domingo, diciembre 17, 2017
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El pied-noir que amaba a su madre

El pied-noir que amaba a su madre

por Pau Baraldés

 

“La mejor manera de evitar que un prisionero escape,

es asegurarse de que nunca sepa que está en prisión” Dostoievski

 

Los curiosos acontecimientos que constituyen el tema de esta crónica se produjeron en el año 194… en Orán. Para la generalidad resultaron enteramente fuera de lugar y un poco aparte de lo cotidiano. A primera vista Orán es, en efecto, una ciudad como cualquiera otra, una prefectura francesa en la costa argelina y nada más. Así empezaba la novela la Peste de Albert Camus, escritor francés nacido en la Argelia colonial, uno de los máximos exponentes de la intelectualidad francesa del siglo XX, un referente en el existencialismo, premio Nobel de literatura el año 1957, periodista crítico con el sistema político del gaullismo y el comunismo, rival intelectual de Sartre y acérrimo defensor del individuo y las ideas libertarias.

 

El año 2013 fue el centenario del nacimiento de Camus, un centenario que ha pasado con más pena que gloria, casi de puntillas. Albert Camus es el escritor francés que más vende en el extranjero, reconocido como uno de los máximos exponentes del siglo XX. Puede parecer que desde fuera, Camus sea una figura de gran importancia valorada por gran parte de la crítica literaria y exponente de las ideas del absurdismo, pero un siglo después de su nacimiento, Camus resulta ser una figura incómoda para Francia y Argelia. Aún siendo de los escritores más leídos de la lengua francesa, Camus no ha sido traducido al árabe y la Biblioteca Nacional francesa minusvaloró la idea de reeditar su obra. Ese mismo año, se celebraron pocos actos y homenajes culturales al escritor, quien en su país natal, Argelia, no hay ninguna sola calle ni plaza que lleve su nombre y el edificio donde nació en Dréan (conocido en tiempos de la colonización como Mondovi, al este de Argelia) no hay ninguna placa como tampoco en el barrio donde vivió en Argel. ¿Cómo puede ser que esta figura, controvertida ciertamente pero estimada por muchos sectores, hoy prácticamente quede apartada de la escena cultural francesa y argelina? Lo que sí que es cierto, es que Camus fue un hombre rebelde para su tiempo y quizá para el nuestro también. Un escritor con sus contradicciones, con sus inciertos y sus errores y quizá sus errores pesen hoy sobre los países donde vivió.

 

Camus fue un intelectual en todos los sentidos, periodista que apoyó siempre la causa republicana en tiempos de la guerra civil española y denuncio las atrocidades en los campos de concentración alemanes, franceses y de la Europa del este. Nunca perdonó a Sartre ni a los sectores de la izquierda francesa su vinculación con el comunismo soviético como tampoco perdonó a las democracias occidentales de no auxiliar a la II República española. Fue condecorado por el gobierno republicano en el exilio con la máxima distinción y fue una de las voces más críticas con el gaullismo. Camus era una persona de ideas anarquistas y quizá fue su intransigencia respecto al autoritarismo lo que le pasó factura. Un su libro, el hombre rebelde, defiende la visión del hombre libre sujeto a ninguna idea, recogiendo el existencialismo ateo, defiende al individuo sin las ataduras morales políticas y religiosas. Camus fue contrario a las ideas marxistas, cristianas y fascistas en una época donde en Francia, el marxismo formaba parte de la intelectualidad francesa como Jean-Paul Satre y André Bretón. Albert Camus era un hombre de letras que fue a contracorriente y tuvo que pagarlo con el olvido del 2013. Cuando a Camus, en plena guerra de independencia de Argelia le preguntaron sobre su posición en el conflicto, él respondió tajante: “si tengo que elegir entre mi madre o la justicia, elijo a mi madre”. Es decir, prefirió elegir a Francia antes que a Argelia y es por eso que los argelinos y las universidades argelinas actualmente no recuerden a Camus como tampoco los franceses. La izquierda francesa por ser contrario al comunismo y la derecha por criticar el papel de Francia en Indochina y con la República española. Precisamente fue su rebeldía, su falta de pelos en la lengua y de no querer vincularse con Argelia ni con Francia, lo que pesa sobre su memoria.

 

La tristeza que rodea su muerte y su vida es lo que hacen de su vida y obra literatura. Camus vivió tal como vivieron los protagonistas de sus novelas, individuos taciturnos, hastiados de una vida y una manera de vivir absurda cómo lo era para él el mundo, la política y las personas. Camus fue un escritor trascendental más allá de la vanguardia intelectual de su tiempo llevando el existencialismo a extremos rozando con el nihilismo. Para muchos, Camus era la voz de los oprimidos, la voz de la República española en el exilio y para otros, Camus fue un traidor y un pied-noir. La vida de Camus es una de aquellas personas que le tocó decidir en un momento difícil y esto lo pagaría más tarde. Solo los críticos y el tiempo pueden juzgar su obra, su obra triste como él mismo, llena de contradicciones pero con un hilo de esperanza que surge de ella. Sarkozy pidió a la familia de Camus que su cuerpo sepultado en Lourmarin (sur de Francia) descansará en el Panteón de París juntamente con otros escritores de la talla como Rousseau, Victor Hugo, Émile Zola, Alexandre Dumas y André Malraux, pero su familia rechazó la idea.

 

La vida de Camus no fue heroica ni tampoco pretendió serlo. Condenado por su visión pesimista de entender y ver el mundo, apasionado y de una prosa fuerte y profunda como la tristeza que pesaba sobre ella misma. Las ideas existencialistas que habían tomado forma en el transcurso del siglo XIX, tuvieron su defensor en la figura de Camus, quien consiguió cristalizar todo dolor y la angustia del siglo XX en su literatura. Camus consiguió vivir tal cómo él quiso y eso es un gesto admirable. Fue un inconformista, un luchador de aquello que él creía justo y que no dudó en usar las letras como arma de combate. El héroe anti-romántico de la Francia de su siglo, opuesto al marxismo y el existencialismo de Camus, crítico con el papel político de Malraux en el gobierno. Un velo de pesimismo rodea su muerte pero también un velo de esperanza recoge su obra, presente hoy misma por muchos, la prosa de Camus como un rayo rompiendo los moldes de lo tradicional y lo establecido.

 

“Cada vez que un hombre es encadenado, nosotros estamos encadenados a él. La libertad debe de ser para todos o para nadie”. – Albert Camus

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