al día, y una de cada seis reconoce haber recibido vídeos y mensajes políticos a lo largo de esta última campaña. ¿Pero de qué tipo de canciones estamos hablando? Sin duda las más representativas son las de Veneco, un inmigrante venezolano fanático de Bolsonaro y aficionado a la música trap. Junto a su hijo, de poco más de diez años, ha sacado más de cinco temas sobre “El capitán”; al que, como muchos de sus seguidores, llaman así por haber servido como militar durante los años de violencia y dictadura. Veneco no tiene ningún problema en animar a su hijo menor de edad a rapear pidiendo a Bolsonaro que “se levante ahora que el pueblo lo necesita” con una retórica ambigua entre el apoyo al golpismo y las referencias a la Biblia. Tampoco en empujarle a celebrar su futura victoria como  “la llegada de un mito (…) destinado por Dios a gobernar la nación más grande del mundo” o a alabar “su decencia y su coraje luchando contra la izquierda”.

A los temas de Veneco se le suman decenas de raps y traps menos populares de raperos desconocidos, pero también versiones del “Despacito”, de Luis Fonsi, o “Baile da Favela” de MC João. Ambas versiones con varios millones de visualizaciones, y frases como “las mujeres de derechas son las más bellas, mientras que las de izquierda tienen más pelo que las perras”. Pero que triunfan también entre las seguidoras femeninas del ultraderechista.  Parece imposible de creerlo, pero la viralidad de estas canciones ha sido tal que han llegado hasta subirse “covers”, versiones de la propia versión. Al fin y al cabo, no todo se basa en la difusión artificial de una red de contactos. La campaña se mueve en códigos culturales que permean profundamente entre los sectores más conservadores de la población; alentando a una radicalización violenta y confrontativa que consiguen apelando a una parte concreta del sentido común de época. Es una campaña transformadora, profundamente reaccionaria pero tremendamente poderosa. Por eso hay que tenerle tanto miedo: porque construye su fuerza movilizando de forma consciente miedos y frustraciones que también podrían llegarse a movilizar en Europa. Y no precisamente por minudeces. Las críticas en la versión de Baile de Favela hacia el Partido de los Trabajadores “por apoyar al Movimiento Sin Tierra, pero no dar la dirección de su casa para que la ocupen”, podrían estar perfectamente en un tema de C. Tangana contra El Nega. Pero no se trata de eso. De lo que se trata es que aunque la extrema derecha ibérica no sea tan hábil ni inteligente por el momento,  experiencias como esta le están sirviendo de aprendizaje. Y sólo hay que hacer un mínimo recorrido por la comunidad tuitera de la extrema derecha en Portugal para darse cuenta. Estos mismos temas de rap, orgullosamente anti-feministas y violentamente reaccionarios, están empezando a llegar también a España. El más emblemático, “Feminazi” de Hill Kin, que junto a la aparición del canal “Un Tío Blanco Hetero” (con más de 150 000 suscriptores), anuncia un peligro en el horizonte que habría que ir tomándose en serio. La alt-right puede cruzar el charco, y va siendo hora de que hablemos de ello. Como dice Ernesto Castro, si los sectores feministas no debaten pronto cómo desactivar esta reacción anti-feminista sin que sus confrontación con ella la alimenten más y más, podría llegar a convertirse en “la nueva contracultura varonil y juvenil de Internet”. La victoria de Trump y de Bolsonaro tienen que ver, en gran parte, con la agitación de un odio anti-feminista que cada vez está siendo mejor articulado por la extrema derecha. Eso en ningún sentido debería significar que el movimiento feminista, para ganar, debiera dar un paso atrás, pero sí que debiera tener muy claro cómo adaptarse al marco de esta nueva coyuntura.

Los seguidores de Bolsonaro y el terror hacia la “ideología de género”

A muchos les parecerá espeluznante pensar que canciones así puedan llegar a viralizarse sin que el escándalo público lleve a la autocensura, pero en Brasil  la realidad es esta. Y son estrategias que la extrema derecha latinoamericana y mundial va a aprender a utilizar allá donde esté; sus nuevas formas de ser “políticamente incorrectos”, tal y como les gusta definirse. Las impactantes frases anteriores no se quedan solas. De hecho, tienen mucha competición. Y es que, además de la corrupción, sólo la denuncia de “la ideología de género” y el peligro que a sus ojos representan “las feministas” llega a ocupar una cantidad similar de tiempo. Ni el odio al gobierno de Lula o a la candidata comunista a la vicepresidencia Manuela d’Ávila llegan a esos niveles.  Lo demuestra a la perfección canciones como las de SheidiS5 e P.N.D.K, (que tratan con poca fortuna de tropicalizar el sonido de PNL)  o temas como “#ELA SIM” de Veneco; una ficticia “declaración de amor” a una seguidora del ultraderechista que usa el lema la manifestación feminista contra Bolsonaro ( “Ele Nao”, Él No)  dándole la vuelta. “”Estilo conservador, pero muy sensual (…) Ella es una doncella, me gusta su cabello, su mirada, y encima apoya a Bolsonaro, ¡Me quiero casar!”, dice la letra. Pero esta vez, la canción sustituye el videoclip por una colección de fotos de la cuenta de instagram  “Bolso-Gatas”; una cuenta de instagram donde miles de seguidoras del candidato envían fotos posando cual modelos con camisetas de Bolsonaro o banderas de Brasil para mostrar su apoyo al candidato. La cuenta no es falsa; recibe aportes individuales a través de mensaje directo y en cada publicación se etiqueta a la chica en cuestión. Ellas agradecen la difusión y comparten capturas ilusionadas y felices. Es la otra cara a la que apela el machismo de Bolsonaro. Y aterra, da vértigo; porque pensar cómo Bolsonaro ha conseguido una cantidad de voto femenino casi igual de grande a la campaña de Haddad, nítidamente feminista y autodeclarada como “la candidatura de las mujeres”, implica pensar a través de reflexiones que vayan más allá de la idea de “alienación”. . ¿Qué puede tener la campaña de un candidato como Jair Bolsonaro para movilizar una cantidad tan aterradora de votos femeninos?

Un intento de llegar a todos los mercados

La campaña de Bolsonaro no se restringe a la música urbana y al público masculino.  Así como busca exprimir la reacción machista y conservadora al feminismo, también intenta ganarse el voto rural o de la gente mayor a través de canciones de estilo “sertanejo” (un género musical tradicional brasileño) o temas movidos y alegres como “Todo el Mundo es 17”, que se parecen más a géneros como “La Marchinha Forró”. Este último es asombrosamente pegadizo; basta escucharlo una vez para que no se le vaya a uno de la cabeza. Pero la canción más representativa de ese intento de llegar al voto rural sería  “Es mejor Jair-se acostumbrando”  de Jucemar da Silva. Una canción en la que el cantante, además de utilizar el juego de palabras que le da el nombre del candidato (Jair), habla de la pobreza, de la crisis, y de por qué sólo su voto podría salvar a Brasil del impasse histórico en el que se encuentra. El tono y la sensación que transmite son completamente distintos al de las letras violentas y confrontativas del trap de El Veneco, pero precisamente por eso le sirve para abarcar públicos inmensamente distintos.  Es como si las orquestas de los pueblos de España se lanzasen a pedir el voto para la ultraderecha en las verbenas populares o utilizando los códigos culturales y musicales de la España rural. Sería imposible de evitar que tenga efecto y más, cuando uno cuenta una red de difusión capaz de hacer que estas canciones lleguen a miles de contactos de Whatsapp segmentados por edad, para apuntar justo hacia el público adecuado; o uno tiene la capacidad para pagar miles de euros en publicidad de Facebook configurada hacia un grupo de edad concreto.

De la necesidad virtud: lo que no mata hace más fuerte

Que los asesores de comunicación de Bolsonaro estaban dispuesto a ganar a cualquier precio es algo que el lector ya puede intuir tras todo lo que he contado en estas líneas. Como dice Jorge Lago, las fuerzas más reaccionarias de toda américa Latina “han aprendido a ganar sin golpes de Estado, movilizando miedos y deseos”. Y no les tiembla el pulso a la hora de jugar sus cartas. ¿Pero hasta qué punto están dispuestas a llegar a la hora de librar su batalla cultural? Para cerrar este artículo, quisiera hacer referencia a una de las apuestas más fríamente calculadas y más aterradoramente inteligentes de la campaña en redes de Bolsonaro: la campaña comunicativa alrededor de su atentado.

Durante la precampaña de la primera ronda, el candidato ultraderechista fue increpado y acuchillado por un infiltrado en su acto. Para unos, se encontró con las consecuencias de la misma caja de truenos que él mismo había abierto; para otros, con la misma violencia opositora de la que él había advertido. Pero ese debate sirvió de poco, la atención por la salud del candidato lo eclipsó el debate político durante días, y su equipo de campaña supo hacer con ello de la necesidad virtud. Bolsonaro llevaba semanas creciendo en las encuestas y ocupando intermitentemente la centralidad del debate político. Estaba consiguiendo imponer su agenda sobre la de Haddad y lograba ser visto, cada vez más, como una opción real para ganar el poder. Así, el atentado, lejos de acabar con esa trayectoria, le disparó. Sus asesores de comunicación convirtieron la operación y su estancia en el hospital en auténtica telenovela. Exprimieron al máximo la imagen del candidato ultraderechista desfallecido, rodeado de máquinas, y tumbado en una camilla; querían tener al país en vela, sabían que una comunicación adecuada serviría podría evitar que aquello le frenase; que si sobrevivía podría lanzarle hacia el éxito. Y dejaron de lado todo pudor: directos de Facebook, emotivas declaraciones a prensas…. emplearon todos los medios a su alcance para mostrarle como una simple víctima de la violencia que él mismo señalaba; y lo consiguieron. Sus asesores de comunicación utilizaron la red de contactos comprados para propagar a través de Whatsapp montajes fotográficos en los que el agresor parecía acompañar a Lula en una manifestación:  la idea de que el atentado había sido un producto de la oposición de izquierdas al avance de Bolsonaro se fortaleció entres sus seguidores.

Si quería superar las limitaciones de su discurso del odio y su tono militar, Bolsonaro debía parecer una víctima. Y aquel era el momento perfecto. Por eso, con medio Brasil en vilo, sus asesores se lanzaron a subir a la red cientos de cartas de apoyo, mensajes de solidaridad y demás muestras de afecto intentando aprovechar fría y calculadoramente la  situación. Como la canción que una niña de quince o dieciséis años le dedicó mientras estaba en sus momentos más críticos. Esta última, llegó a subirse a más de 100 canales distintos: a veces a canales oficiales, como el del propio Bolsonaro, otras a canales aparentemente personales, y otras a canales con nombres como “Brasil, Pátria Livre do Comunismo”, que se dedican exclusivamente a bombardear de propaganda anti-Lulista las redes sociales. La canción es sin duda capaz de enternecer a cualquiera, tanto que cuesta creer que haya sido escrita para un siniestro personaje como él. Pero explica porqué a partir del atentado, en vez de recriminarle abrir la caja de los truenos, hubo tanta gente que empezase a verle como un héroe; como una persona capaz de resistir cualquier adversidad. Se hizo verdad el dicho: lo que a uno no le mata le hace más fuerte; aunque en lo que a la democracia Brasileña se refiere, es muy difícil que podamos asegurar lo mismo.

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Por Iago Moreno (@IagoMoreno_Es)

Cuando VOX se presentó a unas elecciones por primera vez, en las europeas de 2014, estuvo realmente a punto de hacer sonar la campanada, pero la subida de la participación impulsada por PODEMOS les dejó fuera del Parlamento Europeo. Sacaron 240 000 votos, y aún así no fue suficiente; se quedaron a las puertas de Bruselas, y pagaron un precio muy alto por ello. A partir de ahí, el efecto PODEMOS eclipsó por completo su llegada a la política y marcó las líneas de una agenda en la que ellos no tuvieron cabida alguna. Ni en los primeros meses, por haberse quedado sin representación, ni en los 2 años siguientes, donde el conflicto se centró en la competición a dos niveles entre el Partido Popular, Podemos, el Partido Socialista y Ciudadanos. Para las elecciones Generales pasadas, las de 2016, VOX ya se había convertido en una fuerza política aparentemente irrelevante, sacando poco más de 40 mil votos. La llegada de Ciudadanos, la presión de una posible victoria del bloque progresista, y la sombra de las decepciones anteriores pesaron enormemente sobre sus hombros. Pero el Otoño catalán ha dado un vuelco a la política Española a todos los niveles, brindando una segunda oportunidad a VOX para intentar lo que antes parecía imposible: conseguir que Abascal y los suyos entren a las instituciones y determinen, con mayor o menor fuerza, lo que pase en el espacio político de la derecha. Este extenso artículo intenta exponer una radiografía básica de lo que ha pasado y de lo que está pasando. Un análisis más profundo sobre el reciente auge de VOX que contextualice su vuelta, desentrañe sus estrategias y presente las posibles consecuencias de ello.

