Domingo, Agosto 20, 2017
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¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

El régimen del 78, sus estructuras, sus partidos políticos, sus relatos, sus consensos y su hegemonía, se han roto para siempre, y esto se ha cristalizado en un proceso iniciado en 2011 con el 15 M, cuando se produjo un momento instituyente, se reforzó con la sacudida al tablero político dada por Podemos en mayo de 2014 y se cristaliza y se ratifica en sendas elecciones del 20.12.15 y del 26.06.2016.

Los resultados obtenidos por la confluencia Unidos Podemos son unos resultados buenos (considerando en términos históricos lo que ha sido capaz un partido en tan solo 2 años), pero nos dan la clave de que aún este proceso nacional-popular con el que fundar una nueva patria no cuenta aún con una voluntad mayoritaria del pueblo. Esta voluntad social nueva solo puede conseguirse en unos términos en los que, resignificando algunas cosas del régimen pasado, creemos un relato colectivo nuevo, en el que la mayoría se identifique. Esto, por si a alguien le queda aún alguna duda, no puede pasar por el antiguo eje [izquierda-derecha] en el que el adversario se siente muy cómodo y en el que nos puede posicionar y marcar la etiqueta a su antojo. Construir un nuevo eje de identificación nosotros-ellos ha sido el primer paso y un elemento clave que no hemos de abandonar, hablando de [oligarquias-pueblo] podemos ser capaces de encasillar y etiquetar al adversario a nuestro antojo e ir construyendo el nuevo relato del que antes hablaba. Los siguientes pasos que hemos de dar en esta construcción son claramente la de la generación de un nuevo sentido común colectivo. Esto es, una nueva serie de valores, de arte, de estética, de canciones con las que emocionarnos juntos, de mitos con los que recordar algo mejor… Y poder resignificar algunos que tiene secuestrado el adversario y que nosotros no podemos sustituir a medio plazo (por ejemplo la bandera de España).

Creo que no es el momento de encerrarnos en el ‘nosotros’, como dijo Errejón el 26 J, debemos de trabajar para los que faltan, para los que pueden sumarse a la voluntad nueva y al país que viene, estos son los que faltan. La lentitud relativa de nuestro proceso de cambio se debe principalmente a un factor, y es que, aun habiendo una crisis de régimen profunda en nuestro país, no hemos llegado a un momento de crisis de estado, es decir, los ciudadanos sienten como el régimen les ha dejado fuera y no atiende sus demandas, pero sienten que el estado sigue funcionando pese a todo. Esto crea una parte de la gente sienta aún reticencias a ver cómo alguien que no es del régimen que ha apuntalado ese mismo estado pueda gestionarlo mejor. Nuestra labor, además de la creación del sentido común colectivo nuevo (esto es un carril largo) sería, demostrar (apoyándonos en el parlamentarismo y él institucionalismo, si lo hubiese, pero sin dejar las plazas) que podemos gestionar mejor ese estado, y además instaurar un nuevo orden que atienda sus demandas [canalizadas en gran parte en el estado] mejor y más cuantitativamente y cualitativamente que el régimen anterior. Esto último, es una tarea de todos los militantes de Podemos. Explicar a la ciudadanía nuestros logros allá donde gobernamos o influimos, aunque los medios de masas afines al orden que se va no los reconozcan.

Hemos de seguir trabajando día a día en la línea de construir un relato transversal. Esto no es ni moderación, ni populismo (en su versión no académica de la palabra), ni marketing barato, ni nada por el estilo. Si hablaba de ese sentido común nuevo, de esa dicotomía nosotros-ellos nueva y estos elementos, ¿cómo podemos seguir hablando en términos del régimen que se va? La transversalidad es simplemente presentar lo dialéctico de la contienda electoral en los términos que se adecuan al nuevo orden y sus relatos. La transversalidad es, entonces, plantear una línea discursiva en términos ganadores que puedan unir mucha gente con diversas sensibilidades en torno a la voluntad de cambio. Hay una frase reveladora a este respecto: si los que van contigo vienen todos del mismo sitio, no estás sumando, en realidad, simplemente aglutinando.

Estas son las líneas para culminar la hipótesis nacional-popular en España con un orden hegemónico nuevo, al servicio de la gente. ¡Claro que Podemos!

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