martes, octubre 17, 2017
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El significado del Anillo

El significado del Anillo

“El Señor de los Anillos”, de J. R. R. Tolkien, es una obra conocida en todo el mundo y sus lectores se cuentan por miles. Sin embargo, la mayoría de ellos no se han parado a pensar en su significado. Viajeros de la Tierra Media, quedaros junto al fuego y descubriréis mi particular visión de esta obra maestra de la literatura.

Todo comenzó cuando Frodo, un joven de pueblo normal y corriente, descubre que el viejo anillo que le regaló su tío no es un anillo normal. Su amigo Gandalf, el poderoso mago, sospecha que se trata de un antiquísimo anillo, aquel del que hablan las leyendas hace siglos olvidadas: “Un Anillo para gobernarlos a todos. Un Anillo para encontrarlos, un Anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas en la Tierra de Mordor donde se extienden las sombras”.

En efecto, se trata del Anillo único, aquel en el que reside el alma y el poder del Señor oscuro de Mordor. Sus ejércitos de seres repugnantes y su cuerpo físico fueron derrotados en una remota época donde los dioses aún bendecían a los hombres, pero la codicia de estos evitó la destrucción del Anillo, que permaneció olvidado tras el paso de los siglos. Mas lo cierto es que el Anillo provocaba en los corazones humanos un irresistible deseo de poseerlo, estimulando las tentaciones más oscuras de su portador cuanto más tiempo permanecía en su poder y haciendo imposible que este lo destruyera.

Sin embargo, el Señor oscuro ha despertado y lo ha hecho con más fuerza que nunca. Gandalf cree que solo la destrucción del Anillo único en la lava del volcán donde fue forjado puede parar a los ejércitos del mal de nuevo y destruir de una vez para siempre su alma, salvando a los reinos de los hombres del yugo de la esclavitud. El único que tiene alguna posibilidad de lograrlo, si es que hay alguna, es el bondadoso y sencillo Frodo, que se ve arrastrado a esta terrible responsabilidad por el temor del resto a portar el Anillo y caer en sus tentaciones.

Otros hombres eran más virtuosos, más sabios o más poderosos, como el propio Gandalf, pero este era consciente de los deseos más ocultos que todo hombre tiene, mayores cuanto más poderoso es. Sabía que utilizando el Anillo, alcanzaría un poder mayor al del Señor oscuro. Al principio usaría su nueva condición para derrotarle y traer el bien a la Tierra Media, pero él sabe que, como todos, acabaría corrompiéndose. Utilizaría el poder del Anillo en su propio beneficio y terminaría por convertirse en un tirano peor que el actual. Ha sido forjado para subyugar y esclavizar a los hombres, tanto a sus poseedores como a los demás, y mientras este no sea destruido, la humanidad no será libre.

Este era el gran temor del Señor oscuro, como bien sabía Gandalf. No podía concebir el que alguien con la capacidad para hacerlo no le arrebatara el poder, eligiendo en su lugar destruir el Anillo. Destruir la poderosa arma del enemigo en lugar de usarla a su favor, tal era el plan de Gandalf. Podía parecer difícil, incluso imposible, pero era la única esperanza de lograr ser libres. “El Señor de los Anillos” es la historia de este viaje desesperado a través de la Tierra Media, hacia las tierras grises y cenicientas de Mordor, emprendido por Frodo y sus compañeros para destruir el Anillo único. En definitiva, un relato que traspasa la ficción y consigue arrastrarte al mundo de la novela de forma magistral.

¿Pero qué relación puede tener esto con la literatura, la filosofía y la política? La clave reside en el significado que le demos al Anillo. Imaginaros por un momento que este fuera una alegoría del Estado, la representación física del mismo. Lo cierto es que ambos comparten la misma naturaleza. Los dos nacieron para dominar a los hombres, para gobernarlos y someter sus voluntades a la del soberano de turno, para crear y defender los privilegios del señor frente a las miserias y desdichas de la mayoría.

De igual forma, el Anillo y el poder del Estado corrompen tarde o temprano a todos aquellos que los tienen, independientemente de sus virtudes personales, pues estas solo contribuirán a hacerles tiranos aún más poderosos. Lo que corrompe a los hombres es el hecho mismo de encontrarse en una situación de privilegio respecto al resto, la facultad de imponer tu voluntad. Por si estas semejanzas fueran pocas, la historia también está llena de luchas por arrebatarse el poder unos a otros, convirtiéndose los nuevos gobernantes en la misma clase de gente que acababan de expulsar y preocupándose más de que no les arrebaten el poder que de cualquier otro fin.

Siendo el Anillo y el Estado herramientas de dominación ¿no sería estúpido intentar usarlos para traer la libertad a la humanidad? Boromir, Príncipe de Gondor, pensaba que esto no era incompatible y que el Anillo podía ser utilizado para ganar la guerra. Solo esclavizaba y sometía a la humanidad porque era utilizado por el Señor oscuro, pero creía firmemente que si su poder descansaba en manos de un hombre recto y sabio, este sería el arma perfecta para derrotarle, trayendo la paz y el bienestar a los pueblos libres de la Tierra Media. Lo cierto es que el bueno de Boromir ni siquiera necesitó poseer el Anillo para corromperse, le bastó tan solo el deseo de hacerse con él. El deseo de controlarlo le hizo enloquecer y le llevó a traicionar a sus compañeros.

Al igual que Boromir, el marxismo, en sus diversas ramas y tendencias, cree que cuando los oprimidos lo controlen, podrán utilizarlo para emancipar al hombre a pesar de que es un instrumento para dominarlo. Piensan que a ellos no les corromperá, que no se convertirán en una nueva clase dominante como lo fue la que tenía anteriormente el Anillo. Pero, como nos enseñó “El Señor de los Anillos” y la propia experiencia histórica, la verdadera revolución no será obra de ningún iluminado sino de la gente sencilla y normal. Puede parecer una locura, como lo fue el plan de Gandalf, pero solo la gente como Frodo puede liberar a la humanidad. ¡Deben ser valientes y empezar a gobernarse a sí mismos!

¿Ya os ha quedado clara la relación entre la literatura, la filosofía y la política? A través de la obra de Tolkien he podido explicaros de forma muy sencilla y evitando el rechazo inicial que genera en la mayoría de personas, el núcleo de la teoría filosófica y política del anarquismo. La literatura tiene una gran capacidad para transmitir ideas complejas de forma sencilla y entretenida a las masas, creando una mitología popular que puede ser utilizada como apoyo para transformar la sociedad con una fuerza mil veces mayor que cualquier ensayo filosófico. Sin embargo, es necesario que este fin no sea evidente para el lector poco atento, pues rompería toda la magia del relato y haría imposible que transmitiera la moraleja filosófica.

Y, para los fans de Tolkien, no importa que fuera anarquista o no, lo importante es que hayáis visto como he podido utilizar la literatura de forma didáctica. Sin embargo, no puedo despedirme sin citar estas confesiones de Tolkien, encontradas en una carta que escribió en 1943: “Mis opiniones políticas se inclinan más y más hacia el anarquismo (entendido filosóficamente, lo cual significa la abolición del control, no hombres barbados armados de bombas) o hacia la monarquía “inconstitucional”. Arrestaría a cualquiera que empleara la palabra Estado (en cualquier otro sentido que no fuera el reino inanimado de Inglaterra y sus habitantes, algo que carece de poder, derechos o mente)”.

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