 

“Una travesía por el desierto”

Las imágenes del domingo resultan brutalmente impactantes. La plaza de Toros de Vistalegre a rebosar, miles de personas a las puertas sin haber podido entrar… Parece imposible recordar que hablamos del mismo estadio que vio “nacer” a Podemos (y aquí hay que recordar que Podemos nunca fue capaz de llenarlo). Por eso es importante poner un poco de claridad a los hechos y pensar cómo hemos llegado hasta aquí. Hace justo un año, el 7 de octubre de 2017, la respuesta a la movilización independentista del 1 de Octubre tomaba las calles de este país en dos formas distintas. Por un lado, la convocatoria “Hablemos-Parlem”, impulsada por movimientos cívicos y plataformas sociales cercanas al bloque del cambio; por el otro, la convocatoria de DENAES (“Asociación para la Defensa de la Nación Española”) a la que VOX se sumó. Hablemos convocó a concentraciones delante de todos los ayuntamientos del país. DENAES en las plaza Colón de Madrid, intentando desbordar  la concentración hasta la plaza colindante (la Plaza Margaret Thatcher) donde por entonces tenía su sede el Hogar Social Madrid. Las concentraciones de Hablemos movilizaron a miles de personas por todo el país reclamando “diálogo”. La de DENAES  apelaba directamente a la confrontación, y terminó con un discurso incendiario de Santiago Abascal jurando hacer todo lo posible por pasar a la acción. Hoy en día, de esas dos propuestas, una se ha difuminado y convertido en humo. La otra ya sale en las encuestas y es difícil cuestionar que que además de conseguir representación institucional, marcará con relativa fuerza el debate de la derecha.

 Santiago Abascal en un mítin / ©Vox 

Durante este último año la dirección de VOX ha hecho de todo menos perder el tiempo. Mientras Podemos se permitía el lujo de poder pasar, por ejemplo, dos meses sin reunir a su ejecutiva y pivotaba de un discurso a otro, VOX decidió pasar a la acción y remangarse las mangas de la camisa. Se abrió una agenda de actos amplia para permitir a sus figuras principales (Santiago Abascal, Javier Ortega y Rocío Monasterio) recorrer España de punta a punta. Provocó polémicas premeditadas para hacerse ver en la prensa y las redes sociales. Buscó nuevas formas de activar a la base social de la derecha. Trabajó por reforzar la lealtad de los medios de comunicación la derecha más tajante (EsRadio, LibertadDigital, Intereconomía). Pero sobretodo, se preparó para aprender de sus errores y dar forma a una estrategia nueva. Y eso es lo verdaderamente peligroso. VOX nació como un chantaje a la derecha Sorayista que pensaba que la mejor forma de sobrevivir a la crisis política del régimen del 78 era concentrar todas sus fuerzas en defender los consensos de los tres partidos “constitucionalistas”; unificar ese espacio político “constitucionalista” para dejar a sus contestantes como “un enemigo común”. Esta estrategia, que obligaba al Partido Popular a mantener un perfil bajo sobre cuestiones como el aborto, el feminismo, los derechos de las personas LGTBI, o intentar seducir al PNV a seguir siendo lo lo que siempre fue Convergencia (un partido bisagra comprometido con el pacto del 78). Eso no era plato de buen gusto para una parte muy importante de la derecha, al menos la que miraba al Partido Popular como sus siglas de referencia. Y el nacimiento de VOX intentó exprimir ese descontento creando una plataforma que reclamase una especie de “vuelta a los valores comunes de la casa de la derecha”. Pero en estos últimos 4 años VOX se ha dado cuenta de que eso no es suficiente, que la crisis política de este país es mucho más profunda, y que su ventana de oportunidad se ha ido haciendo más grande. La incapacidad y la impotencia del Partido Popular y Ciudadanos para frenar la desobediencia del procesismo a la legalidad del Estado y la constitución les ha abierto un espacio mucho más amplio para la acción. ¿Pero cómo van a aprovecharlo? La estrategia que siguen, como este artículo intenta explicar, se basa en una combinación de tres cosas: 1) abrazar una forma de hacer política comunicativamente inteligente, dispuesta a marcar hitos motivantes que hagan a sus seguidores sentirse parte de una historia importante y trascendente. Asumir la tarea de crear relatos fuertes que den sentido a lo vivido durante estos cuatro años, discursos que trascienden al “marketing electoral” de propuestas programáticas y exploten los anhelos, las demandas y las frustraciones de la base social a la que apelan 2) Aprender del resto de partidos emergentes de la derecha populista y acercarse a ellos 3) Replantearse cómo reactivar la base social de la derecha sentando las bases para una competencia virtuosa entre PP, VOX y C’s, y buscar fallas o contradicciones que les permitan disputar votantes transversalmente en otros espacios.

1- VOX ¿Un podemos de derechas?

Cuando Podemos se lanzó a por su primera campaña electoral, escogió un lema que dejó a la izquierda española entre perpleja y anonadada. “¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión?” Recuerdo bien la respuesta: ¡Pero si eso no significa absolutamente nada! “¿Contestar a una política vacía de propuestas vaciando más el mensaje?” Pero este lema tenía una intención clara y concreta: politizar el desencanto, llamar a romper con la resignación, llamar a reilusionarse. Iglesias y Errejón habían entendido que existía un espacio social amplio, abierto por  agotamiento de la confianza en los partidos tradicionales que dejaba margen a una fuerza política nueva para crecer; al menos si conseguía romper el descontento y la resignación. Si lograba apelar e ilusionar a esa gente que se sentía defraudada e indignada, pero que no veía en el resto de opciones de voto una alternativa fiable para hacer valer sus demandas. VOX ha entendido lo mismo: que la política de la gran coalición neoliberal, igual que deja a mucha gente progresista descontenta con los partidos tradicionales, también deja a mucha gente conservadora descontenta con sus opciones de voto tradicionales. Que hay mucha gente que se ha ido sintiendo cada vez menos representada y que estos cuatro años de expectativas de cambio frustradas (también para la derecha) ha agrandado ese espacio. VOX es perfectamente consciente de eso y por eso entiende que “su momento” es particularmente ahora; donde tiene una posición privilegiada para intentar hacer lo que otros antes aprendiendo de sus errores y aciertos, y a la vez un espacio mucho más amplio para conquistar que antes (donde muchísimas esperanzas estaban volcadas en C’s como nueva opción para la derecha).

Santiago Abascal, en el acto de VOX celebrado en el Palacio Vistalegre de Madrid / ©Paolo Aguilar-EFE-Madrid

Para enfrentarse a esta difícil tarea, ha entendido que ilusionar depende de la construcción de hitos que hagan a la gente sentirse protagonista y de relatos históricos que den sentido a sus campañas y a su propia existencia como opción de voto y como partido político. Y por eso se ha empeñado en buscar hacer de cada paso que da un día reseñable, un momento que grabar como “un episodio más” de una gran historia que, hoy, quiere hacer pensar que es ya imborrable. El 7 de octubre fue un ensayo de eso. VOX sabía que era su oportunidad para señalar a lo que ahora llama “la veleta naranja” y “la derechita cobarde”, de impugnar la respuesta caótica y errática del gobierno y Ciudadanos a la movilización independentista del 1 de Octubre. Era su oportunidad para señalar a los partidos de la derecha como “una casta” irresponsable, divorciada de los intereses de “la gente” e incapaz de responder “a los problemas más fundamentales de la nación española”. Y por eso se empeñó en singularizarse lo máximo posible en la concentración del 7 de octubre en Colón subiendo a Santiago Abascal a hablar ante las decenas de miles de personas como si fuese literalmente un mitin suyo, mientras Casado (por entonces eclipsado a la interna del Partido Popular por el Sorayismo) rebuscaba unas migajas entre el público, sacándose selfies o buscando micrófonos a la desesperada. Ahí comenzó el cambio para VOX, y ya lleva un año. Un año en el que ha entendido que tiene que construir un discurso que no gire en torno a cuestiones programáticas simples sino en relación a lo que pasa en el país, y que le ha llevado a, desde entonces, esmerarse en pensar cómo activar a la base social de la derecha construyendo relato. El intento más ambicioso hasta ahora ha sido el de gestar la idea de “la revolución de los balcones”, que Casado ha intentado apropiarse haciéndolo uno de los centros discursivos de su campaña en las primarias. VOX entendió que la respuesta de la derecha social al 1 de Octubre era claramente mucho más contundente que la de los partidos de la derecha, e intentó construir un relato a su favor que señalase la impotencia del gobierno y de las fuerzas del 78 y presentase a la contra derechista al independentismo “por fuera de los partidos de siempre” como la única resistencia real. Una forma de poner a la base social de la derecha activamente en contra de PP y C’s y capitalizar su descontento señalandolos como partidos impotentes y titubeantes que no habían sido leales a lo que dijo el Rey (entendiendo la autoridad que tiene su figura para esta parte de la sociedad) ni habían sido conscientes de lo que estaba en juego. Relato, relato, relato. Construcción de sentido. Un trabajo paulatino por delinear unos contornos claros de un espacio político que se viese como necesario para  “poner orden y romper tabúes”.

Hoy VOX afronta las elecciones europeas intentando aprender mientras corre de todo lo que ha pasado estos últimos años, confeccionando estrategias concretas para enfrentarse a cada reto concreto. Y ahí el hito de Vistalegre les parece fundamental. Saben que son vistos como un partido de segundo plano, que para mucha gente la calculadora pesa más que las razones y que tienen que conseguir ser vistos como una opción real más capaz de conseguir representación. El desencanto de las Europeas les persigue. Y por eso, más que una simple demostración de fuerza y apoyos, Abascal ve el acto de Vistalegre como “un bautismo político, un ascenso a primera división”. Así lo explicaba en Interconomía el pasado jueves, y así lo afirmaba el domingo Ortega Lara en su discurso. “Vox ha alcanzado su mayoría de edad, y este acto lo demuestra. Ahora nos toca consolidarnos a nivel nacional”, afirmó. Las encuestas son poco convincentes en los tiempos que vivimos, sobretodo para una derecha que ha tenido que vivir una y otra vez falsas esperanzas con Ciudadanos; hace falta un momento hito que sirva para ilustrar y convencer de ese “Paso a la madurez”. Y con 10 000 personas en las gradas de Vistalegre cantando el “a por ellos” mientras Santiago Abascal se daba un baño de masas, lo han conseguido. ¿Pero ha acabado de verdad “la travesía en el desierto”  de 4 años a la que se refería el líder de VOX?

2- VOX y la Hidra Populista de Le Pen, Salvini y Bannon

La hidra política del populismo de derechas sigue creciendo a costa de la crisis política de la Unión Europea. Le Pen, Salvini y Bannon lo saben y por eso se exprimen la cabeza intentando pensar cómo afrontar las siguientes elecciones europeas. Las fuerzas de derecha y anti-establishment del populismo son muy diferentes entre sí y saben que hacer confluir todas en una “internacional xenófoba” es extremadamente complicado. En primer lugar porque los dextropopulismos  mediterráneos tienen puesta la austeridad en el punto de mira de su discurso, y en el norte muchas de esas fuerzas, como VOX no acaban de comprar esa parte del discurso. En segundo, por que quien más se parece ideológicamente o políticamente a ellos no es necesariamente su mejor aliado nacional. En Hungría, sin ir más lejos, muchos piensan que los populistas de Jobbik (33 escaños) representan algo más parecido a lo que es el Frente Nacional o Alternativa por Alemania que FIDESZ, la candidatura de Viktor Orban. Pero Orban es un presidente de una nación y tiene mayoría absoluta en el parlamento húngaro. No es cómo en el caso Austriaco, donde los populistas tienen solo 10 diputados menos que el Partido Popular Austriaco y están en coalición. Es mucho más exagerado, y eso pesa.

Un dilema parecido se presenta en españa, donde como el periodista de CTXT y El Confidencial Guillermo Fernández ha remarcado en varias ocasiones, aún no está muy claro con quién se van a ir de la mano a Bruselas.  VOX se pelea contra viento y marea por intentar ser visto como parte de ese cambio transnacional para generar expectativas alrededor suya, pero a Bannon no le acaba de convencer esto, no están muy a la par con Le Pen y su crítica a la austeridad. Además, en VOX no pueden ni ver a Salvini. De hecho, Abascal no duda en remarcar cada vez que puede que Salvini ha apoyado a los independentistas catalanes y vascos, y de esta forma intenta evitar que la Lega se vuelva en una referencia para la extrema derecha española. Todo se complica a mayor por la presencia de Pablo Casado, que para liquidar a la interna y a la externa al Sorayismo ha adoptado muchos tintes populistas en su discurso, apelando a “representar a la España de los balcones” que se sintió defraudada el 1 de Octubre, adoptando posiciones abiertamente xenófobas en materia migratoria y echando un cable a Orban en las votaciones del Parlamento Europeo, donde por muchos eurodiputados que VOX consiga, el PP tendrá bastantes más. A los populistas de derecha les importa mantener una sinceridad pragmática en relación a sus posibilidades reales, y Mischaël Modrikamen, socio de Bannon lo ha dejado claro: “Hay mucha gente que es más mayoritaria y que no están lejos de nuestras convicciones, como Pablo Casado en España”. Es difícil saber qué pasará en las próximas semanas (Fernandez es la persona más confiable para enterarse de ello), pero no pinta nada fácil.

©AFP

Lo que pasa es que aún careciendo de su apoyo directo y formal, Santiago Abascal y su equipo se están esmerando muchísimo en aprender cuanto más sea posible de la experiencia de estas fuerzas políticas. Sobretodo a la hora de construir su discurso. Como en La Trivial explicamos muchas veces, el populismo no es una ideología, es una forma de construcción de lo político. Esta forma, ya sea en el caso de los populismos de izquierda o de derechas, entiende que el sentido más profundo de lo que significa pertenecer a una comunidad nacional, a un pueblo, no está dado, y trata de significarlo a su manera. Trata de construir un “nosotros”, de (re)fundar un pueblo, de construir una hegemonía social y popular nueva en la que los intereses de una parte de la sociedad (ya sean los populistas xenófobos de Salvini o los patriotas de izquierda de Mélenchon) sean vistos como representantes de toda la sociedad como tal, de la gente. Y esto, para hacerse, necesita de una frontera clara, de un enemigo común; “una casta”, “un establishment” al que señalar. VOX ha encontrado en la incompetencia de C’s y el PP durante el Otoño Catalán, la política de perfil bajo del PP durante el Sorayismo en cuestiones sociales y el constante cambio de posiciones de C’s una razón pública para señalar a los partidos de la derecha como parte de un establishment político incapaz de responder a los problemas de España. Y a partir de eso, ha levantado un discurso en el que enfrenta “La España viva” frente al PP, C’s y PSOE como un bloque unido. Ese discurso emplea una operación ideológica básica del populismo, lo que Laclau llama “cadena de equivalencias”. Entendiendo que las demandas sociales que se encuentran son muy diferentes entre sí y que necesita una forma de hilvanarlas, conecta todas las demandas de la base social de la derecha, defraudada y descontenta, no en relación al contenido de las demandas como tal, a su particularidad propia, sino a través de lo que comparten verdaderamente: un enemigo común que se niega a atajarlas y rechaza atenderlas. Eso permite a VOX construir una bomba política capaz de movilizar cosas tan diferentes como el enfado machista frente al auge del feminismo, las demandas de contundencia frente al independentismo de gran parte de la derecha, el control de fronteras, o las demandas de dejar de financiar partidos y sindicatos con dinero público. Lo articula como la lucha contra un enemigo común, lo sintetiza como una expresión de una supuesta lucha entre “España” y una especie de casta política divorciada de los intereses o de los valores de la gente que ellos ven como representativa de España.  Una lucha entre la nación de a pie y quien se le pone en medio.

El papel del independentismo y de la inmigración musulmana en el marco del discurso de VOX se fija también en la hidra dextropopulista. Para el discurso de “los verdes”, ambos representan  “peligros fundamentales” o “amenazas existenciales” a la nación que habría que extirpar o desterrar, como pasa con la llamada “inmigración masiva” en el discurso populista de derechas de fuerzas como AfD en Alemania o el Frente Nacional Francés. Señalan ese supuesto “peligro” o “amenaza” como algo radicalmente contaminante, intrusivo, perturbador, como algo que pone en cuestión a la propia nación en sí, pero que es imposible “arrancar” o “expulsar” sin vencer antes al Establishment o obligarle a ponerse “en orden”. Reproducen en un discurso eso que Lacan (como también Jorge Alemán recuerda), llamaba la “lógica masculina”. En sus cuadernos, Lacan habla de una “lógica masculina” (no en referencia al género, sino en general) que estaría marcada a todos los niveles por la imposibilidad de alcanzar su propia plenitud. Un sujeto incompleto, atormentado por la experiencia perturbadora de una “parte – no parte” que impediría al ser alcanzar su plenitud, “ser” en sí mismo, y que por lo tanto el ser rechaza y opone como un peligro, como una amenaza a su propia existencia. Los populismos de derechas europeos lo hacen frente a la inmigración. Intentan instalar en el imaginario común la idea de que nuestros países viven atormentados por la presencia perturbadora de un “otro” extraño y extranjero que desordena nuestras vidas, que arruina nuestra convivencia, que nos impide progresar. Por eso señalan como un peligro la existencia de Europa como tal, afirmando como por ejemplo el Frente Nacional que en 2050 “la mitad de la población francesa será Musulmana” y echando la culpa a los migrantes de la criminalidad.  Es importante entender que este discurso no funciona por sus conexiones con la experiencia real de la gente. De hecho, como habrá que explicar en otro artículo, la relación entre porcentaje de voto a partidos populistas de derechas y densidad de población inmigrante suele ser indirectamente proporcional. Pero esta xenofobia “masculina” (en términos Lacanianos, no de género) sirve como un catalizador muy potente para conducir el conjunto de descontentos y frustraciones de la gente en contra del establishment político.

VOX extiende el catálogo de “Enemigos de la patria” a una lista considerablemente mayor que la del resto de fuerzas dextropopulistas. En parte, porque usa una lista ya confeccionada heredada del aznarismo, formada por décadas de señalamiento de cualquier rival de la derecha como “la anti-España”. Este concepto fue puesto en circulación por la maquinaria propagandística del bando sublevado de la guerra civil pero continuó usado por la derecha después de 1975. No porque la derecha española sea una simple continuación del Franquismo -afirmar eso a la ligera dista mucho de la realidad- sino porque, en la práctica, es una forma de construir el discurso que da un resultado muy fructuoso a la derecha. Sobretodo cuando los 40 años de gobierno de Francisco Franco le dieron a la derecha un monopolio/patrimonio de la idea de nación que les permitía adoptar esa postura con facilidad. En el listados de “enemigos de la patria” que VOX asume  entran movimientos que amenazan la unidad de la nación española como tal, como es el secesionismo procesista, el independentismo vasco y los resquicios del apoyo social y político a la banda terrorista ETA. Pero también los nacionalismos periféricos no independentistas, la izquierda tradicional, las fuerzas patrióticas-democráticas como Podemos, y el feminismo. Estos últimos movimientos y actores no serían, para cualquier soberanista o populista de izquierdas, parte de los enemigos de la nación sino nodos centrales de su revitalización. Pero es evidente que el proyecto de país que VOX quiere construir no se parece en nada al de los populistas de izquierdas españoles. Ahora bien, a estos segundos, para ganar, les conviene recapacitar y asumir que el levantamiento popular del 15 de Mayo hace mucho que dejó de servir como “vacuna” frente al populismo de derechas. Además de que la construcción de un relato nacional distinto, “progresista, “popular”, “democrático”, “feminista” y “plurinacional”, ha avanzado muchas posiciones, pero aún no las suficientes. El resurgimiento de VOX va a abrir debates muy intensos en el seno de sus movimientos políticos, y sólo fijarse en los ejemplos de Mélenchon y Corbyn podría salvarles. Al fin y al cabo, a espera de ver los frutos de la estrategia de Sahra Wagenknecht en Alemania, han sido los únicos capaces de frenar el surgimiento de estas fuerzas dextropopulistas. Desestimar la fuerza de el discurso de VOX no es nada aconsejable. En las condiciones sociales, políticas y culturales que atraviesa nuestro país es sumamente poderoso y puede hacerle avanzar posiciones con facilidad, y eso es algo que hay que asumir cuanto antes.

3- VOX, “la veleta naranja” y “la derecha blandita”

VOX entiende que para crear una base electoral sólida y crecer tiene que mantener una discurso duro frente a Ciudadanos y el Partido Popular, incluso después de ver al Sorayismo derrotado. Por eso se ha dedicado a pensar como señalar las fallas y las contradicciones que molestan a la base social de la derecha. En el caso de Ciudadanos, su falta de constancia y coherencia a la hora de posicionarse y su torpe ambigüedad a la hora de hablar de temas que, en los círculos a los que VOX pretende movilizar, pesan enormemente. En el caso del Partido Popular, el haber abandonado los valores de la derecha durante más de 10 años de retroceso en sus posiciones políticas clave; la “huída al centro” de Soraya y Mariano. Por eso a Ciudadanos le llaman “la veleta naranja” y al Partido Popular “la derecha blandita”; y por eso se esmeran tanto en poner esos apodos en circulación hasta hacerlos resonar por cuantos más círculos y niveles posibles. Es una batalla clave para ellos. Como la de hacerles ver como impotenetes e incapaces. Necesitan explotar la idea de que cada uno por una razón, resultan inútiles como herramientas para defender a lo que ellos consideran amenazas fundamentales (e.g. “la ideología de genero”, “la inmigración masiva”, “el auge de la extrema izquierda”… y un largo etcétera).

De esta necesidad de confrontar a las dos grandes fuerzas de la derecha Española, surge un problema fundamental: si VOX se centrase meramente en buscar como erosionar o deteriorar a ambos partidos para rescatar algo de sus ruinas, el espacio político de la derecha se contraería y saldrían perdiendo a la larga. Por eso han descubierto, aunque no lo sepan aún poner en práctica, que también han de asumir la tarea de compaginar esta dureza con el resto de fuerzas de la derecha con una “competencia virtuosa” (como diría Errejón)  por ampliar el espacio de la derecha. Esto es algo que Casado también entiende; de hecho durante su campaña en las primarias repitió hasta la saciedad que su proyecto no iba a dedicarse meramente de representar a la derecha ya existente, ni a moderarse hacia el centro, sino a ampliar el espacio que él representaba desbordando lo que és. Ahora toca ver el grado de destreza que muestran unos y otros para ponerlo en práctica. VOX se juega mucho con esto; si permanece en una mera posición beligerante y de desafío sin pensar estratégicamente en desplazar los temas de debate, los registros y los códigos de la derecha hacia su terreno, se suicidará políticamente; o al menos se tendrá que resignar a sacar un resultado mucho peor del que potencialmente pudieran tener. Conviene recordar que de momento, es una de las dos cosas más importantes que están sobre la mesa para VOX, aparte de la de conseguir ser visto como capaz de entrar a las instituciones y determinante para formar alcaldías y gobiernos (al menos el de la comunidad de Madrid). VOX no va a hacer un sorpasso mágicamente pasando de la irrelevancia a la vanguardia de la derecha española solo por haber llenado Vistalegre, esto es algo claramente evidente. Pero si que podría determinar las líneas de muchos debates gracias a su inercia, su actividad bulliciosa y el foco de la prensa. Están por el momento en esa fase, la misma que vivió Podemos tras las Europeas. Y aunque no está claro cómo de bien lo van a hacer, podrían sacarle mucho provecho. Amanecer Dorado en Grecia, el Frente Nacional en Francia, o UKIP en Reino Unido ya lo han vivido también en sus momentos; cuando no puedes marcar la política del gobierno, lo más inteligente que puedes hacer es marcar los términos del debate. Y eso es lo que van a intentar.

Santiago Abascal y Albert en una imagen de Twitter, en 2012

Aun así, está claro que ningún partido populista de derechas, populista o no, ha crecido limitándose a competir en el espacio conservador. Intuyo que por eso VOX aspira a abrir pequeñas brechas en los electorados de otros partidos (inclusive los progresistas) y deshielar en la medida que pueda la abstención hablando de temas como la inmigración y las fronteras que todos los grandes partidos han optado por ignorar, o tomando posiciones contra el feminismo o las autonomías. A diferencia de otros partidos populistas de derechas, VOX no puede jugar la carta estatista de reivindicar un mayor control de la economía nacional, retomar una vía proteccionista o confrontar la desigualdad social multiplicada por la estafa de 2008. Es, en el fondo y la forma, un partido liberal en lo económico, y entonces tiene que buscar en otros frentes la forma de romper la cartografía izquierda y derecha a algunos niveles en busca de votantes más allá de su propio terreno. Arrinconado, ha pensado encontrar la solución por ejemplo en la explotación de un sentimiento por ahora minoritario de “virilidad nacional” que se pudiera sentirse cuestionado ante el auge del feminismo, hablando de las “denuncias falsas” en términos alarmistas y cuestionando “la ideología del género” en líneas discursivas parecidas a las de Jordan Peterson, como si el feminismo en sí mismo se tratase de una ideología radical y peligrosa para la sociedad occidental. Este discurso antifeminista se aprovecha de muchos resentimientos o miedos de una parte de la población masculina que ve con preocupación, ira o vértigo el auge que el feminismo tiene desde el 7N de 2015, y se extiende también a otros niveles del debate. Se ve por ejemplo en la contestación al independentismo, que muchas veces es pintado como un desafío a la “hombría del estado” y su autoridad. Algo que a la derecha americana, como explica la autora Bonnie Mann, ya le ha funcionado contra la insurgencia islámica cuando la representó como un ataque al “national manhood”, la posición de Estados Unidos como patriarca mundial. Más allá de lo que piense uno de este discurso en términos morales, se basa en una estrategia que se ha mostrado profundamente efectiva en el resto de países de occidente donde fuerzas populistas de derechas han saltado a la palestra, y en algunos casos, no solo han saltado a la palestra si no que han salido de la marginalidad para convertirse en “el nuevo mainstream”. El poder en las calles “la España feminista” que se vió el 8 de Marzo tiene uno de los mayores potenciales políticos de nuestro país. Pero eso no “vacuna” a España de la posibilidad de enfrentarse a un auge de fuerzas nítidamente antifeministas y populistas de derecha. Para acabar con esa posibilidad la nueva hegemonía social del feminismo tendría que ser capaz de colocar a los populistas de derechas como una excepción amenazante y no como algo verdaderamente representativo del ser nacional. Es decir, elevarse a una posición verdaderamente hegemónica en la que reivindique para sí una imagen actualizada de país en la que lo contrario a la normalidad, lo contrario al sentido común, sea el discurso de VOX. Pero instalar esa idea en el imaginario colectivo es una tarea complicada que consumirá mucho tiempo y esfuerzo a quienes tienen una idea distinta de España.

 

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Por Iago Moreno

Esa idea enfermiza de que “en los debates sabes que vas ganando cuando ves a los adversarios echar espumarajos por la boca.”no es más que una arrogancia imbécil. A veces aparece disfrazada de lo que no es, estampada sobre tapas rojas. “¡Lo decía Mao!Ser atacado por el enemigo no es una cosa mala, sino una cosa buena”(…) “si el enemigo nos ataca prueba que hemos deslindado los campos con él””. ¿Pero acaso la hace eso menos falsa e interesada? Que vieja es esa artimaña de volver a los clásicos para darnos la verdad retorciendo sus palabras.

