sábado, diciembre 16, 2017
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La memoria a través del sexo, el entorno cultural y el vocabulario en “Si te dicen que caí” (Parte II)

El siguiente trabajo es un estudio de la conocida novela de Juan Marsé, Si te dicen que caí (1973), en la que se intenta describir cómo el autor barcelonés mediante distintos recursos literarios consigue tratar la memoria histórica. Debido a su extensión, ha sido publicado en dos partes. Publicamos la primera el 29 de junio.

Perversidad y confusión, una realidad mayor

Como dice William Sherzer, editor de Si te dicen que caí y gran conocedor de la narrativa de Juan Marsé:

La obra consiste en una combinación de ficciones dentro de la ficción mayor que es la novela en sí.

Del mismo modo en que más arriba comentábamos que de la pluralidad de voces surgen muchas realidades, las cuales a veces se complementan y a veces se contradicen, pero que a su vez, juntas, confluyen para crear una tercera realidad que es la que debe seguir el lector para comprender el hilo de la trama, Sherzer plantea algo parecido. Ficciones y ficciones componentes de una ficción mayor. Y aquí las fantasías sexuales se deben entender como la lectura de un momento ocurrido, o de algo que figuradamente podría ocurrir. En el sentido que deja a ver una nueva realidad, se produzca o no dicho momento, la cual deriva de la explicación del por qué cierta circunstancia en un momento determinado puede suceder.

Se puede encontrar en Si te dicen que caí una continuidad entre los anteriores estilos utilizados en la obra de Marsé. Si Java, por ejemplo, manifiesta cierto anhelo en cuanto a un ascenso a su condición social, en Últimas tardes con Teresa se detectan diversas fantasías sexuales que presentan el deseo del protagonista de incorporarse a un sector de la sociedad del cual no forma parte. Traza pues, Marsé, unas líneas que se pueden seguir en concretos acontecimientos de cada una de sus novelas, para no despegarse de su voluntad crítica, sin dejar de lado el realismo social. De la represión sufrida por la clase burguesa, surge la perversidad como alivio individual de los personajes, frente a la sociedad en la que les ha tocado residir. Entonces hay que ver en la burguesía el carácter antagonista que le corresponde en la narrativa de Marsé, anterior a Si te dicen que caí.

Sin embargo, en esta novela el autor rompe en su estructura respecto a las anteriores. En cierto modo relativista, o enfocada desde el perspectivismo, lo que hacen la suma de las distintas voces de los personajes es crear confusión. No obstante, este hecho es una sensación creada a propósito, que de nuevo surge del contraste entre voces y de la creación de una nueva realidad a través de la convergencia y divergencia de ficciones menores. Un día sucede una cosa y otro día una de nueva. Los personajes se someten a una constante confusión puesto que es uno de los símbolos del momento histórico vivido el cual Marsé no quiere pasar por alto.

Partiendo de que la novela está estructurada por las aventis y múltiples narradores, el cambio de narrador permite así cambiar simultáneamente de escena y de época. El mejor ejemplo para ello son los capítulos 11, 14 y 17, en donde el Tetas, Sarnita y Java hablan respectivamente con el camarada, rompiendo con el estilo y la tenue del discurso de la novela.

Léase la infancia en el barrio como una estructura compleja, en la que hay muchas historietas que contar. Se borra así la línea imaginaria que divide realidad y ficción en la novela debido a las aventis. El destino de esta trayectoria desemboca a un parámetro en el que nadie distingue qué es realidad y qué es ficción. Es por ello que de aquí se alimenta también la confusión, mientras que la diversidad de voces le permite al autor tocar muchos temas.

Esta aclaración de perversidad y confusión juega de nuevo al contraste de ficciones menores que crean una de mayor como bien explica Sherzer. Mientras que por un lado dicha perversidad puede ocasionar ciertas circunstancias de confusión, con sus debidas connotaciones ya especificadas, la confusión pude llegar a contradecir ciertas fantasías sexuales para crear de nuevo la realidad que interesa al autor. El anhelo de ascenso social, en un entorno de confusión referente al momento histórico.

