domingo, noviembre 19, 2017
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Una llave de retorno. La historia de los refugiados palestinos.

Por STT

Voy a contar la historia de un pueblo, de una tierra, de un país y ese país es Palestina. Esta historia comienza a finales del siglo XIX cuando Palestina estaba bajo el dominio del Imperio Otomano.

Alrededor de 1880 en Europa, comienza a emerger una nueva fuerza nacionalista – el sionismo- que entiende que la comunidad judía no es sólo un ente religioso sino que ha de ser leído también como un ente nacional que ha sido perseguido a lo largo de la historia y que por lo tanto necesita un espacio propio donde poder desarrollar su patria judía. Bajo estas premisas, el sionismo escondía su objetivo principal que no era otra cosa que la creación de un Estado judío que tuviera el máximo de territorio y la menor población no judía posible. Tras barajar diferentes territorios como eran La Patagonia o Kenia, el sionismo decide asentarse en Palestina, pues este territorio les ofrece una justificación en clave religiosa muy útil para su estrategia política ya que bajo el discurso de que es la tierra prometida y de la que los judíos fueron expulsados hace miles de años argumentan que tienen derecho al retorno y por lo tanto a establecer allí su nuevo Estado. Ya en ese momento aparecieron los primeros asentamientos que no eran otra cosa que la creación de comunidades sólo para judíos que comenzaban ya a controlar gran parte de las tierras.

Años más tarde, con la Primera Guerra Mundial y la correspondiente disolución del Imperio Otomano, Francia y Gran Bretaña firman los Acuerdos de Sykes-Picot (1916) por el cual deciden repartirse los territorios que anteriormente pertenecían a dicho Imperio, lo que supuso la traición por parte de Gran Bretaña a los pueblos árabes del Imperio Otomano ya que durante la I Guerra Mundial habían prometido ayudar en sus procesos de independencia a cambio de apoyo contra los otomanos.

Tras el inicio del Mandato Británico en Palestina, “llegó el primer gran triunfo diplomático del sionismo: La Declaración Balfour (1917). No solo supuso un hito en la trayectoria del movimiento sionista- que contribuyó enormemente a que dejase de ser un fenómeno minoritario dentro del mundo judío-, sino que representó un punto de inflexión en la Palestina contemporánea.” (Jorge RAMOS TOLOSA et al (coord.): Existir es Resistir. Pasado y presente de Palestina-Israel, Granada, Comares Historia, 2017). Esta declaración de la cual celebramos su centenario este año, no era otra cosa que la aprobación británica a la colonización sionista pero también se convirtió en el primer apoyo internacional de lo que años más tarde sería el Estado de Israel. Llegados a este punto, la población palestina se encontraba bajo dos proyectos colonizadores diferentes por lo que comienzan las primeras insurrecciones en calve nacional abanderadas por los movimientos feministas de Palestina.

En 1947, Gran Bretaña comienza a atravesar una gran crisis económica que se ve agravada por el gran gasto militar en el territorio palestino ya que no sólo combatía contra la resistencia palestina sino que el propio movimiento sionista buscaba la expulsión de los británicos de lo que ya consideraban sus tierras. Ante esta situación, Gran Bretaña decidió dejarle el problema a la recién estrenada ONU que puso fin al conflicto palestino con el Plan de Partición plasmado en la resolución 181 de la Asamblea de las Naciones Unidas, que dejaba menos de un 45% del territorio a Palestina. Con todo esto, el 14 de mayo de 1948 se reconoce el Estado de Israel, o como estos lo han denominado, el momento de la independencia, que a su vez dio lugar a la Primera Guerra Árabe- Israelí en la cual las potencias árabes colindantes declararon la guerra al nuevo Estado. Esta guerra acabaría con los Armisticios de 1949 por los cuales parte de estas potencias árabes deciden apropiarse de territorios que pertenecían a la Palestina histórica. Una vez más la soberanía palestina es atacada por potencias extranjeras.

LA NAKBA

En árabe, la catástrofe. El 15 de mayo de 1948, un día más tarde del reconocimiento del Estado de Israel, el nuevo Estado comienzo un proceso de limpieza étnica que perdurará hasta la actualidad. El objetivo sionista comienza a vislumbrase ya, un objetivo que poca diferencia tiene a la ambición del espacio vital de la Alemania del III Reich, máximo territorio, mínima población no judía. Durante esta limpieza étnica, Israel llevó a cabo más de 35 masacres, la destrucción de cerca de 530 municipios y de más de una decena de barrios urbanos. Esta situación de inhabitabilidad, violencia sistemática y discriminación, provocó que cerca de  750.000 personas palestinas se vieran obligadas a abandonar sus casas y sus tierras.

Tal era la confusión de la población palestina ante la situación que se les presentaba delante que en el momento de abandonar sus casas apenas recogieron pertenencias, artículos de valor o recuerdos, pero hubo algo que todos llevaban: La llave. Llaves antiguas de casas con muros que cuentan historias, tal era el desconcierto y el surrealismo de la situación que la población palestina abandonó sus casas cogiendo solamente unas pequeñas maletas y las llaves pues, esa situación tan horrible era algo temporal, era algo que iba a acabar en cuestión de días o semanas. Pero no fueron dos semanas, son 69 años los que han pasado, años en los que la potencia sionista ha destruido lo que fueron sus hogares para construir un nuevo país occidentalizado y grandes parques que tildan de Parques Naturales para blindarlos ante una demanda para recuperar el terreno.

Las cifras de refugiados palestinos son escandalosas, siendo un total de 13 millones aproximadamente, más de 8millones son sólo del 48 (pues a las descendientes de las personas que abandonaron su país en su momento se les reconoce el estatus de refugiado), cerca de 1.200.000 de Guerra de los Seis días en 1967 y cerca de medio millón viven actualmente en campos de refugiados dentro del West Bank.

Tras el abandono de sus hogares, miles de personas acamparon en medio del campo durante más de un año hasta que la ONU comenzó a construir campos de refugiados a base de pequeñas viviendas y escuelas gestionadas por la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo). Campos que en la actualidad malviven debido a que se ha tenido que construir encima de las casas originarias, pues la población de estos en muchos casos triplica la que en su momento se esperaba, la situación de hacinamiento en la que viven comienza a hacer mella en las mentes de sus residentes provocando graves problemas de ansiedad debido a la imposibilidad del descanso. No suficiente con esta situación, la población de los campos está sufriendo actualmente graves cortes de agua en verano y electricidad en invierno lo que está provocando un deterioro en la calidad de vida que avanza a pasos de gigante. Pero esta no es toda la violencia que el régimen del apartheid ejerce contra los campos pues las incursiones del ejército en los campos son constantes llegando a una o dos veces por semana, tal es la situación que los propios habitantes han normalizado las detenciones de personas por las noches, los disturbios a base de lanzar gas lacrimógeno o el secuestro de niños durante horas o días o incluso la detención y encarcelamiento de estos.

Pero en toda esta historia de catástrofes, masacres, apartheid y refugiados, hay un protagonista que resiste: el pueblo palestino, que a base de educar a las nuevas generaciones en la no violencia y en la resistencia en clave nacional se niega a abandonar sus casas y su tierra, un pueblo que defiende su bandera, su cultura, que sigue plantando olivos y pinta las paredes de sus campos con dibujos de llaves antiguas reclamando su derecho al retorno y el fin de los muros. Y es que, citando al poeta que le dio voz al pueblo palestino Mahmoud Darwish, “Que Palestina era, y sigue siendo”.

 

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