miércoles, noviembre 22, 2017
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Representación y movimientos sociales de Ernesto Laclau

En las ciencias políticas, el asunto de la representación política ha causado gran debate y ha dado con varias visiones sobre qué es la representación en la política y quiénes son los representados y los representantes. Este debate viene desde Rousseau porque en la práctica la mayoría de veces los representantes no representan a aquellos que los eligen, por lo que los sistemas democráticos tienen un grave problema ya que no puede existir democracia sin que los representantes obedezcan a las voluntades del pueblo.

Antes de nada habría que señalar quiénes son los representantes y quiénes los representados. Los representados son el pueblo, son los individuos que tienen capacidad de elegir a sus representantes, en el caso de una democracia son los electores que pueden votar para elegir a aquellos que quieren que les representen y hagan política según sus intereses. El representante es quien en los parlamentos transmite la voluntad y el discurso de la comunidad y mediante el diálogo y el debate, crea y modifica las leyes. Es importante saber que los representantes también deben de obedecer con aquellos que no les han votado, porque el representante debe de transmitir la voluntad más amplia del pueblo aunque parte de esa voluntad no lo haya elegido pero es parte legítima.

En el papel parece ser fácil y bastante coherente que los representantes transmitan las reclamaciones del pueblo y puedan llevar a cargo la política de una nación, pero en la praxis resulta que pocas veces ocurre esto, puesto que los representantes muchas veces no pueden o no quieren transmitir esas voluntades colectivas, por lo que las democracias acaban siendo regímenes desiguales donde no existe consenso.

Rousseau creía que la única democracia, la democracia directa podía funcionar a duras penas en las comunidades agrícolas de Ginebra de su tiempo. Una idea bastante parecida a la que ciertos grupos como el anarquismo o los movimientos anti-sistema del siglo XX plantean, una democracia asamblearia donde todo lo que se decide va acorde a un debate previo y a un cumplimiento de las voluntades de los individuos que participan en esa asamblea. Si se han creado estos nuevos modelos en contra del sistema o como el anarquismo pretenden una nueva democracia más directa y más propia del pueblo, es porque en la práctica la democracia no acaba de ser un sistema donde la política y los intereses económicos chocan. Las democracias actuales son una mezcla entre un sistema oligárquico y timocrático, donde impera más la fuerza económica o de las élites políticas que no el discurso de los electores.

En los momentos de crisis económicas y políticas siempre se han planteado otros caminos para mejorar o cambiar el sistema político. Para Hegel era imposible proponer las voluntades del sector público y burocrático puesto que ellas chocan con las voluntades de ciertos sectores, es lo que llamaba el problema de la universalidad. No se puede imponer una voluntad colectiva de largo plazo puesto que no existe una clase universal que englobe toda la comunidad, siempre habrá gente en contra o gente que pertenece a clases distintas y que sus intereses no son los mismos. Marx dirá que la esfera pública del Estado no es la esfera de lo universal, para él el Estado era una herramienta de opresión de una clase sobre otra y más tarde Lenin dirá de constituir el Estado socialista. El marxismo entonces propone que la única clase legítima es la clase obrera y que esta debe de emanciparse para construir un Estado nuevo, el Estado obrero. Al emanciparse, la clase obrera al no tener intereses particulares que defender, liberaría a la sociedad en su conjunto, entendiendo así lo que Hegel decía de la clase universal.

Entonces Marx dirá más adelante que con la creación del Estado obrero y la revolución, progresivamente se llegaría a un momento donde no sería necesario el Estado porque ya existirá una voluntad colectiva reconciliada, no serán necesarios los aparatos estatales para regular la comunidad. Muy interesante también es la visión anarquista, no tan teórica como la del marxismo clásico, pero Bakunin compara el Estado con Dios y cree que son dos formas de opresión para el colectivo y el individuo. Al fin y al cabo, marxismo y anarquismo proponen al final, la supresión del Estado y la llegada al comunismo, una sociedad sin clases e igualitaria.

Gramsci usará la idea de Hegel y Marx para adaptar la visión de que la universalidad pasa por la sociedad civil. Gramsci se da cuenta que no se trata de la extinción del Estado sino la constitución de un Estado integral, este Estado comienza a nivel de las fábricas y de los medios de producción para universalizarse con las organizaciones e instituciones. Para Gramsci, que se pueda extinguir el Estado es como el fin de la política, algo que no puede ocurrir mientras exista la comunidad humana.

Aquí vendría entonces la crítica que hace Ernesto Laclau y Gramsci sobre el marxismo clásico y la visión de la izquierda tradicional. Marx creía que con las condiciones materiales y con la constante lucha de clases, la sociedad capitalista avanzaría a una homogenización progresiva y cada vez la sociedad sería más desigual, sería una lucha entre una masa proletaria homogénea y la burguesía capitalista. Pero lo que ha ocurrido es que la sociedad es crecientemente heterogénea y es por varios factores. Kautsky creía que la revolución en Europa sucedería por sí sola, cuando las condiciones materiales serían tales que los socialdemócratas se aprovecharían de ella y organizarían la revolución. También ha ocurrido que así como el marxismo clásico consideraba que la revolución socialista sería en el occidente europeo donde el desarrollo industrial era mayor (ya que el marxismo considera el sujeto revolucionario al proletariado industrial y no al campesinado) y ocurrió que aquellos países más susceptibles de hacer la revolución fueron los países del antiguo imperio tzarista y España, donde había una gran mayoría campesina y no obrera.

