miércoles, septiembre 20, 2017
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Opinión de Alex Olalde Loureda

En las últimas semanas estamos viendo como Podemos está sufriendo en los indicadores una bajada en intención de voto y sobre todo, una bajada en la ilusión que se percibe en nuestros votantes potenciales. Esto, está motivado por varios factores, para empezar, el más obvio, que siempre nos ha perseguido y, es, la demonización de nuestra organización en los medios de comunicación de masas.

El adversario está promocionando fuertemente las opciones del recambio político para conservar sus posiciones de poder en la sociedad, ya sea bien con marcas blancas con supuestos aires de renovación, como pudiese ser Ciudadanos o promocionando un Partido Socialista como un partido renovado, con jóvenes y con propuestas. También se están utilizando los medios de comunicación para acrecentar los fallos de nuestra organización, para desprestigiarnos o para encasillarnos en el terreno del ‘5%’ en el cual no somos capaces de articular una mayoría social ni de crear la hegemonía que ansiamos para conseguir echar del poder a quien nos ha traído hasta aquí. Tenemos que jugar perfectamente en nuestro terreno y es en los medios de comunicación que tienden a la democratización, estos no son otros que las redes sociales y los diarios online. Aquí Podemos tiene un gran potencial y supera con creces la capacidad de influencia de otros grandes partidos.

A continuación, voy a relatar un par de acontecimientos de las últimas semanas e intentar ofrecer un análisis enmarcándolo con la situación política que actualmente atraviesa nuestro partido.

Las elecciones catalanas supusieron un varapalo para Podemos. De hecho, fue el primer varapalo real de Podemos. Presentándonos en una coalición con ICV, obtuvimos un resultado peor que ICV en solitario en las pasadas elecciones. Las elecciones fueron planteadas como un plebiscito y la gente lo asumió como tal. Nuestra coalición apostó por una opción que no entraba en el plebiscito y que la gente no comprendió, dentro del marco en el que se desarrollaron las elecciones. Era un choque de trenes, y nosotros nos quedamos en medio y nos atropellaron los dos. Nuestro votante potencial se situaba en el cinturón rojo de Barcelona, es emigrante, obrero, castellanoparlante y no independentista. Al llegar nuestro partido con su descoordinación y su ambigüedad, esos pueblos tradicionalmente de izquierdas decidieron dar su apoyo a una opción claramente no independentista como era Ciutadans, obviando sus planteamientos en otras materias como educación o servicios sociales, porque sólo importaba el plebiscito y nosotros no supimos recoger las cadenas equivalenciales de la sociedad catalana en el proceso que está allí abierto.

El pasado 12 de octubre, como todos los años tuvo lugar en las calles de Madrid el desfile militar por el día Nacional y la posterior recepción en la Casa Real con el Rey, que no debemos de olvidar que es el jefe del Estado. Todos los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria son invitados, y el secretario general de Podemos es el único líder de partido que falta a la cita. Mi pregunta es, ¿Qué gana el partido electoralmente dando este paso? Aún no le veo respuesta. Y la gente me puede tachar de electoralista pero, a unas semanas de las elecciones todas nuestras acciones tienen que estar analizadas en clave de rendimiento electoral. Este gesto del secretario general de Podemos no ha sido visto con buenos ojos por el votante medio desencantado que está pensando en votar a Podemos. Esto quizás contentaría a esa parte de la población, la llamada del ‘5%’ que son los votantes potenciales de IU. No desprecio a ese grupo de personas, pero nosotros aspiramos a ser un partido de gobierno. Aspiramos a crear una masa social en torno a nuestras propuestas, y estos gestos en falso, desde luego, no contribuyen para nada en ese objetivo. Volviendo al tema de antes, nuestro partido debe estructurar su discurso en base a las preocupaciones y problemas de la gente común, y articularlo todo en un programa donde estas preocupaciones se vayan viendo satisfechas, esto es articular las llamadas cadenas equivalenciales. Tenemos que constituir al actor colectivo que es la ciudadanía española, alrededor de nuestro partido. Pudiera ser que el caso de la fiesta nacional, lo enmarquen desde la secretaría política de Podemos como un significante vacío, pero este no cumple su función y solo llega a ese pequeño grupo de electorado en el que nos quieren encasillar.

No debemos de dejarnos llevar a ese espacio reducido monopolizado hasta ahora por IU, ahí no ganamos las elecciones, nos tiene que quedar claro. Ahí nos quieren llevar porque nos tienen neutralizados y controlados, con ese escaso apoyo, no somos un peligro para sus relaciones de poder. Tenemos que salir de ahí e irnos a asaltar los cielos.

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