Viernes, Junio 23, 2017
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Caminante hace su camino, el carril su conductor

Por Lucas Pardo

Ciudad Universitaria, 23 de julio. Sólo faltaban diez minutos para que Jorge Lago e Íñigo Errejón inaugurasen la Universidad de Verano organizada por el Instituto 25M, pero el suelo seguía cubierto por el blanco de las sillas. Pasada la hora, las sillas empezaron a llenarse poco a poco de un público ajetreado. Una lluvia púrpura iba coloreando el neutro blanco del pabellón. Pero en poco avanzó el rumor: Íñigo ya ha llegado. Rodeado por los medios de comunicación y los más entusiasmados, subió a la plataforma al cabo de unos instantes.

Quizás era por el suspense o por no saber cómo comportarse en este nuevo acontecimiento, pero las agitaciones de Errejón no movieron la audiencia a la aclamación. Parecía ser otra audiencia que la que aplaudiría y retumbaría en exaltación “¡Sí se puede!” en la clausura de la Universidad de Verano. No obstante, en poco tiempo la atmósfera fue más densa cuando Errejón empezó a pintar las causas y necesidades del nuevo rumbo que ha emprendido Podemos. Además de los obstáculos y desafíos, habló del vehículo en el que habría que subirse y en cuyo conductor tendría que transformarse la audiencia.

Toda construcción se empieza desde los cimientos. Así, Errejón también empezó construyendo el entorno donde se sitúa Podemos. En este momento la casta está marcando el tiempo y el espacio, a qué velocidad y dónde suceden las cosas. En una situación como esta, se tiene que estar atento continuamente. No sabes cuándo ni en qué situación te van a pedir ciertas aclaraciones, ni cuándo van a ser las elecciones, cuándo habrá que entregar ciertos documentos ni en qué situaciones. Como se puede adivinar, este tiempo y espacio marcado por la casta no son propicios para Podemos, no sólo porque no se compartan los intereses de los anteriores, sino también porque no quieren que Podemos asuma una posición desde donde hacerse un actor de peso.

¿Pero qué tipo de actor es Podemos ahora según Errejón? No tiene tiempo para pasear (las elecciones se celebran pronto), hay escasos recursos (que en su mayor parte provienen de donaciones), todo se hace sobre la marcha (no existen estructuras o modelos previos). Para ganar las elecciones hay que poder mantener unidas las filas, y hay que poder construir un referente potente al que la gente pueda sumarse. Por ello, explicó Errejón, hay que diseñar un plan con el que se consiga avanzar rápido durante este año electoral. Esto significa que no se podrá hacer siempre lo ideal, que no va a estar satisfecho todo el mundo, que hay que centralizar el poder y que hay que rebajar los requisitos más abiertos y democráticos.

¿Y cuáles son los requisitos para avanzar rápido? Errejón explicó a la audiencia que ahora se tendrán que usar dos carriles, ya que no es posible recorrer sólo por una ruta. En esta estrategia de dos carriles, el primero es un carril rápido para adelantar que se usa solo transitoriamente para ganar las elecciones. El segundo carril es lento, no sirve para acelerar, sino para construir una nueva cultura, historia, mitos, identidades y sociedad juntos. Este último carril representa esa ruta anterior donde el mayor eje era trabajar juntos con todos.

La estrategia presentada por Errejón supone obviamente muchas cosas nuevas y se separa de cómo se iba antes. Si antes el mero trayecto representaba su propio destino, ahora el carril lento tiene su propio curso y el rápido su fin en las elecciones. Según Errejón la diferencia con respeto a lo anterior es que ahora se avanza en los dos carriles al mismo tiempo. Por el primero hacia las elecciones y por el segundo hacia la reforma radical.

