Sábado, Julio 22, 2017
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Ucrania o jugar con los tabús históricos

Un hecho es historia solamente cuando ninguna de sus raíces puede tocar al presente. Nicolae Iorga

¡Qué alegría me sobrevino cuando encontré esta frase entre una recopilación de frases sobre historia! Se dio ese maravilloso suceso en el que un pensamiento propio, totalmente difuso, amorfo e incorpóreo estaba ya grabado en el mármol del conocimiento humano. ¡Vaya frase, deliciosa como pocas! Y útil, porque andaba yo meditabundo, con la inmodesta pretensión de analizar el conflicto de Ucrania a través de la historia, cuando la frase apaciguó mi frustración. Se dice, por ahí, que a lo mejor nos encontramos en una nueva Guerra Fría, o puede que un poco más caliente; ni idea. Yo solo reflexionaba, me decía para mis adentros: la solución es analizar la guerra fría como período histórico y lo verás más claro. Entonces me embistió la frase de Nicolae Iorga que me dijo que la raíz de la URSS ya no toca el presente, pero sí la raíz de los EEUU.

Robert Kagan cree que nos encontramos en una nueva versión del siglo XIX. Los soberanos absolutistas de Rusia y Austria apoyaron autocracias afines en la Francia posrevolucionaria y utilizaron la fuerza para suprimir insurrecciones liberales en Alemania, en Polonia, en Italia y en España. El Reino Unido de Palmerston empleó el poder británico para ayudar a los liberales del continente; Estados Unidos vitoreó las revoluciones liberales de Hungría y de Alemania y se mostró indignado cuando las tropas rusas acabaron con las fuerzas liberales en Polonia. En la actualidad Ucrania es el campo de batalla entre fuerzas apoyadas por Occidente y las favorecidas por Rusia. Ese mundo se acabó en Los cañones de agosto, no por casualidad el libro que estaba leyendo Kennedy en 1962. Como bien dice Kagan, hoy los rusos consideran que los acuerdos posteriores a la Guerra Fría no fueron más que una capitulación impuesta por Estados Unidos y Europa en un momento de debilidad rusa. Cabe añadir que, desde el punto de vista de Putin, la caída de la URSS fue el mayor desastre geopolítico de la historia. Por eso, la inclinación al reproche que existe actualmente en Rusia recuerda a Alemania tras la Gran Guerra, cuando los alemanes lamentaban el “vergonzoso” diktat de Versalles. Esta mentalidad geopolítica y de esferas de influencia rusas confronta con la Europa posmoderna. Europa no habla así, además no se lo puede permitir porque evocaría demasiados tabúes históricos que ha decidido dejar atrás en su propia construcción. Putin lo sabe y ha planteado la guerra discursiva: menciona los open borders de Ucrania con Russia y la ayuda humanitaria. Así, con esta mimetización retórica, se presenta como un país no alineado con el mundo liberal pero con valores que se pueden aceptar.

Así pues, por ponerlo como el ministro de asuntos exteriores ruso, Serguei Lavrov: “Por primera vez en muchos años, ha aparecido un entorno realmente competitivo en el mercado de las ideas. Occidente está perdiendo el monopolio sobre el proceso de globalización.” Se pone en duda la globalización, algo, que a ojos de Lavrov, no es más que la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de los EEUU. No por nada, los rusos, o incluso los chinos, creen que occidente consigue imponer sus puntos de vista a los demás no porque tengan razón, sino solo porque tienen suficiente poder para hacerlo. Muy interesantemente, el escritor francés Michel Eltchaninoff sugiere una comparación de Rusia con el “Nuevo Estado”, creado por Antonio Salazar en Portugal entre 1933 y 1974, por lo general llamado fascista pero, aunque fue autoritario, debería ser descrito, con más precisión, como conservador, religioso y nacionalista. Para Putin, es una respuesta a lo que considera como el decadente y “antropocéntrico”, o egoísta y materialista , Occidente. Otra batalla discursiva. Por su parte, William Pfaff pone a Putin al mismo nivel que los republicanos en EEUU en su visión sobre el ascenso del Neoconservadurismo.

Esperemos que quien deba tener presente los cañones de agosto lo tenga, para que todo lo que hoy conocemos no pase a ser el mundo de ayer. O peor, que el retorno de la historia no acabe siendo el fin de la historia, pero no exactamente como la entendió el Dr. Fukuyama.

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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