domingo, noviembre 19, 2017
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Una breve aproximación a la Transición

Una breve aproximación a la Transición

Por Juan Manuel Martínez

                                                                                                                    Huelga de Sabadell. Febrero de 1976

El estudio de la Transición o momento de cambio político en nuestro país ha sido sometido a un debate académico cuyas consecuencias trascienden la universidad y se adhiere a lo que en Historia llamamos “Usos sociales de la Historia”, en tanto que nuestro actual sistema político se legitima en el resultado de este proceso histórico. Por eso no resulta paradójico que este suceso ocurrido hace 4 décadas, y que muchas personas aún recuerdan, sea un tema que no tiene un único relato histórico.

El relato “oficial” de la Transición es aquel en que los únicos agentes activos son los líderes y dirigentes de la dictadura y/o de la oposición democrática. La ciudadanía en general, y sobre todo a quienes se organizaron en los distintos partidos, sindicatos y movimientos sociales antifranquistas quedan silenciados en tanto no tuvieron la suficiente fuerza para incidir políticamente, o en el mejor de los casos fueron herramientas utilizadas por parte de la elite política de la dictadura o de la oposición. No obstante, existen matizaciones dentro de esta corriente.

Esta es la explicación para que finalmente la Transición resulte pactada, y por tanto modélica/pacifica/ejemplo a seguir, explicando todo el proceso gracias a su resultado, como si todos aquellos que participaron en el proceso, y todos aquellos que aportaron su esfuerzo (y sus vidas) para resquebrajar los límites legales de la dictadura supieran que finalmente se acabaría pactando una constitución con elecciones, bastantes avances sociales y monárquica. Nada más lejos de la realidad si nos atenemos en primer lugar a las diferentes propuestas de la oposición antifranquistas, y en segundo lugar si tenemos en cuenta los debates internos del régimen en su etapa final.

La Transición fue un proceso histórico con una amplia participación de la sociedad a través de los movimientos sociales como elemento fundamental e imprescindible para provocar el cambio político, y el fracaso de los intentos de la dictadura de reformarse desde dentro y respetando unos intereses económicos concretos. Para ello se estudian, por ejemplo, el movimiento obrero, el movimiento estudiantil y el movimiento vecinal aportando una visión “desde abajo” de la sociedad, pero capaz de marcar la agenda a alcaldes, gobernadores civiles y gobiernos franquistas.

Una cosa esta clara: la crisis que sufrió la dictadura en los años 70’ se hizo irreversible. Aunque es difícil datar el inicio de dicha crisis más allá de planteamientos económicos, la primera ocasión en la que el gobierno pierde la iniciativa es cuando se ve obligado a reprimir entre 1966 y 1969 a niveles que hacía años no se había visto con la necesidad. La dictadura quiso cortar de raíz el crecimiento organizativo de la oposición antifranquista, esencialmente del movimiento obrero y del movimiento estudiantil que o expresaban una crítica indirecta a la dictadura o directamente conectaban los problemas concretos con todo el entramado dictatorial franquista.

El pico de represión de 1969 afecto a los sectores organizados de la oposición, principalmente a los partidos antifranquistas de izquierda que eran quienes más implicaciones tenían en la extensión de los movimientos sociales. Pero en poco más de dos años, aquellas organizaciones y movimientos sociales descabezados protagonizaron los primeros episodios de reivindicaciones masivas. La extensión de la solidaridad, a raíz del crecimiento organizativo, fue vital para la rápida recuperación de la actividad. A diferencia del resto de periodos de la dictadura en que la solidaridad se limitaba a los sectores familiares y de partido, ahora se extendía a grupos sociales más amplios. Por ejemplo, la detención de un grupo de jóvenes que hacían actividades en el Centro Social de Torre-Romeu (Sabadell) y que estaban vinculados a las juventudes comunistas del PSUC provocó la ayuda de muchos de sus vecinos debido a la labor asociativa y a la vida que daban al barrio, también provoco la concienciación de muchos vecinos por unas detenciones injustas.

En 1971 ocurrió, por ejemplo, la lucha por el ambulatorio de Santa Coloma de Gramanet en el que participaron una cantidad considerable de los vecinos. A partir de ese momento las luchas tanto vecinales como obreras fueron creciendo exponencialmente. En este punto cabe señalar que uno de los logros de los activistas vecinales y sindicalistas fue politizar a sus vecinos y compañeros de trabajo de manera implícita generando conflictos de problemáticas concretas que habían generado una tragedia pero que las autoridades podrían haber evitado, por ejemplo, la lucha por poner semáforos en la Avinguda Meridina a la altura de Torre Baró y Ciutat Meridiana en 1976. Otra clave fue la ocupación del espacio público, como ocurrió en el último ejemplo, en que los vecinos ocuparon la vía pública para protestar. Finalmente, un tercer elemento seria la practicas interna democrática tanto desde Comisiones Obreras como desde las diferentes Asociaciones de Vecinos en un contexto político de dictadura.  

