Viernes, Junio 23, 2017
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Que los políticos no robaran sería una maravilla, no una locura

Que los políticos no robaran sería una maravilla, no una locura

Sigo soñando despierto sobre mi duradera relación amorosa con lo imposible, y me pregunto si, y cuándo, alguna de estas imposibilidades podría entrar en el ámbito de lo cotidiano.

(Michio Kaku, “Física de lo imposible”)

[Fotografía: Divinity.es]

Los teóricos de la literatura se propusieron encontrar la diferencia entre lo fantástico y lo maravilloso y consiguieron, más o menos, fijar una frontera entre ambos términos. La fantasía en sí es el contraste entre la realidad y lo imposible. Por tanto, para definir a lo fantástico debe haber dos elementos, ninguno más importante que el otro. Uno es el entorno, tiene que ser real. El lector debe reconocerse en ese ambiente ficticio de la misma manera que cuando vive la realidad. El segundo elemento para que surja la fantasía es un elemento de imposibilidad, por ejemplo un hombre que vomite conejitos. Del contraste entre el entorno real, un espacio en el que reconocerse, y lo imposible, un hombre que vomita conejitos, se produce lo fantástico.

Para definir lo maravilloso, pues, uno debe prescindir de ese entorno real en el que un individuo se reconoce, es decir, el espacio en el cual la acción sucede es un lugar con sus propias reglas físicas. Por ejemplo: en El señor de los anillos existen magos, hobbits, árboles que hablan. O en Juego de tronos existen los dragones, los cambia pieles. Ese entorno es un mundo en el que en realidad todo elemento fantástico no contrasta con la realidad en la que alguien fuera de dicha ficción se reconoce, puesto que allí todo puede pasar según las normas físicas de ese lugar.

Un hombre que vomita conejos en un entorno real ejemplifica un contraste entre lo real y lo imposible. Dragones en Juego de tronos no contrasta con nada porque la existencia de estos mismos está aceptada como parte de dicha realidad. Fantástico y maravilloso.

Imaginarse una España en la que los políticos no fueran ladrones, sería como estar en un espacio maravilloso. Un espacio que se rige por sus propias reglas físicas en donde todo puede ocurrir, porque sabemos que nada de lo que pasa allí es verdaderamente real. Cuando Pablo Iglesias afirma que si su presencia dificulta un pacto a la valenciana estaría dispuesto a no formar parte del gobierno con tal de que se lleve a cabo dicho acuerdo, a mi entender, resulta fantástico. Podemos es ahora mismo algo imposible que contrasta con la realidad y a su vez demasiada gente los rechaza. Acostumbrados a pensar que para que los políticos representaran al pueblo se debía imaginar un mundo maravilloso, cuando el elemento fantástico se presenta frente a la realidad, demasiada gente responde sin creérselo.

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