Lunes, Julio 24, 2017
La trivial > Entrevistas > Se abre el telón y aparece Manuel Carcedo Sama, director del Teatro Karpas, Madrid.

Se abre el telón y aparece Manuel Carcedo Sama, director del Teatro Karpas, Madrid.

Se abre el telón y aparece Manuel Carcedo Sama, director del Teatro Karpas, Madrid.

 

Con camisa abierta, carácter desenfadado y su mascota aguardándolo bajo sus pies, el autor de numerosas obras de teatro, ganador de ocho premios nacionales, aficionado a la escritura y director del teatro Karpas en el barrio de Lavapiés, Manuel Carcedo nos cuenta cómo el teatro ha sido la mejor obra de su vida.

 

Un chiquillo que todavía no había rozado los catorce años, pegó su nariz al cristal de la puerta que conectaba el vestíbulo con el patio de butacas del Teatro Español, quedando totalmente extasiado. Pese a encontrarse en una coyuntura de censura, miedo y opresión -año 1959, dictadura franquista-, la autoridad de los policías que velaban por el orden y el control sobre el contenido de las obras, no fueron capaces de acoquinar los sentimientos y dsc_0080la emoción que emergían desde lo más profundo de aquel pequeño Manuel. “Supe con toda certeza que todo aquello me pertenecía y cuando el amigo acomodador me tomó del brazo para separarme de allí, antes de que la policía me descubriera, me sentía tan importante, tan seguro, tan invadido de dignidad y grandeza que, metiendo la mano en el bolsillo de mi abrigo, le di una moneda. Era la peseta que mi madre me daba para mis gastos de toda la semana.

Hoy día, a sus sesenta y ocho años, confiesa: “presencio una obra con la misma capacidad de asombro que entonces.”

 

Desde muy joven descubrió La claque, término francés abarcado en el sXVIII, consistía en la venta de entradas a muy poco precio o incluso gratis a cambio de un público contratado para que aplaudiera, para gritar, hacer bis…un público que se comporte como la obra requería. La claque se situaba en la taberna o bar más cercano al teatro, y desde la primera vez que lo vivió en el teatro Lara de Madrid, se convirtió en un aficionado.

dsc_0040

El teatro en aquella época era algo sagrado, como una especie de rito, como una ceremonia. La gente tenía su atuendo, conectaba con un sentencioso lenguaje. Al teatro se iba en corbata. ”Una preparación previa donde se buscaba información en la prensa para ver las funciones, con antelación sabías ya qué teatro ibas a ver, no era como ir al cine. Los teatros eran especializados en sus diferentes géneros particulares, como La zarzuela. Tenías que vestirte para ello, ir en chaqueta”.

 

Influenciado por su médico familiar, éste a pesar de tener a sus padres, sintió que lo atendía como su hijo. Por ello, el pequeño Manuel se adentró en la carrera de medicina, eso sí, nunca renunció a la devoción que padecía cada vez que se sentaba en su butaca de claque. Lamentablemente no era una profesión que unos padres deseaban para sus hijos, no era considerado algo con expectativas de futuro, y, como el mundo de la música y el arte, el teatro no estaba bien visto. Sin embargo, su intento de acabar su vida con bata blanca y un fonendo endilgado alrededor de su cuello fue fallido. Su vocación se apoderó de él.

 

A pesar de haber evolucionado y progresado desde aquella oscura época en la que el teatro se adueñó de Carcedo, sigue siendo drásticamente defensor de los valores tradicionales del teatro; “cada cosa tiene un paradigma que lo define, cuanto más se separa de dicho paradigma más se aleja de su propia definición. Hoy en día se está haciendo una clase de teatro que no es teatro, son sucedáneos que existen y han existido siempre pero no es teatro. Puede gustar mucho  el club de la comedia, los monólogos, los microteatros, es muy divertido pero te engañan si te dicen que eso es teatro. Gila hizo obras muy divertidas, pero nunca se atrevió a llamar a su profesión Teatro.”