Recapitulemos algo expuesto en la segunda mitad de la primera parte de este texto, publicada hace 2 números: Pensar táctica y estratégicamente implica subordinar la acción concreta al arreglo permanente entre lo deseado y lo posible, entre las condiciones objetivas dadas y las transformaciones subjetivas posibles. Pensar táctica y estratégicamente, significa obrar entendiendo cuál es el margen que uno tiene en cada momento para transformar una realidad que también se transforma a sí misma, y en qué medida su propio cambio – o sea, el despliegue de las transformaciones de la que la realidad como tal es “objeto” – contraen o expanden ese margen que antes teníamos y que hoy podría ser otro. ¿Como poder medir entonces el valor de cada acción posible si no es en relación a esta tensión? La táctica y la estratégica componen una díada inseparable, no pueden pensarse sino en común. ¿O acaso hay un elemento al margen – la actitud del adversario, el clima general de los ánimos, la opinión de tal o cual órgano interno… – que pueda ser en sí misma un seguro de nuestros actos?  La tendencia cada vez más instalada a dispersar y fragmentar el estudio de las cosas, nos hace perder este enfoque tan básico, nos empuja a volver a las viejas excusas. Pero toca insistir: La ausencia orientación estratégica es, en última instancia, el mayor regalo que se le puede hacer al adversario. Koba lo explicaba claramente: “los izquierdistas siempre encubren su oportunismo con una fraseología aparentemente revolucionaria”, pero “no podemos trazar nuestra política sobre la base de lo que digan unos chismosos, (…) “debemos ir por nuestro camino con paso firme y seguro”, pensar con claridad.  La guerra de movimientos se gana sabiendo ir más allá de los ritmos impulsivos del izquierdismo y la desorganización.

Afrontar el miedo al abismo del acto

A los que buscan en el rostro de su adversario la autoafirmación de sus acciones, les reconforta pensar en sí mismos como el terror de los moderados. Nada les excita más pensarse a sí mismos como una “joven guardia”. Pero a sus acciones no las guía más que el viejo miedo al abismo del acto. En “Repetir Lenin” el filósofo Slavoj Zizek nos explica este miedo como la base de un pensamiento estático: si queremos entender el miedo al abismo del acto, nos dice, no hay nada mejor que mirar a quienes – contra Lenin – insistían en aguardar a tener todas las garantías posibles antes de dar el paso hacia un estallido revolucionario. No lo dudo: en el estatismo de muchos se esconde también un miedo al abismo del acto; pero creo que este miedo nunca se muestra aún más claro que en su reverso. No hay mayor traducción del miedo al abismo del acto que la respuesta impulsiva del izquierdismo; esa acción no meditada, no planeada, que el izquierdista justifica en la necesidad moral/justa/inevitable de presentar combate sean cuales sean las condiciones reales dadas. Porque hay pocas expresiones mejores del miedo al abismo del acto que esa necesidad de justificarse en los gestos del adversario y no en las particularidades de la coyuntura. Igual que hay miedos paralizantes, hay miedos histéricos, y la hipertrofia izquierdista no es más que un reflejo claro de los segundos. Es otra expresión del terror al acto.

El acto revolucionario nunca tiene la cobertura de un gran “Otro”. Esa es la enseñanza que Zizek nos enseña aprender de Lacan y de Lenin. Aprender a convivir con ese miedo, asumir de una vez que no habrá garantía alguna antes del propio hecho, es inevitable a la larga. Ni las excusas para la inacción ni las justificaciones para la temeridad son alternativas útiles para llegar a puerto alguno; sólo estudio concreto de la realidad concreta a todos los niveles puede reducir los riesgos. Pero“para conocer realmente un objeto [en este caso, el acto revolucionario] hay que abarcar y estudiar todos sus aspectos, todos sus vínculos y mediaciones”; sólo “la exigencia de estudiar las cosas en todos sus aspectos nos previene contra los errores y la rigidez”.Y eso es algo difícil de asumir para la izquierda.

Unilateralidad, subjetivismo y superficialidad

Si hay algo en lo que insiste Mao Zedong es que quien confronta las cosas de forma subjetiva, unilateral y superficial, está inevitablemente predestinado a caer.  Mao Zedong nos dice: “Las cosas en el mundo son complejas y las deciden diversos factores. Debemos examinar los problemas en sus diferentes aspectos y no en uno solo.” (…) “   Debemos aprender a examinar las cuestiones en todos sus aspectos, a ver no sólo el anverso de las cosas sino también su reverso.” Y por eso, cuando se trata de enfrentarse a un adversario, se acuerda del viejo consejo de Sun Tzu en “El Arte de la Guerra”:

“Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no temas el resultado de cien batallas; si te conoces a ti mismo, pero no conoces al enemigo, por cada batalla ganada perderás otra; si no conoces al enemigo ni a ti mismo, perderás cada batalla.”

Sí los jóvenes militantes recordasen aquella enseñanza dejarían de “darse en la cabeza contra un muro”, dice Mao. Por eso vuelve una y otra vez sobre esta cuestión es sus escritos con tantos otros ejemplos. Nunca, absolutamente jamás, ha existido virtud revolucionaria en el acto temerario. Los delirioskamikazes, los exabruptos, siempre se han celebrado por sus defensores como victorias de la épica; pero raras veces llegan a ser más que una fantasía onanista, siempre han estado condenados al fracaso.

Lenin:

Ahora bien, ¿es esta defensa de la atención a las posibilidades reales, una excusa para el estatismo? Podría llegar a serlo, lo ha sido en otros casos, pero en este texto se defiende justa y precisamente lo contrario. En última instancia no hay nada que tire más fuerzas militantes por tierra que el desgaste de derrotas evitables o el impacto de golpes a los que uno no habría de haberse expuesto… Si como dice Mao “muchos consideran imposible lo que podrían cumplir si se esforzaran”, es por la misma razón por la que otros se dejan llevar por la fantasía: porque abandonan el arreglo táctico de la estrategia, porque olvidan la orientación estratégica de la táctica. Defender el capital político militante frente a la irresponsabilidad del izquierdismo, avisar de los peligros que suponen la temeridad y la inconsecuencia, es parte de esa lucha por encontrar la actitud correcta con la que encauzar cada lucha.  “Para deshacernos del hábito de actuar a ciegas (…) debemos alentar a nuestros camaradas a pensar, aprender el método analítico y cultivar el hábito del análisis.” dijo Mao también. Nunca ganaremos orientando nuestra acción política en base a nuestros deseos y nuestras prisas. Siempre ha habido quienrija su rumbo escuchando a las sirenas, quien se excite ante la tempestad, o quien persiga el rugido de las olas. Lo importante es olvidar que a quienes escogen ese camino sólo les esperan dos destinos posibles: el fondo del mar o la muerte entre las rocas.

Lenin dijo una vez: “Aceptar el combate cuando es ventajoso a todas luces para el enemigo y no para nosotros, constituye un crimen. Los políticos de la clase revolucionaria que no saben maniobrar y concertar acuerdos y compromisos a fin de rehuir un combate desfavorable, no sirven para nada.” ¿Se equivocaba? Pocos dirán que no: El problema es llevarlo a la práctica. No se trata de perder el anhelo de victorias, no se trata de ahogarnos en la derrota; al contrario, se trata de aprender a entender cómo se construye de la victoria. Pero de entenderlo en serio, con todas las implicaciones que esto acarrea:

En una guerra, los mandos no pueden pretender ganarla traspasando los límites impuestos por las condiciones objetivas, pero dentro de tales límites sí pueden y deben poner en pleno juego su actividad consciente en la lucha por la victoria. El escenario de acción para los mandos en una guerra debe construirse dentro de lo que permiten las condiciones objetivas, pero sobre este escenario pueden dirigir magníficas acciones de épica grandiosidad.”

Mao Zedong

Teologías, teleologías, y otros delirios mesiánicos

El problema es que quienes han querido transformar el mundo en pos de la justicia social, de la revolución, de la liberación nacional o la igualdad, han tendido a olvidar qué es en realidad la política (y “lo político” como tal) y perderse en sus propias fantasías. No nos enfrentamos al poder que nos niega para abrir paso a una historia inaplazable, ni la escribimos bajo el dictado de lo que “ha de abrirse paso tarde o temprano”. No cabalgamos a lomos de la historia, ni tenemos la llave del futuro: eso son cuentos de iluminados. Cuando hacemos política disputamos el sentido de las cosas, construimos sentimientos colectivos, creamos voluntades nuevas, movilizamos anhelos ya dados o transmutamos correlaciones de fuerzas; las enfrentamos, hacemos chocarlas a golpes, desatamos revoluciones cuando se aúnan, y si se imbrican entre sí a veces logramos resolver hasta sus propias contradicciones. Todo eso es hacer política, desde derruir un edificio político estable, hasta desviar la fuerza de un desarrollo concreto para acabar con el curso normal de otra cosa. La política es un arte estratégica compleja y amplia, que trata de muchísimas cosas. Pero nunca de desvelar verdades ya dadas.

Uno nunca triunfa políticamente dejándose seducir por razones mesiánicas. Igual que uno no puede guiarse en base a un tic rabioso del adversario, no puede dejarse enredar por las arengas de fe o la vieja filosofía de la historia. Las únicas guías que podemos tener, como dijimos antes, son el análisis concreto de la situación concreta, el arreglo de la acción política a la estrategia y la táctica, y la asunción realista y sincera de nuestras limitaciones. La historia nunca va a estar de nuestro lado, nunca nos absolverá. No lo hará, al menos, si no la convertimos en algo distinto a un camino ya dado, si no la entendemos como un futuro que escribir. Sólo absuelve la victoria. La suerte a la que están condenados todos esos los despliegues iluminadores, todos estos arrebatos de pasión ilustrada, está probada desde hace mucho. Lo decían Adorno y Horkheimer: “La tierra enteramente ilustrada resplandece bajo el signo de una triunfal calamidad“”.  Quien se cree no necesitar de la táctica ni de la estrategia no ha aprendido nada de la historia, sólo está lanzándose hacia un salto de fe. Y la fe es siempre ciega.

Hace mucho que aprendimos a no seguir a quienes trataban la lucha de todos como el producto de una epifanía reveladora, de quienes tratan la historia como un desarrollo lineal, acumulativo, desplegándose al progreso. Como decía un editorial de LdR que leí en su día: nuestro pueblo no es “un Cristo” que tenga que mortificarse en el sufrimiento hasta que se produzca una segunda venida de dios. No está destinado a sufrir hasta que arribe un cambio nuevo. La lucha revolucionaria no es una apresurada carrera por desatar la celeridad de los hechos; no hay un cambio radical esperándonos a la vuelta de la esquina. Lo dijo Ernesto Laclau ¿De qué sirve esperar a que bajen los Marcianos? De nada vale sumergirse en fantasías redentoras o crecerse en el dolor, no podemos convertir el esfuerzo teórico de los que antes lucharon en evangelios inútiles o en fetiches gastados. Tenemos que pensar con sinceridad y sentido crítico, y tratar los viejos manuales como lo que son, un bagaje teórico imprescindible pero insuficiente, un arsenal de ideas que revisar, mejor y expandir. Militar, esforzarse por escribir la historia de nuevo es la pelea por trascender nuestras propias limitaciones, por ensanchar los horizontes posibles. Es luchar por romper las cadenas de ese pensamiento débil y estéril que viste de fuerza la mayor de las debilidades, la pelea por abrir un tiempo nuevo cuando todo parece imposible. Y eso no puede lograrse sin tener en cuenta nuestros errores.

La enseñanza de Rokha

Quiero acabar este segundo artículo acordándome de Leonardo Vilches, un camarada del Partido Comunista Chileno que tuve el gusto de conocer hace poco. Gracias a él conocí un poema de Pablo de Rokha en el que creo que se destilan gran parte de las ideas que hoy intento exponer.

“Entre la vida y la imagen de la vida”, nos dice Rokha, el corazón de un militante se vuelve “un animal rojo, bramando”; una bestia “escarbando lo sagrado y gritando tierra”, huyendo. La bestia cava buscando escapar, siguiendo su idea, pero la sociedad le inunda y el mito le azota. ¡Es una ironía!nos diría Marx (aunque Rokha no se detiene en esto). El viejo topo habría de hozar hacia la superficie. Pero se ha perdido. La bestia busca la “fruta de la realidad abierta”, persigue la fe; huye del dolor y del desorden hacia las entrañas de la tierra. Se equivoca, nos dice Rokha; y Marx estaría de acuerdo. No se trata convertir en fe nuestras ideas, “Lo tremendo, lo cierto, es lo concreto”. No podemos convertirnos “ni en profetas ni iluminados”; no podemos acabar como “megalómanos de metáforas”. Nosotros “hemos venido a hundirnos en la historia, a hacer la historia, a expresar lo que fluye sucede y gravita en ella”. Asumir esto cuesta, implica ir “contra tus propios símbolos”, “desgrarrase en virtud de la verdad”. Pero eso no importa absolutamente nada: Nosotros juramos vencer y no podemos faltar a nuestra palabra. No al menos hasta ver las alamedas bien abiertas y las plazas realmente liberadas.

