miércoles, noviembre 22, 2017
La trivial > Política > Modesta Génova

Modesta Génova

 

“Era una ciutat curiosa: molt provinciana, però totalment immergida, a través del port, en el cosmopolitisme”

(Josep Plà)

Génova es una ciudad ancha —33 quilómetros de anchura, concretamente— y es una ciudad como decía Josep Plà muy curiosa. Es peculiar porque toda ella es un puerto, pero es de provincias. Cuando llegamos a la ciudad, desde la estación Piazza Principe, lo primero que encontramos fue un monumento magnánimo, pero medio embozado entre la arquitectura apretujada, de Cristóbal Colón, un genovés más allá de cualquier polémica sin sentido sobre su origen. La capital de la Liguria es una ciudad que da la sensación de ser rica, pero solo es opulenta en su altura. Los palacios que se distribuyen como colonias de champiñones por toda la ciudad son gradualmente eminentes a medida que los vas persiguiendo por su trayecto hacia las nubes. Tienen jardines interiores discretos, no secretos. Fuimos bajando hacia el centro histórico —donde teníamos nuestra posada— a través de una genovesa mezcla de estrechos vicoli, callejones ruginosos y enmohecidos, Crêuza que dicen en dialecto, y grandes avenidas, obra de los ingenieros piamonteses del Risorgimento.

La ciudad se abre enteramente al mar, confía en él. Pero es provinciana, de hecho, nuestro anfitrión nos confesó una información confidencial: la cocina típica de Génova es más contadina, más campesina que marítima y que pocos platos con pescado había. Focaccia y pesto, dos tristes tópicos. Esta ciudad-anfiteatro está formada por planos que se sobreponen y cuando uno pasea por el centro histórico —patrimonio de la UNESCO— tiene dificultades para entrever el cielo.

A Génova la llaman la superba (también superba en catalán), soberbia en español, ha sido siempre una ciudad, por su cualidad portuaria, relacionada con la inmigración y la emigración. Muchos se fueron de allí hacia la aventura en el continente americano en el XIX. También en los fenómenos de inmigración interna ha jugado un papel importante. Muchos italianos de las regiones del sur llegaban a través su puerto con la intención de encontrar trabajo en el norte industrializado. Recorriendo la ciudad, en las zonas menos céntricas, uno se da cuenta de cómo la inmigración sigue jugando un rol central en la urbe. La geografía es el telón de fondo de la historia. Desde las influencias lingüísticas del catalán de la época medieval en el dialecto genovés —“asno” en italiano es “asino”, en genovés “aze”; se pronuncia igual que “ase” en catalán— hasta el hecho de que, desde el 2015, Giovanni Toti, dentro una coalición con la Lega Nord, un partido con claras tendencias racistas y relaciones con Berlusconi, sea presidente de la región de Liguria.

La ciudad de Génova está también inextricablemente ligada al nombre de Fabrizio De André. El cantante está siempre presente mágicamente entre los callejones y los olores de la antigua ciudad. Se llega a Via del Campo, cantada y cristalizada en una famosa canción del cantautor genovés, e inmediatamente se ve uno involucrado emocionalmente en el encanto de la Génova de los dialectos, en la confusión de las personas que la pueblan. Via del Campo es el cofre del tesoro en la que vive la memoria de Faber, un microcosmos donde resuenan las más famosas baladas del contador de historias y donde se puede admirar, en el escaparate de una tienda de música, la guitarra famosa que utilizó De André en su último concierto, comprada a través de una subasta en Internet por casi 170 millones.

Ahora mismo escribo desde Génova, donde si respira un clima che porta alla contemplazione e alla riflesione. Una specie di pigricia che però stimola la creatività. Comiendo un bocadillo de tortilla en un bar, con vistas al puerto, me he empezado a sentir etéreo, un poco más suelto de lo normal. Los cuadros de la pared han empezado a tener como voz propia. Uno de Joan Maragall me ha dicho que “En amor succeeix això, que mig entendre una paraula és entendre-la més que entendre-la del tot”. Luego ha añadido que estaba en su viaje de novios y que venían con su mujer desde Niza. Yo he tardado unos cuantos bocados en descubrir que era la tortilla lo que estaba convirtiendo ese luctuoso desayuno eremita en una mañana más que interesante. Ustedes no van a creer que, cuando he levantado la mirada, mi sobresalto ha sido tal hasta el punto de soliviantarme. No entendía como el camarero era ahora Batman y que además me decía que “a veces la verdad no es suficiente, a veces la gente se merece algo más, a veces la gente se merece una recompensa por tener fe”. Su estupor, amigos míos, ante mi narración, a pesar de que seguro es digno de mencionar, no se acerca a mi asombro. ¿Cómo podía estar Batman trabajando si es multimillonario?

Desde la cocina, mientras yo seguía mascando ese bocadillo de tortilla misterioso, Fernando Pessoa gritaba que “O mytho é o nada que é tudo”. ¡Qué cosas más extrañas estaban ocurriendo! Luego, otro camarero pedía: “¡Dos de Wi-Fi!”

Aunque no me crean, les prometo que es la verdad. Sin embargo, soy consciente de que solo hay una cosa más difícil de creer que una mentira, y es la verdad. Un amigo portugués me contó que la verdad es una ilusión que existe.

Roc Solà

Història a la Autònoma de Barcelona. L’Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.

https://rocsola.wordpress.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *