Viernes, Junio 23, 2017
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Sorel y la ética de la violencia en el fascismo

Sorel y la ética de la violencia en el fascismo

Por Jordi Rosales

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El término fascismo ha sido utilizado abasto en un sentido peyorativo, para caracterizar regímenes represivos, dictatoriales y violentos. Normalmente los regímenes no se han definido como fascistas, con excepción del caso italiano, y por lo tanto es difícil encontrar un caso paradigmático. No obstante, hay una serie de características que comparten, y que no tienen que ser comunes con otros movimientos autoritarios. La valoración positiva de la violencia es una de estas.
Así pues, pensar el levantamiento de un proyecto fascista es pensar la legitimación de su violencia. De ejemplos actuales seguramente haya muchos, pero uno de los primeros que nos viene a la cabeza cuando pensamos seguramente sea el del colectivo griego nazi Alba Dorada. Su violencia racista contra los inmigrantes ocupa día tras día las calles de Grecia. La normalidad con la que esta violencia se está imponiendo en Grecia nos permite entender la génesis de la apología de la violencia. La deslegitimación que ha vivido la democracia en Grecia debido a una fuerte crisis económica -que no ha sabido resolver-, el alejamiento de las instituciones europeas que se sitúan en contra de los intereses de los griegos, la mala gestión de la crisis de los refugiados por parte de una Europa desunida, conforman una serie de factores que han visto en la democracia un sistema decadente, y han apostado por la violencia como elemento regenerador de la sociedad. Las posiciones racistas de estos grupos ven en el otro la causa de su decadencia, y apuestan por la violencia. Además del ataque a inmigrantes, la violencia de esta formación paramilitar va en consonancia con los aparatos del Estado, para atacar grupos de extrema izquierda que no gustan en el Estado. Desde una perspectiva histórica no nos tiene que sorprender tanto, cuando en realidad el primer fascismo italiano era visto “simpático”, o al menos como un mal menor, por el sistema liberal parlamentario, puesto que acababa con los grupos que apostaban por la revolución social, y por ende ponían en riesgo el sistema. Veamos ahora la génesis.
La aparición del fascismo en el siglo XX no fue algo inevitable, ni tampoco fue algo inexplicable. Su aparición es contingente a una serie de factores, entre los cuales se encuentra la aparición de la sociedad de masas, y una crisis del pensamiento racional, positivista y materialista que había caracterizado el siglo XIX. El sistema liberal parlamentario estaba en crisis en toda Europa, y la disyunción entre representantes y representados se hacía patente en algunos países con la aparición de movimientos fascistas.
Ante la decadencia de este mundo burgués Georges Sorel buscó la regeneración de la sociedad. El revisionismo revolucionario del marxismo que elaboró lo llevó a insistir, en su obra Réflexions sur la violence (1908), en el carácter moral de la violencia. Esta fue la primera afirmación teórica clara de una doctrina que sería fundamental, aunque no exclusivamente, para el fascismo. 
Sorel celebró la acción heroica revolucionaria de la clase trabajadora, y postuló por la violencia como el único método para liberar a los hombres de la sociedad decadente de principios de siglo. Una de las características de esta sociedad decadente era la democracia parlamentaria, a la que consideraba un insulto para la dignidad humana. El sistema estaba corrompido debido al oportunismo que caracterizaba las clases dirigentes.
