Lunes, Junio 26, 2017
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¿Hacia dónde va Unidad Popular (LAE) ?

Por Iago Moreno

Cuando se celebró el nacimiento de Unidad Popular, se hizo porque se entendió como una alternativa capaz de tomar el relevo a Syriza y encarnar un nuevo proyecto de mayorías en Grecia, pero eso se ha visto improbable.

Zoe Konstantopoulou en el acto de ayer en Omonoia — Foto Propia

Syriza, lejos de haber sido derrotada social y electoralmente, sigue liderando las encuestas. El memorandum no ha creado más indignación sino más apatía. Viniendo al hotel, un taxista me decía “Ni Meimarakis ni Tsipras van a poder cambiar nada, todo está escrito antes de que se abran las urnas”, tenía hijos y una mujer, profesora, que había tenido que ver como este año se despedían a comienzo de curso unos 6000 profesores más. “Hemos vivido siempre así, en Grecia decimos: trabaja para sobrevivir, roba para hacerte rico, nosotros trabajamos y ellos hacen lo suyo”. No iba a ir a votar, y como el no lo harán muchos más. En el hotel una trabajadora me comentaba “qué mas dará si prometen el fin de la austeridad o no, el caso es que no podemos hacer nada, somos un país diminuto ante Alemania”. Ese clima político ha sedimentado una indiferencia que ha conseguido estancar Grecia en la resignación.

Esperaba encontrar un país convulso inmerso en un ritmo frenético de debates acalorados sobre qué hacer y solo he encontrado calles donde nada parece estar pasando. Aquí las casetas de los partidos y los carteles son pocos y la gente parece seguir su rutina diaria como si nada estuviese pasando. Nadie diría que hay unas elecciones a la vuelta de la esquina.

El acto de Unidad Popular refleja en gran medida esta situación. Con ojos ingenuos, muchos pensaron que tras la movilización por el OXI, las huelgas, las campañas de Syriza y toda la ola de movilizaciones sociales que precedieron al gobierno de Tsipras con Anel habrían hecho de la voluntad popular un torrente imparable. Con su lógica, ahora, tras el memorándum y la ruptura de Syriza, ese imparable torrente tendría que ser encauzado por alguien, por algo; un proyecto nuevo debería nacer para articularlo de nuevo y con más fuerza, y cuando lo hiciese, ni la resignacion ni la fatiga serían problema en la Grecia del OXI. ¿Pero era esto viable?

Lafazanis interviniendo ante los seguidores de Unidad Popular — Foto Propia

Ayer, en lo que debiera ser uno de los actos más importantes de la campaña, en pleno corazón de Atenas, la formación de Lafazanis sólo consiguió llenar una pequeña parte de la plaza Omonoia. Las banderas, los himnos, las pancartas y los gritos atronadores por el OXI y contra el memorandum creaban una atmósfera fiera y agitada, pero bastaba con alzar la cabeza y ver el tamaño del acto para romper el espejismo de esa impresión y ver que todo eso no era más que una diminuta burbuja. En todas las pancartas y en todos los discursos, como si de un fetiche se tratase, el OXI se ha convertido en el emblema de Unidad Popular; pero poco tiene que ver el espíritu del OXI con lo que ayer parecía Unidad Popular. Las concentraciones contra la troika y la posibilidad de un nuevo memorandum algutinaban a sectores muy diferentes de la sociedad, concentraban a gente que tal vez no sabía muy bien que era eso del socialismo, que no había leído ni a Lenin ni a Marx o estudiado las teorías del estado de Poulantzas. Ayer la plaza de Omonoia parecía un congreso de partido más que un mitin popular.

Los asistentes al acto escuchan a Manolis Glezos, heroe de la resistencia griega al nazismo — Foto Propia

Tampoco había conseguido Unidad Popular movilizar a la juventud que protagonizaba sus carteles. La mayoría de los asistentes eran hombres de una edad considerable, más allá de los 40, y había un numero enorme de sindicalistas y militantes jubilados mucho mayor al de jóvenes. Lo que debería ser una fuerza transformadora que representase la unión de diferentes generaciones por un futuro conjunto, semejaba más bien una reunión de viejos militantes. Ayer, más allá del transversal OXI, en el acto reinaban las banderas comunistas, las camisetas del che, los himnos tradicionales de la izquierda y el repertorio completo de Banda Bassotti. Es algo tan válido como cualquier otra cosa, pero claramente se convierte en un problema para movilizar — en el corto plazo — a la mayoría social griega que Tsipras ha desilusionado. Romper el desencanto necesita de nuevas y fuertes ilusiones, de proyectos en los que la gente se pueda ver representados, y el acto de ayer no parecía capaz de representar precisamente eso.

Lafazanis y Manolis Glezos — Foto Propia

Glezos, Zoe y Lafazanis, lejos de crear la respuesta a los problemas del estancamiento político y la desilusión que vive Grecia hoy, han creado una candidatura capaz de representar la enésima “oposición de izquierdas” a Syriza. “Viene siendo la SYRIZA del 2012, esa que gustaba a todo el mundo” me decía ayer una compañera Griega cuando le comentaba mi decepción con el acto, y en cierto modo tenía razón. Ayer en la plaza Omonoia uno se sentía en la casilla cero. Era como si hubiese que volver a empezar.

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