El triángulo memoria: sexo, entorno cultural y vocabulario

La memoria en esta novela de Marsé es tan relevante por ser uno de los temas principales, aparte de un camino para llegar al mensaje final. Solo hay que fijarse en las primeras páginas para darse cuenta de que desde el principio ya muestra sus cartas. El autor introduce un camino que estará lleno de referencias al pasado con la intención de que esto dé fuerza para aprender a conducir el presente hacia el futuro. Creo que uno de los mensajes extraíbles del texto es que se debe olvidar el pasado, sin dejar que se pierda en el olvido, para conseguir vivir en el presente. Es decir hay que mantener el recuerdo de lo ocurrido en la memoria, pero se ha de vivir en el día a día.

Habla de bombas agazapadas en la hierba y en los escombros de la ciudad que estallarán muchos años después, de venenosos escorpiones que sobrevivirán a estas ruinas y de imborrables tatuajes y cicatrices en la piel de la memoria.

Como ya hemos explicado anteriormente, si entendemos la memoria como una molécula, sus elementos son el sexo, el entorno cultural y el vocabulario. Pues no se acaba aquí y todavía hay más, ya que a estos tres elementos los podemos dividir cada uno en tres más. No habrá que entender entonces cada nuevo apartado como unidad fija, sino que son solo distintas escenas en la novela que comparten, en esencia, alguno de los tres términos que forman el triángulo de la memoria.

Cuando se habla en la novela de prostitutas y fulanas, del hecho de jugar a médicos o de pajilleras (mujeres que en cierto modo abarcan una dimensión distinta a la de las prostitutas), se consigue hacer referencia al pasado mediante el sexo. Se explica y contextualiza en cada una de las distintas ocasiones como se llevaban a cabo dichas situaciones, en qué momento aparecen estas personas, qué papel tienen en la sociedad, dónde se las encontraba, o quién era asiduo de tales prácticas.

Desde recordar un hecho que marcó al autor como por ejemplo el negocio ilegal de prostitución infantil,

-¿El sitio es de confianza? -Del todo. Niñas de trece años.

a la descripción de ese lugar, de las personas que podían acudir a ese tipo de locales. La cuestión es que además de describir un ambiente de prostíbulos y en cierto modo el funcionamiento de los locales, también describía el colectivo de gente que se recomendaba a dónde ir etc.

En la placa de la puerta se leía Academia de Corte y Confección. Un piso profundo y oscuro de la calle Bailén con resonancias de máquinas de coser y risas de muchachas, piar de pájaros en jaulas y un resol de púrpura de ensueño en la galería de cristales ciegos.

Además en las escenas que Java y Sarnita se llevan a las chicas del barrio en el sótano de la parroquia, engañando a Amén y el Tetas mientras les hacían creer que ensayaban para la representación de una obra de teatro, se aprecian también aquí connotaciones sexuales que sin embargo no tienen demasiado que ver con la prostitución. Allí los chicos tocaban a las chicas y las amenazaban de forzarlas en caso de que ellas no contaran algo que se les preguntaba. No obstante las pajilleras tenían otro estilo, muchas veces escondidas en las salas de los cines, sus clientes ya sabían dónde encontrarlas.

El acto sexual a cambio de dinero, el forcejeo a pesar de la excusa del juego y el hecho de tocarse en los cines cumplen las tres acciones un rasgo común que las caracteriza: el sexo. Y a pesar de que este sea el sustantivo para dicha categoría, en realidad más que sexo en sí, lo que se da a ver en la novela es la circunstancia, el momento, la ocasión, el fin práctico. El recuerdo de las situaciones en las que se producían estos actos que perdían toda su nobleza por el hecho del momento histórico que se vivía.

Otro de los vértices del triángulo comentado es el entorno cultural. Si se han dividido en tres tipos las escenas con acciones sexuales, se hará lo mismo con las dos categorías restantes. En el ámbito de la comunicación, por tanto de la cultura, detectamos referencias a canciones (como el mismo título de la obra), la mención de películas y cómics y de cuadros. En este caso, más que haber de imaginar cómo y en qué circunstancias sucede algo, de la manera que sí debe hacer el lector en las escenas que define la categoría anterior, de aquí se extrae explícitamente una fecha concreta que sitúa un momento en una época.

Tanto las canciones, como los héroes de los cómics y las películas, o bien los cuadros, salen un día a la luz, de modo que les acompaña esa fecha a lo largo de su historia como si fuera la de su nacimiento, reconociendo entonces la de su publicación. Eso, por tanto, si la trama de la historia es una descripción de la realidad sin falsearla, comporta que al aparecer alguno de estos elementos referentes al entorno cultural, se esté ubicando la acción en un periodo de tiempo preciso y concreto.

