Viernes, Junio 23, 2017
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Descubriendo a Arne Naes

Descubriendo a Arne Naes

Además de ser el fundador de la ecología profunda, Arne Naes ostenta el reconocimiento de haber sido el más reputado filósofo noruego del siglo XX, siendo el catedrático más joven de los nombrados en la Universidad de Oslo y un avezado alpinista en sus ratos libres.

Aunque en sus comienzos muestra un fuerte sentido de la razón y una mente empírica, poco a poco Naes va cambiando de perspectiva, llegando al punto de poner a las emociones como motor de cambio y punto de partida de su cosmovisión.

No es de extrañar, por lo tanto, que entre sus fuentes de inspiración encontremos a personajes como Gandhi, Toureau, Espinoza o Rachel Carson’s, entre otros.

Así, nos trae a Baruch de Spinoza como uno de los filósofos occidentales más preocupado en el estudio de las emociones. En contraste con la creencia en el progreso y la razón de la Ilustración, la ética de Espinoza se fundamenta en la creencia del propio progreso del ser humano.

 

La importancia de las emociones en el desarrollo de nuestra libertad

Espinoza distingue entre “emociones positivas” y “emociones negativas”. Respecto de estas últimas, reciben el nombre de pasivas debido a los efectos que producen en nuestra propia naturaleza. El odio o la envidia, son por ello emociones que impiden nuestro desarrollo personal.

Las emociones activas, en cambio, permiten un pleno desarrollo de nuestra esencia natural y alcanzar un estado de actividad plena, incluyendo a todo nuestro ser en dicho estado.

Así, movidos por emociones activas, podemos alcanzar un mayor desarrollo de nosotros mismos y estados más plenos de libertad.

 

Ratio: la voz de nuestra propia esencia y naturaleza

Suele decirse que en nuestro interior hay una especie de brújula o voz que nos guía a estados más plenos de libertad. Espinoza denomina a esta voz “ratio”.

En oposición con la razón, más instrumental o utilitaria, ratio nos marca una dirección que se muestra en armonía con la esencia del ser humano y, por lo tanto, con nuestra propia naturaleza o “natura naturans”.

 

Emociones y naturaleza

Aquellos seguidores de la filosofía profunda muestran un sentimiento y sentido de la interconexión e interdependencia de todos los seres que habitan el planeta. Por lo tanto, consideran a la humanidad como parte de esta unidad. Arne Naes y George Sessions redactan los siguientes principios:

 

Manifiesto de la Ecología Profunda

1.- El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana sobre la tierra, son valores en sí mismos. Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para los fines del ser humano.

2.- La riqueza y la diversidad de las formas de vida contribuyen a la realización de estos valores y también son, en consecuencia, valores en sí mismos.

3.- Los humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y esta diversidad, salvo para satisfacer necesidades vitales.

4.- El florecimiento de la vida y de la cultura humanas es compatible con una reducción sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana requiere ese descenso.

5.- La intervención humana en el mundo no humano es actualmente excesiva. Y la situación se va degradando rápidamente.

6.- Tenemos que cambiar nuestras orientaciones políticas de forma drástica en el plano de las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas. La situación resultante será profundamente diferente de la actual.

7.- El cambio ideológico consiste principalmente en valorar la calidad de la vida (de vivir en situaciones de valor intrínsecas), más que en tratar sin cesar de conseguir un nivel de vida más elevado. Tendrá que producirse una toma de conciencia profunda de la diferencia que hay entre el crecimiento material y el crecimiento personal independiente de la acumulación de bienes tangibles.

8.- Quienes suscriben los puntos que se acaban de enunciar, tienen la obligación directa o indirecta de obrar para que se produzcan estos cambios, necesarios para la supervivencia de todas las demás especies del planeta, incluyendo la del ser humano.

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