Miércoles, Agosto 23, 2017
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Europa: el palacio de cristal

“Es crucial que las instituciones europeas inicien una reflexión para elaborar una estrategia solidaria de gestión a largo plazo de las migraciones. Podría llegar a ser una fuente de relegitimación del proyecto europeo.”  Sami Naïr

Hablar de Europa y cómo hacerlo. La difícil tarea y sus placeres. Hace una semana, cenando en casa con un avispado amigo, me comentó: ”Europa no existe realmente, no es nada. No se puede obligar a privatizar servicios a un país(Grecia) y ver que en menos de un día, con toda la cara, se compran todos los aeropuertos del mismo”. Andreotti creía que el mayor error de la Unión Europea era tener una moneda de un Euro en vez de un billete. Umberto Eco opina que no es Europa que ha creado el Erasmus, sino el Erasmus que está creando Europa. Todo preguntas sobre la existencia real de un demos europeo.

Cuando yo era pequeño, desde que tenía pocos meses mis padres decidieron que para poder compaginar sus trabajos y el cuidado de sus hijos iban a tener “Au pairs”. Siempre francesas y de ese modo aprendí ese idioma sin tener que esforzarme demasiado. Algo parecido al caso de Montaigne cuyos padres le procuraron un entorno familiar propicio para que aprendiera latín, pues de pequeño le hablaban en dicha lengua. La relación con estas “jeunes au pairs”(ahora ya no tan jovenes) llegó a hacer que muchas de ellas consideraran a nuestra familia como su clan adoptivo, hasta tal punto que yo mismo fui hecho padrino del hijo de una de ellas. Fue un bautizo en medio de los Pirineos, muy laico, me quedó claro qué significa la palabra “république”. Todas estas ceremonias irradian algo de espiritualidad, en el caso francés la espiritualidad laica de la tricolor. ¿Por qué digo esto? Estoy intentando llegar inductivamente a una respuesta sobre qué sea el demos europeo. Sigamos. En 2013, me fui exiliado, durante medio año, a la pequeña isla de Irlanda, o “Éire” que da nombre a una diosa gaélica, que en sus orígenes, significa algo así como “tierra abundante”. Viví en la casa de una adorable familia numerosa, un poco desordenada pero un caos amable, que recordaba un poco a la familia Weasley de la saga Harry Potter. Desde ese año los visito siempre que puedo y sino, nunca está de menos hacerles llegar unos presentes de las tierras ibéricas. Vinos. Jamón. Los regalos fungibles siempre son bienvenidos. Mi experiencia personal(y interpersonal) alrededor de la isla me presentó la metafísica folclórica irlandesa. Ese país que tiene un instrumento musical en la bandera, cuyas historias nacionales son casi todas inventadas, un poco trágicas pero siempre tiernas. La brisa atlántica entró en mí como entra en Europa. También descubrí lo que eran los matices en la relación entre Inglaterra e Irlanda. Lo hice cuando un bajito pelirojo, un “ginger”, me dijo:” Oscar Wilde cuando era el mejor escritor del mundo era inglés, cuando era homosexual, era irlandés”. Entendí que Irlanda nunca había amado las certezas, el suave airecito en vaivén del atlántico les hacía abiertos, amables, mucho más que sus vecinos ingleses. La mentalidad irlandesa siempre algo posmoderna. Y aunque hubiera heridas coloniales en la historia de esa relación, sabían valorar todo lo bueno que hay en compartir lengua. Por ejemplo, les encantaba el programa de la BBC, llamado QI, y allí me hice adicto y gracias a un profesor inglés, descubrí el humor británico. La flema británica como modo de vida. Europa me empezaba a parecer un mosaico muy variopinto justo cuando conocí a uno de mis mejores amigos, un despistado italiano del sur en Dublín. Las largas charlas me evocaron la frase de Josep Plà cuando dijo que “Catalunya es la región más occidental de Italia”. Italia se caracteriza por entender la gradación de los colores, “le sfumature”, los matices, la percepción de la belleza y la complejidad. Los italianos cuando aparcan mal no dicen aparcar mal, dicen aparcar artísticamente. En Italia el mayor pecado es parecer tonto, en España, listo. Cuando Andreotti visitó España consideró que “mancava finezza”. El periodista Santiago Segurola consideró a Italia “el país más humano de todos”. En definitiva, si la hípica está a caballo entre el deporte y el arte, Catalunya está a caballo entre Italia y España. Por eso uno se siente como en casa viviendo en Bologna. El viaje te enseña el mosaico gaudiniano que es Europa. Por cierto, en catalán, llamamos “trencadís” al mosaico. La ironía de la lengua.

Un catalán con raíces manchegas que pasaba los veranos en un pueblo de diecisiete habitantes en la provincia de Ciudad Real. Un sentido del humor muy peculiar, siempre recordaré a mi abuelo sentado en la mesa, esperando a que las mujeres sirvieran y después de comer, sintiéndose realizado, exhalar un suspiro de placer existencial, desde las entrañas más profundas de la naturaleza humana. Después de un banquete, gritar: ”¡Viva España!” Era otra generación, pero cuando uno ve los campos de futbol italianos o los franceses que traen las banderas de sus países y están orgullosos de sus himnos, sin ser el que escribe un nacionalista, uno se siente diferente por no poder hacer como mi abuelo hacía después de comer porque lo pueden llamar a uno franquista. Raíces manchegas y catalanas; ramificaciones francesas, irlandesas e italianas.

Parece no ser suficiente para entender por qué el alma europea está renqueante, se tropieza, o le ponen trabas, ¿o no fue hecha para andar demasiado? Parece bastante claro que Europa tiembla. Si uno piensa un poco se da cuenta que se está experimentando, en el viejo continente, una degradación política y económica.

Para aclarar la cojera europea, si se me permite una citación necesaria, Gabriel Magalhães es claro: “el problema de Occidente es que sus ciudadanos están terriblemente vacíos por dentro. […] Esta progresiva pobreza económica es, en gran medida, consecuencia de nuestra enorme, inconmensurable pobreza espiritual. […] Hemos eliminado y hemos querido eliminar el horizonte personal de eternidad. O sea, el ciudadano está muy presionado para imaginar su vida como algo estrictamente limitado a sus años biológicos. Vivimos lo que vive nuestro cuerpo. […] Sin el horizonte de la eternidad, hemos dado lugar a una ciudadanía inoperante, sin capacidad creativa, y con graves dificultades para labrarse un camino. Porque, sin horizonte eterno, no hay camino, sino más bien un caminito egoísta, no productivo, nada innovador. […] La ciencia es hoy un mundo impuro y turbio, que recuerda mucho a los peores tiempos de la teología. La ciencia es, al fin y al cabo, la teología de este enorme vacío que se ha creado[…] Y eso es el europeo actual: alguien a quien han metido en la jaula de una visión del mundo profundamente equivocada. Y, limitado a esa jaula, no crea verdadera riqueza, no inventa nada que marque la diferencia. En el pasado, cuando jugábamos al juego de la eternidad, los occidentales inventábamos nuevas cosas y, a través de esos saltos, liderábamos el mundo. Pero en la actualidad estamos esposados por un marco cultural, terriblemente empobrecedor, el que se ha desarrollado la vida occidental estos últimos años.“

“Quizás la felicidad consista en sincronizar las ilusiones personales del sentido con las ilusiones colectivas dominantes en cada situación.”  Yuval Noah Harari

Por otra parte, inspirándose en el Crystal Park de Londres, el filósofo alemán Peter Sloterdijk sostiene que el palacio de cristal constituye una de las grandes imágenes de la civilización occidental. Un interior absoluto, confortable, aparentemente seguro, suficientemente grande para evitar la claustrofobia, separado del exterior por una pared de hierro y cristal, sólida pero vulnerable, que permite ver lo que hay más allá, a la vez que muestra su confortable interior a los que habitan ese incierto mundo exterior. Palacio Europa.

Escribe Sloterdijk en el ensayo titulado ‘En el mundo interior del capital’: “Ese invernadero gigante de la relajación está dedicado a un culto a Baal festivo y enfebrecido, para el que el siglo XX propuso la expresión consumismo. El Baal capitalista, que Dostoievski creyó reconocer ante el espectáculo chocante del palacio de la Exposición Universal y de las masas divertidas de Londres […] Dicho palacio se concibió como un lujoso caparazón con el interior climatizado; la eterna primavera del consenso había de regir este inmenso invernadero, y la coexistencia pacífica de todos con todos se daba por sentada. Para Dostoievsky, la vida en el palacio simboliza la voluntad de los progresistas occidentales de que el proceso de reticulación del mundo y de propagación universal de la felicidad que ellos mismos habían iniciado halle su culminación en la ausencia de tensiones que seguirá al final de la historia.

Europa está tiritando con esta crisis que no solo es económica. La era de la falta de albergue metafísico, por recordar la definición de modernidad de Lukács, generaliza el hábito de la huida. Inglaterra y Francia no están cómodas con el poder germánico después de la reunificación que hizo zozobrar Europa. Los británicos quieren volver a la distancia del continente que salió de la batalla de Bouvines en 1214. El hábito de la huida en la modernidad. En mi tierra, Catalunya, parece que se quiere la independencia. El temblor no termina ahí. Ucrania está convirtiéndose ya en una tragedia que, en parte, puede recordar a la tragedia Yugoslava. El seísmo ucraniano está generando grietas en el palacio de cristal europeo. Un hombre, en la Praça do Comércio de Lisboa, me comentó que, poco a poco, nos vamos dando cuenta que Europa ya no es aquel escaparate de bienestar que se exponía frente a los países comunistas como ostentación comunista. El mundo de bloques, en el que los misiles soviéticos SS-20 estaban apuntando a las capitales europeas, ya no existe. Esta amenaza hacía entrar en razón a los dirigentes europeos. Ya no es así, gota a gota, se han ido filtrando elementos en occidente que recuerdan a la polarización social que supuso el renacimiento. Existe una esfera social privilegiada, que habla de recuperación económica, mientras una mayoría aprende, dolorosamente, las limitaciones de su nuevo estatus de servidumbre contemporánea. Los siervos de la gleba medievales. “Te entiendo”, le respondí a este hombre con disimulo sospechoso.

Mientras tanto, por ponerlo al modo de Sloterdijk, la banalidad sella la inteligencia, los hombres fijan su pensamiento en los fuegos fatuos que les rondan la cabeza en forma de nombres, identidades y negocios. El plan popular de olvidarse de sí mismo. Esta soberbia mueve hoy todas las formas de proceso acelerado de vida, de desinterés civil y de erotismo anorgánico. El pueblo europeo parece ser un objeto, de momento, difícilmente identificable y eso que el que escribe estas líneas es un europeísta (eso sí, un poco errático). Mi profesor del curso al que estoy asistiendo estos días aquí en Italia diría que cuando uno no tiene pistas está des-pistado. Como humanidad, estamos sentados en la cubierta de un barco enorme que casi no puede maniobrar, no navegamos hacia el futuro, solo esperamos no chocar con ningún iceberg.

“La evolución, esa diosa indiferente del devenir.”  Peter Sloterdijk

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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