Domingo, Agosto 20, 2017
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Diego y la revolución

Diego y la revolución

por Pedro Barata

(Debajo en portugués)

La Guerra de las Malvinas fue un enfrentamiento bélico entre la República Argentina y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte que tuvo lugar en las islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur. La guerra se desarrolló entre el 2 de abril, día del desembarco argentino en las islas, y el 14 de junio de 1982, fecha acordada del cese de hostilidades en Malvinas, aunque los británicos invadieron las Sandwich del Sur y el 20 de junio desalojaron las instalaciones de la Base Corbeta Uruguay de la Argentina, en el marco de la Operación Keyhole.

Ciudad de Mexico, 1986. En el Estadio Azteca, juegan Inglaterra y Argentina. El partido va 1-0 para los Sudamericanos cuando un tipo de 26 años nacido en el barrio pobre de Fiorito recoge la pelota en la mitad de la cancha. Lo que pasó después no ha sido contado mejor por nadie que Vitor Hugo Morales, el mítico narrador de fútbol uruguayo que estaba contando el partido en directo (y esto que yo siempre me he decantado por pensar que las cosas se cuentan mejor con un poco de distancia): “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés? Para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina, Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0.” Se terminaba de marcar el gol del siglo. El mejor gol alguna vez visto en un escenario como la Copa del Mundo.

Minutos antes de esta genialidad, vino la trampa. Hay un rebote en el área y la pelota vuela, y en el momento que la iba a atrapar Shilton, el mítico portero británico, salta d10s disfrazado de humano y, con la mano, mete la pelota en la portería.

En estos momentos, mi querido lector ha tomado ya una de dos actitudes: o ha parado ya de leerme y ha seguido con su preciosa vida, o está un poco atónito con la marcha del discurso. Pero la verdad es que en ese día 22 de Junio, en los Cuartos de final del mundial, Diego Armando Maradona ha dado un mensaje al mundo: con tanques y espingardas los ingleses nos han ganado la guerra, pero dentro de una cancha, 11 contra 11 con una pelota por el medio y sin nada mas, nosotros somos más que ustedes. Y, después de todo el desastre de las Maldivas, una pequeña trampa como meter un gol con la mano no era anti-reglamentario, sino justicia poética. O divina. O futbolísticas. Vamos, todos sinónimos.

Cielo de Sudamérica, 2005. Uno de los políticos mas emblemáticos del mundo y un recién-salido de una clínica de rehabilitación en Cuba comparten un vuelo de helicóptero. El político habla de una de sus grandes pasiones, el béisbol, mientras, en cambio, escucha historias de un deporte, que en su país es muy débil, como es el futbol. En el medio de la charla, en Comandante Hugo Chávez le cuenta a Diego Armando Maradona que tiene muy enraizada en su cabeza la idea de crear una canal de TV que hiciera la unión de los pueblos latino-americanos. La CNN del Sur. La Telesur, instrumento que se vino a revelar una de las mejores formas de propaganda del socialismo chavista en todo el continente en la ultima década.

En estos momentos, Maradona había dejado ya su piel de futbolista. Habíase apartado de las canchas, había sido acogido por “una blanca mujer de misterioso sabor y prohibido placer” (Potro Rodrigo, La Mano de Dios) y, en el medio de todo, se había convertido en un instrumento político. Siempre conocido por su vertiente izquierdista y revolucionaria, se había tornado en intimo de Evo Morales, Chávez o Fidel. Ha acudido a Caracas para escuchar las interminables charlas del Comandante. Mientras los estadistas erigen su voz contra los USA, él habla en contra del poder dominante del futbol, la FIFA. A la gente que se ve ilusionada con el discurso anti-norte le seduce un tipo que les ha ganado a los poderosos por talento, magia y arte, pero también con pillería y trucos propios de los potreros del río de la plata. Los latino-americanos podían ganarles a los ricos y poderosos, no con el dinero o los recursos de ellos, pero con sus propias armas y formas. La pelota como revolución. Como medio de conexión entre la tribuna y el pueblo.

En medio de todo esto, hay un hombre al cual los años pasarán sin piedad. El jugador se hizo mito, el mito se hizo leyenda. Diego dejo de ser Diego. Ha pasado ha ser un icono. Algo poco real, más sueno que hecho concreto, más historia de padres para hijos que algo que los ojos miran. Solo ha sido feliz dentro de una cancha, y después de que lo sacaran de ahí su vida se convirtió en una referencia de vida para otros, mientras su vida perdía vida y se convertía en causa de otros.

