martes, noviembre 21, 2017
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  Sobre el arte y los artistas

          Por Pedro Diego

 

            Una vez más el artista parece estar nuevamente convertido en una especie de fenómeno social. Todos intentamos ser artistas en nuestra medida, incluso aquel ominoso en su tarea particular de desarrollo cree serlo. Hay que ser artista hasta siendo malo.

            Como es evidente, gran parte de esta singularidad nace y se alimenta en el marco social contemporáneo, concretamente en las nuevas redes que cada día parecen exigirnos más, formándose una especie de voluntad o fin en cuanto a las misma. En definitiva: macro-conexión entre lo cotidiano de las redes y el mismo “artista”, siendo el contenido de toda su obra mediática y social puro alboroto, el grito de guerra al sonido de un despreocupado “aquí estoy”.

            Pero, ¿es éste el motivo principal de la crítica posmoderna? O mejor dicho, ¿qué es verdaderamente un artista?

            El artista es el artífice de cualquier proceso creativo llevado a cabo en el buen término del mismo, ofreciendo a un espectador particular una obra de variado contenido, esbozada dentro de una idea propia que ya ha sido concebida por el autor pero que, sin embargo, deja abierta una nueva perspectiva de la que tendrá que ocuparse el público, otorgándole a la misma obra la añadidura de su propio entendimiento.

            Es por esto que una obra como la que puede ser un cuadro tiene una parte de ella reservada a la interpretación singular y variable, una especie de abanico de posibilidades que a modo de herramienta han de ser usadas por aquel que disfrute la obra.

            Debemos de añadir a esto que no todas las obras poseen esta cualidad de manera tan marcada, ya que una estatua elaborada por Fidias de Zeus sigue siendo una representación del dios, pudiendo haber como vía alternativa la interpretación de su rostro, de sus brazos, de su cuerpo. Es ahí donde existe deberá de efectuarse el aporte de cada uno, señalándose de manera clara la figura del artista –y de su obra–.

            O quizá no de una manera tan transparente como creemos. Dada la popularización de la palabra, así como un mal manejo de la misma, ha sido desembocadura de que la palabra arte sea algo barato, alcanzable y de poco mérito. El caso más claro es el de la música actual, plagada de pseudostilos, de pseudoartistas, que en un intento de alcanzar –y creerse– su propio trabajo son sin embargo artistas. Es destacable y mencionable el papel de la música en cuanto al gusto de la misma, para ser más precisos de la actual, donde finalmente cambia la cosa, no pudiendo situarse aristas y pseudoartistas a un mismo nivel.

            Dada la libertad de Internet hoy en día no es inaudito que cualquier proyecto artístico pueda llegar fácilmente hasta el público buscado, pero es precisamente esta libertad mal manejada lo que ha supuesto que el artista sea algo poco sustancial, ya que es una palabra fácilmente asequible, prostituida.

            Debemos de liberar la palabra, para proceder a liberar el arte de una vez por todas.

 

 

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