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Entrevista a Germán Cano: “La izquierda no entendió que la batalla de la vida cotidiana era fundamental” http://latrivial.org/entrevista-a-german-cano-la-izquierda-no-entendio-que-la-batalla-de-la-vida-cotidiana-era-fundamental/ http://latrivial.org/entrevista-a-german-cano-la-izquierda-no-entendio-que-la-batalla-de-la-vida-cotidiana-era-fundamental/#respond Mon, 14 May 2018 09:37:13 +0000 http://latrivial.org/?p=5350 Por Jordi Mariné, Iago Moreno, Merlina del Giudice y Roc Solà

Germán Cano es profesor titular de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares. Es autor, entre otros libros, de (junto a Jorge Alemán) Del desencanto al populismo. Encrucijadas de una época (NED, 2018), Como un ángel frío (Pre-Textos, 2000), Nietzsche y la crítica de la modernidad (Biblioteca Nueva, 2001), Hacer morir, dejar vivir. Biopolítica y capitalismo (Los Libros de la Catarata, 2010), Adoquines bajo la playa. Escenografías biopolíticas del 68 (Grama, 2011) y Fuerzas de flaqueza. Nuevas gramáticas políticas (Los Libros de la Catarata, 2015). Especializado en filosofía contemporánea, ha publicado muchos trabajos centrados en torno a problemas sociales y políticos relacionados con los nuevos procesos subjetivos contemporáneos. Actualmente también colabora con distintos medios y suplementos culturales de la prensa española (Huffington Post, CTXT, La Cuarta Página, El Cultural). Asimismo, fue consejero por el área de Cultura en el Consejo Ciudadano Estatal de Podemos.

 

La entrevista gira, con motivo del 50 aniversario, en torno al Mayo del 68, su herencia y las diferentes interpretaciones que podemos encontrar, pero también en torno al papel de la cultura en la política, a discusiones de Facebook y Twitter y a las nuevas formas de militancia juvenil.

Pregunta: Este 2018 se cumplen 50 años del Mayo del 68, pero sus contornos, su sentido y sus devenires siguen siendo un tema candente de debate. Cinco décadas después, la mayor recidiva de esta discusión interminable nos vuelve a dejar perplejos entre acusaciones enfrentadas y lecturas contrapuestas. No ha envejecido muy bien el debate, ¿no?

Respuesta: Son 50 años y han pasado algunas cosas desde la anterior conmemoración. Lo primero que diría es que se ha debido producir en el partido de Macron un debate sobre qué hacer con el 68, porque de alguna forma la derecha también extrajo lecciones de esos sucesos y ahora En Marcha también ha recogido ciertos elementos surgidos en los 60. Las dificultades de Macron a la hora de plantear cómo debe realizarse la celebración son ya sintomáticas: en estos momentos, en Francia, se está dando un movimiento de protesta bastante acentuado. Podría darse la situación de que desde el gobierno se esté fomentando una celebración que va en contra de las propias medidas reformistas que están aplicando.

En los 80, la discusión giró en torno a si el Mayo del 68 había allanado el camino a un nuevo individualismo, un individualismo hedonista, replegado sobre sí mismo. Por ejemplo, la interpretación de Las partículas elementales, de Michel Houellebecq, va en esa dirección: pensar que todo nuevo conservadurismo neoliberal hunde sus raíces en una protesta que fue efectivamente ambivalente. Yo me temo que lo que va a suceder en esta conmemoración será una mirada nostálgica por parte de la izquierda que va a desacreditar el fenómeno y un silencio absoluto por parte de las filas neoliberales o deudoras del discurso neoliberal. Creo que esa cuestión de qué fue el 68 va a perseguirnos como un fantasma, porque en cierto modo es un espectro que vuelve una y otra vez.

Hasta hoy, yo no he visto interpretaciones especialmente interesantes. El último gran libro que creo que surgió con las interpretaciones del 68 fue el de Kristin Ross, que editó Acuarela. Es un libro muy interesante, que viene a contradecir esa lectura puramente individualista y liberal del fenómeno. Kristin Ross tiene la capacidad de mostrar cómo el 68 fue un momento de repolitización diferente donde hubo contaminaciones y promiscuidades totalmente insospechadas por parte de la izquierda y de la derecha tradicional. Eso llevó a que el 68 pillara totalmente a contrapié al Partido Comunista Francés, que no entendía nada de lo que estaba sucediendo. El libro también pone de manifiesto que el 68 conoció una huelga extraordinaria, donde se produjo una alianza interesantísima entre trabajadores y estudiantes. Todos esos matices, todos esos claroscuros, son los que se pierden en el debate actual, donde parece que, o bien el 68 fue un momento donde la crítica artista se alió con la derecha emergente de Reagan o Thatcher, o bien un momento hedonista, un momento de fiesta, donde además la clave generacional se aplicó especialmente, como si el 68 hubiera sido una disputa entre padres e hijos. El 68 tuvo un elemento generacional, pero sería reduccionista pensar que puede reducirse a una cuestión generacional, aunque sea un elemento a tener en cuenta. El problema es cómo hacer una interpretación del fenómeno más allá de diversos reduccionismos. Creo que, a medida que vayamos analizando, podemos entrar en detalle de pequeños matices que creo que son importantes.

P: En Adoquines bajo la playa. Escenografías biopolíticas del 68(2011), describes claramente cómoel saber de la óptica cínica acabó despolitizándolo, identificando el acontecimiento de Mayo del 68 con una revuelta onanista de la juventud. Žižek, para explicarlo, recurre a aquel anecdótico encuentro entre Lacan y un grupo de jóvenes manifestantes en el que el psicoanalista, acorralado, acaba mirandoles a los ojos y gritándoles: “A lo que ustedes aspiran como revolucionarios es a un amo. ¡Y lo tendrán!”. Santiago Castro-Gómez se refiere a ello como “la profecía de Lacan”. En Revoluciones sin Sujeto (Akal, 2011) ahonda bastante en él para entender la idea de Žižek:

Frente al entusiasmo de los estudiantes, decididos a luchar contra las jerarquías sociales y tomar el destino en sus manos, el maestro reacciona con un gesto incomprensible: “no se hagan ilusiones muchachos, ustedes no serán jamás sus propios amos, lo único que lograrán será cambiar sus cadenas”. Los estudiantes, piensa Lacan, desean inconscientemente seguir siendo esclavos; buscan tan sólo un nuevo amo que les permita gozar mejor de su anhelada esclavitud.

¿Hasta qué punto se parece el Mayo del 68 a eso?

R: Hay una anécdota fantástica, que creo que plantea muy bien el telón de fondo de esta discusión. En esos momentos, Raymond Aron, quien será la figura estrella del pensamiento liberal, llama por teléfono a Alexandre Kojève para comentarle las revueltas de los estudiantes y observar que se estaba dando una situación casi prerrevolucionaria a lo que Kojève, algo más escéptico, le pregunta si hay algún muerto. Al responder que no, le dice que en ese caso eso iba a ser meramente un fenómeno meramente epidérmico superficial del que no había que preocuparse.

Esta conversación es muy interesantes, porque no solo Aron era en esos momentos una estrella rutilante del firmamento intelectual francés desde las filas liberales, sino que Kojève era el tipo que había enseñado a toda una generación de pensadores franceses la Fenomenología del espíritude Hegel desde una lectura muy sui generis. Desde el punto de vista kojeviano, lo que se había producido en el 68 era un epifenómeno dentro de lo que él llamaría el “fin de la historia”, es decir, una revuelta festiva donde no había ese elemento sacrificial, donde la gente no iba a apostar su vida y donde el poder terminaría imponiéndose (curiosamente, De Gaulle terminó imponiéndose en las elecciones). No había, pues, que darle demasiada importancia al fenómeno.

Desde una lectura hegeliana filosófico-histórica donde la historia siempre se mueve a través de la tragedia, el 68 era una cosa rarísima, porque sin duda ese elemento festivo existía. Lo que hay que plantear es si lo que estaba aconteciendo, estaba aconteciendo al margen del radar de la política tradicional, porque estaban pasando otras cosas y se estaba politizado un escenario, el de la vida cotidiana, que no había sido lo bastante tenido en cuenta desde las grandes categorías del marxismo hegeliano y del propio marxismo. Entonces, esa anécdota refleja la intempestividad o la obsolescencia de la tradición liberal de Aron y de la tradición marxista hegeliana, aunque muy rara de Kojève. Esto es importante también para explicar ese momento en el que los estudiantes irrumpen en la clase de Lacan, estudiantes super politizados, y Lacan suelta esa famosa frase: “en el fondo, [como revolucionarios], lo que estáis buscando es un nuevo amo”. Curiosamente, una escena parecida tiene lugar en Alemania poco tiempo después de las misma forma que Lacan es interrumpido por esos estudiantes que buscan cuestionar la autoridad del profesor y tocarle las narices. Poco tiempo después, en Frankfurt, Adorno es asaltado por unas estudiantes que muestran de una forma pre-Femen sus pechos al profesor, abochornándole. Se suele contar, con más o menos mala baba, que Adorno la palma dos meses después del acontecimiento porque el hombre sintió mucha vergüenza pero es, desde luego, una exageración.

Entonces, ¿qué está pasando ahí? En parte de esa rebelión contra la autoridad del profesor, que era una circunstancia que se repetía mucho en los 60, también había un cuestionamiento de la teoría. Es como si los estudiantes les estuvieran diciendo a Lacan y Adorno que ese exceso teórico o estructuralista, en el fondo, no estaba comprendiendo lo que estaba pasando en la calle. Por ello, una de las consignas del 68 fue que “las estructuras no bajan a la calle”, porque desde determinados contextos politizados, por ejemplo desde el maoísmo, se consideraba que esa hipertrofia teórica del profesor que se distanciaba de lo que estaba sucediendo y ponía una fórmula en la pizarra, esa aproximación de lo que estaba pasando, esa filosofía, había entrado en una profunda crisis. No obstante, desde una perspectiva de 2017/2018, podemos entender las posturas de Lacan y de Adorno, porque, en el fondo, ¿qué transformaron esos estudiantes que increparon al profesor? Desde 2018, podemos ver la situación desde una perspectiva distinta: lo que también aparece en esa escena es la aparición del cuerpo, de la corporalidad. Hay otra escena que también podría relacionarse: la de Daniel Cohn-Bendit riendo delante del policía. Este es un acto de exposición del cuerpo frente a la autoridad y de cierta distancia irónica con un mundo que no ejercía ya ninguna influencia y no tenía ninguna legitimación. Esta aproximación de la exposición del cuerpo es lo que plantea Sloterdijk en ese famoso libro sobre la diferencia del cinismo y el quinismo, y el 68 tuvo algo de esto, de exposición de una corporalidad diferente, que no era la propia de una militancia sacrificial, donde el placer y el goce jugaban un papel importante, y una corporalidad que tenía que ver con las nuevas experiencias ligadas a la sexualidad, las drogas y la ampliación de la conciencia. Había una politización no tan moralista y esto es lo que hacía del 68 un fenómeno difícil de comprender para los militantes marxistas curtidos en otra tradición de acción y de teoría.

Esto también tiene un último punto y es si este escenario surgido en el 68, lo que algunos autores han llamado la aparición de un escenario molecular, es decir, un escenario ligado a los gestos de la vida cotidiana, luego fue capturado por la ideología neoliberal. Y en qué medida la izquierda educada y curtida en un marxismo más ortodoxo no entendió que la batalla de la vida cotidiana era fundamental y terminó dejando ese espacio para el neoliberalismo que sí comprendió esa dimensión utópica del cuerpo que se revelaba contra el fordismo, contra la disciplina en la fábrica, contra la moral convencional o contra la familia.

P: Esto es a lo que te refieres cuando hablas del Mayo del 68 como un elemento de quinismo, ¿cierto?

R: Exacto. Sloterdijk,en este libro tan conocido en los años 60 en Alemania, decía que habíamos llegado a un escenario en el que ya solo quedaban dos opciones: la del cinismo frente al poder, una actitud de desengaño frente a los viejos relatos, esa idea de que detrás de la verdad se encuentra el poder y la dominación (algo parecido a lo que ahora se llama posverdad, una situación de cinismo generalizado donde lo que importa es la lucha por el poder y no la disputa ideológica), y lo que Sloterdijk llama el “quinismo”, esto es, que sabiendo que ya no podemos volver a los relatos tradicionales, qué tipo de praxis o qué tipo de relación con la vida cotidiana podemos seguir sosteniendo para poder politizar el escenario. Ahí la contraposición entre quinismo y cinismo me parece interesante para comprender los 60s y creo que sigue siendo una distinción interesante.

P: Hablábamos antes de Žižek. Una de las formas centrales en las que se realiza su idea del “nuevo amo” es la del surgimiento de “un nuevo espíritu del capitalismo”. No es realmente una tesis íntegramente suya, sino que se apoya en ensayos como el Boltanski y Chiapello que ya trabajan con ese mismo concepto (The New Spirit of Capitalism,2005). En Primero como tragedia, después como farsa(Akal, 2011) lo describe así: “El nuevo espíritu del capitalismo recuperó triunfalmente la retórica igualitaria y anti-jerárquica de 1968, presentándose a sí mismo como una victoriosa rebelión libertaria contra las opresivas organizaciones sociales características del capitalismo empresarial”. Con ese cambio, según él, el capitalismo habría “una nueva época histórica” con una unidad política, social y cultural nueva, en el que se nutría de esas mismas demandas para reformarse desde la base. El cambio, de hecho, sería hasta antropológico: implicaría una nueva codificación del ser como empresario de sí mismo. ¿Pero qué parte de verdad hay en esto? ¿No se está exagerando la centralidad de el 68 como evento para buscar una cabeza de turco?  ¿Qué “aprendió” o “cooptó” el capitalismo en su mutación neoliberal de las reivindicaciones del Mayo del 68?

