Lunes, Junio 26, 2017
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Hacia una teoría del deporte

Hacia una teoría del deporte – Luis Javier Ruiz Cazorla

 

Profesor y Doctor en Ciencias de la Educación

 

“…en  un mundo donde hay tanto para criticar ¿por qué se ha vuelto tan difícil producir  una  teoría  crítica?  Por  teoría  crítica  entiendo  toda  la  teoría  que  no reduce la “realidad” a lo que existe. La realidad, cualquiera que sea el modo en que la concibamos, es considerada por la teoría crítica como un campo de  posibilidades  y  la  tarea  de  la  teoría  consiste  precisamente  en  definir  y valorar la naturaleza y el ámbito de las alternativas a lo que está empíricamente dado.”

De Sousa Santos, Crítica de la razón indolente. [1]

 

1.El Gran Relato del Deporte Moderno

Como paso previo a mi exposición considero importante aclarar la hipótesis de la que parto a nivel epistemológico para la construcción de una Teoría Crítica del Deporte. Como decía en mi trabajo anterior[2], el eje central de mi investigación lo constituye el cuestionamiento de lo que yo denomino Concepción Heredada del Deporte Moderno, que bajo la forma de un Gran Relato de la Modernidad se originó en el siglo XIX, intrínsecamente vinculada al Olimpismo Moderno y su sistema de ideas.

Un Gran Relato sobre el Deporte que en poco más de un siglo se ha extendido como una religión por todo el mundo dando lugar a un modelo deportivo institucionalizado, de competición y espectacular, de enorme éxito en su dimensión comercial pero fracasado en las pretensiones emancipadoras con las que ha pretendido legitimarse, por fomentar la corrupción y las desigualdades políticas, económicas y sociales.

El modelo deportivo, con sus ideologías, mitos, creencias, valores, etc., se ha instituido además como paradigma hegemónico tanto en la epistemología académica de las Ciencias de la Actividad Física y el Deporte (CAFD) como en las Representaciones Sociales (RS) del mismo que circulan en los medios de comunicación y en la vida cotidiana. Lo podemos apreciar a diario en los enunciados sobre temas deportivos que aparecen en los medios audiovisuales, prensa y redes sociales. No sólo del establisment deportivo y de su intelligentsia, sino también de intelectuales o políticos  que se presentan como ‘agentes del cambio’, manifestándose de manera crítica frente a los ‘males’ generados por el deporte (corrupción, dopaje, elitismo, violencia, machismo, exclusión social, etc.) pero que no dudan en cantar las excelencias de la competición deportiva (celebrar los records, glorificar a los campeones/as, elogiar las técnicas del alto rendimiento, el esplendor de los grandes eventos, etc.) o en recurrir a la real polytik para eludir los retos de un cambio real del modelo deportivo.

Todos en suma vienen a conformar una impresionante y arrolladora legión de adoradores del Deporte que sucumbe dócilmente a la falsa conciencia y a los cantos de sirena de un modelo deportivo entregado a los mercados y al neoliberalismo más salvaje que domina el paisaje mundial. Una legión de incondicionales en definitiva que contribuye al mantenimiento de una maquinaria deportiva excluyente y generadora de desigualdades en lo social, creadora de una falsa conciencia en lo político, abierta a las prácticas especulativas y corruptas en lo económico, destructora de prácticas lúdicas y corporales en lo cultural, o que ante la celebración de cualquier gran evento deportivo no duda en banalizar la injusticia social o las violaciones de Derechos Humanos.

 

2.Aproximación al Deporte como objeto de estudio

Para entender mejor el actual MODELO DEPORTIVO y sus implicaciones epistemológicas e ideológicas podemos recurrir al concepto de PARADIGMA utilizado en las Ciencias Sociales. Tal y como lo introdujo en 1962 el teórico de la ciencia Thomas Khun, con su obra ‘La estructura de las revoluciones científicas’, incluía dos sentidos. Por una parte, significa toda la constelación de creencias, valores, técnicas, etc., que comparten los miembros de una comunidad dada, en nuestro caso la del campo deportivo. Por otra parte, denota una especie de elemento de tal constelación, las concretas soluciones de problemas que, empleadas como modelo o ejemplo, pueden remplazar reglas explícitas como base de solución de los restantes problemas de la ciencia normal[3]. Interesa destacar de esta definición dos rasgos, el del contenido del paradigma, entre los que me referiré especialmente a los themata (plural de thema), y el de la manera en que el paradigma, con sus themata, condiciona la búsqueda de soluciones concretas a los problemas que se dan en el campo deportivo.

