Miércoles, Agosto 23, 2017
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El orgullo de ser europeo

“[…]es un ritual de paso de la conciencia individual a la identidad colectiva; se es primero ciudadano, luego se participa del ritual de una colectividad, activa o pasivamente, y, al cabo, se recubre del orgullo al sentirse que su equipo es Campeón de Europa.” (1) José Enrique Ruiz-Domènec

El Fútbol Club Barcelona ha ganado tres títulos este año. La Liga muy trabajada; la Copa del Rey muy polémica; y la UEFA Champions League muy emocionante. Centrémonos en los dos últimos trofeos. La Copa ha puesto de manifiesto una fisura nacional en el ámbito estatal; la Champions ha maquillado un cierto enfado con algunas políticas a nivel supranacional. Uno ha hecho aflorar un conflicto, el otro ha escurrido el bulto. Algunos renunciarían al trofeo de la copa con tal de salir de un estado, otros tendrían dificultades para nombrar otro elemento positivo de ser europeo que el de que tu equipo juegue la Champions League. Corrupción y silbada. A medio partido el gobierno emite un comunicado con intención de vete a saber qué; asimismo se destapan casos de corrupción clamorosos entre los directivos en la FIFA, paraguas bajo el cual se encuentra la Union des Associations Européennes de Football (UEFA). Todo está un poco confuso, y algunos andamos despistados. John Carlin busca la respuesta en la conspiración (2) , pero no hay que entender el poder como una suerte de comisión de personas poderosas e infalibles que hacen su voluntad permanentemente, porque de ese modo se pierde la carga analítica. Existen muchos factores que pueden explicar la situaciones y los procesos. La suerte, las pasiones humanas, el azar e incluso las decisiones erróneas.

¿Pero qué tiene el fútbol que nos vuelve locos? Como no podía ser de otro modo, la respuesta está en la Edad Media. Johan Huizinga señala que el deporte, y en primer término el torneo, eran, en la Edad Media, dramáticos en sumo grado y a la vez tenían un sello intensamente erótico. El deporte conserva en todos los tiempos este elemento dramático y erótico; en un actual campeonato de remo o de fútbol hay valores afectivos propios del torneo medieval, en una porción mucho mayor de lo que acaso se imaginan equipos y espectadores. Pero mientras que el deporte moderno ha retrocedido hacia una simplicidad y belleza naturales, casi griegas, es el torneo medieval, o al menos el del último período de la Edad Media, un deporte de ropaje pesado y sobrecargado de ornamentación, en el cual se ha trabajado y dado forma tan deliberadamente el elemento dramático y romántico que ha llegado a cumplir, por regla general, la función del drama. Ruiz-Domènec añade que en estas reuniones masivas que son los partidos, dos hechos son relativamente nuevos, aunque con algunos precedentes. Primero, el fútbol asume los valores religiosos tradicionales pero de forma lúdica y festiva, es decir, mediante la transgresión de lo cotidiano; y la segunda, el fútbol es la representación de un hecho colectivo, no un fingimiento; no es un teatro aunque a veces utilice algunas de sus tretas: marcar gol de forma ilegal se convierte en tema de debate en la alta política. Por supuesto, ambos hechos están estrechamente vinculados.

Pero este texto tampoco va sobre política. Va sobre fútbol. Sobre identidades. Es decir, sobre Europa. La Europa de Mozart, de Kant, de la Revolución Francesa. No la del tratado de Maastricht, ni la del TTIP, esa no. La Europa buena. La de la unidad en la diversidad. Señala Perry Anderson que existe en la Unión Europea un déficit democrático que en realidad es un eufemismo puesto en circulación por los eurócratas para maquillar lo que es, pura y llanamente, una ausencia total de democracia, aderezada con algunos simulacros de consultas populares(3) . Hay quien cree que sin armonización fiscal, no puede funcionar el mercado único. Se puede ser euroescéptico desde la derecha y desde la izquierda puesto que la idea de Europa es aún muy maleable. Esta Unión Europea no es Europa. Hay mucho de lo que discutir ya que, como afirma Luuk van Middelaar, filósofo e historiador: ”Ningún proyecto, ningún tratado podrá anticipar la gran creatividad de la Historia y todavía menos preparar respuestas adecuadas.(4) ” Por eso, dejadme hoy decir que, como Stefan Zweig, mi patria propiamente dicha, la que había elegido mi corazón, era Europa.

(1) https://rocsola.wordpress.com/2014/08/20/el-futbol-no-es-una-tonteria/

(2) http://deportes.elpais.com/deportes/2015/05/29/actualidad/1432916723_276843 .html

(3) Perry Anderson, El Nuevo Viejo Mundo, AKAL, 2012, Madrid.

(4) Toni Ramoneda, Europa como discurso. Ensayo sobre democracia real, RBA, 2014, Barcelona.

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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