Lunes, Julio 24, 2017
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Manuel Machado, poeta moderno pintor

Modernismo

Hace ya unos cuantos años en España se conocía como modernismo lo que a Francia se denominaba parnasianismo. París era el epicentro de dicha corriente. Junto a los puntos de contacto con el modernismo español, llegó a América como una corriente innovadora, en donde también allí se desarrolló creciendo paralela y simultáneamente al parnasianismo francés y al modernismo español. Los tres desde unas mismas directrices, si es que así lo podemos decir. Desde un origen común, con un trayecto independiente cada uno, pero complementarios entre ellos.

Más allá de eso, surge el posmodernismo, con influencias en el romanticismo y el modernismo para romper con el realismo y el naturalismo. Para entenderlo, hay que centrarse en la búsqueda de un poder indefinible e inalcanzable. En especial los poetas españoles no fueron sensibles a lo que constituía la verdadera y secreta originalidad del modernismo, pero sí tuvo puntos de contacto con el simbolismo, siendo por ejemplo Valle-Inclán el mayor representante español.

La posmodernidad es aplicable a la estética, al arte. Es una ruptura contra la tradición anterior y contra los propios ideales modernos. El romanticismo se oponía a los ideales que determinan la idea de la sociedad moderna. Se creía que esos ideales no llevaban al progreso, sino a la alienación del individuo, al fracaso moral. El romántico irónico se planteaba el estado natural. La posmodernidad es la constatación del fracaso llevado por la modernidad. Se representaba con el movimiento anterior y contra los propios ideales. Fue un choque constante entre el artista y la sociedad, la alienación del artista fue constante. Fruto de la coalición de la concepción estética y moral surgió una visión más irónica y pesimista, lo cual supuso la ruptura con la tradición y con el estado burgués.

En la modernidad hubo un cambio radical en el arte y es que este por fin es considerado superior a la naturaleza. El arte reproduce la realidad y es concebido como algo relacionado a los interiores, sobre todo a la urbanidad. Las emociones y los sentimientos se trasladan al arte, no a la realidad. La subjetividad se sitúa por encima de la objetividad y no describe emociones. No obstante, en el poema surge un punto de divergencia. El poema como contraste de la modernidad busca formas y símbolos para emocionar al lector. Quiere provocar emociones. Lo importante es lo subjetivo y esto conlleva la pintura abstracta que, cómo la realidad, es filtrada a través del artista.

La modernidad se propone intensificar el interés en el mundo interior del artista. Es la viva experiencia de un mundo fragmentado, de un individuo roto que intenta recomponerse y no lo consigue. El individuo no va a ser planteado como un todo. El artista creía que el ser humano no podía controlar ni al mundo, ni a sí mismo. Y de aquí nace el posible “no control” de la realidad, como tema fundamental en el modernismo. Se da otra visión a lo fantástico, surgida en el romanticismo.

Asimismo la concepción del arte se concibe como algo ajeno al mundo burgués. Lo que se quiere en el modernismo es encontrar el espacio del artista libre de la moral. Se quiere que no haya nada determinante en el valor de la obra, más que la obra en sí. El artista modernista ya ha roto con el concepto de la actualidad de entonces. Con ello rompe el flujo lineal de la narración. Rompe con la idea de que toda narración está hecha basada en el esquema planteamientonudodesenlace, para romper de nuevo con la tradición de la exposición de los hechos narrativos.

Es entonces pues cuando aparece el monólogo interior, creado o nacido en esa época. Y lo hace para trasladar al lector la propia experiencia de interrupción de las expectativas sobre el desarrollo causal de los acontecimientos narrados. Es una reivindicación de la conciencia interior. Con ello, la utilización de la ironía y la ambigüedad también será un recurso: no hay verdades tan claras a las que acogerse. Surge así la distancia entre el narrador de los hechos y los protagonistas. Todo lo que literariamente sucede a continuación de esta época, es posmodernismo, entendido como la incomodidad de un sujeto frente a un mundo que lo expulsa, como una experimentación del artista.

En 1898 se data el año de una generación de escritores que pasó a la historia. Coincidiendo mucho talento junto en una misma época, esta generación de intelectuales surgió debido a la crisis de la conciencia pequeñoburguesa. Esta inicia con el rechazo de una época juvenil acrítica, para orientarse hacia una concepción “tradicional” de lo viejo y lo nuevo. La crisis de la juventud intelectual coincide con un periodo de inquietud general, particularmente extendido entre las clases medias. Por lo contrario trataron de salir de dicha situación por medio del negativismo y del esteticismo, pero eso sí, en los términos afines a la historia de su cultura. La invención de la generación del 98 fue un hecho perturbador y regresivo. Perturbador por dividir y enfrentar la realidad de la literatura española. Regresivo por fomentar confusión al mezclar historia y crítica, desviando la comprensión de la literatura como obra de arte.

