viernes, noviembre 24, 2017
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“El perfume” y la literatura

R.G. Celma

¿Eres más de escribir dejándote llevar e improvisando o de pensarlo bien  y corregir una y otra vez? ¿Qué tienen en común el perfume y la literatura? Sigue leyendo y descubrirás el misterio -inspirado por el libro “El Perfume”, de Patrick Süskind-.

 

Me llama la atención la forma de escribir de un querido amigo mío. La pluma se mueve rápida, sin pensar, todo sale de dentro, de las tripas. La tinta forma letras, las letras forman palabras y las palabras forman frases. Sus sentimientos se hacen uno con el papel, su negra angustia le abandona en forma de tinta y tras ella vuelve la paz. Tras un instante de pasión, todo termina. La obra ya está finalizada y no hace falta tocar ni una coma. Es en esta espontaneidad donde reside su valor. No trata de escribirlo, trata de darle vida.

 

Pero yo soy más de otro estilo, del estilo artesanal. Me gusta pararme a pensar cada palabra, cada espacio, cada frase. Escribir me relaja y es un gran placer. Disfruto de alterar el orden de los párrafos y las oraciones, me deleito con cada sentimiento, con cada pensamiento y en la forma de plasmarlo en el papel. Las ideas se aclaran en mi cabeza y poco a poco la obra se muestra ante mí. Al terminar, la reviso una y otra vez, limando las asperezas, hasta que todo queda perfecto.

 

¿Es necesaria la perfección? No, la perfección no se puede alcanzar. Lo que importa es que sinceramente creas que no puedes hacerlo mejor. Algún día, alguien se esforzará en leer y comprender aquello que escribo y tengo que corresponder a su interés con lo mejor de mí mismo, esforzándome por lograr la perfección en cada frase, en cada obra. Es ahí donde reside el verdadero valor de la escritura y más en un mundo inundado de libros  y otras distracciones por doquier. Mi trabajo tiene que ser único, artesanal, que llame la atención y apetezca leerlo.

 

La literatura es como el perfume. Necesitas diez mil pétalos de rosas para extraer una sola gota de aroma. Los pétalos de flor son las experiencias que has vivido, los libros que has leído, tus pensamientos y las horas que pasas escribiendo. Necesitas practicar, escribir y volver a escribir, con calma y mucho mimo. Solo así lograrás crear una fragancia pura de rosas. Como dicen algunos, a escribir se aprende escribiendo.

 

¿Y dónde queda el talento? Sin duda es necesario, pues hay que saber bien que pétalos producirán un aroma de calidad y cuáles no. No solo se trata de trabajar y corregir durante horas en el taller, también tienes que saber dónde encontrar la inspiración, las ideas que necesitas. El olfato del artesano resulta esencial para lograr un buen perfume.

 

Aún con el mismo material, dos escritores producirán obras diferentes. Es ahí donde reside la habilidad innata de cada uno, difícil de conseguir si no se tiene. Todas las fragancias ya han sido creadas, lo que diferencia a cada perfume son los aromas y la proporción de cada uno que se añade a la mezcla. En el fondo, todo escritor recibe las influencias de la sociedad, recoge el trabajo y la herencia del resto de artistas y le añade su propio toque, logrando así un perfume único.

 

Como dijo Borges: “Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”. El escritor es como el alambique que destila poco a poco los pétalos, extrayendo la fragancia, y la literatura es como el perfume. Necesitas diez mil pétalos de rosas para extraer una sola gota de aroma.

 

Original: http://laplumadeprometeo.blogspot.it/2015/12/el-perfume-y-la-literatura.html

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