Lunes, Junio 26, 2017
La trivial > Arte > Francofonía o el estado frente el arte. Reflexiones y preguntas sin respuesta.

Francofonía o el estado frente el arte. Reflexiones y preguntas sin respuesta.

Francofonía o el estado frente el arte. Reflexiones y preguntas sin respuesta.

Por Ferran Calvet González

¿Quién necesita París sin el Louvre? ¿O Rusia sin el Hermitage? ¿Qué somos sin los museos? Alexander Sokurov nos lanza estas preguntas sin respuesta en el comienzo de Francofonía (Francia, 2015), y van más allá de una declaración de intenciones. No es la primera vez que el director ruso centra su obra en un museo, pues ya nos deleitó con El arca rusa (Rusia, 2002), grabada en una única secuencia en El Hermitage de San Petersburgo. En esta ocasión, se centra en el Museo del Louvre de París, al cual hace un homenaje a la vez que nos sitúa en la Francia invadida por los nazis (1940) en plena II Guerra Mundial.

Más allá de lo espléndido que pueda encontrar este film, del festín visual, de sus puntos irónicos y de la exquisita combinación del género documental, ensayístico y del video-arte,  topamos con una reflexión profundísima que más que resolver nos plantea preguntas sobre el papel político del arte, o el interés que han tenido los gobiernos en dominar los principales museos, cómo es el caso de los nazis con el Louvre, representado en la película. De esta reflexión surgen las preguntas que abren este texto. O en líneas más generales: ¿Para qué queremos un país sin sus museos y sin su arte (¿cultura?)? Es una pregunta muy interesante que seguramente tiene bastantes respuestas, que pueden ir des de una idea más práctica, la de poseer riqueza, hasta una idea más idealista, la de poseer el patrimonio sin el cual el pueblo, el país, la patria, no sería lo que es, y por tanto, tener el control cultural e intelectual.

El interés del invasor o del estado en sí de mantener el control de los museos y de poseer obras de arte se constata sobre todo en las campañas de la Alemania nazi. El Cordero Místico de los hermanos Van Eyck, conservado en la Catedral de Gante, es una de las obras robadas más conocidas y representativas. También la leyenda del Tren del oro nazi, que aunque aún no haya aparecido –en el caso de que exista-, se especula que aparte de oro, joyas y armas contenga obras de arte para nada modestas.

La película no sólo nos hace reflexionar sobre este aspecto, sino que también nos lleva a plantearnos una pregunta: ¿están los museos preparados para la guerra? Es decir, si en España nos encontráramos de un día por otro en medio de una guerra, ¿el Museo del Prado estaría preparado-con protocolos, instalaciones, personal…-  para esconder sus mejores obras y protegerlas? Esta pregunta podría ser válida para cualquier museo del mundo. Tras buscar un buen rato en varios buscadores, no se encuentra nada que hable sobre esto, aunque sí se encuentran algunas que hacen referencia a las políticas y protocolos llevados a cabo en guerras anteriores.

Francofonía pone esta serie de reflexiones y planteamientos sobre la mesa, a través de la recreación de la relación entre Jacques Jaujart, director del Louvre durante la invasión alemana y el conde Franz Wolff-Metternich, encargado de Arte del Tercer Reich, que tiene la misión de proteger la colección de arte más valiosa del mundo. Des de mi punto de vista, esta relación, que muestra el lado más humano de una guerra, es una representación alegórica de la relación entre el poder y el arte.

Por tanto, concluyo que Sokurov nos invita a través de Francofonía a reflexionar sobre la importancia que tienen los museos en los estados y sobre el interés de los gobiernos en tener el control sobre estos. Los motivos pueden ir desde el económico hasta el intelectual, pero lo que resulta evidente es que nadie querría París sin el Louvre ni el Mundo sin museos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *