Lunes, Junio 26, 2017
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Todo lo que siempre quiso saber sobre Podemos y nunca se atrevió a preguntar

Todo lo que siempre quiso saber sobre Podemos y nunca se atrevió a preguntar

Ante la posibilidad de una segunda vuelta de las elecciones celebradas el pasado 20 de diciembre, una cuestión que requiere ser abordada se asoma a la vuelta de la esquina: qué hacer con Podemos e Izquierda Unida. Algunos creen que una coalición de izquierdas sería lo más sensato, pero la verdad es precisamente lo contrario. Es sabido que populismo y demagogia no son lo mismo; algo que ha ayudado a la comprensión de la diferencia entre ambos términos es la transversalidad. En donde, precisamente, hay el acento populista. La suma de siglas no es por lo que opta Podemos, mientras que dejar atrás ciertos símbolos del pasado no es la preferencia de IU. Entonces ¿cómo entender cuál de ambas situaciones es preferible para enfocar estas próximas elecciones?

COALICIÓN POR EL CAMBIO

A mi modo de ver, la izquierda no es algo a disputar ni a corto ni a largo plazo. En España se vive una situación en la que quienes deben pronunciarse son las mayorías sociales, no los representantes de cualquier dogma. Estas son las que han de participar en los procesos que la política atañe, en tanto que lo esencial es el empoderamiento de las clases populares. Su emancipación, pues. La prioridad no es que la gente se sienta de izquierdas o no, sino que quieran defender las mismas cosas. Hay que abastecer, pues, de herramientas políticas a estas voces y presentarse al nuevo proceso electoral con la intención de  ganar el poder a las élites.

Una coalición que lo que pretenda sea hacer un poco más grande la izquierda es una mala interpretación del momento que se vive en España. Si es cierto que hay luchas comunes entre una multitud de singularidades, en donde cada cual puede sentirse como quiera, que uno se considere a sí mismo de izquierdas, que no lo haga o que no se lo haya planteado, no debería ser una traba para que se coopere en la causa común a defender. Una coalición entre Podemos e IU no debe tener por objetivo reconstruir la izquierda, sino reconstruir la sanidad y la educación pública, reconstruir la política salarial y las jornadas laborales, reconstruir el estado de derecho y el de ley. En suma, construir pueblo. Hay que fijarse primero en qué es lo que une y después, si eso, ya se decide de qué color será la camiseta con la que salir a jugar el partido.

Lo contaba Rafa Mayoral en una entrevista para CTXT y es que en España muere más gente de pobreza energética que de accidentes de tráfico. Esto implica una cosa, algo debe cambiar. Algo debe cambiar si hay gente con un sueldo de mínimo 4.000€ al mes y la administración pública le paga las facturas del ADSL, mientras que otros malviven y mueren por falta de recursos básicos y esenciales como son la luz, la calefacción o el agua caliente. Mientras que haya gente dispuesta a hacer que esta clase de injusticias desaparezcan, que dejen de ser reales, esta debe ser su mayor ocupación, no reflexionar si uno es de izquierdas o no lo es. En suma, actuar en la lucha por los derechos comunes. No hay tiempo para gastar pensando en el sexo de los ángeles, porque a la espera de ello, hay gente que padece en la miseria. Si el campo de batalla es común, hay que cooperar.

Y sí, por supuesto que hay que pensar y repensar la forma del grupo, pero sin duda esto no puede pasar primero que la acción común y colectiva. A mi entender, el problema surge cuando a algunos les resulta demasiado optimista pensar que se puede conseguir un cambio real. La respuesta a esto es bien sencilla: mientras que unos consideran optimista la posibilidad de cambio, lo que hacen en realidad es negarse a cambiar su anterior manera de comprender el entorno. Aquí su contradicción: no vas a cambiar a nadie si no estás dispuesto a cambiar tú previamente.

La inevitable desconfianza no es el camino. La cuestión es que existe gente que, aún estar en contra de dichas desigualdades sociales, no acaba de sentirse incorporada en las maneras de hacer de quienes pretenden impedirlas. Puede ser complicado confiar en un cambio real, cuando el cambio mismo es aquello por lo que demasiados luchan para que no ocurra. España vive el momento en que está más necesitada de esta fe, la de la gente que se siente optimista. No obstante, lo que uno tiene que hacer es resistirse a lo aparentemente inevitable o, si no, jamás llegará a conocer cuán inevitable era el no poder cambiar.