 

 

A guerra das Malvinas foi um enfrentamento bélico entra a República Argentina e o Reino Unido da Grã Bertanha e Irlanda do Norte que teve lugar nas ilhas Malvinas, Geórgias do Sul e Sandwich do Sul. A guerra durou desde o dia 2 de Abril de 1982, dia do desembarque argentino nas ilhas, e o dia 14 de Junho de 1982, data acordada para o fim das hostilidades nas Malvinas, ainda que os britânicos tenham depois invadido Sandwich do Sul e no dia 20 de Junho tenham desalojado as instalações da Base Corbeta Uruguai da Argentina, no marco principal da Operação Keyhole.

Cidade do México, 1986. No Estádio Azteca, jogam Inglaterra e Argentina. O jogo está 1-0 a favor dos sul-americanos quando um tipo de 26 anos nascido no bairro pobre de Fiorito recolhe a bola no meio-campo. O que se passou depois não foi contado melhor por ninguém que não Vitor Hugo Morales, o mítico locutor de futebol uruguaio que estava a fazer a narração do jogo em directo (e eu sempre fui partidário da ideia de que as coisas contam-se melhor com um pouco de distância): “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja el tendal y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! Ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta… Gooooool… Gooooool… ¡Quiero llorar! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés? para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina, Argentina 2 – Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias, Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”. O golo do século tinha acabado de ser marcado. O melhor golo alguma vez apontado num cenário como o Campeonato do Mundo.

Minutos antes da genialidade, veio a batota. Há um ressalto perto da área e a bola voa, e quando Shilton, o mítico guarda-redes inglês, se preparava para a agarrar, saltou d10s disfarçado de humano e, com a mão, colocou a bola na baliza.

Por esta altura, o meu querido leitor já tomou uma de duas atitudes: ou deixou de me ler e prosseguiu com a sua preciosa vida, o está um pouco atónito com a marcha deste discurso. Mas a verdade é que nesse dia 22 de Junho, nos quartos-de-final do mundial, Diego Armando Maradona deu uma mensagem ao mundo: com tanques e espingardas os ingleses ganharam-nos a guerra, mas dentro de um campo, 11 contra 11 com a bola pelo meio e sem nada mais, nós somos melhores que vocês. E, depois de todo o desastre das Malvinas, uma pequena batota como marcar um golo com a mão não era contra o regulamento, mas justiça poética. Ou divina. Ou futebolística. Tudo sinónimos.

Céu da América do Sul, 2005. Um dos políticos mais emblemáticos do mundo e uma pessoa que havia acabado de sair de uma clínica de reabilitação em Cuba partilham um voo de helicóptero. O político fala de uma das suas grandes paixões, o beisebol, enquanto ouve histórias de um desporto que no seu país é bastante débil, o futebol. No meio da conversa, o Comandante Hugo Chávez conta a Diego Armanado Maradona que pensa criar um canal de televisão que fizesse a união dos povos latino-americanos, a CNN do Sul. A Telesur, o instrumento que acabou por se tornar numa das melhores formas de propagando do socialismo chavista por todo o continente ao longo da última década.

Por esta altura, Maradona já havia deixado de parte a pele de futebolista. Tinha-se afastado dos relvados, tinha sido acolhido por “uma mulher branca de misterioso sabor e proibido prazer “ (como diz Potro Rodrigo na canção La Mano de Dios) e, no meio de tudo, tinha-se transformado num instrumento político. Sempre conhecido pela sua vertente esquerdista e revolucionária, tornou-se íntimo de Evo Morales, Chávez ou Fidel. Foi a Caracas para ouvir os intermináveis discursos do Comandante. Enquanto os estadistas levantavam a voz contra os EUA, ele falava contra o poder dominante no futebol, a FIFA. As pessoas que se entusiasmavam por um discurso anti-Norte (e anti-capitalismo ou anti-Ocidente opressor) viam-se seduzidas por um tipo que conseguiu ganhar aos poderosos graças ao talento, à magia e à arte, mas também devido à perspicácia e truques próprios dos campos pelados do Rio da Prata. Os latino-americanos eram, assim, capazes de vencer os ricos e poderosos não com o seu dinheiro ou recursos mas com as suas próprias armas e estilo. A bola como revolução. Como forma de conexão entre a bancada e o povo.

No meio de tudo isto, existe um homem pelo qual os anos passaram sem piedade. O jogador fez-se mito, o mito fez-se lenda. Diego deixou de ser Diego. Passou a ser um ícone. Algo pouco real, mais sonho que coisa concreta, mais história de pais para filhos que algo visto pelos olhos. Só foi feliz dentro de um campo, e desde que o tiraram de um campo a sua vida transformou-se numa referência de vida para os outros, enquanto a sua vida perdia vida e se transformava em causa de outros.

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