viernes, mayo 25, 2018
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Sobre “Vertedero clausurado” de Saúl R. Deus

Lo que más diferencia a S.R. Deus y Charles Bukowski es que si Bukowski hubiera nacido en Sentmenat no hubiera escrito ni un solo libro. Sobre todo lo demás, que quede en el criterio de quien los lea, ahora bien, el que esto escribe disfruta cuando le toca leer a alguno de los dos. Asimismo el asunto que aquí atañe es un libro de S.R.Deus: Vertedero Clausurado (Editorial Nazarí, 2017).

Se trata de un libro de cuentos ambientados todos ellos en un mismo espacio, el pueblo de la infancia del mismo autor: Sentmenat. Hay que decir sobre esta localidad que allí no viven más de 9.000 personas y que es un pueblo que en coche queda a media horita de Barcelona y a quince minutos de Sabadell. De alguna manera, así como la gran mayoría de pueblos de estas dimensiones ubicados cerca de núcleos urbanísticos, se podría decir que conviven en un mismo espacio las personas que se desplazan a la ciudad para trabajar y las personas que se quedan en el mismo pueblo. Aunque esto parezca irrelevante, es quizás uno de los elementos más importantes para comprender el acierto de S.R. Deus en su libro básicamente por una razón; pues dedicar el tiempo de la jornada laboral en el pueblo o en la ciudad, ya sea porque son empresarios o porque van a trabajar en una fábrica de lo que sea, construye una pirámide de clases sociales bastante pronunciadas en un recinto en cierto modo reducido.

Es en este espacio donde crece el autor y que abandona en el futuro para encontrar la inspiración al repensarse en su pasado desde la distancia temporal y geográfica. Así cada uno de los cuentos escenifica, para qué engañarse, recuerdos que seguramente el propio S.R. Deus vivió en sus carnes los cuales traslada a la ficción.

A mi modo de ver lo interesante de estos cuentos no es fijarse en el origen de cada una de las situaciones un tanto grotescas que se describen, esto es, fracaso escolar, desempleo, no demasiadas expectativas de futuro, drogas, alcohol, xenofobia, machismo, etc., si no darse cuenta de cuáles son los personajes en los que el autor construye un carácter. Un carácter en el que por alejado que personalmente el autor esté de aquel, es desde donde realmente nos va a transmitir su voz, aunque sea quizás inconscientemente.

Por ejemplo en uno de los cuentos se narra una extraña conversación entre un adolescente y un drogata en un autobús antes de las ocho de la mañana. A pesar de que la lectora o el lector sientan que dicho adolescente en cuestión es el alter ego del autor, es desde las palabras del drogata que quien lee los cuentos percibe la visión sobre el mundo de S.R. Deus. Porque Sentmenat al fin y al cabo es solo una tapadera: un espacio real porque lo conoce de primera mano, pero ficticio porque es el pasado y el pasado lo es, en donde intenta ofrecernos su singularidad artística, miserable y existencial desde sus cuentos.

Cada uno de los cuentos va precedido de una pequeña sentencia de distintos autores que en concreto me han llamado la atención dos de ellos: Charles Bukowski e Irvine Welsh. Es cierto que los cuentos de S.R. Deus beben del estilo que caracteriza a Bukowski y a Welsh, pero con la importante diferencia que los cuentos del bueno de los tres están ambientados en una localidad muy pequeña. Nueva York no tiene nada que ver con Sentmenat. Así como tampoco Leith, el distrito de Edimburgo del que proviene Welsh. Más que nada porque no hay punto de comparación entre las distintas vidas que hacen los que viven en un lugar donde se habla la lengua del imperio con los que viven en un pequeño pueblo donde conviven dos lenguas como el castellano y el catalán más el estigma que conlleva hablar de una manera u otra en dicho pueblo.

Hay algo en Welsh muy bonito de reseñar por lo que consiguió hacer en Trainspotting. Esto es, más o menos, poner a los culturetas en la piel de un chav escocés porque da igual si eres un pijo o un muerto de hambre ya que no hay vida sin fecha de caducidad. Es precisamente esto lo que S.R. Deus sabe relatar con gran acierto y trasladarlo a un pequeño pueblo catalán cercano a su capital.

Vertedero clausurado es un libro que, permítanme la osadía, me hace pensar un poco por oposición, y concretamente aquí es donde nace tal relación, en otros dos libros: Drames rurals de Víctor Català y Bienvenidos a Incaland de David Roas.

Sobre el primero de estos dos, Vertedero clausurado es de alguna manera un recopilatorio de dramas rurales pero desde el otro lado del espejo, esto es, enfocados desde una mirada crítica de procedencia inmigrante galaico-castellana, en contraposición a la visión de Víctor Català. Mientras que, en el segundo caso, si los personajes de S.R. Deus muestran su rechazo o enfado hacia su entorno para manifestar así la extrañeza del vivir en sí allí donde sea, en los cuentos de Roas aparece un personaje que protagoniza todos los relatos del que se transmitirá algo similar, pero con la excusa narrativa de que el protagonista siempre podrá justificar las rarezas de su entorno recordándose constantemente que él no es de allí.

Pero es que la literatura es así y te explica que existir es tan jodido que si lo dejas de hacer te mueres. Pero de alguna manera leer nos sirve para pasar el rato. Por eso que alguien como S.R. Deus comparta sus extrañezas desde la narrativa breve es de agradecer.

 

 

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