Sábado, Agosto 19, 2017
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Un día en las elecciones

El 20 de diciembre de 2015 es una fecha que pasará a la historia, y yo estaba de apoderado para En Comú Podem (Podemos). Unos pocos días antes Íñigo Errejón mediante un video de estos en directo que le gusta tanto hacer en Facebook, llamó a la militancia a hacer de apoderados en nuestros pueblos y ciudades, aunque estuviéramos solos, y este era mi caso, yo estaría de apoderado frente la derecha catalana el día de las elecciones.

Me levanté más tarde de lo recomendado para apoderado, para que os voy a engañar, estaría solo y no tenía la presión de grupo que me hubiera obligado moralmente a cumplir estrictamente mi misión. La verdad es que no estaba muy ilusionado cuando iba camino al único colegio electoral de mi pueblo, sabia quien me esperaba allí, pero unos pocos minutos más tarde entendería que lo importante serían las personas que no sabía que estarían allí.

Entre al colegió electoral con la cabeza un poco agachada y salude a Lluís el caporal de la policía local, después salude a los demás apoderados que eran como seis y todos de Democracia i Llibertat, no les faltaron las risas cuando les di la espalda. Ya estaba dentro y me entro la inseguridad de si lo haría bien. Recordé las palabras de Pablo sobre eso de sonreír y pensé que era absurdo sonreír a convergentes, pero antes de poder pensar demasiado se me acerco una persona que no conocía y que solo quería una cosa, darme las gracias por estar allí. No tuve que forzar ninguna sonrisa, se me lleno todo el cuerpo de ilusión. A mesura que pasaban los minutos se me acercaba más gente, todas las personas eran personas que no esperaba ver porque no las conocía, esas personas que sabes que viven al pueblo porque figuran en el censo pero no sabes quienes son, ya que no participan de un pueblo que muy posiblemente al igual que a mí, se los rechaza por hablar castellano o no tener unos apellidos concretos.

Me pase gran parte de la mañana y de la tarde resolviendo dudas sobre los candidatos y la coalición, salvando sobres que contenían las dos papeletas del congreso y el senado, explicando como se tenía que votar en el senado, dejando mi bolígrafo para marcar las cruces ya que los que había dos horas antes se los habían llevado prácticamente todos. Pero sobretodo dedique mis fuerzas a  intentar retener el rostro de cada una de esas personas anónimas para poderlas saludar los días que vinieran después.

Aunque no todo fueron sonrisas y gente agradable, tuve que aguantar las risillas de muchos, me pase todo el día de pie y pase hambre por la tarde porque mis amigos no me llevaron algo para comer como les había suplicado en momentos de desesperación. A pesar de todo esto, no me vine a bajo y en el recuento solo tuvimos 45 votos menos que la primera fuerza.

Para mí por lo menos si fue un día que recordar durante mucho tiempo.

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