El discurso sobre dos carriles ya estuvo pavimentado en Vistalegre. No se trata sólo de un cambio de estrategia, sino de la construcción de un contexto. Desde este se pueden legitimar ciertas transformaciones en la organización del partido y adelantar la victoria electoral y la acumulación de votantes que esto requiere ante la reforma radical. Dicho adelantamiento se justifica diciendo que desde la victoria electoral se puede empezar el proceso constituyente – o revolucionario.

¿Y qué ocurre si la denominada estrategia es más que una simple estrategia? La situación será probablemente que si no se centraliza al poder, que si no se pueden tomar decisiones uniformes, si no se pueden organizar y asignar los recursos escasos, si no se logra componer en un horario apurado los programas necesarios, entonces los votos irán a otro lado. En tal caso, no se logrará el éxito electoral, el movimiento será más frágil y al final se cerrará esa ventana abierta que da posibilidades para construir un pueblo detrás del proceso. Pero para usar los dos carriles, ¿no se necesita un nuevo medio de transporte? Esto supondría un nuevo tipo de actor que lo conduzca. Entonces, ¿podría ser que la maquinaria de guerra electoral ya no pudiera transformarse de nuevo en el movimiento popular, porque ya circularía por otro carril?

Errejón mencionó un parte importante de la estrategia de dos carriles que se irá planteando mientras se haga el recorrido. Es el intento de construir un nuevo juego con reglas propias, y conseguir que los demás jueguen a él. Una vez estén jugando con tus reglas, los adversarios empezarán a cambiar dentro del juego. Al final no es tan importante quién gane el juego. Igual que los perdedores, el ganador también juega con tus reglas y mantiene tu juego. Durante las últimas décadas, muchos partidos europeos han usado esta estrategia: los verdes, partidos regionalistas y hasta algunos partidos antiinmigración. Pero Podemos no es un partido con una sola agenda.

Al final, la inauguración despertó más preguntas y recelos que certidumbre. No obstante, fue la tarde y fue la mañana: para el cuarto día se había creado el entorno propicio y su tripulación pudo comenzar. Aún es preciso preguntarse por qué y con qué estrategia. En el fondo del discurso parece que la estrategia de los carriles se creó en base a las siguientes interpretaciones:

  • Ahora hay momentum para un gran victoria electoral y así empezar el proceso de reforma radical con el proceso constituyente.
  • Con la vieja estrategia no se puede conseguir una legitimación popular para estas medidas.

Sobre estas bases se puede plantear lo siguiente:

  • Para ganar las elecciones se necesita un amplio electorado (a diferencia de un amplio grupo de partidarios).
  • Para obtener este electorado hay que transformar Podemos en un partido “creíble”.
  • Para que el partido pueda ser “creible”, tiene que seguir las reglas del juego formado por el sistema político hegemónico.
  • Esta nueva subjetividad institucional conlleva relaciones y requisitos que después son difíciles de romper porque uno ya no es lo que fue (se ha invertido en una forma de organización, en la necesidad de un líder en cierta posición, cierta credibilidad, cierto dinamismo y velocidad para explicar, entender y legitimar las decisiones que se toman, quizás hasta que el tiempo se convierta en el mejor enemigo).

Puede que la ejecución de una estrategia acarree un resultado opuesto al deseado. Se puede ver que la nueva estrategia llevará al incumplimiento de las metas y los valores que la desconfianza y salida de compañeros indican. A la vez, el partido se transforma de una herramienta revolucionaria en el vehículo para ganar votantes. Y al final una revolución se convierte en una reforma radical. O sea que volverá a suceder lo que ya ha ocurrido a tantos movimientos populares en Europa. Primero se convierten en partidos y luego, cuando se interpreta (desde ese juego y subjetividad en que se ha convertido para adquirir ese posicionamiento) que no se va a lograr la meta principal, se racionaliza que es mejor lograr algo que nada. Lo que queda pendiente es, ¿no se volverá uno ciego a la velocidad si conduce por el carril de adelantar hasta que andar parezca lento e ir rápido normal?

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