Se movió a contracorriente, y la base de su pensamiento lo tenemos que buscar en su concepción de la naturaleza del hombre. Influenciado fuertemente por el romanticismo, y los movimientos vitalistas de principio de siglo, concebía el hombre como un creador, al estilo nietzscheano. Negaba el determinismo marxista, y veía sólo en la acción de los hombres el movimiento de la historia. Marx no pudo predecir el surgimiento de una burguesía reformista, que negaba el carácter inevitable de la revolución. Entonces sólo quedaba la acción contra el sistema. Una acción movida por la voluntad, y no determinada por un destino.
Esta acción era movida por principios morales. No buscaba valores trascendentes, sino que al estilo kantiano los valores eran absolutos en sí mismos. En este sentido, el coraje, la justicia, la fuerza, el sacrificio serían los valores que conformarían una sociedad sana. Eran los valores épicos, que moralmente se oponían al hedonismo y al conformismo típicos de la Francia de la tercera república y que ya se habían mostrado en la decadencia del pueblo francés en la derrota contra Alemania en 1871.
Esta especie de regeneracionismo se extendió en toda Europa. Para Sorel el proletariado, era la clase que moralmente se salvaba de la corrupción gracias al trabajo. Sorel fue un marxista heterodoxo, y sobre todo un moralista. La gran aportación de Marx para Sorel, fue ver que la verdadera naturaleza de las clases era el trabajo en común. Es en esta creación que los hombres se sienten unidos: es la experiencia y no ningún argumento racional lo que los une. La revolución era el objetivo, y por eso había que unir a través del mito a los trabajadores para que se levantaran. El mito es una de las propuestas de Sorel para dirigir la acción de los trabajadores hacia la revolución. No se trataba de que se resignaran, y así conseguir la paz social, como algunos habían concebido este instrumento. Su carácter irracional, además, lo hacía ideal en su visión vitalista del hombre, que empujaba a los hombres a actuar.
Lo que más detestaba de la democracia era el compromiso, que implica conformar una voluntad general común a todos los hombres, como establecía Rousseau, desembocando en tiranía. Tocqueville, hablando de los vicios de la democracia, desarrollaría el concepto de la tiranía de la mayoría. La verdadera esencia del hombre, para Sorel, se encontraba en resistir, y el compromiso conformaba la antítesis. La solución pasaba por la violencia, la verdadera forma de resistencia. Es aquí donde rae la fascinación y al mismo tiempo repulsión que produjo Sorel. Es importante matizar que esta violencia estaba basada en principios morales absolutos, y se oponía a la fuerza. La violencia era liberadora, mientras que la fuerza, al contrario, era represiva. Sorel se interesó a lo largo de su vida por los movimientos de resistencia. Admiró, en la iglesia de los primeros cristianos el martirio de sus miembros. No importaba tanto en que creyeran, sino la fuerza de su fe que los llevaba al sacrificio.
El uso de esta violencia, nos devuelve a los valores épicos a los que habíamos aludido antes. El sacrificio era bueno en sí mismo porque este era el producto de la voluntad. Fue en este sentido que fue admirado sobre todo por sindicalistas revolucionarios italianos. La violencia en el fascismo era un valor positivo, que caracterizaba el hombre nuevo. La violencia no era un medio desafortunado para conseguir un fin superior, sino un bien en sí misma, que hacía al hombre creador.
El fascismo encontró en Sorel un aliado. Mussolini buscando una base intelectual lo consideró su padre espiritual. El rechazo al sistema liberal democrático, su oposición violenta al intelectualismo, la apelación al poder de las fuerzas irracionales, el activismo, la violencia, el conflicto per se fueron características que alimentaron el fascismo. Mussolini aprovechó la apología de la violencia que ejemplificó en su régimen. Uno de los casos más paradigmáticos fue el asesinato del diputado socialista Matteotti, del que Mussolini aceptó todas las responsabilidades. La violencia se había convertido en un elemento moralmente positivo.