 

Así nos señala la importancia de dilucidar el término que estamos tratando, la trascendencia que conlleva que la ciudadanía distinga taxonómicamente qué es teatro y qué no. La definición exacta del teatro se sitúa de forma intrínseca en el interior de Manuel: “es en sí es una búsqueda del hombre por su propio yo, la excavación en su interior. Tiene una esencia, un lenguaje, un sentido. No se puede hablar como se habla en una peluquería, ni tratar los temas como en una peluquería.”

 

Con estos antecedentes surgió Karpas, un encantador y acogedor teatro de Lavapiés, siguiendo lo que él siempre defiende, los valores más tradicionales, el teatro puro. “Hubo una especie de levantamiento con teatros independientes, que empezaron a  hacer salas atípicas junto con obras que no estaban bien vistas, pues en la época franquista, se jugaba mucho con la política, era una época en la que España estaba tan atrasada que no se podía ejercer libremente. No se conocía ni lo que era el mimo. A raíz de ello, esta sala surge como réplica a lo de siempre, puedes saltar del siglo de Oro de Lope de Vega hasta la poesía de Lorca”.

 

Si bien es cierto que el autor teme por el peligro de extinción que padece su profesión, está plenamente convencido de que se recuperará la esencia del teatro en el futuro. “Sucederá una regresión real a lo que era el teatro. La historia es un péndulo; todo vuelve.”

 

Entre sus autores de cabecera destaca García Lorca, con la poesía más pura del alma. En cuanto a libros, recomienda al poeta indio Rabindranath Tagore, le embelesa su pureza, sencillez y su comprensible filosofía de vida.

Afirma que hay personajes que se te quedan en el alma, y también en el alma colectiva, como Otelo o Hamlet, eso es puro teatro. Hamlet es la duda, Otelo son los celos, la esencia del hombre.

 

No se olvida del Teatro de Inglaterra y americano -nacido de Inglaterra-, de William, Miller… y no duda en destacar el teatro clásico español, en el cual se siente orgulloso de resaltar en literatura y teatro. Cervantes, Calderón Dela Barca… -“Eso ahora no se da”-, musita Carcedo.

dsc_0043

Cuando se le pregunta sobre situación actual de su país, se niega a opinar políticamente, pero añade: “Sociológicamente, de alguna manera, aunque se vaya corrigiendo, me parece que seguimos siendo un país de pandereta, te hablo del ser humano, no del comportamiento moral. Como antes nos emborrachábamos. Hay dos vertientes como en la juventud inglesa, son los que más disfrutan, pero su formación académica es superior a la nuestra, incluso intelectual, ellos se pueden dejan llevar  por algunas juergas puntualmente. España, a veces se pierde en una juerga colectiva, que todo se tome a la ligera, que nada tenga un peso político, que no diferenciemos una sociedad de autores, que los políticos no lleven la cosa con altura, que falten intelectuales que nos guíen… España sigue siendo un país latino. Vivimos en un mundo materializado, no nos interesamos por el fondo de las cosas, no profundizamos, no asimilamos, la mayoría de las veces nos conformamos con tan poco, con la cáscara”.

 

Estas son algunas de las aventuras y vivencias de Manuel Carcedo Sama. Soy de las que piensan que al ser humano se le puede despojar de todo, menos de los sueños que definen la esencia de cada uno. Hace falta gente valiente, capaz de luchar por sus sueños y capaz de aislar las tantas cosas baladíes y banales que nos rodean. Debemos estar del lado de los que apuesten por la cultura y la libertad. No dejemos que nadie cierre nuestro telón en esta obra, a veces cómica, a veces dramática, a veces trágica, y, siempre intrépida a la que llamamos vida.

 

Marina Cartagena Ruiz.

 

Agradecimientos: Sofía Carballo, Juan Sánchez

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *