Miércoles, Agosto 23, 2017
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La madre de familia y el amo de casa

El feminismo no es un asunto sólo para mujeres, o una pelea por cambiar una región particular de la vida, sino también un modo de hacer política que atiende a la extensión de la justicia, la igualdad y la democracia en la vida cotidiana. (Marina Montoto)

Partiendo de que vivimos en una sociedad irrespetuosa por defecto, pensar que es posible llegar más lejos en temas de igualdad entre sexos es una motivación para continuar con la lucha de las y los feministas. A mi modo de ver el feminismo tiene que superar principalmente dos batallas. La primera es que en lo institucional las mujeres cada vez más vayan asumiendo altos cargos de responsabilidad y, en segundo lugar, que los hombres se sientan partícipes de este movimiento. Sabemos, por supuesto, que el feminismo no es el antónimo de machismo. Mientras que el machismo antepone los intereses del hombre a las mujeres y las oprime, el feminismo pretende alcanzar la igualdad entre sexos. Es, pues, una tarea fundamental por parte de los hombres sentirse identificado con el feminismo puesto que a pesar de que etimológicamente el término derive de fémina o femenino (fácilmente malinterpretable por las semejanzas entre macho/machismo), el leit motiv de dicho movimiento social, insisto, es la igualdad entre sexos. No obstante la respuesta a estos dos puntos planteados no es tan sencilla de determinar. ¿Cómo se consigue que una mayoría social luche a favor de la igualdad entre las gentes de este planeta a pesar del sexo de unos y de otros? Hace falta que el movimiento seduzca para construir un nuevo eje hegemónico desde las instituciones, pero la losa que cargan las feministas en la espalda es muy pesada.

Hegemonía y género

En toda construcción política se da una construcción antagónica. El feminismo no solo no se opone a la hegemonía sino que en muchas ocasiones forma parte de ella. La hagemonía marca ese espacio que es la corrección política. Solo se determina cuando la hegemonía ya ha estado conquistada. Es entonces, pues, cuando hay que orientar el sentido para transversar los horizontes hegemónicos colectivos. Sin hegemonía, muchas transformaciones significativas pasan desapercibidas. Asimismo. es necesario partir desde posiciones contrahegemónicas para conseguir precisamente la condición hegemónica. El feminismo produce hegemonías cotidianamente. En un entorno hegemónico, las identidades se conformarían en el interés político; eje irrenunciable.

Sin embargo, el vocabulario nos demuestra como en realidad dicho eje hegemónico antes tratado no es más que una hipótesis. El lenguaje, por ejemplo, demuestra a través de los géneros cómo se antepone el hombre a la mujer. La construcción social que ello supone la tienen hombres y mujeres tan arraigada que a muchos les parece coincidencia que el género neutro use la misma partícula que el género masculino. Las palabras producen realidad social, por eso está bien subvertir el lenguaje y atreverse a usar tanto la forma masculina o la femenina para referirse al género neutro. El género neutro en la forma masculina construye identidades y en consecuencia propicia pensar de modo paternalista. Hay que impulsar modelos democráticos y hacerlo de forma audaz y perseverante. Unos mandatos de género fuertes y además delimitados. No hay absolutamente nada de orden natural en esto. El género neutro, por supuesto, es una construcción de estado y de orden político. A veces criticar esto es como gritar en el desierto y esperar que alguien te oiga, pero lamentablemente esta visión del género neutro está integrada en la vida de las personas.

Micromachismo y macromachismo

No creo que el término micromachismo sea un concepto bien acuñado. Dicen que, por un lado, este está en las relaciones, en el sexo, en la cultura y que, por otro lado, el macromachismo está en la política y en las instituciones. Vivimos en una sociedad machista y el micromachismo debería entenderse como machismo cotidiano. Lo grave es que demasiados y demasiadas jamás llegan a comprender cuánto hay de natural o de construcción social en las costumbres de las personas. Es entonces cuando se asumen roles entre sexos completamente arbitrarios; ama de casa y padre de familia y no amo de casa y madre de familia.