El concepto de thema puede ser muy útil para estudiar la relación del deporte con la cultura, la política y la sociedad. Fue acuñado en la década de 1950 por el historiador de la física Gerald Holton para referirse a los conocimientos irreflexivos o inconscientes, escasamente cuestionados, que utilizan los científicos sin darse cuenta, y que son fundamentales, precisamente, para hacer ciencia[4]. Serían aquellos prejuicios fundamentales, de una índole estable y sumamente difundida, que no son directamente resolubles ni derivables a partir de la observación y del raciocinio analítico. Es decir, atributos que no se ven pero sí se sienten o se inventan y que se asumen como si fueran verdades y formaran parte de la realidad para poder construir el conocimiento.

Como advierte Holton “…esos themata no se restringen simplemente a su uso en el contexto científico, sino que parecen proceder del campo menos especializado de nuestra capacidad general imaginativa”.[5] Para el presente trabajo lo utilizo con el sentido que se emplea en la Teoría de las RS es decir, como contenidos nucleares de las RS del Deporte, en principio de carácter potencial, pero que son desplegados en contextos específicos, como el político, el educativo, el intelectual o el mediático, para elaborar contenidos reales de las RS del deporte. Su carácter nuclear en el contenido de las RS los hace resistentes al cambio social,[6] y sus enunciados se mantienen invariables a pesar de ser desmentidos una y otra vez por las prácticas sociales, como ocurre con el thema del ‘fair play’, presentado como factor esencial del deporte.[7] que es cuestionado por la frecuencia y extensión del dopaje o por los escándalos de amañamiento de partidos.[8] Otros ejemplos son el del thema de la ‘neutralidad’ del conocimiento sobre el deporte, o el de la recurrente ‘asepsia política’ del deporte que defiende una supuesta ‘pureza’ ideológica del deporte y que es esgrimida por dirigentes políticos y deportivos cada vez que el sistema deportivo es cuestionado por su indiferencia ante las violaciones de los DDHH o por la connivencia con sistemas políticos totalitarios como ocurrió en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008.[9]

Las aportaciones de Khun sobre los paradigmas en las Ciencias Sociales han sido posteriormente desarrolladas, ampliadas y enriquecidas con las aportaciones de otros teóricos que también he tenido en cuenta en mi desarrollo teórico. De estas aportaciones quiero destacar dos de manera especial.

En primer lugar, la ya mencionada Teoría de las Representaciones Sociales formulada por Serge Moscovici [1961] (1979) en su tesis doctoral “El psicoanálisis, su imagen y su público” sobre las RS del psicoanálisis en Francia, que nos ofrece un marco teórico para comprender los procesos por los que esos prejuicios fundamentales y teorías implícitos en el paradigma pasan a formar parte del conocimiento del sentido común.

En segundo lugar, las aportaciones del filósofo Edgard Morín y su Teoría de la Complejidad de los objetos sociales, que concede al paradigma un papel clave en la configuración de los sistemas de ideas al funcionar como principios organizadores del conocimiento que controlan de forma imperativa y prohibitiva la lógica de los discursos, pensamientos y teorías.[10]

 

3.La complejidad del fenómeno deportivo

En ningún otro momento de la historia, el deporte y los JJOO como su mayor y más espectacular expresión, han estado tan profundamente arraigados en nuestra cultura globalizada y han gozado de tanta popularidad como en la actualidad. Configurado y difundido por poderosas instituciones nacionales e internacionales, COI, FIFA, UEFA, gobiernos, federaciones, clubes profesionales, etc. El Deporte, en su modelo profesional y espectacular, ha conquistado el planeta en un tiempo relativamente corto, el que va desde finales del siglo XIX, en plena Modernidad, hasta el actual contexto posmoderno de revolución digital y tecnológica. En dicho período se ha producido la mundialización de un modelo uniforme de práctica deportiva difundido desde el mundo occidental anglosajón. Todos los deportes descansan sobre una lógica de funcionamiento similar: una lucha entre oponentes por un valor escaso, la victoria; una base ideológica cuyo núcleo central es la meritocracia competitiva y, finalmente, unas consecuencias sociales derivadas de una jerarquización de resultados que conduce a la clasificación de los participantes. El éxito comercial de dicho modelo no deja lugar a dudas como prueban la omnipresencia del deporte en los medios de comunicación, el incremento constante de consumidores y espectadores interesados por los grandes eventos deportivos, o más notablemente las cifras macroeconómicas que se manejan en el lucrativo sector del deporte.

Esta relevancia económica del Deporte así como sus implicaciones políticas, sociales y culturales en el contexto de la posmodernidad lo ha ido configurando como un fenómeno social cuya naturaleza compleja no se ha visto correspondida por el tratamiento que se le ha dado y se le da, desde el campo de las CAFD. Por eso mi estudio parte de dos consideraciones fundamentales sobre el deporte como objeto de conocimiento. Por un lado, de su complejidad como fenómeno social y por otro de la necesidad epistemológica de responder a dicha complejidad desde una estrategia dialógica y transdisciplinar (psicosocial, filosófica, histórica, antropológica, lingüística, económica, política, etc.).

Una aproximación compleja y transdisciplinar implica aproximarnos al conocimiento del deporte, desde un diálogo crítico, que contemple las aportaciones que diversos autores y corrientes teóricas han realizado al estudio de los fenómenos sociales. Se traduce en una diversidad de perspectivas entre las que se pueden destacar:

 

  1. A) La consideración del Deporte como un sistema de ideas, como producto y como proceso cultural; el análisis de sus RS; B) el estudio de las prácticas discursivas de la intelligentsia deportiva en el marco de la comunicación social; C) la atención a su función social, política y económica; D) y especialmente, el rol del deporte en los procesos de influencia social, desde el control a la desviación, o desde el mantenimiento al cambio social.

 

Como fenómeno sociológico, la influencia social [11] real del deporte ha sido tradicionalmente ignorada en el campo deportivo, más preocupado en difundir una RS del deporte idealizada y abstraída de sus condiciones políticas y económicas de producción. Admitir la existencia de la influencia social no implica una concepción determinista de los fenómenos sociales ni tiene porqué significar que el hombre sea víctima de los flujos y reflujos sociales, ni que ésta tenga que expresarse a través de algún tipo de coacción o imposición directa. De hecho, y muy especialmente en el campo deportivo, lo habitual es que la influencia social se lleve a cabo mediante sutiles métodos persuasivos, como los que apelan a las virtudes humanistas del deporte, desde un discurso universalista y esencialista sobre los valores sociales o culturales del deporte. En muchos casos, como advierte Canto Ortiz la dificultad de percepción de dichos procesos es el mejor signo de su eficacia[12].

Se trataría pues de adoptar una diversidad de perspectivas, o de ‘miradas’ como diría Donna Haraway (1995)[13], que en mi opinión son complementarias y necesarias para la comprensión del deporte en su complejidad. Un ejemplo de dichas perspectivas, es el enfoque que propone J. B. Thompson[14] desde la antropología cultural cuando analiza el papel de la comunicación masiva en la cultura moderna. Aplicado al deporte implicaría considerarlo como un medio para la reproducción de las ideologías que engloba valores, prácticas sociales y creencias propios de la cultura en la que se desarrolla. Nos permitiría ver el deporte como una construcción simbólica en relación con contextos y procesos socialmente estructurados e históricamente específicos. Su análisis no debería reducirse pues, como se ha venido haciendo en los estudios tradicionales sobre la dimensión social del deporte, a un enfoque desde la contemplación y la admiración de las acciones, objetos y enunciados significativos, sino que debería ir acompañado de un análisis de las relaciones de poder en las que éstos se ubican y de una reflexión sobre nuestro propio conocimiento, nuestros discursos y sus consecuencias sobre dichas relaciones.

Sobre sus efectos en el ámbito de las CAFD también se debería tener presente que, como decía Bourdieu, el campo científico es un campo como cualquier otro, “…con sus relaciones de fuerza y sus monopolios, sus luchas y sus estrategias, sus intereses y sus ganancias, pero donde todas estas invariancias revisten formas específicas”.[15] En definitiva se trataría de realizar una aproximación compleja, para poder abordar el estudio de fenómenos sociales complejos, como lo son el Olimpismo y el deporte en general.