Juanita se estremeció. Su cabeza, con los ojos vendados, se irguió un momento como si hubiese captado una señal en la noche, más allá de la música de grillos y orquestas. Los altavoces de la calle más próxima soltaban una voz nasal de vocalista: el mar, espejo de mi corazón.

En la edición de Ana Rodríguez Fischer y Marcelino Jiménez León cuentan en la nota a pie de página de este fragmento citado que su última frase es un verso que pertenece a una canción popular mexicana publicada en 1939. Dice además que se hizo mundialmente famosa y que la recoge Manuel Vázquez Montalbán en su Cancionero general del franquismo, 1939-1975.

Viene de perlas, pues, el sujeto de Vázquez Montalbán para acabar de entender la relevancia de las referencias a tantas y tantas canciones que Marsé incluye en Si te dicen que caí. El Cancionero de Montalbán no sólo recoge la canción citada en este trabajo sino que se refieren a este los editores en más de tres y de cuatro ocasiones en las notas. Hay una anécdota que cuenta cómo Marsé dejó los estudios porque en el instituto tenía más rezos, plegarias y cantar el Cara al sol que lecturas obligatorias. Por eso creo que es importante el papel que le da a cada mención al himno de la Falange, como también es importante ver los mensajes que los músicos lanzaban a través de las letras de sus composiciones.

Mientras que en la música el sentimiento de recuerdo es quizás un tanto más divisorio en cuanto a los que sí están a favor de ciertas canciones y los que no, en el cine y en los cómics es ya casi algo más personal del autor. Marsé ha explicado más de una vez la influencia que recibe de Fumanchú y diversos héroes ficcionales del momento, o bien que tuvo la suerte de poder asistir gratuitamente al cine en su adolescencia, siendo ambos hechos de gran relevancia en su formación intelectual y literaria. Era su más puro entretenimiento y el hecho de hacer aparecer todos estos recuerdos en la novela creo que es muestra de homenaje a todo lo que significó para él. Sin embargo, el uso memorialista que tiene en la obra no es sólo el carácter autorreferencial que anteriormente hemos comentado, sino que a su vez señala explícitamente en qué condiciones se encuentra el entorno cultural que le rodea.

Bailaba, dijo, con uno que llevaba pantalón bombacho, un tal Sergio, que Java conocía de venderle novelas de Doc Savage de segunda mano.

Tanto las canciones como los cómics y las películas, conceden al autor un amplio abanico de recursos que le permite hacer muchas y muy diversas referencias según en la situación que considere este conveniente. Es por ello que incluso se hace difícil mostrar concretamente un ejemplo el cual englobe todas las referencias hechas mediante canciones, cine, cómics o cuadros. Llega a unos parámetros inabarcables para resumir con una o dos citas. Sin embargo queda evidente que actuando de modo distinto a las acciones sexuales, se apoya del recuerdo y el pluralismo de voces (que en este caso también de menciones) para tocar desde aquí el recuerdo y los tiempos pasados.

Es un dormitorio alumbrado con luz de gas, hay un viejo biombo con podridos querubines y nacaradas nubecillas desconchadas, prendas femeninas tiradas en el diván, pesadas cortinas color miel y, bajo sus pies temblorosos, la gran alfombra con un borroso amanecer en la playa y unos hombres antiguos y lívidos maniatados junto a un fraile capuchino. Los van a fusilar, piensa, y entonces ve la espalda desnuda de una chica sentada al otro lado de la cama.

El tercer elemento del triángulo se manifiesta constantemente y también da para muchas referencias pero en este caso son quizás más concretas. Aquí el tridente de subcategorías son palabras acortadas, catalanismos y expresiones juveniles. Y aunque es cierto que quizás las abreviaturas tiene rasgos del lenguaje juvenil: fermi (formidable), aventi (aventura), peli (película), etc., por el simple hecho de que el sustantivo aventi sea una palabra acortada, creo que merece para esta sola su apartado. Mediante las aventuras que se cuentan entre ellos los niños, especialmente Java y Sarnita, básicamente se estructura la obra tal y como se ha contando aquí anteriormente.

Por tanto la aventi es sin duda un elemento que también sirve al autor en esa especial fórmula que debemos recordar el pasado. La memoria es una constante en la novela y en la aventi, pero de seguir por aquí el discurso en primer lugar se haría demasiado extenso y en segundo lugar deberíamos tratar muchas más características de estas que no se atañerían al uso de la memoria que en este trabajo se pretende destacar, y a su vez describir, a pesar de que sea muy por encima.