Los movimientos sociales (como el movimiento vecinal o el obrero) si tuvieran la suficiente fuerza como para marcar la agenda de los sucesivos gobiernos franquistas (desde 1969 ninguno duró más de 3 años hasta las elecciones de 1977). Existen varios ejemplos, focalizados sobre todo en las campañas y manifestaciones convocadas por el movimiento vecinal que a esas alturas actuaba, soportando igualmente costos represivos, como altavoz legal del antifranquismo en Catalunya. Campañas como Salvem Barcelona per la Democracia, la manifestación contra los regidores del No al Catala, las manifestaciones contra la aministia en Barcelona o la continua actividad contra los ayuntamientos franquistas que llevo a varios alcaldes a solicitar la dimisión al gobernador civil, o la desaparición durante semanas del alcalde Burrull de Sabadell por el asedio del antifranquismo local, etç, muestran una movilización social con un discurso y unas prácticas antifranquistas explicitas, haciendo suya la calle.

A nivel político, la Assemblea de Catalunya defendía a fecha de 7 de noviembre de 1971 “1)La consecució de l’amnistia general dels presos i exiliats polítics 2)L’exercici de les llibertats democràtiques fonamentals: llibertats de reunió, d’expressió, d’associació -inclosa la sindical-, de manifestació i dret a vaga, que garanteixin l’accés del poble al poder econòmic i polític 3)El restabliment provisional de les institucions i dels principals configurats en l’Estatut de 1932, com a expressió concreta d’aquestes llibertats a Catalunya i com a via per arribar al ple exercici del dret d’autodeterminació 4)La coordinació de l’acció de tots els pobles peninsulars en la lluita democràtica”, este último punto siempre se suele olvidar. La Platajunta (plataforma unitaria de todo el antifranquismo a nivel de España) en marzo de 1976, ya sin Franco y en pleno proceso de Transición llamaba “a participar en las acciones y movilizaciones pacíficas necesarias para la efectiva conquista de los derechos y libertades fundamentales, y para el establecimiento, en el momento de la ruptura, de órganos de poder ejecutivo de amplia coalición, sin exclusiones ni obligatoriedades, que garanticen el pleno uso de las libertades y derechos democráticos, y la apertura y desarrollo del proceso constituyente hasta la transmisión de poderes a los órganos de poder ejecutivo o de gobierno que resulten constitucionalmente elegidos”, es decir, formalizar un gobierno que hubiera supuesto una ruptura con el gobierno franquista, un proceso constituyente y unas elecciones, entre otras cosas importantes.

Por tanto, no es del todo cierto que la Transición debería acabar con una monarquía y una constitución pactada. Más bien, existían diferentes proyectos que competían entre sí y la Transición fue una lucha de fuerzas por ver quién podía ganar o si bien el gobierno franquista se podría mantener. Hasta 1973 el gobierno estaba dirigido por Carrero Blanco y los tecnócratas del Opus Dei mantenían la línea de modernizar la economía española, pero sin ampliar las cuotas de participación de la población, a la vista de los quebraderos de cabeza que había generado tal política en los años 60’ defendida por Manuel Fraga o José Solís entre otros. Esta explicación no cuadra con la que los tecnócratas eran los aperturistas, la razón fue que no había aperturistas o bunker había varias formas de mantener el franquismo sin Franco.

Con la muerte de Carrero Blanco el nuevo presidente del gobierno pasó a ser Carlos Arias Navarro que duro hasta julio de 1976. En el nuevo gobierno los tecnócratas perdieron peso y lo volvieron a ganar los sectores ligados al movimiento, que como decía Martin Villa (premiado este año por el Congreso) en un discurso de junio de 1974 “El Movimiento tiene que ensanchar sus cauces, modernizar sus estructuras, y en definitiva expansionarse. Pero siempre a partir de su cauce, no hay que olvidarlo”, y esto era en definitiva el Espíritu del 12 de febrero, a pesar que a veces se haya defendido que ese espíritu tiene como objetivo final establecer una democracia formal europea. Este argumento se cae por su propio peso cuando se pone encima de la mesa las muertes de Salvador Puig Antich y Heinz Chez (animo a los lectores a informarse del caso del señor Heinz) el 2 de marzo por parte de la policía. O también cuando se recuerda el decreto antiterrorista de verano de 1975 y las 5 últimas muertes del franquismo: José Luis Sánchez-Bravo, Xosé Humberto Baena, Ramón García Sanz Ángel Otaegi y Juan Paredes Manot. Todas estas acciones, y muchas más, bajo el gobierno del mismo hombre que dijo la famosa frase de Franco a muerto. En definitiva, se muestran dos maneras diferentes dentro del régimen de hacer sobrevivir a la dictadura más allá de la muerte de Franco que por esas fechas se creía ya inminente.