 

4.El análisis de los discursos sobre el deporte

Dos pasos imprescindibles en la metodología de estudio del fenómeno deportivo en el mundo actual son, por un lado el análisis del discurso de los miembros de las instituciones deportivas, de sus comunicaciones públicas y  de los documentos institucionales, y por otro la confrontación de dichos discursos con los hechos históricos y las prácticas sociales de las instituciones y agentes deportivos. El análisis del discurso posee una larga tradición en las Ciencias Sociales donde el énfasis en el lenguaje ha constituido precisamente uno de los rasgos característicos del pensamiento posmoderno. Además de Wittgenstein y su teoría sobre los juegos de lenguaje[16], otros autores  como Michel Foucault[17] o Jean-François Lyotard[18]  han realizado aportaciones importantes en este campo. Lyotard, por ejemplo, reflexiona en torno al concepto de la diferencia en el ámbito de la filosofía del lenguaje. La explicación que proporciona Lyotard de la sociedad se inscribe en el acento que pone sobre la importancia creciente del lenguaje en la sociedad actual, especialmente en los actos de habla y, dentro de éstos, su pragmática.

Más recientemente, autores como Van Dijk (2009) o Iñíguez Rueda (2006) han realizado desde una perspectiva crítica, aportaciones teóricas susceptibles de ser aplicadas al campo deportivo. Iñíguez por ejemplo, define el discurso como un conjunto de prácticas lingüísticas que mantienen y promueven ciertas relaciones sociales.[19] El análisis del discurso consistiría en estudiar cómo estas prácticas actúan en el presente manteniendo y promoviendo estas relaciones: trataría de sacar a la luz el poder del lenguaje como una práctica constituyente y regulativa.

El análisis de los discursos en el mundo deportivo constituye un paso imprescindible para una Teoría Crítica del Deporte que aborde el proceso deconstructivo y genealógico que demanda el campo deportivo y en especial disciplinas de las CAFD como la Historia o la Sociología del Deporte. La historia del deporte moderno nos ofrece las claves para la comprensión del posmoderno, o contemporáneo si se prefiere. Así por ejemplo, el análisis histórico de los discursos de los agentes deportivos pone de manifiesto que el idealismo abstracto de la concepción del deporte forjada por el Olimpismo continúa siendo utilizado como base filosófica de su legitimación social, y no solo de los JJOO y del deporte espectáculo, sino también de los llamados deporte praxis o deporte para todos, y de la Educación Física escolar, donde el deporte ha derivado en contenido nuclear del currículo.

En definitiva la comprensión del deporte contemporáneo y de sus vínculos paradigmáticos con la Concepción Heredada del Deporte demandan la deconstrucción histórica del sistema de ideas deportivo. La persistencia del calificativo de ‘moderno’ como rasgo identitario del deporte es en sí un indicio claro de su carácter heredado y, a la vez, de su resistencia tenaz a romper lazos con la concepción idealista del deporte transmitida por la Modernidad, de vocación emancipadora y universalista, apoyado sobre un deporte que, como advierte Parlebás, habría trascendido, supuestamente, los diferentes períodos históricos hasta culminar en el Deporte Moderno[20].

Paradójicamente, en el dominio de las CAFD, reina un consenso sorprendente frente a dicha Concepción Heredada, más propio de las grandes doctrinas religiosas que del conocimiento científico. Ello es debido en gran parte al aislamiento epistemológico y al narcisismo institucional[21] que históricamente han caracterizado al campo científico deportivo, impidiendo el cuestionamiento de mitos, themata y estereotipos, y dificultando la producción de respuestas a los problemas sociales y políticos relacionados con el fenómeno deportivo. Un aspecto clave en relación con la Concepción Heredada del Deporte, que debe ser objeto de atención, es el de su influencia en los desarrollos epistemológicos del campo científico deportivo, es decir, de las CAFD. Como paradigma dominante en el ámbito académico, de la docencia, de la investigación, de la formación del profesorado de educación física y de técnicos deportivos, o de las revistas de divulgación científica, los themata nucleares de la Concepción Heredada han orientado y condicionado las investigaciones, los enfoques del objeto de estudio, las metodologías, y las interpretaciones de resultados,  así como la selección de las publicaciones por parte de las revistas o las políticas institucionales derivadas de las investigaciones.