En todas las caras bailaba la luz amarilla del cirio que ardía en medio del bidet, clavado en su propia cera derretida. Hosti, Juanita, eres fermi, dijo Mingo, no creí que aguantaras tanto.

Me viene fantástica esta cita aquí para enlazar con los catalanismos. El “hosti”, que pronuncia Mingo, es típico catalán que a su vez no deja de ser una abreviatura de hostia, aunque esto ya no sea tan juvenil. Los catalanismos en la obra hay que entenderlos como algo natural en los personajes. A pesar de que Marsé seguramente colocó a la gran mayoría de estos a conciencia, gracias a este recurso se consigue un contraste de vocabulario muy interesante que a su vez tiene un tono muy realista.

En Cataluña, como en toda España, se impuso el habla castellana durante el periodo de dictadura. De manera que eso implicó en los años de posguerra que los catalanismos aparecieran solos, como las setas en el bosque o como las canas en los hombres savios. Asimismo la dificultad en el dominio del leguaje castellano es bien obvia, debido al bajo índice de escolarización del primer tercio del siglo XX. Creo que Marsé escenifica de manera brillante este hecho y simultáneamente no deja de ser otro recurso de carácter memorialista: de la imposición de la lengua derivan, los catalanismos. Hecho que no sería quizás tan exagerado en un contexto que no fuera el de una dictadura.

Adiós, hermano, buen viento

En este caso se traduce literalmente una frase hecha del catalán al castellano, de modo que en realidad se debería deshacer de todo significado para el lector no conocedor de la lengua catalana. No obstante también utiliza expresiones como merder, collons, etc. Para acabar pues con las expresiones, solo queda el lenguaje juvenil:

-Frena, Sarnita, frena. –Qué remanguillé tiene la niña, no digas que no.

Marsé considera la palabra remanguillé un sinónimo de revolcón, aunque en realidad derive de remango y este no sea su significado. Al fin y al cabo este era el habla de los chicos y los muchachos de la época. En las notas de la edición Cátedra más nueva de esta novela se cita a Marsé diciendo: “esta chica tiene remanguillé”, decíamos los chavales. Otra de las expresiones juveniles, o de juegos léxicos puede ser el siguiente:

Si aquello le gustaba, si se reía con nosotros, si hasta para hacerle pasar el miedo jugábamos a adivinar nombres de películas: un fulano que va por la calle y desde un balcón le cae una braga y lo matan, ¿cómo se llama la peli, Susana? Bragada criminal, ja, ja.

Tal y como cuenta Rodríguez Fischer y Jiménez León en las notas de su edición: “Brigada criminal es una película de 1950 dirigida por Ignacio F. Iquino”.

En ambos casos citados lo que se hace explícito es la joven edad de los protagonistas de la obra, de modo que después de todos los recursos ya explicados en cuanto a la contextualización del argumento en el momento histórico, el hecho de aparecer personajes juveniles no es más que una demostración de otros puntos de vista, otra de las múltiples perspectivas que anida la novela.

Explicada, pues, la composición de cada uno de los elementos que a mi modo de ver constituyen el recuerdo de la memoria histórica, se dibuja un camino desde el cambio estructural de la novela al triángulo de conceptos.

Romper frente a su estilo anterior, no deja de ser metáfora de dejar atrás el pasado. Sin embargo, la continuidad a nivel sociopolítico que sí se detecta en la novela, simbólicamente, se puede entender como el recuerdo memorialista. Comparar el símbolo de la memoria en el estilo de la obra y en su argumento, visto así no distan tanto uno de otro.

La perversidad en Últimas tardes con Teresa, que también continúa en Si te dicen que caí, es una de esas líneas trazadas que actúan como conectores. Léase en el mismo tono metafórico, olvidar el pasado, sin dejarlo perder en el olvido, valga la redundancia. Hace falta recordar el ayer sin que este se imponga en el hoy. Es decir romper con todo lo que pudo haber sido antaño, para demostrar que, si el recuerdo se puede contar, esas décadas de sufrimiento no fueron una guerra perdida. Es la historia contada por el bando oprimido. Las acciones sexuales, el entorno cultural junto al vocabulario de los personajes y la narración, tan solo son algunos de los síntomas que evidencian el recuerdo. Trata la memoria desde muchos puntos de vista, en un camino de inalcanzable horizonte, que al paso de los años encontró su destino.

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