Miércoles, Agosto 23, 2017
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Anotaciones de un ayudante de cocinero (1)

Anotaciones de un ayudante de cocinero (1)

Hace unas semanas leí algunos de los libros más conocidos de Charles Bukowski. Uno podría atreverse a decir sobre el autor que fue un adicto al alcohol, a las vaginas y a la literatura, ahora bien, que solo entendía de literatura. Haría entonces uso de un juicio de valor al que no tengo licencia, pues jamás conocí al autor. No obstante a los protagonistas de sus historias sí se les puede definir con estos tres grandes rasgos en su personalidad. A mi modo de ver Bukowski transgredió el eje de lo moral a través de su literatura a la vez que dio a la humanidad un testigo imprescindible de una vida muy crítica a la tradición occidental. Un detalle significativo en sus relatos es la frecuencia con la que su protagonista, mayoritariamente Hanks Chinasky, vomita. Para mí esto dibuja no solo lo posterior a una borrachera sino un estilo de vida: el bebedor vomita cuando su cuerpo detecta que ya no puede ingerir más alcohol. Se traga sin límite hasta que no se resiste más y luego se echa todo. De dentro a fuera. El día siguiente se volverá a tragar.

A mi entender Bukowski fue alguien que supo desarrollar más sus escritos en la novela que en los cuentos cortos o bien en las sátiras que publicaba en distintas revistas. Mientras que sus novelas consiguen atraparte en el protagonista principal, ya sea porque es alguien desastroso, porque acostumbra a ser un ser simple y sensible, o porque a pesar de lo incómodo que se siente en su entorno es alguien que aprovecha todo lo bueno que le viene, a mi entender, sus relatos cortos no consiguen el mismo efecto. Básicamente por la brevedad del texto y porque la sensación del personaje desastroso, borracho y machista, pero brillante en la escritura, buenachón y, en cierto modo, sentimental, se despierta a lo largo del camino. El relato largo que suponen sus novelas, aunque absolutamente dinámicas y rápidas de leer, es lo que te permite simpatizar con un personaje que aparentemente actúa contrariamente a muchos de los valores morales de los que muchos lectores no se atreven a transgredir y por eso abandonan su lectura. Es por eso que considero que en la novela transmite una sensación de identificación. El lector tiene que sentirse alcohólico, rebelde con el entorno, que la vida tal y como la entienden los demás no le importe absolutamente una mierda, pero combatir la muerte al pasarlo bien y negarse rotundamente a morir. Algo grotesco. En el relato breve no me transmite la misma sensación de identificación con sus protagonistas, o al menos yo como lector no busco esto cuando leo en formato corto.

Transmite en sus escritos que es un gran lector y que consume textos de mucha variedad, mientras que no transmite lo mismo con la música. No es una afirmación sino una intuición, pues creo que a Bukowski le gustaba la música, ahora bien siempre escuchaba lo mismo: música clásica, de Bach a Beethoven y a Brahms, no mucho más. Esto no es una crítica negativa, por supuesto que no, es simplemente una sensación. Yo por ejemplo escucho cada día a Chet Baker, Amy Winehouse y Andrea Motis. Me gusta, lo necesito. Es buena música lo que escucho, pero esto no implica que sea ningún melómano. Lo mismo con Bukowski, quizás me equivoco.

Tengo pendiente su poesía, sé que lo más seguro es que no me decepcione, pues hasta ahora no he encontrado el momento de leer sus versos.

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