R: Creo que el gran mérito de la lectura de Santiago en ese libro es que muestra las limitaciones de Žižekdesde la lectura que realiza del 68. Es decir, en Žižek no hay ninguna reflexión sobre la hegemonía, sobre la disputa cultural, y eso lo plasma muy bien [el libro] rastreando el origen de esa incomprensión en la influencia de Althusser, en la medida en que Žižek, debido a su influencia lacaniana, en el debate Gramsci-Althusser que tiene lugar en los 70s bebe directamente del segundo, por lo que nunca termina por comprender el paso cultural. Esto es lo que viene a decir Santiago en el libro y yo estoy de acuerdo con esa reconstrucción que él hace. No obstante, eso no quita que en el diagnóstico de Žižek no haya parte de verdad. Yo lo situaría desde otro autor que a mí me interesa mucho, por lo menos para analizar este punto. Hay un libro, La invención de lo social de Jacques Donzelot,que se publicó en Nueva Visión, una editorial argentina y que me parece fundamental para reconstruir ese momento histórico. Este, junto con el famoso Nuevo espíritu del capitalismo de Boltanski y Chiapello, creo que son dos libros clave para comprender por qué el neoliberalismo coapta las pulsiones utópicas del Mayo del 68. La lectura que hace Donzelot es la siguiente: en el 68 convergen dos críticas al Estado del bienestar, al Welfare State keynesiano. Por un lado, la crítica autonomista de izquierda que entiende que el Estado ha generado una situación de pérdida de libertades creando clientelismo, la sociedad de consumo y una existencia acomodaticia donde, como se decía antes del 68, solamente cabía morir de aburrimiento; y, por otro lado, la crítica conservadora. En la medida en que en el 68 se entrecruzan ambas críticas al concepto de Estado, que por otra parte está teniendo cada vez más problemas para afianzar su legitimación, puede entenderse por qué el 68 terminó siendo hegemónico y generando una revolución pasiva en un contexto en el que podía producirse una alianza entre las pulsiones utópicas contraculturales (por ejemplo, el rechazo al trabajo, a la moral tradicional, a las formas de vida burguesas, etc.) y el neoliberalismo emergente que desde la Escuela de Chicago, desde Friedman, estaban también abogando por un adelgazamiento del Estado. Esa situación, ese cambio hegemónico, esa revolución pasiva que impulsa el neoliberalismo se asientan en la captación de las energías utópicas que allanó el propio hecho de mayo.

No obstante, eso no significa que haya que desacreditar o despreciar todo lo ocurrido en mayo. Creo que ese es el error de la izquierda ortodoxa: el error de pensar que eso fue una rebelión de los jóvenes mimados por el Estado del bienestar, también alimentado por profesores irresponsables. Es decir, todo lo que puede plantear esta crítica de la izquierda tradicional es que el 68 fue una revolución individualista, una revolucion hedonista, y no es verdad. No es verdad porque fue también una repolitización de la existencia y de la vida cotidiana. Ese es el aspecto que no ve la izquierda más ortodoxa: no entienden que bajo la consigna de rechazo al trabajo o bajo la crítica al Estado del bienestar se estaba construyendo una nueva sensibilidad que no entendía que la vida tuviera que pasar por el sufrimiento de tener que trabajar diez o doce horas en una cadena de montaje. En ese imaginario del metalúrgico activista, en esa imagen de la clase trabajadora que se ensalza a través de la dignidad del trabajo no se comprendió suficientemente que el 68 buscaba criticar ese sufrimiento en el trabajo. Yo creo que esa lectura sigue sin comprenderse, por ejemplo, en las actuales críticas a la Renta Básica. Ese materialismo, que entendía que había que interpretar de otra forma el trabajo y la relación entre el trabajo y la vida, es una asignatura pendiente, por eso creo que la labor que están realizando aquí en España Daniel Raventos, Jorge Moruno o Raimundo Viejo, quizás en otras claves, es muy importante, porque busca entroncar esa reflexión del 68 que queda difuminada desde otros planteamientos.

Esto también tiene que ver con una crítica al miserabilismo. Un problema que tenía la izquierda marxista en ese momento era cómo podía haber una revolución social cuando la gente estaba, en ese momento, conforme con el sistema o “adoctrinada” por la sociedad de consumo. Es por eso que el marxismo empezó a mirar al Tercer Mundo: entendía que en la medida en que el Primer Mundo no generaba suficiente sufrimiento para una transformación radical de la sociedad, la revolución solamente podía llegar de aquellos espacios donde el sufrimiento existía de una forma más explícita. Eso es lo que llevó a la izquierda a interesarse por el miserabilismo tercermundista, lo cual genera muchísimos problemas. Creo que también hay que salir de esa lectura miserabilista. Pero esto no solo lo podemos ver en el marxismo francés y, por ejemplo, en autores como Marcuse,que entendía que en el Primer Mundo no podía producirse ninguna transformación. Claro, yo creo que ahí las categorías hegeliano-marxistas, volviendo a lo de antes, impedían entender que lo que estaba sucediendo en el Primer Mundo era un cambio de orientación respecto a la vida cotidiana y a sus demandas políticas.

P: Chantal Mouffe escribiría, en 1979, Gramsci y la teoría marxista. En este trabajo afirmaba que “si bien el marxismo de los 60 fue el reino del althusserianismo, el Mayo del 68 aceleraría la transición a “una nueva fase: la del gramscismo”. Mouffe consideraba que se trataba de un fenómeno fundamental a través del cual se renovará el interés por las posibilidades de transformar revolucionariamente los países del capitalismo avanzado. Hay algo que es indudable: se venía de un período muy contrario a esta idea, donde el pesimismo hacia el presente propio se entremezclaba con una mistificación ingenua de experiencias lejanas. El encantamiento de Sartre con las arengas violentas de Fanon es quizás el ejemplo más paradigmático, pero iba más allá, era un signo de época. Para Mouffe eso cambiaría al llegar los 70, porque emergería una nueva forma de ver los usos de Gramsci sobre las condiciones en el “Oeste”, y rompería la obsesión con buscar de nuevo “el eslabón más débil de la cadena imperialista”, que diría Lenin. ¿Estás de acuerdo con el planteamiento de Mouffe?

R: Sí. De hecho, la primera vez que vi un análisis del 68 en clave hegemónica lo vi en los trabajos de Chantal Mouffe. Además, ella dice algo que me parece muy pertinente: que otra consecuencia de esa lectura althusseriana, de esa interpretación no en términos de lógicas hegemónicas, es la apuesta por el éxodo del autonomismo de Negri y Hardt, a saber,la idea de que solamente a través de un poder constituyente, a través de un éxodo de las instituciones, podemos encarrilar el proceso emancipatorio. Ahí creo que con mucha perspicacia Chantal Mouffe denuncia ese paso como un paso estéril, un paso que abandona cualquier contaminación con el espacio institucional, porque se trata de reivindicar una potencia constituyente de la multitud que vendría de la propia autoorganización de eso que había sido descubierto en el 68.

Otra cosa interesante de lo que decías es lo de la magnificación del Estado: la idea del Estado como un monstruo frío cuya supresión es el presupuesto de cualquier praxis emancipatoria. Justamente, porque desde la postura althusseriana se había magnificado la importancia del Estado. Y justamente, porque desde esa magnificación del Estado no se entendía en términos gramscianos que el Estado también se expresa y se sostiene en las trincheras de la sociedad civil. Así pues, en virtud de esta ceguera frente a la complejidad del Estado, se impulsaban diagnósticos y praxis equivocados. Por eso es tan importante el momento Gramsci, y por eso es tan importante un libro como Hegemonía y estrategia socialista que, alimentándose de los movimientos sociales producidos desde los 60s, entiende que hay que pensar el Estado de otra forma: no es ese monstruo frío o esa estructura coercitiva que se reproduce a través de sus “aparatos ideológicos”. Aquí la crítica a Althusser es fundamental. También hay que tener en cuenta que el propio Althusser lleva a cabo una crítica de esos mismos postulados, pero un planteamiento como el de los “aparatos ideológicos del Estado” muestra que las instituciones, como la educación, la familia, etc., son meramente coercitivas, botas que aplastan la vitalidad política de la sociedad civil. Esta forma de entender el poder debe ser totalmente desacertada. Ahí hay otros dos autores que resultan fundamentales: Foucault y, desde luego, Stuart Hall, quien aplica al análisis de la sociedad británica los trabajos de Gramsci y Foucault, entrecruzándolos.

P: Stuart Hall es sin duda un autor fascinante, aunque sigue siendo un completo desconocido para la militancia de nuestro país. Tan sólo la editorial Lengua de Trapo parece estar dispuesta a dar el paso de publicar sus obras. Quienes le conocemos, tendemos a haberlo hecho a través de ti, de Jorge Alemán o de Jorge Moruno ¿Casualidad? Difícilmente. De hecho, es algo que nos pasa con tantos otros autores: Jesús Martín-Barbero, Ernesto Laclau, Jacques Lacan, Chantal Mouffe, García Linera, Pierre Bourdieu, Walter Benjamin… Es algo sintomático: un reflejo más del escaso peso que se le da a pensar la batalla cultural en todas sus aristas. Es un debate abandonado, como todo lo que durante estos años se ha nombrado como “carril largo”. Se ensayan a veces simulacros de él, pero con resultados bastantes frustrantes. El debate que tuvisteis El Nega y tú hace un año nos da un ejemplo; empezó siendo una discusión sobre qué relación tendría que tener el cambio con la cultura o la música y acabó reducida al “O eres de Coldplay o eres el Boss”. Ahora se ha vuelto a repetir la misma historia, pero el debate lo lanzado Víctor Lenore. Para él, el problema estaría claro: la izquierda tiene alergia a la clase obrera, vive en una burbuja. Ha abandonado las “cuestiones materiales” y está ensimismada en sus propios debates elitistas… ¿Qué te pareció la vuelta a la carga de Lenore?

R: Quiero empezar diciendo que estimo a Lenore: le he seguido desde siempre, desde que empezó a colaborar en La Dinamo con Carolina del Olmo y César Rendueles hace ya casi 15 años, y siempre me pareció un periodista musical excelente, con una cultura musical muy amplia y, en un primer momento de su carrera, no era tan excluyente. Sin ánimo de entrar en lecturas psicologistas, yo veo que tiene una lucha personal fundamentalmente consigo mismo, con su pasado, y está bien: cada uno tiene sus demonios, pero creo que, a veces, esa lucha consigo mismo le lleva a proyectar enemigos imaginarios o generar polémicas que me parece que no son tan importantes. Luego entraremos en la efectividad de ese discurso, que creo que es interesante, pero primero es fundamental saber qué podemos hacer hoy para construir un bloque histórico diferente. Solamente creo que son importantes estas controversias y estos debates a la hora de pensar en cómo podemos salir del régimen cultural del 78.

Me parece fundamental construir un bloque histórico que comprenda qué ha pasado en estos 40 años y que entienda que la dimensión histórica y cultural es decisiva. Me animo a entrar en estos debates, porque creo que hay que esclarecer algunas cuestiones que quedan muy desdibujadas en las simplificaciones, pero me irrita bastante cuando se simplifica algo tan importante como es la forma de construir una alianza con sectores sociales que estéticamente tienen unos imaginarios diferentes. Para mí, esa cuestión me parece crucial. También porque personalmente vivo muchas encrucijadas: soy profesor, pero me crie en un barrio de Carabanchel; he tenido responsabilidades en Podemos, pero al mismo tiempo participo en otros mundos; vivo una existencia acomodada, porque tengo un piso guay en el centro, pero al mismo tiempo vengo de un sitio que nada tiene que ver con este barrio. Entonces, al problematizar esa situación esquizofrénica me jode que haya esas simplificaciones, y creo que quizás por parte de los que nos interesamos por esta dimensión simbólica, por esta política de la sensibilidad, no hemos sabido dar la batalla. Ciertamente, a lo mejor ellos han sido más efectivos, pero porque han tenido unos poderes a su disposición que nosotros no hemos tenido nunca.

P: Leíamos el otro día a alguien en Facebook decir muy irritado que Lenore se había tomado muy en serio el 18 de Brumario de Luis Bonaparte. Como si en honor a Hegel hubiese decidido convertir su tragedia —dejar el mundo de Indies, hipsters y gafapastaspor remordimiento de conciencia— en una simple farsa —autoflagelarse y odiar a Rockdeluxe como quien reza un rosario—.

Sin embargo, aunque estas críticas a Lenore se vayan extendiendo más, es necesario reconocer con sinceridad que está atinando mucho en qué debates abre. Quizás no guste la manera, puede que no sea la más fértil posible, pero los temas en sí son debates que llevan mucho tiempo aplazándose. No te lo digo como una crítica directa; tú mismo reconoces que “somos herederos de todo el peso de los abusos de la izquierda cultural desde los sesenta”, y de hecho, haces hincapié en cómo “han ayudado a desconectar políticamente la cultura de las clases populares”. Lo que pasa es que también es de reconocer que ante las respuestas que llegan desde sus posicionamientos —esto al final no es algo particular de Lenore, sino que va más allá— están basadas en proyecciones poco sinceras, en caricaturas del argumento contrario que no dejan mucho margen al debate. ¿Cómo se sale de ese enroque? Evitar el goce de la autoafirmación, dejar de leerse siempre frente a alguien que sabemos que está equivocado y pasar a hacerlo de forma autocrítica, no es tarea fácil. Es algo que también nos pasa a nosotros, de hecho.

R: Por llevar el asunto a un plano más teórico, si somos o nos reivindicamos en 2018 herederos del pensamiento gramsciano y de la actitud gramsciana de la intelectualidad colectiva y del intelectual orgánico, debemos estar muy comprometidos con superar la brecha entre lo que Gramsci llamaba la “faceta del comprender” y la “faceta del sentir”. Tenemos que generar puentes y mediaciones entre los discursos teóricos (las reflexiones de más enjundia, si quieres, filosófica) y lo que siente la gente, lo que le gusta a la gente, el goce de la gente.

