Miércoles, Junio 28, 2017
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Las contradicciones consonantes de Unamuno

Uno de los poemas más conocidos de Manuel Machado fue el de Adelfos y en él se transmite la dejadez, el hombre sin voluntad, sin atributos. Temática que en cierta manera resume la alienación de este. Alejándose de ello Machado decidió dedicar ese poema a Miguel de Unamuno. Por eso su poética también merece ser comentada aquí puesto que el filósofo y escritor influyó bastante a los dos hermanos Machado. Aunque quizás es cierto que fue y es más conocido por su fama de filósofo y escritor de ensayos y novelas que por su faceta de poeta, su habilidad con la lengua y la palabra, le permitió triunfar en el ámbito de la poesía. Unamuno era muy crítico, en contra del modernismo sobrio. Si Machado rozaba el limbo entre modernismo y posmodernismo desde una aproximación al simbolismo idealista, Unamuno no llegó a tal extremo. Sus opiniones eran de mucha trascendencia en la época y devino un crítico feroz contra las palabras que sobran en la poesía. De hecho, constantemente lo manifestaba en sus prosas y versos.

A causa de ello el autor destacó en su poética por las rimas que utilizaba. Era contrario a la manera actual de aquel entonces de hacer poesía. Sin embargo eso lo llevó a contradicciones. Siguió sobre todo a los poetas con un estilo alejado de la poesía corriente, la de los partidarios al estilo libre. La poesía son imágenes y pensamientos y a Unamuno le sobraba la rima consonante. Busca la expresión en el paisaje, en el verso blanco. Confiesa llegar a escribir sonetos por el mero hecho de desarrollar un endecasílabo o una frase que le gusta, no sólo para ir más allá con un pensamiento o una sensación. Unamuno es contradictorio al ritmo externo y busca la posición opuesta a ello mediante el ritmo interior. El externo se centra en el recuento de sílabas y acentos y él quiere romper con eso. De tal manera no revela la función del ritmo interior. No obstante sí hizo explícita la importancia que le dio al contacto que hay entre la música y la poesía, naciendo de aquí su estilo. Prefiere que los tonos de expresión en los versos no estén vacíos, que se llenen de expresión y significado, que tengan más recorrido, más alcance.

Consideraba que el ritmo debía ser flexible, idóneo para que incite a pensar, a crear con la mente, que dé sus frutos la imaginación. Por ello es severo con los encabalgamientos y los usa como recurso que además se ayudan de la rima consonante. Ambas cosas son el sello de su firma, acción muy reconocible en su poética. Escondiendo aquí más de sus rasgos poéticos, puesto que incidió en ello con tal de romper con el ritmo antiguo, el cual le parecía que entraba en demasiadas ocasiones a la monotonía. Buscaba que el ritmo fuese “complejo y rico”, como él mismo afirmaba. A pesar de esto también aquí es en donde se pueden ver algunas de sus contradicciones.

Considera malo todo aquello que no es de su agrado, siendo bueno aquello que sí le gusta. Aparte tampoco deja tan claro, en eso del ritmo interno, qué es aquello que la buena poesía debería tener. Acaso se pelea en realidad con la libertad y la constricción, la anarquía y la disciplina, intentando innovar en el ritmo demasiado monótono que presentaba la poesía anterior a él. Su convicción estética es el verso endecasílabo como el que se debería usar con más asiduidad. No hace falta recordar que ante todas las formas en las que está en desacorde, las ridiculiza siendo firme a su convicción.

Unamuno no sólo estaba en contra del modo de formular los versos tradicionales que todavía de esta misma manera se producían en su época, sino que también se sentía insatisfecho por lo demasiado inflexible que resulta la lengua en la que escribe, el español. Consideraba un “tropiezo”, tal y como él matizó, versificar con tanta rigidez y se quejaba de ello públicamente. A su parecer el lenguaje literario debería ser distinto, no lo consideraba para nada práctico, cuando él en lo que más se detenía era en la pragmática de la lengua. Decía: “más ligereza y precisión a la vez”. Y aún así, aquí sí que se encuentra una pequeña coincidencia con los poetas y autores que comparten época con él, puesto que creen se debe apear al lenguaje literario de tanto énfasis en la retórica de finales del siglo XIX. La sentencia de Francisco Ynduráin “versos sin grandilocuencia, en tono menor, evitando los acompasados efectos de contrastes obtenidos por las amplias ramas de prótasis y apódosis, con el consiguiente juego de engarces sintácticos” recoge y resume la visión del poeta sobre la poética. Ynduráin se refiere a una concepción de Unamuno la cual, quizás instintivamente, localiza un punto de unión vinculado a ritmos y estructuras sintácticas. Es aquí donde se aprecia la antipatía del autor a las rimas de los versos del siglo XVI.

Al fin y al cabo, con el tiempo, Unamuno se deja vencer por la rima consonante. Aparentemente, los expertos objetan que en esa época estuvo el autor en crisis a la hora de versificar y por eso fue abandonando poco a poco la disciplina asonante. Asimismo no afirman que optando por la rima consonante y un poco más trabada, Miguel de Unamuno deje de hacer poesía de calidad. A partir de entonces, cuanta más poesía producía Unamuno, más versificaría consonánticamente, hecho del cual el propio autor se dio cuenta de ello. Él mismo afirmó que con la rima consonante quería que su estilo consonántico, cada vez más frecuente, “saliera denso pero fluido”. Desde allí, jugó mucho más con el recurso de la rima, para que mediante esta y con la ayuda de la palabra, resultara más sencillo concebir una idea. Con esto Unamuno experimenta un cambio de concepción total en la versificación. Es como si viera una nueva posibilidad en la rima consonante, de la que no se quejaría. Pasó de no utilizarla porque la veía peyorativa para cualquier poética, a usarla como un recurso más en su versificación, algo innovador. Consiguió así cierta rotura con su tradicional poesía. Interrumpió el flujo, el recorrido al que él mismo la llevaba, para tomar otra nueva dirección. Le dio ánima a algo que para él antes era inanimado; le otorgó la propiedad de respirar a un organismo sin sistema respiratorio; resucita una vida que él mismo había sepultado: la rima consonante.

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