Viernes, Junio 23, 2017

Prometeo

1:1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
1:2 Este era en el principio con Dios.
1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.
1:4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
1:5 La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

-Evangelio según san Juan

Y Dios creó el mundo y era perfecto. Y no había desigualdades, ni opresores, ni oprimidos, ni pobreza, ni miseria y todos eran felices y era gracias a él, gracias a su enorme bondad divina que tocó un buen día la frente del hombre, hasta que las antorchas de la verdad bajaron a las manos de los mismos hombres. Algunos se tapaban con sus túnicas al ver las luces del fuego, otros quemaron sus barbas al ver las llamas tan de cerca. Y entonces, Dios castigó al que llevó el fuego al hombre con el olvido y el anonimato.

Dicen que la historia es el espejo de las naciones, pero yo creo que es más bien un espejismo. Ustedes creen, que de verdad, en la historia antigua, como la historia en general, los milenios que pasaron, ¿podemos resumir su historia en algunos libros? Cuántos libros y documentos se han perdido por el paso de los siglos y cuantos templos han sido destruidos y vueltos a construir de nuevo. El hombre ha roto falsos ídolos y ha vuelto a construir otros, y cuando le ha convenido ha creado mentiras y desmentido otras. La historia muchas veces nos es imprecisa y no resulta ser muchas veces una visión exacta de la realidad pasada. Es la diferencia entre la literatura y la historia, entre la realidad y el mito.

Del pasado solo conocemos sombras y creo que nunca podremos imaginar y visualizar con claridad cómo era el pasado. Cuánto más ahondamos en él, más ignoramos y más borroso se vuelve. No hay edades de oro, no hay épocas gloriosas. No existe esa Grecia blanca, filosófica y matemática como tampoco esa Roma victoriosa, clásica y civilizada. Eso son construcciones culturales que hemos heredado de aquellos que han querido crear unos referentes para justificarse a sí mismos. No quiero quitar el mérito que han tenido las fuentes clásicas para la cultura occidental. Pero siempre se nos ha sido inculcada la visión cándida de la Grecia y la Roma, de los pitagóricos, de las victorias de Alejandro y Marco Aurelio, de la arquitectura y de la poesía. Pero poco se ha señalado creo yo a la visión más realista a mi modo de ver de lo que supuso políticamente estas épocas doradas. No se ha hablado de la misma manera de los esclavos, como tampoco de aquellos pueblos que solo hoy conocemos nombres y nos suenan extraños. No son tan simples las cosas como parecen, el pasado es algo complejo que nos enseña cómo fuimos y puede definir cómo seremos. Y la visión romántica es la que puede generar espejos donde las naciones se contemplan a sí mismas y quieren volver a ser lo que eran.

Controlando la historia, controlas la memoria, el pensamiento y la cultura que viene determinada de ella. La historia es más que una sucesión de hechos y de años. Si releemos a los clásicos es porque como los griegos y los romanos, padecemos de los mismos dolores y simpatizamos por los mismos problemas. El ser humano es muy diferente de antaño, pero sigue siendo humano y sigue condenado a repetir los mismos errores y en recapacitar sobre ellos. Es por ello que hay un interés en secuestrar la historia, porque aquellos que no recuerdan ni tienen el pasado como experiencia, están condenados a ser engañados. La historia es algo inherente a la humanidad y a todas las personas que forman parte del mundo, porque estas tienen su historia y es gracias a ella que son de una determinada forma y tienen un determinado carácter. Pero esta se puede ver por muchos prismas y a veces tendemos a engrandecer y a empequeñecer los hechos y esto nos puede llevar a manipulaciones y a creencias muy corrientes dentro de la sociedad.

Los palacios de cristal, las bellas imágenes románticas donde el hombre circula a través de ella como civilizado, culto y dueño del mundo, merecen ser destruidas y son fruto del hombre moderno capitalista. Dentro de esta lógica, el oro y la plata de la historia son gracias a que ciertos pueblos fueron expoliados de sus recursos naturales y a los esclavos y trabajadores que lo substrajeron y le dieron forma para que lo pudieran manipular los señores y los reyes. ¿Y vamos a seguir así? Pensando en que vendrán Prometeos, profetas nuevos, que vendrá el Mesías a traernos la redención final. Esperando que una fuerza sobrehumana nos ayude a solventar nuestras carencias como hombres. La única redención que puede existir para el hombre es empezar a caminar hacia al abismo y hacer aquello que pocos han hecho, coger la antorcha de la ideología y ser capaz de sobrevivir en un mundo que quiere rebaños en vez de leones.

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