Miércoles, Junio 28, 2017
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You’re my legs

You’re my legs

Por Enric Parellada Rius

 
Cuando el señor E empezó a trabajar de ayudante de cocinero pensaba que aprendería a cocinar; aunque a decir verdad jamás aprendió a cocinar, pero aprendió a querer en la vida.

Su trabajo tan solo consistía en hacer las tareas más rutinarias del chef y lavar las ollas a mano. Entre tarea y tarea, también llevaba la comida de la cocina al comedor. Allí se la entregaba a los camareros que la servían a los clientes.

El señor E no era la persona más hábil del mundo al pelar verduras, como tampoco era la persona más rápida a la hora de limpiar los utensilios de cocina que utilizaba el chef, ahora bien, era meticulosamente ultra bien ordenado, cosa que le facilitaba al chef poder encontrar rápida y fácilmente aquello que buscaba o necesitaba. Fue precisamente por esto que al chef le empezó a gustar cada vez más el señor E. El chef aceptaba las limitaciones del señor E a la hora de trabajar, pero consideraba muy positivo su estricto y riguroso sentido del orden. Gracias a esto nació una buena relación.

Su comunicación ya iba casi por códigos, nadie más aparte de ellos entendían lo que se decían. Un ejemplo rápido: si el chef tenía que poner algo grande o pesado en el frigorífico y tenía las dos manos ocupadas, pronunciaba la siguiente palabra: Hodor. Ambos veían Juego de Tronos y esa palabra hacía referencia a un personaje y en la cocina significaba: abre y aguanta la puerta de la nevera colega.

Pero el código más repetido se pronunciaba cuando el chef estaba a punto de acabar la preparación de un plato y el señor E lo tenía que llevar a los camareros. Entonces el chef decía: you’re my legs. Y el señor E respondía: sure. Entonces dejaba lo que fuese que hacía y esperaba a que el chef pronunciase: ready.

Los pedidos a la cocina llegaban a través de una pequeña impresora y cuando el señor E o el chef veían que esta se ponía en marcha, era que se tenía que cocinar. Pero el chef no estaba siempre en la cocina, pues a veces atendía a otros asuntos y cuando dejaba la cocina por lo que fuese, para hacer referencia al clásico you’re my legs, le decía: you’re my eyes. Para que se fijase en la impresora. Y así la coña avanzó con todas las partes del cuerpo. Cuando el chef se fue quince días de vacaciones le dijo l señor E: you’re my hands. Justo el primer día en el que el chef regresó de sus vacaciones, al preparar un bocata, se olvidó de un condimento y el señor E, al verlo, se lo comentó con educación. El chef sonrió y le dijo: you’re my mind.

Una mañana el señor E se fue a trabajar pero el chef no estaba en la cocina. Entonces vino el jefe y le dijo: el chef ha tenido un accidente de coche. Esta gravemente herido en el hospital. Hoy no podemos abrir el servicio. Yo ahora iré al hospital a verlo, ¿quieres venir? El señor E afirmó y ambos fueron a ver al chef en el hospital.

Poco antes de morir, el señor E le acarició el hombro al chef. El chef sonrió y pronunció: now, be yourself.

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