miércoles, noviembre 22, 2017
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El fin del homo sovieticus: pasado y presente del comunismo en la Europa del este

 

Svetlana Aleksiévich ganó el Premio Nobel de Literatura en el año 2015, en España aún no se habían traducido sus libros y las editoriales Acantilado y Debate ese mismo año hicieron posible su publicación en lengua española. Aclamada por la crítica como éxito del año por el valor político y social de sus libros, acusada por otros de fervorosa anti-comunista y de hacer periodismo en vez de literatura. Los libros de Aleksiévich han llegado tarde en España pero cabe decir que han generado un cierta polémica sobre uno de los advenimientos cruciales de estas últimas décadas, el fin de la Unión Soviética y la caída del bloque del Este. El fin del homo sovieticus nos explica mediante las voces de sus protagonistas, los individuos que de primera mano vivieron el fin del comunismo y la transición del capitalismo en Rusia. Un libro que no puede dejar indiferente a nadie, cuyas voces y dramas nos son cercanos. La historia del fin de Rusia contada por un gran número de personas que de primera mano nos detallan los recuerdos y la vida en la Rusia soviética y el giro que dio con la aparición del capitalismo. Dos modelos de economía y dos modelos de ver y entender la vida completamente diferentes.

Un cuento ruso: las almas muertas

La historia de Rusia durante el siglo XX y parte del XIX y del XXI, es gran parte de la historia universal. Fue en Rusia donde se produjeron los cambios más drásticos de estos últimos siglos y que significaron un punto y a parte en la historia del hombre. Rusia ha sido vista como paraíso y dictadura, como modernidad y servidumbre, como aliada y enemiga. Esta dicotomía en las opiniones sobre el papel fundamental que ha jugado la Unión Soviética en gran parte del siglo XX siguen latentes hoy en la política actual. La madre patria y la construcción de una entidad nacional y cultural que a pesar de su desaparición, siguen vigentes en la mentalidad de los pueblos de la antigua Unión Soviética y en el extranjero.

Es de agradecer que el libro el fin del homo sovieticus, exista la variedad de opiniones sobre un mismo tema o como los testimonios de los hechos más importantes durante la caída de la URSS puedan detallarnos su comportamiento y su manera de entender la política en ese momento. Desde testimonios críticos con el modelo comunista hasta defensores del Partido Comunista y de los triunfos del comunismo en Rusia. Estos testimonios orales son muy valiosos para podernos hacer una idea sobre cómo era la vida y el porqué de los hechos. Como expliqué en el artículo de Cartago y Roma, la historia oral es una forma de complementar la historia igualmente válida, aunque la historia como disciplina tiene su objeto de estudio en los documentos. Para entender la historia, hay que intentar ser crítico con la verosimilitud que puedan tener los fuentes, sobretodo con los testimonios orales, porque muchas veces la memoria es selectiva y puede distorsionar. En el proceso de creación de un relato histórico, la memoria colectiva que es compartida, muchas veces tiende a idealizar o a olvidar ciertas partes de los acontecimientos. Lo que puedan decir los historiadores sobre un hecho, con el tiempo, se volverá en una verdad y es por ello que hay que procurar en ser crítico con cada una de las fuentes, porque muchas veces los testimonios orales no son fidedignos y porque los individuos por motivos personales o ideológicos tenderán a simpatizar con cierta manera de ver el mundo. Puede que visto así, sea periodismo y una recopilación de opiniones muy dispares sobre un mismo tema, opiniones que podemos pensar que muchas de ellas no son válidas o carecen de argumentos. Pero la historia principalmente la escriben las comunidades humanas y es la población la que participa en los grandes cambios sociales, por lo que el fin del homo sovieticus es una fuente que puede servir para reconstruir un relato y hasta cierto punto, un análisis social y político.

Quizá ha pasado muy poco tiempo y no sabemos prácticamente nada sobre que lo pasó en el año 1989 y 1991 en la Europa del Este, tardaremos muchos años en conocer la verdad sobre lo que fue la historia en este momento tan decisivo para nuestro presente y futuro. Hacer historia de la Unión Soviética no es lo mismo que hacer historia de Rusia en el siglo XVIII, porque muchos de los documentos que pueden detallarnos los acontecimientos aún siguen guardados en la espera de que puedan ser desclasificados. Sea como sea, es un poco precoz en el 2015 querer buscar la verdad inmediatamente para conocer cómo fue todo en realidad, para ello debe de pasar mucho tiempo. Un ejemplo de ello, en el caso español sería la guerra civil del año 1936, después de 80 años aún pueden verse conatos de la fractura social que supuso y cómo radicalmente cambió la visión política de los españoles en muchos aspectos de la vida.

