Viernes, Julio 21, 2017
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Viviendo sin pasarse

Viviendo sin pasarse

Por Lena Macau

 

Leer mitología griega te lleva a encontrar respuestas alternativas a casi todas las preguntas referentes al mundo que nos rodea. El nombre Apolo puede sonarnos a muchos, dios de las artes y la música, hijo de Zeus y víctima de Eros -Cupido- desde que éste le maldijo por burlarse de él cuando le vio jugar con un arco y unas flechas. Por eso Eros le lanzó una flecha a Apolo obligándole a quedar perdidamente enamorado de Dafne; que a su vez fue víctima de Eros recibiendo una flecha cargada de odio hacia Apolo. Así se inició la persecución. Apolo, inflamado de pasión, perseguía a Dafne y ella pasaba los días sin poder dedicar su tiempo a otra cosa que a escapar. Hasta que un día, cansada de esta vida y a punto de ser encontrada, pidió ayuda a su padre y quedó convertida en laurel; dándole a Apolo la única opción de abrazar su tronco o tomar alguna de sus hojas.

 

En este mito, como en muchos otros, se aprecia la intensidad en las vidas de los protagonistas. Una intensidad tan cautivadora que hace que deje de importar cualquier otra cosa que no sea el momento presente. La vida futura pierde valor y ni siquiera se sabe si se llegará a ella. Una sensación similar a la que tuvieron los espartanos durante la batalla de las Termópilas, a la idea del Sublime que buscaron los Románticos o, quizás, a sentarse con los ojos cerrados y dejarse llevar por la música de Wagner.

 

Sobre este sentimiento de entrega a los hechos que nos pasan en la vida habla el filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno Zizek, o más bien dicho, sobre la falta de este en la sociedad actual. Será porque nos levantamos cada mañana con una larga lista de cosas que hacer y tenemos que interrumpir una para llegar a la siguiente sin parar de correr detrás del reloj. Pues solo pensamos en el tiempo que a nosotros nos toma hacer algo, pero no en el tiempo que las cosas necesitan para ser hechas. Quedamos con alguien y en el momento en que la conversación empezaba a ser interesante, ¡zas! “Ostras, que tarde se ha hecho, lo siento pero tengo que ir a bla bla bla”. Y todo lo que podría haber pasado, la confianza adquirida o el intercambio de conocimiento tiene que quedarse en el aire.

 

Dormimos poco, comemos demasiado rápido y como no tenemos tiempo de relacionarnos, usamos plataformas en internet que no necesitan de nuestra presencia física y que rellenan nuestro tiempo en vez de dormir o mientras comemos. Resulta que hasta las necesidades básicas del ser humano, que solo son tres, las hacemos mal por la falta de tiempo o la idea de que hay que hacer tantas cosas en un día como se pueda para sentirse bien y ser útil.

 

Vivimos, quizás, en un mundo de superficialidades donde la vida es un juego de apariencias y, como dice Zizek, queremos las cosas sin la parte negativa que éstas puedan tener: queremos cerveza sin alcohol, azúcar sin calorías y amor sin sufrimiento. Que nada nos afecte mucho, que tenemos demasiadas cosas que hacer. Aunque ya nos advierten desde hace años: quién mucho abarca, poco aprieta.

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