Esto conlleva a la visión determinada de los sujetos contingentes que tienen que partir de las experiencias concretas de las mujeres para poder crear sus exigencias. Dentro del feminismo hay confrontación y el sujeto universal de las mujeres expulsa a muchas mujeres de sentirse identificadas. El cánon de persona con derechos parece que sea hombre, con poder, blanco y hetero sexual. Hay que romper con esto y dejarlo atrás porque no a todas les aprieta el zapato por el mismo lado. En suma, no hay que ir multiplicando necesidades o sujetos para la causa feminista, sino que es la propuesta de donde nos situamos para pelear por el discurso feminista. La clave es disponer de capacidad para buscar sus deseos y sus necesidades. Pero claro, aquí también juega el papel de la propia subjetividad. ¿Cuántas son las posibilidades de identificación de una propuesta feminista concreta?

La importancia de utilizar los significantes vacíos es para utilizar la cadena de equivalencias en lo social y en lo político para crear una identidad feminista. Al fin y al cabo, la mayoría de decisiones se toman fuera de la soberanía popular. Se requiere devolverla al pueblo, es una necesidad. Las gentes son algo más que personas encarnadas en cuerpos. Si no hay soberanía sobre nuestros propios cuerpos, esto imposibilita al pueblo la posibilidad de constituirse en un ser completo y abstracto. Hay que extender el concepto de democracia. Extenderlo a lo que es el ámbito privado de cuidado. Significantes vacíos que se deberían de llenar de contenido y así radicalizarlos.

Prácticas que suponen riesgos, pero también valentía. Sin embargo esto requiere más discusión. Cierta normalización de la violencia se está aceptando y esto propicia la impunidad social. En una sociedad democrática no puede haber muertes por relaciones de dominación. Es necesaria una dosis bien alta de igualdad. Hay que radicalizar el concepto para que tenga operatividad en el consenso social. El feminismo no es conciliador con ninguna agencia liberal sino que debe proponerse como un proyecto emancipador. Hay que articular distintas luchas en la centralidad del tablero a través de propuestas concretas y transitorias en un proyecto más general para contrahegemonizar.

Si el feminismo teoriza desde la perspectiva de la igualdad, pero desde los ejes de contradicción, no hay que ser tolerantes. Esto implica unas limitaciones y unas dificultades. Ahora sí, con todas las mujeres. No tiene cabida la no aceptación de una actitud así. Las nuevas institucionalidades complementadas con la organización ciudadana en las calles es el derecho común por el que hay que actuar frente a lo que plantea el neoliberalismo.

No puede ser que se entienda a las mujeres como unos sujetos situados que no están en la historia. Cuando se pone de relieve que se tiene cuerpo, por prácticas y actuaciones, los sujetos son resultados del poder. Hay construcción por la lógica liberal masculina que constituye a los sujetos por costumbres, lenguajes, identidades, etc., ocultado por la ideología liberal idealizada por el capitalismo. Hay identidades construidas y constituidad. ¿Pero dónde y cómo se constituyen los sujetos? Creando lugares femeninos. Por ejemplo, ¿lengua materna por qué? Denominarlo así es un espacio prepolítico. Hay que poner a relieve que a quien nace le falta tener en común una lengua generada en un espacio invisible, el que no miramos desde la política.

Construir identidades plantea distintas acciones para construir un sentido común contingente hegemónico que excluye identidades. Sabemos que las identidades se construyen, pues hay que construir la hegemonía en la que remodelar el sentido común, sin tener un pie en él ni saber cómo es. Como explica Clara Serra, es importante un desplazamiento tectónico en el sentido común a través de puntos de partida que lo han transformado y cambiado.

La teoría hegemónica nos explica qué hay que articular y construir. Por eso también hay que saber diferenciar: ciertas demandas feministas no son hegemonía porque no son del todo aceptadas. Hace falta ligar muchas más equivalencias para intentar asumir un sentido común. Hacer una relación de amigo-enemigo en las demandas propiamente feministas. Hay que desplazar al enemigo.

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