Lo que hay que hacer es justamente trabajar en la dirección de eliminar esa brecha, esa dicotomía que separa, por una parte, a unos intelectuales cada vez más casta y más ensimismados en ese discurso autorreferencial y, por otra, a una población que cada vez ve de forma antiintelectualista a esa casta que nada tiene que ver con su vida. Hay que trabajar más allá del elitismo, de la petulancia y de la condescendencia de ese hecho, y esto es extremadamente complicado, porque impulsa un programa pedagógico de cómo tienes que trabajar en la esfera pública y cómo tienes que dirigirte a la gente. A veces se acierta y a veces no, pero ahí siempre, sin ánimo de ser victimista, llevamos la peor parte. Por ejemplo, en el debate entre Coldplay y Bruce Springsteen (una metáfora que fue extremadamente efectiva, porque en esa contraposición no había un esfuerzo por trabajar hegemónicamente) no había un esfuerzo por eliminar brechas con la sociedad, sino un propósito de trabajo a la interna, de desprestigiar a un grupo para ganar la interna, para ganar Vistalegre II.

El trabajo de Lenore es, además, un trabajo mucho más fácil, porque buscando titulares espectaculares puede ser ampliamente retuiteado. Efectivamente, hay que jugar con eso; los medios de comunicación son así, pero insisto en que si queremos realmente ser honestos y hacer un trabajo hegemónico de eliminar esa brecha entre la dimensión cultural y la dimensión puramente afectiva, yo, desde luego, no trabajaría como Lenore. Me parece que ahí lo que se está haciendo es ampliar esa brecha, porque está ayudando a crear una especie de resentimiento antiintelectualista poniéndose en una situación además falsa, porque no se trata de imitar las formas de la Alt-Right, de imitar lo que tiene el pueblo como de originario porque eso es una falsedad: no hay ningún origen popular, el pueblo hay que construirlo, el pueblo no está ahí esperándonos, no está ahí en un rincón esperando a ser rescatado y escuchado en su singularidad. Esto es un proceso de hibridación y de contaminación entre discursos culturales, discursos simbólicos y sentimiento popular. Y ahí es donde resulta muy difícil introducir matices. Si tú haces un artículo orientado a llamar la atención eso es relativamente fácil y a veces hay que hacerlo pero, si quieres trabajar hegemónicamente a largo plazo para eliminar esa brecha de la que hablaba antes no es el caso. Por ejemplo, una cosa que le está pasando a Podemos [es que creo que] está perdiendo la simpatía y el apoyo de clases media cultas, universitarias, justamente lo contrario de lo que sucedía al principio.

Cabe hacer una lectura populista, no creo que haya que descartarla todavía, pero lo interesante de Podemos era su capacidad de unir a sectores sociales muy diferentes, y con el discurso, tras Vistalegre II del orgullo, de “la trinchera frente a la tibieza”, se está perdiendo justamente esa hibridación, esa capacidad de agregar a gente diferente;  y eso tiene que ver con la necesidad de comprender la coyuntura no tanto como un movimiento exclusivo de oposición, sino como un proceso complejo y paciente de desagregación y de agregación que requiere de actores diferentes en un momento de crisis orgánica económica y cultural. Creo que hay muchas personas que están sintiéndose huérfanas respecto a los partidos tradicionales, pero que no simpatizan y/o les causa mucho recelo un discurso como el de Iglesias y unas formas como las de su equipo. No digo que, en ocasiones, estas críticas sean exageradas, pero creo que dar todo el peso al discurso resistente de la autenticidad aquí tampoco es adecuado, no ayuda a ganar otros espacios y generar otros cuadros, es importante en este momento de fuerte desafección aceptar una mayor complejidad social y cultural a la hora de abordar una política de transformación real.

En el momento de ascenso del thatcherismo, Hall escribió varios artículos críticos con la izquierda tradicional diciendo que no se trataba de volver a recuperar la herencia de la izquierda siendo mucho más beligerantes. No, se trata de entender que la sociedad también ha cambiado y que hacen falta nuevos discursos para generar una mayoría social.

P: En Del desencanto al populismo (NED, 2016), Jorge Alemán y tú criticáis profundamente la vieja lógica sacrificial de la izquierda: esa fe en el advenimiento inevitable del fin de la historia que talla sobre el militante una personalidad impermeable a los hechos, subyugada ciegamente al supuesto de “la lucha final”. Sin duda, esta idea ha sido especialmente fuerte en el imaginario de la izquierda clásica, ¿pero hasta qué punto nos hemos librado de su lastre? ¿No se ha renovado acaso en otras formas? Como explicáis muchas veces, las lógicas de militancia van mutando en relación a su propio antagonista, contaminándose de él. ¿Cómo ha contaminado la lógica neoliberal? La hipertrofia del ego activista, la tendencia a despegarse de las reflexiones estratégicas, del compromiso con transformar realmente la sociedad en lo inmediato, esa militancia compulsiva y autorreferencial que nos ha dejado el neoliberalismo… ¿no representa acaso algo similar?

R: Empezando por lo último que mencionas, justamente lo que originó el 15-M fue un cuestionamiento de esa separación: buscaba replantear esa polaridad entre la militancia autoconvencida que da vueltas sobre sí misma y los intereses y las necesidades políticas de la mayoría. Hubo allí contaminaciones muy relevantes, por ello creo que el 15M es muy importante para contextualizar estos problemas. Habría también que hacer una reflexión sociológica. Yo pertenezco a una generación muy diferente a la de Pablo y a la de Iñigo, y también de la vuestra. En mi generación, la gente se politizaba por razones éticas y morales, había una fuerte relación entre militancia y grupos religiosos. La generación de Iñigo y Pablo se militiza en función de unos imaginarios, prácticas y hechos históricos diferentes, pero donde todavía el compromiso moral o un cierto horizonte moral sirve de alimento. ¿Qué pasa con los millennials,con las generaciones actuales? Quizás es que ese horizonte moral y ético se ha disuelto y la militancia resulta muy difícil, porque no hay donde poner el deseo. Creo que es un problema de deseo más que moral, la militancia moral no es sexy, es algo que “no pone en absoluto”, porque lleva a situaciones poco atractivas; por eso para entender la cuestión de la militancia hay que entender la cuestión de la subjetividad, preguntarse qué es lo que ha hecho el neoliberalismo con las subjetividades para que militar sea algo tan desagradable, sea algo tan incómodo, donde no hay una compensación libidinal y afectiva.

Luego aparte está la cuestión del sacrificialismo de la tradición marxista. Hay un poema muy conocido de Bertolt Bretch que dice: “Que nos perdonen las generaciones posteriores porque teníamos la voz ronca, porque nos hartamos de gritar o porque no fuimos lo suficientemente amables”, en ese poema yo creo que se dice algo esencial: hace varias generaciones los militantes entendían que para construir un mundo mejor había que dejar de lado la amabilidad. Esto plantea muchos problemas a la hora de pretender construir un proyecto hegemónico, ya que a la hora de construir un proyecto de estas características no solamente vale con tener la voz ronca; tienes que convencer y seducir, el problema es que también en las sociedades contemporáneas es mucho más difícil seducir, tienes muchos competidores, porque rige una gran dispersión. Además, las nuevas tecnologías comunicativas son muy interesantes y no hay que demonizarlas, porque producen subjetividades diferentes a la subjetividad militante de otras épocas, entender esto exige pensar de una forma distinta. Otra cosa a la que apuntabas es la similitud existente entre las dinámicas neoliberales y las dinámicas militantes. Este tema se me antoja ahora mismo básico. El militante actual, en no pocas veces, es, en el fondo y desgraciadamente, también un empresario de sí, un empresario de su capital político, es una persona siempre conectada, en donde no hay apenas diferencia entre el trabajo, la actividad y el tiempo libre; me parece curioso ese movimientismo incesante que exige la militancia, algo que cada vez se parece más a los individuos modelados bajo la subjetividad neoliberal. Me parece muy significativo cómo se generan, por ejemplo en Podemos, dinámicas y subjetividades hipercompetitivas dentro del partido, donde parece que todo se reduce a una suma de suma cero donde no hay horizonte colectivo. Qué está pasando para que se esté interiorizando de forma tan evidente el modelo neoliberal en las estructuras y organizaciones que justo deberían combatir eso, creo que no hay un análisis riguroso de cómo el neoliberalismo nos está ganando la partida justamente en ese territorio.

P: Vamos cerrando y enderezando un poco el rumbo hacia una conclusión clara. Para ello, te voy a citar un fragmento de algo que escribiste con Miguel Álvarez:

En toda “guerra de posiciones” la fuerza dirigente y su praxis política en las “trincheras ideológicas” no solo asume un ejercicio incesante de confrontación, también de desagregación y reordenación de las fuerzas en juego, “desclasadas” o huérfanas, que pertenecían al bloque histórico hasta ese momento hegemónico.

¿Cómo podemos reordenarnos sin romper filas, pensar sin diluir nuestros compromisos y militar sin volvernos autómatas?

R: En el fondo es una reflexión sobre la famosa frase de Gramsci, “cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de emerger se producen situaciones mórbidas”, situaciones de impureza donde la crisis del discurso tradicional no genera automáticamente una alternativa y se producen alianzas inverosímiles. En esa situación de claroscuros, de matices tan diferentes, yo creo que hay que construir un discurso capaz de recoger y ser sensibles a esas ambivalencias y jugar con unos equilibrios muy sutiles, máxime en esa situación nuestra de desconcierto y orfandad. Aquí en España lo que daba sentido era el relato histórico de la modernización, y este ha perdido vigencia. Ante este caos neoliberal de aceleración, ruido e injusticia social, la gente también necesita ser convencida a través de ideas de orden, de un orden, ojo, entendido como un horizonte a través del cual empezar a superar ese desasosiego y esa angustia que se producen ante la incertidumbre, ante la incertidumbre laboral, familiar, de géneros, etc. Otra cuestión que no hemos abordado, pero fundamental, es la descomposición de las identidades masculinas. Están pasando muchas cosas y esa ansiedad necesita proyectos y programas de reconstrucción de ciertos órdenes. Necesitamos brújulas que nos permitan mirar hacia el futuro; si no, nuestras existencias estarán sometidas a un flujo incesante de información donde no generamos ningún tipo de identidad. Y esto no hace más que allanar el camino al enemigo.

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Pensar Octubre en la frontera de un nuevo invierno (I/IV) http://latrivial.org/pensar-octubre-en-la-frontera-de-un-nuevo-invierno-iiv/ http://latrivial.org/pensar-octubre-en-la-frontera-de-un-nuevo-invierno-iiv/#respond Sun, 19 Nov 2017 12:18:18 +0000 http://latrivial.org/?p=4773  

Por Iago Moreno

No hay duda alguna de que la Revolución de Octubre fue un acontecimiento cardinal en la historia del siglo XX, pero para cualquier revolucionario tiene sin duda una importancia mucho más especial. En un contexto difícil, en un claroscuro de la historia, Octubre hace nacer un tiempo nuevo, arranca las hojas de la vieja ortodoxia, y aviva la fuerza de una llama que con tanta fuerza había intentado ser apagada. Octubre trae consigo un lenguaje propio, una semántica nueva. Pero sobretodo, rompe con los diques que llevaban años conteniendo una revisión crítica de aquellas desviaciones que descarrilaban los avances crítico del marxismo; una herramienta teórica de valor incalculable que llevaba ya demasiado tiempo secuestrada por una lectura mecanicista, por una teleología objetivizante que domesticaba su raíz más poderosa. Kautsky, que encarnaba como nadie aquel peligroso viraje hacia el abismo, supo verlo nítidamente: “Si Lenin tiene razón – decía preocupado – vano habrá sido el trabajo de toda mi vida (…) Si llega a tener éxito en lo que emprende y promete, será la prueba de que la evolución social no sigue unas leyes rígidas”.  Octubre demostraría, como dice Linera, que la política puede vencer a la historia. Castelao, en un mundo marcado por el estallido de la revolución soviética, lo diría claramente: “ser radical es convertir las ideas en hechos y los deseos en realidades”; desde Octubre sabemos que no hay nada que pueda empañar la verdad de esa proclama.

Lenin lo sabía, “el marxismo es totalmente hostil a fórmulas abstractas, a recetas doctrinarias”.  Su fuerza, su fortaleza, siempre fue la de ser una herramienta teórica herética; una potencia desgarradora capaz de enfrentarse a las aporías y las dificultades de nuestros tiempos.  La crítica al objetivismo sigue siendo por desgracia algo pertinente. Nunca ha dejado de haber quien prefiera pensar que la historia está escrita,  que la lucha política no se esfuerza por nada más que acelerar el curso de los hechos en un sentido ya dado. Los bolcheviques sabían que esa actitud, más que acelerar ralentizaba, hasta casi frenar, el desarrollo de nuevas herramientas para la praxis. Lo explicaba con atino Piotr Fedoseev, de la Academia de las Ciencias de la URSS “La concepción objetivista de las leyes del desarrollo social se convierte en fatalismo, en confianza en el automatismo del proceso histórico”; el menoscabo del ”factor subjetivo” implica siempre una comprensión estrecha o nula de los antagonismos políticos que determinan crucialmente el curso de la historia. Cuando Antonio Gramsci dijo que la revolución de Octubre fue una revolución “Contra el Capital” fue precisamente contra ellos. Quienes se habían presentado a sí mismos como apóstoles de la palabra de marx, habían anulado la fuerza de la materia gris del marxismo. Octubre les retrató: Lenin siempre puso en jaque las mentiras de quienes convirtieron el marxismo en catecismo ilustrado, pero la revolución hizo la sentencia imborrable. Fue la demostración empírica de la fuerza de la organización política y la lucha revolucionaria.