 

Sorel i l’ètica de la violència en el feixisme

Per Jordi Rosales

El terme feixisme ha estat utilitzat abastament en un sentit pejoratiu, per caracteritzar règims repressius, dictatorials i violents. Normalment els règims no s’han definit com a feixistes, amb excepció del cas italià, i per tant és difícil trobar un cas paradigmàtic. No obstant hi ha una sèrie de característiques que comparteixen, i que no han de ser comunes amb altres moviments autoritaris. La valoració positiva de la violència n’és una d’aquestes.
Així doncs, pensar l’aixecament d’un projecte feixista és pensar la legitimació de la seva violència. D’exemples actuals segurament n’hi hagi molts, però un dels primers que ens ve al cap quan hi pensem segurament sigui el del col·lectiu nazi Alba Daurada. La seva violència racista contra els immigrants ocupa dia rere dia els carrers de Grècia. La normalitat amb la que s’està imposant aquesta violència a Grècia ens permet entendre la gènesi de l’apologia de la violència. La deslegitimació que ha viscut la democràcia a Grècia a causa d’una forta crisi econòmica -que no ha sabut resoldre-, l’allunyament de les institucions europees que es situen en contra dels interessos dels grecs, la mala gestió de la crisi dels refugiats per part d’una Europa desunida, conformen una sèrie de factors que han vist en la democràcia un sistema decadent, i han apostat per la violència com a element regenerador de la societat. Les posicions racistes d’aquests grups veuen en l’altre la causa de la seva decadència, i aposten per la violència. A més de l’atac a immigrants, la violència d’aquesta formació paramilitar va en consonància amb els aparells de l’Estat, per atacar grups d’extrema esquerra que no agradaven a l’Estat. Des d’una perspectiva històrica no ens ha de sorprendre tant, quan en realitat el primer feixisme italià era vist “simpàtic”, o almenys com un mal menor, pel sistema liberal parlamentari, ja que acabava amb els grups que apostaven per la revolució social que posava en risc el sistema. Vegem-ne ara la gènesis.
L’aparició del feixisme al segle XX no fou quelcom inevitable, ni tampoc fou quelcom inexplicable. La seva aparició es contingent a un seguit de factors, entre els qual es troba l’aparició de la societat de masses, i una crisi del pensament racional, positivista i materialista que havia caracteritzat el segle XIX. El sistema liberal parlamentari estava en crisi arreu d’Europa, i la disjunció entre representants i representats es feu palesa en alguns països amb l’aparició de moviments feixistes.
Davant la decadència d’aquest món burgès Georges Sorel buscà la regeneració de la societat. El revisionisme revolucionari del marxisme que elaborà el portà a insistir, en la seva obra Réflexions sur la violence (1908), en el caràcter moral de la violència. Aquesta fou la primera afirmació teòrica clara d’una doctrina que seria fonamental, tot i que no exclusivament, per al feixisme.
Sorel celebrà l’acció heroica revolucionària de la classe treballadora, i postulà per la violència com l’únic mètode per alliberar els homes de la societat decadent de principis de segle. Una de les característiques d’aquesta societat decadent era la democràcia parlamentaria, la qual considerava un insult per la dignitat humana. El sistema estava corromput a causa de l’oportunisme que caracteritzava les classes dirigents.
Es mogué a contracorrent, i la base del seu pensament l’hem de buscar en la seva concepció de la naturalesa de l’home. Influenciat fortament pel romanticisme, i els moviments vitalistes de principi de segle, concebia l’home com un creador, a l’estil nietzschià. Negava el determinisme marxista, i veia només en l’acció dels homes el moviment de la història. Marx no pogué predir el sorgiment d’una burgesia reformista, que negava el caràcter inevitable de la revolució. Només quedava l’acció contra el sistema. Una acció moguda per la voluntat, i no determinada per un destí.
Aquesta acció era moguda per principis morals. No buscava valors transcendents, sinó que a l’estil kantià els valors eren absoluts per si mateixos. En aquest sentit, el coratge, la justícia, la força, el sacrifici serien els valors que conformarien una societat sana. Eren els valors èpics, que moralment s’oposaven a l’hedonisme i al conformisme típics de la França de la tercera república i que ja s’havien mostrat en la decadència del poble francès en la derrota contra Alemanya el 1871.
Aquesta espècie de regeneracionisme s’estengué arreu d’Europa. Per Sorel el proletariat, era la classe que moralment se salvava de la corrupció gràcies al treball. Sorel fou un marxista heterodox, i sobretot un moralista. La gran aportació de Marx per a Sorel, fou veure que la veritable natura de les classes era el treball en comú. És en aquesta creació que els homes se senten units: és l’experiència i no cap argument racional el que els uneix. La revolució era l’objectiu, i per això calia unir a través del mite els treballadors per tal que s’aixequessin. El mite és una de les propostes de Sorel per dirigir l’acció dels treballadors vers la revolució. No es tractava que es resignessin, i així aconseguir la pau social, com alguns havien concebut aquest instrument. El seu caràcter irracional, a més, el feia ideal en la seva visió vitalista de l’home, que empenyia els homes a actuar.
El que més detestava de la democràcia era el compromís, que implicava conformar una voluntat general comuna a tots els homes, com establia Rousseau, desembocant en la tirania. La veritable essència de l’home es trobava en resistir, i el compromís n’era la antítesis. La solució passava per la violència, la veritable forma de resistència. És aquí on rau la fascinació i al mateix temps repulsió que produí Sorel. És important matisar que aquesta violència estava basada ens principis morals absoluts, i s’oposava a la força. La violència era alliberadora, mentre que la força, en canvi, era repressiva. Sorel s’interessà al llarg de la seva vida pels moviments de resistència. Admirà, en l’església dels primers cristians el martiri dels seus membres. No importava tant en el que creguessin, sinó la força de la seva fe que els portava al sacrifici.
L’ús d’aquesta violència, ens retorna als valors èpics als que havíem al·ludit abans. El sacrifici era bo en si mateix perquè aquest era el producte de la voluntat. Fou en aquest sentit que fou admirat sobretot per sindicalistes revolucionaria italians. La violència en el feixisme era un valor positiu, que caracteritzava l’home nou. La violència no era un mitjà desafortunat per aconseguir un fi superior, sinó un bé en si mateixa, que feia a l’home creador.
El feixisme trobà en Sorel un aliat. Mussolini buscant una base intel·lectual el considerà el seu pare espiritual. El rebuig del sistema liberal democràtic, la seva oposició violenta a l’intel·lectualisme, l’apel·lació al poder de les forces irracionals, l’activisme, la violència, el conflicte per se foren característiques que alimentaren el feixisme. Mussolini n’aprofita l’apologia de la violència que usaria en el seu règim. Un dels casos més paradigmàtics fou l’assassinat del diputat socialista Matteotti, del qual Mussolini n’acceptà totes les responsabilitats. La violència havia esdevingut quelcom moralment positiu.

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