Juzgar a Stalin implicaba juzgar también a nuestra familia, a nuestros conocidos

La frase en negrita quizá sea de las frases que más me han marcado del libro. La idea de juzgar a Stalin como en los tribunales de Nuremberg después de la guerra mundial se plantea varias veces en el libro, muchos testimonios nos relatan la pérdida y la desaparición de muchos de sus seres queridos y en su caso no ha existido justicia después de la muerte de Stalin. Con la caída de la URSS, no ha existido una amnistía con las víctimas. Juzgar los crímenes cometidos implica a la vez acusar a quienes acusaban. El sistema soviético no era una élite burocrática como muchas veces se ha querido ver, el sistema soviético era más complejo, formulado por todos los individuos que trabajan y vivían, todos ellos eran parte de un mosaico de este orden político, indirectamente o directamente participaban de ello. La vida en la URSS era esencialmente obedecer lo que decía el Partido y la prioridad siempre se imponía por delante de la familia y del individuo, la propia cultura política era la del sacrificio por el bien común. Es por ello que exista un sector opositor a lo que fue el sistema soviético y vieran en el final de la década de los 80 con buenos ojos la regeneración que planteaba Gorbachov con su Perestroika. De la misma manera un importante sector de la población consideran que el capitalismo fue una estafa y la pérdida de todos sus derechos. Es difícil poder reconciliar estos dos puntos de vista y actualmente existe un importante sector que volvería a la Unión Soviética y la gran mayoría afirma tener nostalgia de este período.

En la Rusia soviética existía una forma diferente de concebir la vida y la cultura. El socialismo en Rusia generó grandes cambios y la transformación a principios de siglo XX de un país agrario casi feudal hasta convertirse en tan solo pocas décadas como potencia mundial y con un gran desarrollo industrial. No hay que ignorar los grandes aportes del socialismo ruso en la historia y en el progreso, que han sido muchos y hoy nuestro mundo no sería el mismo si no fuera por ellos, pero también hay que entender que gran parte de este progreso viene determinado por una importante parte de sacrificio humano y marcado por la represión. Aquellos que quieren volver al comunismo lo hacen porque con el capitalismo, el rublo ruso al entrar en el libre mercado hizo disparar la inflación del país y las pensiones y aquellos derechos que se gozaban en la URSS como las universidades, escuelas, hospitales, ayudas y prestaciones tuvieron que reducirse o privatizarse. Con la llegada del capitalismo en Rusia, toda una cultura se perdió. La gente que en tiempos del socialismo había podido conseguir mediante esfuerzo una carrera porque el propio sistema lo permitía, se dieron cuenta que esos estudios no servían de nada y que la manera en que les habían educado, mediante los valores de la camaradería y del internacionalismo, se veían reducidos a la nada con la devaluación económica del sistema. Se cerraron hospitales, fábricas, escuelas, museos. Se vendieron grandes cantidades al mercado negro y al extranjero de libros (los clásicos del marxismo), armamento, uniformes, insignias. Todo aquello que había sido una cultura, una estética, se perdió con la llegada del dólar. Las plantas de reciclaje por todo el país se llenaron de libros de literatura rusa y los contenedores de antiguas medallas y muebles que habían sido substituidos por los tejanos, las radios, los televisores y la comida rápida. Con el capitalismo, Rusia perdió sus señas de identidad.

En el agosto del año 1991, la parte dura del Partido Comunista e integrantes del ejército, plantearon un golpe de estado para parar las reformas de Gorbachov. Muchos testimonios, desafiando el poder  salieron a la calle a parar los tanques para evitar el golpe. De estos testimonios que en el año 1991 pedían libertad y cambios en el sistema, muchos de ellos ahora se sienten engañados con lo que fue más tarde el capitalismo, no era lo que esperaban. De la noche a la mañana, filólogos en lengua rusa vendían sus libros de Pushkin y Tolstoi por cuatro rublos a las plantas de reciclaje, los militantes del Partido que en su tiempo habían creído en las ideas del comunismo se deshacían de sus carnets por miedo a la represalias y los ancianos se vieron obligados a vender ropa y comida por la calle porque sus pensiones habían quedado reducidas a nada. Concluyendo, hay quienes ven el fin de una ideología y el desastre de una utopía, otros consideran que fue una tragedia y una avalancha en forma de piezas de domino por todo el mundo. El socialismo en Rusia y en el mundo, ha sido un cambio irreversible en la política y en la sociedad. Después de la URSS, significa el fin de la guerra fría y una nueva etapa que para muchos se planteaba como próspera y la solución a los problemas económicos del pasado. Con la llegada de la democracia liberal en Rusia, ha aparecido una clase de nuevos ricos que se han podido hacer con el control de las antiguas empresas públicas mediante la especulación, convirtiéndose en una importante oligarquía que son quienes verdaderamente controlan el poder. ¿Ha existido una regresión en Rusia o un cambio a mejor? Que cada uno piense y saque sus propias conclusión. Si la libertad es la libertad de poder comprar tejanos y colonia cuando antes no se podía, ¿hasta qué punto Rusia sigue estando en el mismo punto de partida?

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