EL SER CREATIVO

España es un lugar en donde hay mucha riqueza, pero es inalcanzable para las mayorías. La cuestión principal es que el mundo nos proporciona lo suficiente para que todos vivamos bien. Lo inaceptable es que mientras una minoría vive con privilegios, otros viven en la miseria. Vivir en la sociedad del trabajo es algo que asumimos, pero no deberíamos olvidar que el objetivo principal de la lucha política es la de potenciar el individuo creativo, esto es, alguien que hace las cosas por hacerlas, sin condiciones, por placer. Trabajar sin pedir nada a cambio, del mismo modo que cuando se cuida a un hijo; se le dedican muchas horas sin la necesidad de obtener ningún tipo de beneficio material aparente. Sin embargo se hace porque apetece, porque da placer.

Lo necesario es estar constantemente a la búsqueda del ser creativo, esto es, hay que luchar por unas mejores condiciones de vida que permitan tener cierta libertad, para que así se tenga tiempo a destinar para el ocio, el término opuesto al trabajo. Si la lucha es clara, ¿por qué limitarse a ponerle a todo un nombre? De izquierdas o no, ¡qué más da!, lo importante es el bien común de la mano de un colectivo que coopera para conseguirlo. Más adelante habrá que mantenerlo, pero paso, a paso.

A pesar de vivir en una sociedad en la que se ha de trabajar para cubrir las necesidades vitales, se puede tener tiempo libre para gastar como a uno le apetezca. En la improvisación del jazz el intérprete toca nueva melodía, se la inventa, la crea desde cero. Pero esta melodía siempre está basada o regida por un compás, unas pulsaciones o un ritmo dictado por la misma canción que se toca, porque si no desentonaría del acompañamiento. El equivalente a esta libertad melódica es el tiempo libre, se sabe que no se puede dejar de ir a trabajar para vivir, pero también que se puede hacer en unas condiciones más favorables, sin precariedad. Lo contrario, pues, de dicha precariedad es el ser libre y creativo, entendido como lo más importante en la lucha política.

Hay que crear una fuerza popular dispuesta a combatir tanta austeridad y que, a su vez, proporcione a la gente cierta calidad de vida. Al mismo tiempo, hay que combatir contra el ataque constante de las élites, las cuales ven como alguien quiere disputarles el poder. Es muy buena la expresión que utiliza Íñigo Errejón para esto cuando afirma que Podemos corre y se ata los cordones de los zapatos al mismo tiempo, en tanto que como fuerza política se avanza, pero a su vez hay que seguir en la construcción de una identidad.

La cuestión no está en pensar en un futuro ideal, sino en hacerlo en cómo resolver las contradicciones del presente que impiden que ese futuro pueda llegar a ser realidad. Si construir un futuro diferente es lo que se quiere, hay que entender que este será el futuro del presente en el que, en concreto, ahora se habita. Es evidente que la mayoría del actual presente está compuesto por lo sucedido en el pasado. Por tanto, las herramientas heredadas de la historia es con lo que se ha de construir el futuro. Pero ¿ser de izquierdas o derechas es el presente? ¿Verdaderamente es necesario apelar a una gran fuerza de izquierdas para diseñar ese nuevo futuro en el que se quiere vivir?

La España del cambio se encuentra en la línea de salida de donde se empieza colectivamente a determinar el destino propio. Su propio destino en tanto que se debe ser creativo y, por eso, no es de extrañar que se defienda el referéndum en Cataluña del mismo modo que el sufragio exterior o que no exista posibilidad legal de que un político acabe en un consejo de administración de una empresa del IBEX 35. La democracia entendida al pie de la letra, como algo que tomarse en serio. ¿Qué es lo que debería surgir de una posible coalición, pues? Sin duda un desborde de ilusión, pero no una gran coalición de izquierdas ni una sopa de siglas.

Lo que hacemos es lo que subyace a nuestros juegos de lenguaje, decía Ludwig Wittgenstein. Es por eso que encasillar una posible alianza entre Podemos e IU como algo encabezado por el término izquierda es determinar el futuro y, determinar, significa fijar límites. Alguien que vivía en el siglo VII no podía aspirar a ser astronauta, puesto que no es posible anhelar algo de lo que no se conoce nada, de lo que no se tiene consciencia de su existencia, básicamente porque no existe. Por esto, actualmente, es tan difícil encontrar una categoría que encasille o delimite lo que significan estos aires de cambio en España. Dicha transformación se vive en presente y hay que entender que el nombre de lo que esto acabe significando en un futuro lo adjudicarán los vencedores de la actual batalla discursiva. No se le puede poner nombre a algo de lo que todavía no se tiene consciencia de lo que supondrá en el futuro.

Cuando se apela a la transversalidad lo que en realidad se quiere es llegar a cuanta más gente mejor, dispuesta a defender una misma causa, unos mismos intereses. Cuando se apela a la transversalidad y se rechaza que el concepto “ser de izquierdas” encabece el mencionado colectivo, esto no quiere decir que se rechace a la gente de izquierdas. El acento está en la gente que no se siente identificado con todo lo que la izquierda ha representado a lo largo de su existencia y sin embargo, está dispuesta a cooperar en la defensa de unos derechos que gente que se siente de izquierdas también quiere defender.

Apelar al sentido común, aunque sea el menos común de los sentidos, no es en realidad algo disparatado. A la gente le preocupa que haya políticos corruptos, que los servicios públicos estén en un deterioro constante y, para rematarlo, que las condiciones laborales cada vez sean más pésimas. Esto es el sentido común y no hay otro nombre que uno pueda ponerle a aquellos quienes quieren evitar que esto suceda. De lo común deriva la comunidad y no será otra quien consiga erradicar estas políticas injustas a favor de una minoría privilegiada.

Llamar a mujeres y hombres simplemente trabajadorxs, o bien, capitalistas, quiere decir que se entierra su individualidad singular debajo de una categoría despersonalizada. Encasillar a Podemos a la derecha o a la izquierda es, pues, un error. Hacerlo, sería de nuevo despersonalizar esa suma de identidades singulares que colectivamente se han esforzado para que un grupo colectivo tome fuerza y se empodere a sí mismo. Podemos es difícil de definir en una categoría o parámetro porque no se puede encasillar una suma de identidades tan diversas. No obstante, sí que es verdad que dichos sujetos responden con simpatía a significados comunes. Alguien podría atreverse a profetizar que este camino llevará al surgimiento de un término o concepto que englobe a todos y a todas, pero otra vez se caería en la equivocación.

Si uno hace el esfuerzo de entender el cambio social, moral pues, como si fuera un embrión en el vientre de su madre, diversas comparaciones surgen al respecto. En un tiempo no se sabe si el embrión será niño o niña y además, incluso no se sabe si este vivirá o no después de que nazca. Sin embargo, hay algo que está muy claro: quien rodea la mujer embarazada, no piensa cada dos por tres que, a pesar de que salga niño o niña, seguro que sale mala persona. Es decir, no considera inevitable el hecho de que el infante salga mala persona. Lo importante aquí es que de un sexo o del otro, sea como sea el infante, lo que tiene que hacer la gente que lo rodee una vez nacido es educarlo. Hace falta hacerlo de tal manera que cuando sea mayor no traicione los valores que se le enseñaron en casa. El 15M es el embrión y su madre la gente.

Para que el cambio ocurra, con Podemos o sin Podemos, lo importante es que las clases populares se sientan con poder. Como ya he dicho, determinar una categoría es limitar. Limitar es lo único que no le debería interesar a la gente quien debe sentirse desbordada de ilusión y de atrevimiento, sin ningún miedo a que todo lo que la mayoría se proponga se puede alcanzar. No hay que caer en el error de que primero soy de izquierdas y luego de un partido político, porque con esta mentalidad no se llega a ninguna parte. Primero somos personas y, después, puedes querer el bien común, la justicia, la libertad y la democracia, o no la puedes querer.

CONCLUSIÓN

La lucha común entre las gentes del pueblo llano es una vida digna para todxs. La cual cosa implica despedirse de la políticas de austeridad que afectan a los servicios públicos principales y elementales como son la educación y la sanidad, por ejemplo. Con esto, las condiciones laborales de lxs trabajadorxs deben alejarse de la precariedad y garantir más tiempo libre a las personas. El tiempo libre contribuye a favor del ser creativo, esto es, hay que entender este ser como aquel que gasta su tiempo en lo que le da la gana y como le da la gana.

Hace falta remarcar, más o menos, cuáles son los motivos principales de la lucha por un motivo: estos son los que juntan a cooperar a distintas identidades singulares las cuales cristalizan en forma de colectivo. Si el campo de batalla es claro, no es necesario ponerle un nombre a todo esto.

Querer el cambio implica dejar atrás lo actual. Se sabe que para construir el futuro que se quiere, hay que modificar el presente. Esto no se puede hacer de otra manera que con las herramientas heredadas del pasado. Por lo contrario, si se quiere que lo heredado forme en su totalidad el dogma presente, de cambio y emancipación esto tiene bien poco. Determinar es limitar, y esto no lo digo yo, lo decía Wittgenstein.

La transversalidad consta del entendimiento que no se puede prescindir de ninguna identidad singular con voluntad de que las cosas vayan de manera distinta. En caso de coalición entre Podemos e IU, lo importante es el desborde de ilusión, sobrepasar los límites, dejar atrás el relato del pasado, el relato perdedor. El entusiasmo y la disposición son capaces de todo.

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