Populismo y hegemonía del Siglo XXI: Luciana Cadahia*

 

Me gustaría empezar con una cita: ¿Hay un solo partido de la oposición al que el gobierno no califique de comunista? ¿Hay un solo partido de la oposición, que no lance al rostro de la oposición más progresista lo mismo que a sus amigos reaccionarios la acusación estigmatizarte de comunista? De hecho, de este hecho, se desprenden dos consecuencias, primero que el comunismo se haya reconocido como un poder para todas las potencias europeas y segundo; que ya es hora que los comunistas expresen a la luz del día ante el mundo entero, sus ideas sus tendencias sus aspiraciones, saliendo hacia el paso de esa leyenda fantasma comunista.

La cita es de Marx, que esta expresada en el manifiesto comunista, yo les invito a que cambiemos la palabra comunista por la palabra populista o populismo y nos vamos dar cuenta que la estigmatización que sufría el comunismo en aquel entonces, hoy la sufre la expresión populismo. Entonces, me gustaría que no solo hagamos esta alteración, sino que les invito a pensar en la noción de fantasma, es decir, Marx en esta cita sugeria que el fantasma del comunismo debería ser conjurado, ¿qué significa conjurado? Debería ser traído a presencia, para ver qué es este fantasma del comunismo, pues bueno, lo que voy a intentar hacer es traer a presencia los fantasmas del populismo, no solamente porque el populismo tiene un fantasma, sino porque tiene muchos fantasmas, pues vamos traer en presencia estos fantasmas y vamos a ver porque causan tanto rechazo y tanto temor esas cosas que se dicen alrededor del populismo.

Si nos ponemos a pensar en cuales son los fantasmas generales que nos acechan en los gobiernos populistas, podríamos decir cuatro cuestiones básicas: el populismo es peligroso porque tiene un líder carismático, es decir un liderazgo, alguien que lidera y per se, se convierte en alguien peligroso, en alguien autoritario y en alguien que oprime, este es el primer fantasma que nos acecha.

El segundo fantasma que nos acecha, es que en el populismo lo que se produce, es una manipulación de las masas, las masas son engañadas por estos líderes autoritarios y por tanto se las manipula para los fines egoístas de este supuesto líder autoritario. Este sería como el segundo fantasma del populismo.

El tercer fantasma es el de la peligrosidad del populismo por apelar a los afectos, de pronto en política apelar a los afectos se convierte en algo peligroso, en algo de lo que debemos deshacernos.

El cuarto fantasma es que el populismo incita constantemente a la conflictividad. En definitiva, que el populismo es lo peor que nos puede pasar porque tenemos un líder carismático, una masa manipulada, afectos desbordados de irracionalidad y por ultimo conflictos constantes.

 Antes de pasar a deconstruir a estos fantasmas, para ver que no son tan peligrosos como parecen, me gustaría dar otro paso y tiene que ver con lo siguiente; es preguntarnos cuál es el lugar de enunciación de aquellos que definen el populismo con estas características, es decir cuál es el sujeto político, cuál es el sujeto históricamente constituido que ha generado esta idea del populismo, es decir cuál es la policitidad de ese sujeto, cuál es su discurso de ideología del que viene ese sujeto, por qué de pronto per se, es malo considerar el liderazgo, por qué es malo considerar que lo afectos tengan una presencia en la política, por qué es algo de los que deberíamos deshacernos, ¿quién dice eso?

Entonces para entender de cierta medida, para entender qué es el populismo, es necesario entender quiénes son sus detractores, dónde estamos situados; históricamente y políticamente, porque muchas veces cuando alguien intenta elaborar la teoría populista, sale la voz de una conciencia sensata, neutral que dice “no”, que el populismo es peligroso por esto, entonces es el momento que uno tiene que preguntarle a esa voz: ¿y esto por qué cree que es peligroso? ¿Done leyó eso, quién incidió eso? ¿De dónde viene ese temor, esa actitud de desprecio?

 Pienso que la concepción negativa de la palara populismo, forma parte de un relato histórico, esta históricamente construido este rechazo no es algo dado, algo natural, entonces es necesario indagar en ese rechazo, en ese discurso de la estigmatización del populismo. Así como en ese momento Marx indagaba  en la estigmatización del comunismo, es necesario pensar en ese sujeto, así mientras intentamos definir el populismo nos va ir saliendo, de manera dialéctica ese otro que va construyendo una figura despectiva del populismo, ahora bien, a mí me gusta pensar que el populismo debe ser pensado en dos niveles distintos, que se suelen confundir y al confundirse lo que hacen obturar las discusiones, más que llevarlas a un lugar interesante, creo que es importante hacer esta matización, yo creo que el populismo deber ser pensado en estos dos niveles distintos; uno es como suelen llamar el nivel óntico, un populismo en el nivel óntico. Y por otro lado hay un populismo que se piensa desde el nivel ontológico.

