martes, septiembre 19, 2017
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Trattoria Luca: crítica culinaria

(Opiniones sobre la cocina del restaurante Trattoria Luca, también conocido por Casa Luca. Desde este texto tuvo que comer sopa con antibalas).

No piensen en una tragicomedia cuando saquen la fécula inerme que llaman vermicelliallevongole—una suerte de spaghetti con almejas. No lo hagan, les recomiendo mejor que piensen en el neorrealismo italiano. Todas las cintas expresaban una fulgurante necesidad de sinceridad, de descripción cruda de la realidad; Y siempre con un fin didáctico a nivel moral. Es un plato de conchas sinceras y un didáctico nivel moral. A medida que vayan llevándose los moluscos a la boca se darán cuenta de su nivel de ética, muy superior, verbigracia, al de Casa Paolo, en cuyos tagliatelle se identifica la influencia de Federico Fellini. Una pasta mucho más autobiográfica donde se han llegado a añadir conchas con las que tienes que hablar si no quieres permanecer en ayunas.

De segundo pedí algo consistente, así que, y aprovechando el origen toscano del chef, pregunté si me podían cocinar una fiorentina —un bistec famoso por su gusto y tamaño, típico de Florencia. La respuesta fue afirmativa. La carne estaba sabrosa pero se identificaba un fuerte carácter marxista. Luego me enteré de que Enrico había militado toda su vida en el Partido Comunista Italiano e intentaba captar adeptos. La semana anterior había comido en el restaurante de la acera de enfrente, y tengo que decir que su bisté tenía unas condiciones materiales mucho más propensas al goce bucal. Le propuse que de aquellas dos carnes tendría que salir una buena síntesis que solucionara la contradicción que provocaba en la lengua. La revista Cucina italiana también había reparado en aquella situación pero los cocineros en cuestión acusaron a aquella publicación de querer revisar un bistec y que la lucha de restaurantes era el motor de la gastronomía.

Los postres fueron muy variados. Se me sirvieron unos babà que a mí me parecieron bañados en ron. Llegué a esa conclusión porque cuando el camarero, a quien yo llamaba “¡esclavo!”, roció, con una botella de Havana Club —entera— el bizcochito delante de mí. No me extrañé porque Enrico siempre había sido un extremista. Una vez me contó que secuestró a alguien —no recuerdo el nombre— de la Democracia Cristiana a cambio de una colección de sellos. A continuación, fui deleitado con un superlativo cannolo siciliano que me dejó en profundo silencio omertoso después de comérmelo. Me pareció un morboso detalle que entre la crema encontrara una frase: “Lo que se deja expresar debe ser dicho de forma clara”. Nunca he pensado que citar a Wittgenstein de forma tan sutil pueda traslucir ni un ápice de respetabilidad. Como se acercaba la navidad, también fui condecorado con la invalorable opción de degustar un poco de panettone, que por cierto, había sido comprado en el Veneto. Este fue servido acompañado por la voz de Pavarotti cantando en Rigoletto de Verdi. Me pareció exagerado y me dejé la mitad como protesta e intenté buscarle una razón psicoanalítica. Abandoné la idea porque se me estaba quedando cara de gilipollas.

Pedí el café y la cuenta. Me lo trajeron en orden inverso y tuve que girar la mesa. Se me cayó el café y tuve que pedir otro. No me cobraron el derrame porque asumieron que había sido un error suyo. Los precios de Trattoria Luca, como Winston Churchill me hizo observar en cierta ocasión, son “importantes sin ser útiles”. Estoy completamente de acuerdo. Pagué sin desagravio y recordé aquella frase de Andreotti: “En realidad, soy póstumo de mí mismo”.

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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