Miércoles, Agosto 23, 2017
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Serían refugiados si los refugiarais, asesinos. Un selfie de los refugiados

Serían refugiados si los refugiarais, asesinos. Un selfie de los refugiados

Un exceso de inmigración puede llevar a la marginalidad y en ocasiones esa marginalidad lleva a la delincuencia.

(Mariano Rajoy)

El conflicto de los refugiados no es una crisis de movilizaciones, es una crisis de xenofobia. Se vive en el mundo de la imagen ¿pero quién imagina un refugiado hacerse un selfie? Sin embargo sí que hay allí periodistas y fotógrafos registrando información para que aparezca en los periódicos y las pantallas de los occidentales no afectados. Es su trabajo, pero ¿por qué hay organizaciones que movilizan trabajadores para que narren los hechos en vez de mandar gente para que ayude?

La imagen. Un niño muerto en la playa es lo que llega aquí y todos quieren sensibilizar con las víctimas. El problema no está en que haya migraciones forzosas por culpa de la guerra, está en el concepto “refugiado”. En el momento en que mucha gente se mueve de un lugar a otro y se los empieza a denominar de un mismo modo, el colectivo cristaliza en forma de sujeto. La multitud pasa a ser uno. Se los identifica a todos con la misma palabra. Refugiados, sí, pero sin refugio. Mientras tanto se lee información de lo que allí sucede, se comparten imágenes e incluso se opina al respeto. Pero el acento está en la imagen a nuestros ojos.

La sociedad neoliberal, consumista y capitalista ha conseguido que cada momento parezca obligatorio de registrar en imagen. Hay que inmortalizar cualquier instante con una imagen y en la imagen surge la frontera entre el refugiado y el xenófobo. Individuo aparentemente sin problemas existenciales, aceptado socialmente por la mayoría. La globalización consigue crear una misma imagen para una multitud de personas. Alguien que viva en China, en New York o en España puede llevar los mismos pantalones, usar el mismo Smartphone, conducir el mismo coche o mirar la versión en su idioma natal de La Voz en televisión. Es la imagen a la que toda persona tiene que adaptarse para reconocerse como parte del sujeto global impuesto por los medios de producción.

En suma el refugiado no es que simplemente sea inmigrante, que se vaya de su país por la guerra o que padezca unas condiciones de vida indeseables. El problema real práctico es que consigue distinguirse del sujeto global y de aquí el rechazo. Por extraño que parezca, se discrimina a todo aquél que no pueda hacerse un selfie ya que no hay común a reconocer entre xenófobo y refugiado. De aquí tanta indiferencia.

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