 

 

5.El Idealismo y la ‘falsa conciencia’ del Modelo Deportivo

Históricamente el Sistema Deportivo ha acomodado su filosofía en un molde heredado del idealismo alemán del siglo XIX, con claras reminiscencias del idealismo trascendental de Kant y del idealismo absoluto y la fenomenología de Hegel. El idealismo trascendental postulaba básicamente que todo conocimiento exige la existencia de dos elementos: uno, externo al sujeto (lo dado, o principio material), es decir, un objeto de conocimiento; otro, propio del sujeto (lo puesto, o principio formal), que no es más que el sujeto mismo que conoce. En el tema que nos ocupa interesa destacar especialmente la consideración kantiana de que las condiciones de todo conocimiento no son puestas por el objeto conocido, sino por el sujeto que conoce:

“…todo lo que es intuido en el espacio o en el tiempo, y por tanto, todos los objetos de una experiencia posible para nosotros, no son nada más que fenómenos, es decir , meras representaciones, que tales como son representadas, como entes extensos, o como series de mudanzas, no tienen en sí, fuera de nuestros pensamientos, existencia fundada. Esta doctrina la llamo el idealismo trascendental”.[22]

Las reminiscencias del idealismo kantiano son fácilmente reconocibles en las interpretaciones y en las tomas de posición del Sistema Deportivo y su intelligentsia en momentos de crisis cuando de manera recurrente se apela a las esencias y principios para legitimar prácticas sociales que entran en contradicción con su Gran Relato del Deporte o para defenderse de los cuestionamientos que constantemente le llegan de la realidad social. Es una idealización que se detecta ya en las mismas bases fundacionales del Movimiento Olímpico como demuestra el siguiente ejemplo, en el que Pierre de Coubertin, definía el principio sobre el cual se constituyó el COI: “Sigo juzgando excelente la constitución del Comité Olímpico Internacional basada en el principio que yo llamaría de <<delegación invertida>>, lo que significa que el mandato surge de la idea para atraer discípulos, y no de la masa para crear la idea…” Pierre de Coubertin  (1934)[23]

Otra parte importante del idealismo deportivo tiene sus antecedentes en la filosofía hegeliana, en la medida que ésta  concebía el pensamiento (la conciencia) como la esencia o elemento revelador y productor de la realidad. El idealismo distingue entre el fenómeno (del griego φαινομαι, fainomai, “mostrarse” o “aparecer”), que es el objeto en tanto que es conocido (como “aparece” frente a los sentidos y la inteligencia), y el noúmeno (del griego νοεω, noeo, “comprender” o “inteligir”), que es el objeto tal como sería en sí mismo. La realidad para el idealismo no consistirá en aquello que está frente al sujeto como algo dado que existe por sí mismo, sino en aquello que está en el sujeto como “un contenido de su conciencia”.

Es el tipo de idealismo ilustrado que se pone de manifiesto cuando los académicos de la intelligentsia deportiva persiguen esencias puras a la búsqueda de un orden perfecto inexistente. Un ejemplo de este uso que puede ayudarnos a comprender los juegos del lenguaje que se producen en el campo deportivo lo tenemos en el filósofo del deporte J. M. Cagigal para el cual el deporte olímpico está tan fuertemente sometido a los imperativos de naturaleza política y económica que podría decirse que ya no es propiamente deporte, por haber perdido cualidades que dicho autor considera esenciales humana y pedagógicamente.[24] Dicha actitud reproduce el thema de la asepsia política que considera la política y la economía como agentes externos que desvirtúan su esencia, y no como contextos de los que el mismo Deporte forma parte. Se trata de un lugar común en los discursos de la intelligentsia deportiva que ha servido a las instituciones relacionadas con el deporte para desentenderse de los problemas sociales, y fingir una supuesta neutralidad frente a conflictos sociales previamente catalogados como políticos o económicos.