Los bolcheviques demostraron que era posible cortar el nudo gordiano que había atado de manos el compromiso revolucionario de Marx y de Engels. No fue una victoria irreversible, ninguna lo es; pero fue un enorme avance.  Ahora bien ¿Cómo lo consiguieron si tenían todo en su contra? Resulta incuestionable que partiendo de un momento de derrota histórica no se llega a un triunfo revolucionario moviéndose solo entre las rigideces de la táctica. Lenin y los bolcheviques se enfrentaban a un mundo sumido en la violencia intestina de una guerra reaccionaria que enfrentaba a los obreros de las grandes naciones de europa; la internacional obrera, entregada al aquelarre salvaje del imperialismo, había claudicado por completo. Y ni Rusia ni el resto de países de las futuras repúblicas soviéticas habían tenido una burguesía fuerte, revolucionaria, que hiciese fermentar las bases de una economía moderna fuerte y desarrollada. Los revolucionarios de octubre se enfrentaban a las dificultades de avanzar en soledad, en desventaja  y contra marea. Parecía imposible. ¿Pero entonces, por qué pasó? Quienes lo reducen a una mera cuestión la táctica, arrastran consigo los vicios del mismo tipo de pensamiento que en 1917 predecía un inminente fracaso. Si las cosas estuvieran tan claras no hubiesen estado solos; el mundo habría clavado los ojos en Rusia con esperanza y no con confusión y sorpresa.  Sin embargo, aún se siguen vertiendo ríos enteros de tinta infecunda alabando la inteligencia y la astucia de Octubre como quien se maravilla con la destreza de un ajedrecista. La lucha política poco tiene que ver con eso, pero siempre ha habido quien, con astigmatismo, sacase conclusiones interesadas con tal de engañarse. Al fin y al cabo, es más fácil dedicarse a contarse historias a uno mismo que pensar las tensiones y las contradicciones entre la estrategia y la táctica; la dificultad del desarrollo combinado de dos líneas de avance mutuamente necesarias entre sí pero a menudo contradictorias.

La táctica es la dimensión del conflicto en la que uno busca sortear los obstáculos más cercanos; es la forma concreta en la que enfrentarse cara a cara con la coyuntura. Es  el regate, el juego ágil; la habilidad para esquivar los problemas que uno se topa en lo inmediato, cuando no puede alejarse de lo inconveniente o lo estéril. Cuando tiene que afrontar lo los retos que asaltan el camino sean estos o no fundamentales en relación a la estrategia fundamental. Por eso es la llave para sobrevivir a los reflujos inesperados, a las embestidas imprevisibles y los episodios acelerados; es la autonomía que nos vuelve resilientes a las turbulencias, a los problemas políticos que no podemos prever y que por ende no podemos enfrentar estratégicamente. Pero la táctica no sirve para todo. En la praxis de un antagonismo radical, vencer a tu antagonista depende de un juego hábil en lo táctico pero también imbatible en lo estratégico. Eso requiere pensar siempre la táctica en relación a la estrategia, ser radicalmente conscientes de los costes de la miopía política, del cortoplacismo. Saber enderezar el rumbo, saber bascular entre lo que la coyuntura exige y lo que la estrategia reclama.

Ajustar los movimientos en el corto plazo a una estrategia de largo recorrido requiere apreciar el horizonte de cada lucha en dos plano contradictorios entre sí. No obstante, no podemos equipararlas. Lo entendió un georgiano con convicciones de acero que cambiaría el curso de la historia unos años más tarde: “La táctica cambia con arreglo a los flujos y reflujos”, la estrategia no. Los bolcheviques supieron verlo. Aprendieron a moverse en la tensión entre ambas, ser firmes en su compromiso estratégico sin volverse inflexibles en la táctica. La táctica requiere entrenarse en la adversidad de los ritmos cambiantes, los tiempos acelerados, los embistes y los virajes. Pero los planos de una estrategia se dibujan con trazos cuidadosos, no se construyen de una forma tan rígida como las planificaciones tácticas. Tienen contornos indelebles, se basan en compromisos irrenunciables, pero aun asi se piensan con un gran margen de maniobra.

 

En el plano estratégico, los bolcheviques siempre asumieron que el camino hacia las grandes metas nunca está dado, que sería un proceso complejo. Construyeron por ello una maquinaria ágil, pero también resistente, con capacidad de organizarse pero también de transformarse y amoldarse no solo a los giros inesperados, sino a las transformaciones de calado, a los desarrollos largos. Aspirar a transformar radicalmente la sociedad implica asumir el riesgo de enfrentarse a adversidades imperceptibles en el corto plazo. No hay forma de predecir el futuro, sólo de organizarse para estar preparado ante él y de construir fuerzas  con las que poder ser más resilientes. Lenin fue claro: “hacer política es siempre caminar entre precipicios”. No hay otra manera, no existen los atajos.  ¿Pero no merece la pena intentarlo? El centenario de la revolución de Octubre solo es una marca en el calendario. Es el compromiso con nuestra gente, con nuestro pueblo, con nuestra clase, lo que nos debería empujar a afrontarlo.  ¿No son suficientes razones? Miremos a nuestro alrededor; como dijo Lenin “no tenemos otros ladrillos, no tenemos otra cosa con qué construir”. Cambiar el mundo de base empieza por aceptarlo. Afrontémoslo y tomemos el futuro con nuestras propias manos.

 

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Entender el momento populista http://latrivial.org/entender-el-momento-populista/ http://latrivial.org/entender-el-momento-populista/#respond Fri, 04 Sep 2015 08:27:01 +0000 https://latrivial.wordpress.com/?p=475 El desmoronamiento de los grandes partidos del orden, el cuestionamiento cada vez más extendido de las instituciones y consensos heredados sobre los que se sustenta el régimen del 78, y la emergencias de tan fuertes y diversas expresiones de voluntad de cambio político nacidas desde el estallido del 15M, evidencian la emergencia de un momento de efervescencia política y social. Un momento de contradicciones y oportunidades, que brinda la posibilidad de abrir una cadena de transformaciones que permitan recuperar y radicalizar la democracia transformando los consensos y los equilibrios reinantes. Capear las dificultades que se presentan para ello es una tarea difícil que requiere una constante tarea intelectual, de análisis y debate, que construya sobre el momento una estrategia política ganadora y dar respuestas tácticas que la encaucen cuando sea necesario. Esa tarea, tan esencial y urgente como compleja, debería tener como primer objetivo el entender la naturaleza de esta ventana de cambio, algo que por lo general, quienes se presentan con voluntad transformadora, no han sabido leer y explicar.

El momento populista no es fruto de la espontaneidad, ni mucho menos de una mera habilidad táctica e intelectual de tal o cual fuerza política. Detrás de su ser, se encuentran una multiplicidad de fenómenos y procesos sin los cuales esta ventana de oportunidad jamás hubiera existido. Al contrario de lo planteado por gran parte de la izquierda, estas condiciones objetivas y subjetivas no tienen tanto que ver con la combinación de, por un lado, la progresiva acumulación de fuerzas de los NMS y los sectores cada vez más residuales de la izquierda, y por otro lado, el desgaste progresivo de las fuerzas tradicionales. Ese análisis, más propio de la alquimia que de la política, que traviste como guerra de posiciones una ilusión inocente e ingenua, ignora por completo la falta de liderazgo de la izquierda “realmente existente” en la constitución de este momento populista (esta crisis orgánica, de régimen). La crisis de régimen no es tanto el producto de una acumulación de fuerzas de los sectores ya militantes, sino la consecuencia del desarrollo de una serie de procesos endógenos y exógenos a la evolución, expansión y radicalización del sistema neoliberal en Europa. Unos procesos que han dado lugar a las condiciones materiales idóneas para la praxis populista, y ante los cuales estos sectores no han sido incapaces de responder. Resalta en España el caso del 15M y las mareas ciudadanas, claves en el desarrollo más embrionario del momento populista que vivimos, donde la izquierda se vio desbordada y subordinada al propio desarrollo de las cosas, incapaz de ejercer como un catalizador del descontento de la gente.

La actual crisis de régimen, encuadrada en el conjunto de crisis al que el neoliberalismo se enfrenta a escala mundial, tiene más que ver con el producto de una revolución pasiva de los sectores dominantes. Y lo es porque el neoliberalismo en su propia esencia, tiene ese carácter, en términos gramscianos, de revolución pasiva. Un levantamiento de las élites contra el consenso de posguerra en Europa; o en el caso español, los avances en materia de derechos civiles y sociales que trajo la llegada del régimen del 78. Su propio desarrollo ha desencadenado una serie de procesos transformadores que han asentado las bases de las condiciones materiales que hoy leemos como potencialmente útiles para una estrategia de ofensiva y disputa contrahegemónica. Una disputa hegemónica entendida en términos “errejonianos”, es decir, rechazando una exterioridad total o una impugnación pura, que acepte el orden reinante y busque, en el seno de su crisis, rearticularlo y darle un sentido de contestación.

Entre estos procesos se encontraría en primer lugar el progresivo empobrecimiento de los estratos sociales más dependientes de lo que fue el estado de bienestar, y por ende, los más afectados por su desmantelamiento. También lo haría la quiebra de la escasa “movilidad social” que el capitalismo de posguerra ofrecía aquellos sectores de las clases populares que, gracias a la profundización del estado de bienestar, pudieron acceder a una mejor educación y sanidad. En lo que se refiere a la cuestión de la “legitimidad representativa” de las élites políticas destacaría la visibilización del entramado que une lo corporativo y lo político, y su potencial para cuestionar el modelo de democracia representativa sedimentado por el neoliberalismo, desprendido de su carácter agonista y convertido en un comité que administra los problemas comunes de las élites. El convertimiento de la socialdemocracia de posguerra en el social-liberalismo de Tony Blair y Anthony Giddens no sólo significó la pérdida de hegemonía socialdemócrata, sino el hundimiento de la única alternativa con capacidad de gobierno a las políticas neoliberales, el fin de una verdadera disputa política y no meramente de gestión. Esta crisis de representatividad también se ha alimentado de la consolidación de unas dinámicas de centro-periferia en las que los países del sur de europa (PIIGS) han adoptado un papel casi neocolonial respecto a una mittleeuropa cada vez más poderosa por su liderazgo económico dentro de la UE y su demostrado compromiso con los intereses de Washington (inclusive cuando estos contradigan los de Berlín).

El empobrecimiento y la pérdida de unas sólidas expectativas de futuro basadas en el ascenso social, han creado un descontento generalizado en torno al sistema que vivimos. Un descontento social que junto a la crisis de representatividad y legitimidad de las élites gobernantes se ha convertido en impugnación de signo político. En su suma, estos factores nos dan evidencias suficientes como para afirmar que la crisis social, política y cultural del neoliberalismo ha precipitado una ruputra del escenario postpolítico construido durante el neoliberalismo, en el que la democracia “realmente existente” no va más allá de una mera disputa electoral de la gestión de un orden institucional ya sedimentado. Una crisis que permite rescatar, frente a la lógica de gestión en la cual la política se convierte en una mera disputa por el color de las instituciones, una lógica agonista del conflicto.

Las elites dominantes se encuentran ante el hundimiento progresivo de su hegemonía política, social y cultural. Pierden, es decir, su capacidad de encarnar como sujeto particular un interés universal discursivamente construido, de crear consenso y otorgar significado, de seducir a los descontentos y neutralizar los partisanos, y de controlar el terreno de disputa y lo disputado. El cuestionamiento reiterado del modelo de país ideado por la transición, la significativa perdida de votos de los partidos tradicionales y la emergencia de nuevos partidos con porcentajes de voto considerables, la intensidad y diversidad en la que se expresa la indignación ciudadana a través de los diferentes movimientos sociales que han surgido a través de la crisis, y la posición defensiva en lo discursivo que muchas veces los partidos del orden han tenido que tomar, son ejemplos ilustrativos de ello.

Estos ejemplos no habrían sido realidad de no ser por las tres grandes grietas abiertas en el consenso fundamental del régimen del 78. Tres grandes grietas que tienen tres nombres claros: soberanía, democracia y corrupción. Estos tres elementos, resultado de lo anteriormente expuestos, abren la posibilidad de hacer un butrón en su poder, de agrandar la brecha de esta crisis orgánica explotando hábilmente el potencial que presentan para subvertir los consensos sobre los que se sustenta este régimen. Disputar desde estos ejes ganadores el darle sentido a la crisis, colocarlos en la centralidad del debate político y social, y dotarlos de un relato coherente y claro de cara a las masas, que señale a nuestros adversarios como culpables directos de ellos, son tareas que nos acercan a ello. En la política, los equilibrios, las correlaciones de fuerzas, son contingentes pero no inmutables, y de la misma manera que el colapso del consenso socialdemócrata permitió el asalto neoliberal, el colapso del neoliberalismo hoy abre una brecha para el cambio. La primavera política abierta por los movimientos occupy, las primaveras árabes y las experiencias populistas sureuropeas, está descongelando el orden tradicional de las cosas abre una ventana de posibilidad para la reconquista y la radicalización de la democracia, de desmantelamiento de los consensos existentes y articulación de relatos y empresas nuevas. Por ello, hoy más que nunca, es necesario profundizar en las causas que se esconden tras su naturaleza para hacer que la brecha abierta, pequeña pero con tendencia clara, se ensanche para dejar paso a un tiempo nuevo.

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