Ya sin Franco, el gobierno intento imponer el proyecto que tenía en mente, aunque fuera mi difuso. Manuel Fraga decía en las cortes en enero de 1976 lo siguiente “Solo se reforma aquello que se quiere conservarse. Mas íntimamente: solo se reforma aquello en lo que de verdad se cree”. Un mes después Carlos Arias Navarro decía en la Comisión Nacional del Movimiento “Yo lo que deseo es continuar el franquismo. Y mientras esté aquí o actúe en la vida pública no seré sino un estricto continuador del franquismo en todos sus aspectos y lucharé contra los enemigos de España que han empezado a asomar su cabeza y son una minoría agazapada y clandestina en el país”.

Los sucesos muestran con la forzada dimisión de Arias Navarro el 1 de julio de 1976 y el nombramiento de Suarez que su intento de reforma fracaso. Y aquí la actividad en la calle de la oposición se hace clave. La muerte de los abogados de atocha el 24 de enero de 1977, las manifestaciones por la animista del 1 y del 8 de febrero en Barcelona que aglutinaron a miles de personas sin miedo a manifestarse, o como muestra el siguiente grafico el repunte del conflicto laboral en 1976.

La ofensiva que lanzo el antifranquismo militante para provocar una ruptura y establecer un gobierno provisional puso contra las cuerdas al gobierno y conciencio por ejemplo al monarca de cambiar de gobierno si quería continuar con su reinado. El nuevo presidente Suarez, proveniente directamente del Movimiento y para muchos otro intento de mantener el gobierno cerrado como un bunker, no tenía tampoco un programa claro. Lo que muestran los sucesivos hechos es que Suarez cogió el programa de la oposición y lo aplico en parte y por partes. La realidad es que desde hacía años el antifranquismo llevaba la iniciativa política y Suarez comprendió que la única manera de mantener el gobierno de forma viable era aplicar parte de las propuestas de la Platajunta, porque, aunque Fraga dijera que la calle era suya, la calle en las principales ciudades de España era un campo de batalla entre los grises y los manifestantes, sobre todo en las zonas industriales. El 30 de julio de 1976 se aprueba la primera amnistía y el 10 de setiembre se anuncia la Ley para la Reforma Política y el anuncio de elecciones. Cuando dicha ley se aprobó en Cortes el 18 de noviembre, la iniciativa política volvía a pasar poco a poco a manos del gobierno mientras que en los partidos de la oposición donde antes cundía la unidad de acción ahora cundía la confusión sobre si participar o no en las elecciones.

El PCE y el PSUC fueron los últimos grandes partidos en ser legalizados tan solo 2 meses antes de las elecciones, mientras que otros partidos como el PSOE tuvieron más tiempo. En marzo de 1977 se aprobó otra amnistía y en junio se celebraron las elecciones que dejaron un resultado claro: en Catalunya la izquierda arraso con mayoría absoluta y la UCD quedaba relegada muy lejos del primer puesto, en España sin una victoria contundente de la UCD se hacía necesario pactar para llegar a un acuerdo. Lo que el artículo ha querido mostrar al lector fue que ni la transición fue pacífica, ni planificada por ninguna elite, sino el resultado de dos fuerzas que no consiguieron imponerse la una a la otra, en primer lugar con una la lucha por la ocupación del espacio público, por la hegemonía cultural y por el proyecto de país y finalmente la lucha en unas elecciones generales. El proceso de Transición, no obstante, no acaba aquí y continua como mínimo hasta la victoria socialista en 1982 pero eso ya es tema para otro artículo.

Si desea saber más…

DOMENECH, Xavier, “El Cambio Político (1962-1976). Materiales para una perspectiva desde abajo, Historia del Presente, núm. 1 (2002), pp. 44-67.

FELIX TEZANOS, Jose, “La crisis del franquismo y la transición democrática” a TEZANOS, J.F, COTARELO, R y DE BLAS, A. (eds.): La transición democrática española, Madrid, Sistemas, 1989.

GARCIA PIÑEIRO, Ramón, “El obrero ya no tiene quien le escriba. La movilización social en el tardofranquismo a través de la historiografía más reciente”, Historia del Presente, núm. 1 (2002).

MOLINERO, Carme (ed.), La Transición, treinta años después. De la dictadura a la instauración de la democracia. Barcelona, Península, 2006

JULIÁ, Santos, “Orígenes sociales de la democracia en España”, Ayer, núm. 15 (1994), pp.165-188

TUSELL, Javier, “La Transición a la democracia en España como fenómeno de Historia política, Ayer, núm. 15 (1994), pp. 55-76.

YSAS, Pere, Disidencia y Subversión: La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-1975. Barcelona, Critica, 2004.

 

 

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