Ahora bien, ¿qué quiere decir el populismo desde el nivel óntico? Es desde el nivel de las cosas dadas, desde las practicas concretas de la revisión histórica del populismo. Es un nivel que apela a un revisionismo histórico como si fuera un sensor de populismo, es un señor que va mirando si se ajusta a la receta o no se ajusta y ve peligros en todos lados. Ese sería digamos el nivel óntico, de la revisión histórica. Es un nivel que se queda allí, en lo dado, en lo inmediato en el rato que se nos aparece. Y luego está el populismo en el nivel ontológico, es decir es una actitud hacia el populismo más reflexiva, que tiene que ver con pensar como instruye el populismo, y como el populismo instruye sentido político, sentido de lo social, como el populismo construye sujetos, relatos y mitos, tiene que ver con esta dimensión en que lo que aparece como dado, que venía en el otro nivel del populismo óntico, en este nivel aparece como un espacio de problematización del populismo en tanto instituyente de sentido, de sujetos, etc. Esta dimensión ontológica del populismo, posibilita una teorización del populismo, que mientras que el revisionismo lo que simplemente genera, es una revisión histórica de lo dado, el populismo ontológico permite construir teoría a partir de la categoría de populismo y eso es una diferencia muy importante.

Me gustaría hacer un comentario; el populismo a diferencia de otros conceptos de la política que nacen como termino teórico, el populismo nace de la praxis política. Es decir, no es un teórico que piensa el termino por primera vez y empieza a construir una teoría. El populismo nace en la praxis política en dos lugares distintos en un mismo momento histórico, por un lado nace en S:XIX entre los socialistas, y nace para designar a una determinada ola anti intelectualista de los socialistas que consideraban que habían de generar un mayor acercamiento hacía el campesinado para poder dar lugar a la revolución, es decir que había una apelación de lo popular desde lo popular, es decir frente a  la clásica idea socialista donde los que se supone, es que se debe educar a las clases trabajadoras o el campesinado. Por el contrario esta ola de socialistas consideraban que más que educar había que estar al lado de ellos y desde allí generar una emancipación, y se lo describió para mencionar a ello. Luego en sí mismo no era ni peyorativo ni afirmativo era una descripción, pero posteriormente en Rusia paso a tener una consideración peyorativa, o sea quien era populista no era un verdadero socialista, quien era populista además tenía una acercamiento al campesinado, y el campesinado tenía una cierta tendencia a lo nacional. El populista terminaba siendo una defensa de lo nacional en solidaridad con el campesiando, entonces los socialistas consideravan que quienes iban por esa vía no eran lo suficientemente revolucionarios, lo suficientemente socialistas. Entonces, el populismo es visto como un desvío del socialismo, como algo que salió mal, como una anomalía del socialismo, allí empieza el histórico rechazo de cierta vertiente del socialismo hacia el populismo en Rusia.

Luego paralelamente a este fenómeno, en Estado Unidos se utiliza el termino populista para referirse a un partido político que tuvo una vida muy breve, que se llamaba el partido del pueblo, el partido del pueblo era un partido en que los políticos tenían una relación muy cercana con los granjeros más humildes y  que su a vez también había una cierta tendencia anti elitista, y entonces se usaba el termino populismo  para referirse a ese partido político, y ese partido político se le refería en términos peyorativos y en cierta manera, se consideraba que era esa forma de organización política era contraria a la democracia liberal porque apelaban a los efectos, apelaban a lo irracional etc. Entonces aquí tenemos un segundo rechazo, es decir el populismo es una anomalía de la democracia liberal, en el caso de Rusia era una anomalía al respecto del socialismo en el caso de los Estados Unidos, era una anomalía al respecto de la democracia liberal. Es decir, en ambos casos el populismo es lugar del rechazo, nace fallido, nace mal.

En los años cincuenta se introduce el termino populismo en la academia y se lo introduce en un sentido peyorativo otro vez, para considerar a todo aquello que se oponía a la democracia liberal, podría ser el nazismo, los movimientos revolucionarios bolcheviques, era todo aquello que se oponía a las prioridades de la democracia liberal. Posteriormente entre los años sesenta y setenta el populismo aparece nuevamente en la academia, pero ya para referirse en los procesos latinoamericanos; el Varguismo de Brasil, el peronismo en argentina y el cardenismo en México. Ahí empieza a ver una tensión porque ya no necesariamente se lo utiliza en términos peyorativos pero quienes llevaba la voz cantante habían hecho un diagnostico acerca de que era el populismo y que no era el populismo, y lo que se había dicho era que el populismo apelaba al personalismo frente la institución, es decir empezaban a establecer relaciones dicotómicas; el populismo personalista frente a una voluntad anti institucionalista, el populismo apela a las emociones frente a la razón, es irracional, el populismo apela a la unanimidad frente la posibilidad del pluralismo, entonces de esa manera quedaba estigmatizado como personalista, emocional y unánime.

Ahora bien, la pregunta que nos podemos hacer nosotros es de nuevo: ¿por qué necesariamente que haya un liderazgo tiene que significar que de per se no haya institución? ¿De dónde nace la necesidad de ponerlos antagónicos? ¿Por qué apelar a las emociones y las pasiones políticas tiene necesariamente que significar que no hay razón? ¿Por qué apelar a un proyecto hegemónico tiene que suponer que no hay pluralidad? No es necesario, no es dado, el liderazgo no tiene que oponerse necesariamente a la institucionalidad, entonces lo que vemos allí es que la famosa experiencia populista es atacada por todos lados.En el socialismo, es decir desde un lugar de pureza que considera que el populista es alguien que en el fondo no quiere hacer la verdadera revolución, es alguien que tiene una actitud más bien reformista y por lo tanto está engañando las masas porque les impediría la verdadera emancipación, es decir; el socialista vendría a ser esa alma bella que cree que el populismo no está a la altura de la verdadera causa.

Y luego está el otro discurso de la democracia liberal, que considera que la democracia deber ser; institucional, racional y pluralista. Imaginando que esta democracia existe ¿qué pasa en ese escenario? En ese escenario se considera que la democracia liberal es la democracia la democracia más avanzada, la democracia civilizada, la democracia evolucionada hacia la que todos deberíamos aspirar. Pero lamentablemente en américa latina lo único que habríamos generado es una democracia fallida, una democracia atrasada incivilizada y autoritaria.

Entonces si nosotros empezamos a pensar que no necesariamente las emociones, el liderazgo y la hegemonía son opuestos al institucionalismo a cierta idea de racionalidad y cierta idea pluralidad se empiezan a caer esas faltas dicotomías, porque no solamente nos damos cuenta de que en proyectos donde apelan más las pasiones, a la hegemonía o a los liderazgos, no solamente allí vemos que hay cierta idea institucionalidad, que puede a ver cierta idea de racionalidad, cierta idea de pluralidad, no solo sucede en eso sino que empezamos a descubrir que allí donde no había liderazgo empieza a surgir liderazgo, donde no había pasiones hay pasiones manifestándose de alguna manera, es decir se empiezan a contaminar las dos ideas dicotómicas de democracia y es allí donde me gustaría llegar.

 Habría que decir que el primero en advertir la falacia de este proyecto de democracia de libertad de mercado fue Schmitt en el texto El concepto de lo político, ahí Schmitt dice que uno podría matizar y eso lo recupera Mouffe. Schmitt lo que dice allí, es que liberalismo en el fondo es una ideología que bajo la excusa de institucionalidad, racionalidad y pluralidad, lo que hace es neutralizar la política, porque los problemas los lleva o bien en el plano económico, como un problema técnico que tienen que tratar los expertos técnicos, o por el contrario llevan los problemas en el plano de lo moral, argumentando que es un problema de valores y por lo tanto hay que normativizar las cosas para poder de manera consensuada resolver los problemas porque una sociedad debe poder reconciliarse consigo misma. Para Schmitt todo eso formaba parte de una ideología que en todo esto buscaba despolitizar a la gente a través de la economía o a través de la moral. No nos extraña que muchos teóricos piensen que estamos travesando una experiencia postpolítica, es decir una neutralización de la política que viene de la dimensión liberal que trata de invisibilidad la política, entonces uno se podría preguntar por qué este discurso, esta ideología que le molestan tanto las pasiones, los liderazgos, la posibilidad de un proyecto. Porque justamente estas dimensiones lo que visibilizan es la politicidad de la sociedad, y eso es lo que el discurso neoliberal intenta con la moral y la economía invisibilizar. Entonces hay que generar el fantasma de la peligrosidad de las pasiones, para justamente decir que por ahí no hay nada, porque no conviene que se evidencie que lo que hay en juego justamente es político, es lo político en su expresión más desnuda.

Podemos ver que la unión europea cuando lo de Grecia, no pudo ocultar más que el problema es político, es decir si hasta ahora podían mantener el discurso de problemas técnicos, de una economía que debería que ajustarse a una receta determinada y que los expertos podían llevar todo eso hacia una buena resolución, lo que mostro es que todo es una cuestión de decisión política, porque el proyecto de Syriza fue mostrar que ellos también tenían un proyecto alternativo, con recetas que podían sacar a Grecia de ese lugar, es decir, jugar al enemigo con las armas del enemigo, y el enemigo en vez de considerar todo eso tomo la decisión sin poder apelar más al recurso técnico de decir: no. Entonces se mostró la politicidad que había detrás de este supuesto tecnicismo o procedimiento meramente económico. Ahora bien, volviendo a la distinción de la actitud óntica y la actitud ontológica de pensar el populismo. Decíamos que desde la actitud óntica, muchas veces se hace un revisionismo histórico, que busca elementos característicos para sentenciar de populista ciertas formas de hacer política.

Hay muchos teóricos que en realidad no están creando una teoría populista, sino que están haciendo análisis de lo dado, pero a mí me interesa rescatar esa segunda actitud; la ontológica, porque nos permite ver que hay una problematización de la definición, que nos permite preguntarnos como se origina esta idea del populismo, nos permite pensar que supone en cada caso concreto entre experiencias diferentes con singularidades propias que el revisionismo histórico no nos permite advertir, por eso me parece importante traer la teoría de Laclau. Él lo que hizo con la actitud óntica, fue volverla ontológica, el en vez de hacer un revisionismo histórico tuvo una actitud revelde en el campo de del saber, dijo que por lo general a los países latinoamericanos se los suele estigmatizar a considerarnos populistas, es decir; el populismo es el lugar de la estigma como en su momento lo es también la idea de clientelismo, bien vamos de hacer de esa supuesta debilidad una teoría, vamos a convertir esa debilidad de la que nos acusaban, en una fortaleza teórica, vamos a desafiar digamos a los cánones occidentales del saber en el que nos llamaban atrasados e incivilizados para convertirlo en una marco teórico para pensarnos a nosotros mismo. Esto es lo que hizo Laclau con su teoría populista. Por supuesto su teoría no se ajusta a este revisionismo histórico, el convierte ese revisionismo en un momento poético de esa noción del populismo, lo ha convertido en otra cosa para ver si a partir de la experiencia de la praxis podíamos construir una teoría para poder entendernos a nosotros mismos y generar marcos de inteligibilidad para pensar la sociedad. Laclau que nos va a decir, es que en su construcción teórica del populismo, el que es populismo no es ni un movimiento ni una ideología sino que es una práctica política discursiva. Esta práctica discursiva tiene una característica, construye un sujeto político.

A mí me fascina leer el manifiesto comunista una y otra vez, porque es uno de los textos más creativos de Marx, porque hay un momento mágico de nombrar; “la historia de la humanidad es la historia de los opresores y los oprimidos” pero luego Marx comete una arbitrariedad histórica y dice que la historia de los opresores y los oprimidos es la historia de la lucha de clases, y es allí donde Marx crea el sentido, cuando toda esa masa dispersa  de oprimidos se reconocen y se identifican como la clase trabajadora, ese momento de institución del sujeto político es una momento hermoso porque a nivel de datos no se podía encontrar datos que dijeran que eso es clase trabajadora, porque Marx estaba construyendo esa categoría política, pues bien en cierta manera, Laclau está haciendo algo perecido, está diciendo que las practica políticas instituyen sujetos, y lo que va a decir Laclau es que ya no podemos hablar más de sujetos de clase trabajadora sino que en las praxis se están configuradas nuevas subjetivadas políticas que tienen que ser pensadas, entonces el populismo deber ser pensado como una práctica política, discursiva que constituya sujetos políticos, pero no toda práctica política es populista. Que una práctica sea populista depende de la forma en que se articule, el sujeto de esa práctica y las representaciones que genere alrededor de sí mismo, es algo muy específico, en ese sentido hace una distinción y dice: toda práctica política tiene demandas, pero unas van a ser populistas y otras no.

Tenemos las demandas que dependen de la lógica diferencia y que son demandas puntuales que se pueden satisfacer si ningún problema, por ejemplo, yo puedo pedir un semáforo en una calle transitada. Tengo dos opciones, o salgo en la calle a manifestarme y pedir que se vayan todos o por lo contrario puedo ir al ayuntamiento y decirles que tiene que haber un semáforo en tal punto. Pues bien si yo tomo esa segunda actitud, para Laclau es una actitud democrática institucional, que pertenece a la lógica de la diferencia, porque yo no estoy poniendo en cuestión el orden instituido, porque yo vivo en un orden social que creo que institucionalmente mi demanda pues ser satisfecha. Ahora bien, hay otro tipo de demandas, que son las demandas insatisfechas. Son demandas que de ser satisfechas supondrían una ruptura del orden social establecido. Por ejemplo: en España si hoy, uno va y le dice a Rajoy deje de desahuciar a la gente, Rajoy dice que no porque precisamente su proyecto de gobierno consiste en seguir con esa política, es decir si se satisface la demanda se genera una ruptura en el orden social.

Esa es para Laclau, la lógica equivalencial que da lugar a una serie de demandas insatisfechas que se empiezan a articular. Estas demandas se empiezan articular alrededor de algo que es un significante vacío y es lo que posibilita el proyecto hegemónico, es decir las distintas demandas diferenciales, sin perder su identidad, empiezan a situarse en un mismo problema. Estas demandas muchas veces están sostenidas por un liderazgo, como el caso de Ada Colau en Barcelona, que ha logrado articular en su persona un montón de demandas insatisfechas y se ha producido una ruptura del orden establecido y se han generado nuevas condiciones de gobernabilidad, y además en esas nuevas condiciones hay un antagonismo que tiene que ver con un gobierno nacional que se opone a lo que ellos quieren hacer. Entonces, hay una relación antagónica, un liderazgo y hay una población que está pujando para una nueva forma de organización social.

Para terminar, me parece que hoy en día lo que hay que explorar o prestarle más atención es a dos cuestiones: por un lado, la cuestión de la dimensión estético-política que tienen los afectos en la construcción de proyectos económicos, y esto inevitablemente apela a la cuestión de la cultura. Es decir, que se tiende muchas veces, incluso desde los procesos populistas a un mayor énfasis a la eficacia/eficiencia propios del neoliberalismo que en cierta manera está bien apropiárselos pero no hay que olvidar la necesidad de prestar más atención la cuestión cultural, que es una tarea a mediano plazo pero que es desde allí donde se construyen las identificaciones a largo plazo, porque es el lugar de construcción de los relatos, de los mitos, la memoria histórica, de tejido social, el lugar donde se construyen sensibilidades críticas, es decir la apelación a la afectividad, es una apelación al a sensibilidad a de los sujetos, y la cuestión de la sensibilidad de los sujetos es una cuestión que se tiene que trabajar desde la pedagogía de la estética, entonces es necesario que desde esta teoría populista se piense en la dimensión estética de los afectos a mediano plazo, sin ir más lejos, cuando Gramsci decía que en lo nacional popular hay fuerzas reactivas y fuerzas emancipadoras, tenemos que generar una pedagogía estética para que las fuerzas populares reactivas se neutralicen, puedan ser problematizadas y puedan dar paso las fuerzas populares emancipadoras.

Otra cuestión a pensar es que lo nacional popular del populismo tiene que dar un paso hacia una problematización internacionalista de lo nacional popular, hay que generar articulaciones entre diferentes naciones y plurinaciones; la articulación no es ni alianza ni tampoco es la unificación que tiende a la homogenización, que solo nos lleva las purgas socialistas para ver quién es más puro. No se trata de un internacionalismo en este sentido homogenizante, sino en una articulación que supone generar la unidad en las diferencias, mantener las singularidades de las luchas pero que en esas singularidades se genere un proyecto unitario, no un proyecto mundial sino un proyecto unitario como resistencia para generar una lógica distinta al neoliberalismo actual. Vivimos en tiempo que en Latinoamérica y el sur de Europa es necesario darle más vueltas a la articulación de lo nacional populista para llamarlo de alguna manera.

 

 

 

 

*Transcipción del siguiente vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=zHrlkTgwCK8&t=755s