El marxismo ha visto estos casos como particulares pero es contradictorio decir que son casos particulares cuando han sido los únicos. La revolución rusa triunfa a causa de que no existe una clase burguesa sólida que pueda permitir la creación de un Estado burgués fuerte. En Rusia había la clase autocrática tzarista y la burguesía era minoritaria, ya que las inversiones extranjeras habían podido permitir la aparición de pequeños propietarios pero no lo suficiente como constituirse como una clase autóctona fuerte. Los obreros industriales eran minoría y solo estaban en las ciudades desarrolladas. Lenin se dio cuenta que era necesaria una alianza entre obreros y campesinos, la gran mayoría de población era campesina y seguía con las mismas condiciones materiales que durante el siglo XIX. Con el triunfo de la revolución rusa se preveía la revolución europea especialmente la alemana que se pensaba que iba a ser más importante cuando fue todo lo contrario. El marxismo se equivocó con sus análisis y calculaba la revolución como algo que sucedería cuando se diesen las condiciones materiales, como que sería tan fácil poder organizar una revolución, solo haría falta aprovecharse según soplen los vientos.

Otras voces dentro del marxismo han sido críticas, un ejemplo fue Trotsky quien consideraba que el desarrollo desigual y combinado era el terreno histórico de todas las luchas sociales. Esto difiere de la visión ortodoxa de la sucesión de etapas dentro del capitalismo puesto que se lleva a la heterogeneidad que es fruto de nuestros días. Otra visión interesante es la que propone Mao sobre las contradicciones en el seno del pueblo. Aquí entra una categoría nueva: pueblo, algo que es ajeno para el marxismo clásico.

Entonces hay que replantear el marxismo porque se equivoca cuando cree que el sujeto revolucionario que es la clase obrera no puede articular el cambio a causa de la modernización de los países capitalistas y que solo era posible en países como Rusia y en España donde se tratan de países capitalistas atrasados donde existía un bloque oligárquico y no había una burguesía autóctona fuerte. En la era globalizada donde lo que ocurre en España tiene repercusiones en Grecia y viceversa, no se pueden defender los intereses de clase puesto que la sociedad es tan heterogénea que es difícil que pueda existir una conciencia de clase. Hay que defender entonces los intereses de un bloque nuevo, de una voluntad colectiva nueva a través de la cual se constituye la voluntad de los representados.

Un ejemplo de cómo se constituyen y se defienden estas voluntades nuevas son gracias a los movimientos sociales más recientes como el mayo del 68 o el 15 M. Las luchas obreras han perdido la fuerza a causa de la deslocalización de la industria y que la sociedad cada vez más es heterogénea. Los países del tercer mundo se han industrializado a causa de la mano de obra barata y el expolio de recursos naturales y se han polarizado los países ricos y pobres. La división del trabajo es lo que ha hecho que se acabe con los movimientos obreros en Europa y que los únicos movimientos sociales sean reivindicaciones políticas. Los trabajadores industriales por sí solos no pueden articular el mensaje del cambio porque son minoría, pero sí que pueden articularse con otras luchas como la de los estudiantes o las luchas anti-racistas y feministas. Un brillante caso fue con el caso de Polonia con Solidaridad, lo que fueron las reivindicaciones salariales de un astillero en Gdansk acabaron siendo las reivindicaciones para la mayoría de la población que estaban en contra del régimen.

Aquí entra el concepto de lucha hegemónica de Gramsci. Para Gramsci hay dos clases, la hegemónica  y la corporativa. La corporativa es aquella que representa los intereses sectoriales dentro de una totalidad que la excede, en tanto que la hegemónica es aquella que transforma los intereses o el discurso de un grupo de la sociedad. Para el marxismo clásico, los intereses de clase preceden a los intereses representativos cuando para Gramsci, es solamente a través de la representación que un interés puede ser constituido.

Entonces y ya a modo de conclusión, ¿cómo podemos articular un discurso o una reivindicación popular en una sociedad heterogénea donde existen múltiples voluntades? Para que ello funcione, debemos de ser capaces de crear un discurso nuevo, propio de un grupo que tenga una serie de reivindicaciones en contra de la clase corporativa. Para constituir este grupo es necesario articular los sectores de la población que están en contra y organizarlos, solo así seremos capaces de poder constituir un grupo hegemónico fuerte. Chantal Mouffe explicaba en su libro Construir pueblo que durante el mayo del 68 y los movimientos anti-globalización del siglo XX, cuando las feministas hablaban con los partidos y sindicatos de izquierdas sobre organizarse en base de lucha, estos colectivos siempre contestaban: “esto está muy bien, pero la liberación de la mujer viene determinada para cuando los obreros tomen los medios de producción”. No hay que caer en el mismo error y hay que darse cuenta que el futuro de las luchas es la de organizar y solidificar en un solo bloque todas las reivindicaciones, siendo así, seremos capaces de constituir una hegemonía y que los representados y las minorías puedan articular su discurso.

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