sábado, diciembre 16, 2017
La trivial > Sin categoría > Voluntario ¿y qué?

Voluntario ¿y qué?

Voluntario ¿y qué?

Cuando me dieron la oportunidad de ir Quíos (Grecia) en un equipo de salvamento marítimo para ayudar a los refugiados que llegaban a la isla, mi primera reacción fue de satisfacción.

Creo que todas tienen en la cabeza la idea de hacer un voluntariado, ir a otro país con alguna ONG, echar una mano a las más necesitadas. Por supuesto yo también lo tuve y recuerdo haberlo intentado con muchas ganas poco después de cumplir los veinte. No hubo manera y después de bastantes años lo tenía ya descartado (por complicado que no por ganas).

Las dos semanas de preparación antes de salir hacia Quíos, esa primera reacción de satisfacción se transformó en preocupación. Le di muchas vueltas a la cabeza, para empezar, la idea que yo tenía de las ONG, no era la misma que en el pasado, también me preocupaba el hecho de no conocer a las personas con la que trabajaría y estar los suficientemente preparado, tanto física como mentalmente, para que ninguna de ellas afectara mi trabajo allí.

Una vez allí, el trabajo realizado fue mucho mayor en tierra que en mar, revisiones de salud en los campamentos, traslados a hospitales, reparto de alimentos, primer apoyo a refugiados que llegaban en las balsas neumáticas.

Podría hablar de los refugiados, pero creo que es repetir lo que ya se sabe: sufren por tener que irse de su casa, sufren por la muerte de allegados, sufren por separarse de sus seres queridos, sufren la persecución continua durante su viaje, sufren para conseguir cruzar a Europa y al llegar a Europa sufren. Sufren el maltrato diario en los campamentos, la incertidumbre sobre su futuro, la vejación continua por parte de la comunidad internacional, la indiferencia de las instituciones que tendrían que dar soluciones. Sufren las hijas, sufren los hijos, sufren las madres, sufren los padres… sufren y esperan.

Un mes después de volver de Quíos, con la cabeza serena saqué mis conclusiones (completamente subjetivas). Lo vivido allí fueron unas vacaciones solidarias, cosa que había pensado mucho los días anteriores a marchar, y que tenía claro que no quería. Exclusivamente iba a ayudar, por decirlo de alguna manera a pasarlo mal. No lo conseguí. De mano las ONG grandes manejan los campamentos de refugiados y allí no se puede hacer nada que no esté aprobado por estas ONG (me ahorro nombres, pero tampoco es difícil). Así que desde el primer día la ONG con la que yo fui, ya me dejó claro que tenía que hacer lo que me mandaran, al llegar a la isla la otra ONG con la que colaboramos, nos repitió lo mismo a las personas que llegamos. Por resumir,  si ves que se están matando, que se están peleando, que hay tiendas quemando, que hay manifestantes de amanecer dorado diciendo que van a quemar las tiendas con la gente dentro… no es asunto tuyo, tú aquí vienes a ayudar no a solucionar. Todos estos ejemplos ocurrieron. Desde un primer momento te ponen un escalón por encima de los refugiados, en ningún momento se trabaja o coopera de igual a igual. Si era frustrante para mí, no me imagino cómo se sentirían ellos.

La impresión que da es que sólo puedes ayudar en lo que ellos, la ONG “jefa”  te deja, vamos como el cuento ese en el que en una reunión de unas aves y un cocinero que este les deja escoger con qué salsa serán cocinadas, y cuando una de las aves dice que no quieren escoger ninguna salsa ya que lo que quieren es no ser cocinadas, el cocinero le responde que eso está fuera lugar ya que cocinadas si van a ser y que por favor escojan la salsa. Creo que esa es la sensación más triste que me llevo.

Por supuesto las ONG pequeñas y sus voluntarios me merecen todo mi respeto y claro que he conocido gente increíble, pero es penoso que el derecho de las personas a una vida digna y que es a su vez la obligación de los gobiernos, tenga que ser atendido por la solidaridad de la gente al aportar comida, ropa, dinero. Ese paternalismo que se vende desde Europa dando limosnas en vez de soluciones a los problemas que la misma Europa ha generado es lo que me revuelve diariamente.

El balance personal es positivo, he aprendido mucho, he ayudado, he conocido gente enriquecedora. Pero realmente a la gente refugiada no creo haberla ayudado, por lo menos más de lo que lo habrán hecho los cientos de personas que han pasado y pasan por los campamentos. Incluso si no hubiera ONG allí trabajando tengo la firme convicción de que a los gobiernos no les quedaría más remedio de actuar y hacerse cargo de la situación de los refugiados.

Y después de estas críticas, creo que tengo que agradecer de verdad a las pequeñas ONG con las que he coincidido allí, ya que su trabajo es inmenso. Se me ocurren ahora mismo SMH, Zaporeak, Tula y Brazos abiertos, esta última con la que yo fui y en la que a día de hoy la gente se deja muchas horas de su vida por ayudar a los refugiados. Y si hay algo bueno que me traigo de Quíos, es la solidaridad de la propia gente en los campamentos. Esa penalidad a la que son sometidos y siempre intentan ver el lado positivo, tiran para adelante, se apoyan en todo constantemente…

Qué pequeño me sentí alrededor de personas tan increíbles, ¿por qué yo vuelvo a mi casa a seguir con mi vida, y mucha de esa gente sigue ahí sin ningún tipo de solución? ¿Qué sería capaz de hacer yo por salir de esa situación? Cuantas preguntas tan simples me surgen y todas las respuestas que se me ocurren me parecen muy complicadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *