viernes, noviembre 17, 2017
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MURAKAMI, MI AMOR

MURAKAMI, MI AMOR

Por Blai Burgaya Balaguer

Aterricé en la literatura de Murakami con quince o dieciséis años gracias a que alguien me recomendó Tokio Blues (su título original es Norwegian Wood), a partir de aquel momento me convertí en un fiel seguidor y cada vez que me entero que va a salir una nueva edición de alguno de sus libros no puedo evitar hacerle un hueco en mi humilde estantería. Para quien no sepa de quien hablo, basta con decir que Haruki Murakami es un arquitecto de la literatura, un creador nato. Se ha convertido a través de los años en el autor superventas japonés más enigmático y adictivo. Sus obras te inspiran e hipnotizan, a la vez que te adentran en un mundo interno para resolver los mayores problemas que afectan a la sociedad contemporánea.

En cada uno de sus libros Haruki Murakami lanza la caña al mar y en la primera o en la segunda línea consigue hacernos picar, arrastrarnos por todo un océano de palabras y sumergirnos en un mundo de largas descripciones; de musicalidad; de vicios y pasiones; pero, sobre todo, consigue sumergirnos en lo subconsciente, en lo latente de nuestra existencia. Murakami tiene un mundo propio que narra con un lenguaje sencillo; pero a pesar de ello, y creo que aquí está la clave, es capaz de transmitir sensaciones complejas y conseguir una conexión con el lector que se encuentra al alcance de muy pocos escritores.

El conglomerado temático de su bibliografía es de sobras conocido. Temas como la relación entre hombres y mujeres siempre difíciles de comprender o inalcanzables; protagonistas masculinos con falta de empatía o que conviven en permanente soledad; el paso del tiempo como irremediable cambio vital, no siempre positivo. Estos y otros aspectos revolotean siempre alrededor de una trama que también nos muestra aquellos episodios oníricos tan característicos en los que aparecen gatos, extraños pozos y conversaciones que en muchas ocasiones no parecen conducir a ningún lugar. Cuando te dejas llevar por su propuesta, accedes a un mundo de canciones de los Beatles, de acordes de jazz como los que sonaban en el club que regentaba el autor antes de dedicarse profesionalmente a la escritura, de pasadizos mágicos, cuervos y gatos parlantes, de fantasmas y mundos paralelos donde lo convencional es irrelevante. Es frecuente que no sepas dónde quiere llevarte hasta bien avanzada la narración, pero siempre sabes que te va a llevar a algún sitio en el que, de alguna forma, ya has estado. Además, intuyes que vas a experimentar una extraña nostalgia de elementos que quizá nunca hayas tenido pero cuya esencia reconoces al instante como propia.

Cabe destacar que Haruki Murakami no solo escribe novelas, sino que algunos de sus libros son compilaciones de relatos cortos, como por ejemplo El elefante desaparece (Tusquets 2016) o Hombres sin mujeres (Tusquets 2015). Además, tiene algún libro que ni siquiera entra dentro del género literario como podrían ser  cuando hablo de correr (Tusquets 2010) o Underground (Tusquets 2014), este último muy recomendable, dónde un Murakami hondamente afectado, entrevista a víctimas supervivientes y algunos de los autores del ataque con gas sarín al metro de Tokio que tuvo lugar en marzo de 1995.De que hablo

Para aquellos que no hayan leído nada de este autor, mi recomendación es que empiecen por el principio con la trilogía de la Rata, en la que se encuentran los primeros tres libros que escribió (Escucha la canción del viento, Pinball 1973 La caza del carnero salvaje). Una de las peculiaridades más especial de esta trilogía es que en ninguno de los tres volúmenes conocemos el nombre de su protagonista, un recurso literario que facilita la identificación del lector con este protagonista misterioso. De todas formas, creo que eso es indiferente ya que cualquiera puede conectar con muchos de sus otros textos sin haber leído nada de este autor previamente, así pues, no puedo dejar de recomendar otros de sus tomos como El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Los años de peregrinación del chico sin color Sputnik, mi amor.

La intención de este artículo era rendir un pequeño homenaje a uno de los que yo considero entre mis escritores favoritos, pero no he sido capaz de elaborar nada nuevo, ni de decir nada que no se haya dicho ya sobre él. Aun así, con todo lo que se ha escrito sobre este autor, no deja de ser sorprendente que la mejor definición de lo que representa la literatura de Murakami la hizo él mismo cuando dijo: “No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo”.

Es verdad que Haruki Murakami produce una cantidad casi igual de fans como de detractores, y son muchos los que no le perdonan que venda muchos libros o que sea demasiado occidental para ser japonés, pero yo se lo perdono todo. Porque conecto con su mundo, porque me fascina y me inspira, me hace sentir y sonreír hacia dentro mientras paso las páginas de sus novelas. Y sonreír es algo muy serio. Puede que Murakami nunca llegue a ganar un Nobel, pero tampoco parece muy probable que alguna vez gane un Grammy, aunque gran parte de su obra es pura música.

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