Conceptualizar y catalogar los problemas sociales como asuntos políticos para acto seguido adoptar una posición neutral o apolítica ha sido un lugar común en las tomas de posición de instituciones y personas del campo deportivo. Así se explican enunciados como el del presidente del COI en 2008, para defenderse de las acusaciones de connivencia con el gobierno chino por las violaciones de los DDHH: “Sabíamos que habría problemas cuando el COI eligió Pekín para la organización de los Juegos Olímpicos de 2008. Si algunas  asociaciones cumplen su papel de luchar por la libertad y los derechos del pueblo tibetano, hay otras que sobrepasan los límites acercándose a la difamación. Estas asociaciones  quieren hacernos jugar un papel que no es el nuestro. Les recuerdo que el COI no es una organización política y yo no me considero como un Poncio Pilatos”[25]

No parece que dicha estrategia ideológica sea compatible con la defensa de un proyecto de humanismo deportivo o que se pretenda emancipador, pues implica un posicionamiento ideológico al servicio de instituciones ligadas al poder político y económico. Es de este modo, como dichas instituciones vienen a cumplir una función de mantenimiento respecto a los poderes políticos y económicos dominantes, pues como señalaba el filósofo Michel Foucault, “…el poder político también se ejerce a través de la mediación de cierto número de instituciones, las cuales hacen ver como si no tuvieran nada en común con el poder político y como si fueran independientes de éste, cuando no lo son…”[26]

 

Notas:

 

[1] De Sousa Santos 2003: 23

[2] Ruiz Cazorla (2015): “Corrupción y Deporte. No se trata de manzanas podridas”. Recuperado el 10/08/2015 de la web de la revista La Trivial, en: https://goo.gl/9tk0Io

[3] Khun (1971): Estructura de las revoluciones científicas, p. 269

[4] Rodríguez y García (2007): Representaciones sociales. Estructura e investigación, pp. 171-173

[5] Holton (2004): Introducción a los conceptos y teorías de las ciencias físicas, p. 322

[6] Abric (1993): Central System, Peripheral System: their Functions and Roles in the Dynamic of Social Representations

[7] Olivera (2006): José María Cagigal y su contribución al humanismo deportivo,

[8] Attali (2004): Le sport et ses valeurs; Brohm (2002): La machinerie sportive. Essais d’analyse institutionnelle

[9] Ruiz- Cazorla, Chinchilla, y López (2011): Rhetoric and power: the idealism and ‘philosophy of life’ of the olympic movement, p. 359

[10] Morín (1992): El método IV. Las ideas, pp. 216-244

[11] Canto (1994): Psicología social e influencia. Estrategias de poder y procesos de cambio.

[12] Canto, Jesús M. (1994): Psicología Social e Influencia. Estrategias del poder y procesos de cambio.P.14

[13] Haraway (1995): Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. “…las ideologías de la diversidad humana tienen que ser desarrolladas en términos de frecuencias de parámetros y de campos de diferencias cargadas de poder, no como esencias y orígenes naturales…” p.363

[14] Thompson  (1988): La comunicación masiva y la cultura moderna.  Contribución a una teoría crítica de la ideología

[15] Bourdieu (1994): El campo científico, p.13

[16] Wittgenstein [1953] 1999: Investigaciones filosóficas

[17] Michel Foucault, Las palabras y las cosas (1966); Arqueología del saber (1969)

[18] Jean-François Lyotard La Condición posmoderna(1979); La diferencia (1983)

[19] Iñíguez (2006): El análisis del discurso en las ciencias sociales; variedades, tradiciones y práctica, p.105

[20] Parlebás (1988): Elementos de sociología del deporte, p.48

[21] Ruiz-Cazorla, Chinchilla, y López (2011): pp.355-357

[22] Kant, Crítica de la razón pura, [A491]. (Kant, 2007)

[23] Palabras pronunciadas por Pierre de Coubertin en 1934 con motivo del cuarenta aniversario del COI. (Coubertin, Ideario Olímpico, 1973: 211)

[24] Rodríguez, Historia del deporte, 2000: 450

[25] L’Équipe, Jacques Rogge soutient Pékin, 2008

[26] Foucault en una entrevista concedida a Alain Badiou en 1965. Disponible on line en: http://www.youtube.com/watch?v=1e8Rynio0B8&feature=related

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