miércoles, noviembre 22, 2017
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Prometeo y la evolución humana

Por R.G. Celma

Son los rebeldes gentes extrañas pero imprescindibles para el desarrollo y la evolución de la humanidad. Veamos que papel juegan de la mano de Bakunin en el primero de una serie de artículos dedicados a su libro “Dios y el Estado”.

Algunos os preguntaréis quién es ese tal Prometeo del que hablo. Según el mito griego es el titán que creó a la humanidad, a la imagen y semejanza de los dioses. Pero lo hizo de tal forma que no le pudo dar ningún don para sobrevivir en la naturaleza y estos dependían completamente de la voluntad divina. Para compensarlo robó el fuego de los dioses del Olimpo y se lo entregó a los hombres, asumiendo las previsibles consecuencias de la ira divina.

¿Y qué representa ese regalo? El fuego significa la capacidad de pensar, la curiosidad por conocer, el desarrollo de las ciencias que nos permita transformar el medio ambiente para sobrevivir en él. Prometeo, el primer rebelde de la historia, simboliza con su desobediencia hacia Zeus el poder de rebelarnos frente a la autoridad. En definitiva, es el deseo de libertad. Estos factores son claves en el desarrollo evolutivo, tanto individual como social.

De no ser por el sacrificio de Prometeo, la humanidad seguiría siendo un animal más, sometido a sus amos divinos y no estaría situado en la cima del reino animal. Es esta misma negación de nuestra animalidad primigenia a través del pensamiento y la rebeldía la que constituye propiamente la historia humana. Esto debe ayudar a consolarnos por los errores actuales y darnos esperanzas de un futuro mejor, en el que el hombre no sea un lobo para el hombre sino un hermano en el que apoyarse y con el cual compartir el placer del pensamiento. La creación de una sociedad de individuos sabios, realmente libres y felices es el verdadero fin de la evolución humana.

¿Cómo ayudan estos factores a la evolución? De no ser por los filósofos ilustrados y por la revolución francesa, seguiríamos viviendo en la Edad Media. Sí, ese régimen en el que la humanidad se encontraba brutalmente sometida al poder del Rey y de la nobleza, con la legitimidad que solo puede otorgar el fanatismo religioso. Por lo menos, hoy día, algo hemos avanzado.

Y si se habla de personas individuales: ¿Qué serían sin el pensamiento? Se volvería al punto de origen, a ser animales que solo piensan en alimentarse y reproducirse, solo buscando aquellos placeres más inmediatos. ¡Cuánto me gustaría que nadie se sintiera identificado! ¿Y si el ser humano fuere intelectual sin pensamiento crítico y rebeldía? Se volvería egoísta y dócil ante el poder establecido, completamente insensibilizado ante el sufrimiento del resto de sus iguales, entretenidos en un mundo de reflexiones teóricas sobre ideas caducas.

¡Pero mucho cuidado con ser rebeldes sin pensar! No vaya a ser que otros lo hagan por nosotros y acabemos siendo marionetas en la guerra de unos nuevos conquistadores del Olimpo. Nuevas divinidades que incitarán a la rebeldía y el pensamiento hasta que estos se vuelvan en contra de sus recién adquiridos privilegios.

¿Y qué fue del pobre Prometeo? A pesar de todo el bien que su sacrificio causó, la justicia de Zeus cayó sobre él. Fue condenado eternamente a que un águila le comiera el riñón cada mañana, el cual le volvía a crecer durante la noche debido a su inmortalidad. Se puede entender la ira divina al observar el origen de su poder. Los olímpicos habían alcanzado tal posición al vencer a los titanes, sus creadores, y ahora temían ser destronados por los hombres. Se conoce el pensamiento y se tiene la capacidad de rebelarse, de acabar con el estatus privilegiado, ya solo se diferencia en la inmortalidad.

Parece que la represión de los rebeldes sea una ley inevitable por el origen animal. Siempre existirán persecuciones por parte de los interesados en las antiguas y primitivas creencias hacia aquellos rebeldes que se atrevan a portar la bandera de la libertad y la justicia, como bien demostró Prometeo con su sacrificio. ¿El consuelo? Saber que aquellas ideas que defienden acabarán triunfando tarde o temprano, contribuyendo a la evolución humana.

Blog de R.G.Celma:

http://laplumadeprometeo.blogspot.com.es/

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