El poeta pintor

Manuel Machado nació en Sevilla en el agosto de 1874, casi un año antes que su hermano Antonio. Planteó la “semipoesía” y el “semisimbolismo”. Con el inicio del siglo XX empezó a publicar su poesía. Cuando ingresó a la Real Academia Española, pronunció en el discurso de presentación que se declaraba a sí mismo semipoeta, que sus versos eran semipoesía, no poesía.

Un poco de humor tuvo ese comentario en cuanto a la producción de sus versos, ya que Manuel es tan brillante, para algunos incluso más, cuyo hermano Antonio, a pesar de que este sea mucho más conocido. Manuel trató a sus versos de semipoesía, hablando de lo que estos planteaban. De la temática y el argumento de sus palabras. Los consideró el poeta como una posibilidad, no como otros autores sí han hecho, al hacer poesía o bien publicar sus ideas o meditaciones, y creerlas una sentencia o la verdad absoluta. Eso dice mucho de un poeta, un conocedor a nivel experto de la lengua, quien de manera humilde, considera su poesía “semi”, una aproximación a los que verdaderamente saben componer. Sin embargo, obviamente esta afirmación no plasmaba verdaderamente la realidad. Su poética, en realidad, era y es mucho más que eso. A pesar de ello, accede a la RAE en 1938, y no obstante, habla de ser poeta como una posibilidad.

Su vida es lo que él consideró “posibilidad”, su producción, semipoesía. De esta manera consiguió homenajear, desde la sombra, a su hermano Antonio. Este discurso hubo que entenderse entre líneas. ¿Verdaderamente la vida de poeta de Manuel es una posibilidad y la de Antonio una realidad? En el significado de sus palabras, el verdadero mensaje que lanzó no fue más que en honor a su hermano, quien se encontraba en una situación política ciertamente inestable.

Se criticó y se habló mucho de la posición política de Antonio en aquellos tiempos de guerra. Incluso el mismo Jorge Luís Borges bromeaba y a su misma vez cargaba contra la posición política del pequeño de los Machado en una entrevista, diciendo que cuando oye Machado es un excelente poeta, entiende que se refieren siempre a Manuel. Quería hacer ver como si no conociera a Antonio. Como una infinidad de personas, para salvar la vida tuvo que adherirse o simpatizar con una ideología que quizás era contraria a la suya. Obviamente, esto condicionó su producción poética aunque, también es cierto, no su calidad. De esta misma manera se propició la inclusión de Manuel a la Real Academia Española, quien puede ser, fuera de esas circunstancias, no hubiera accedido a tal cargo si únicamente de su verdadera voluntad dependiese.

Lo que se cree que no viene tan condicionado es su creencia religiosa, cada vez más intensa en el catolicismo. Deviene eso de una influencia literaria que en ningún autor es posible de evitar. En su caso fue Verlaine de donde más bebió el poeta, y eso implicó ese carácter católico en su poesía posterior a la Guerra Civil española. Por lo contrario, en ningún momento fue el carácter principal de su obra y, además, tampoco la centró en los entornos de lo erótico, el alcoholismo y las drogas, o como Baudelaire, que fomentó bastante su estilo en poetas que le suceden, esa búsqueda y a su misma vez escapatoria sin salida del spleen, del hastío.

Rompiendo mucho con la línea de este texto, pero siendo un ejemplo que veo necesario para dibujar muy esquemáticamente la trayectoria de don Manuel en la poesía, voy a hablar de alguien muy alejado de su campo, Michael Jordan. El famoso deportista de la década de los noventa, se retiró, en teoría, definitivamente, dos veces del baloncesto profesional y, también, dos veces regresó. Fue en su tercera retirada cuando ya no hubo retorno para volver a vestirse de corto botando el balón naranja en el parqué de alguna cancha estadounidense. Manuel Machado, y aquí es donde viene el punto de contacto en el que se ilustra la comparación, hizo algo bastante parecido unos cuantos años antes, pero en vez de baloncesto, poesía.

Machado se despedía de los poemas, pero regresaba, y como Jordan, lo hizo en más de una y dos ocasiones. No sé si podría haber alguna comparación más en cuanto a la grandeza del uno y del otro, pero lo que sí sé es que esa condición de insaciable, que simultáneamente se manifestaba inquieta, propició una producción poética imposible de dejar pasar desapercibida.

Machado cosechó un arte personal para escribir, un estilo literario único e inigualable, y en ese discurso de presentación a la RAE él mismo se encargó de intentar definir la manera cómo compone. Empezó por aquello de “escribir versos es no escribirlos” en tanto que al decantarse por un modo de comunicar su idea, está dejando de lado otras posibilidades de versos que ya jamás serán producidas. Considera que existen innumerables maneras de decir las cosas, de pintar sus versos. Una vez se decide por una de estas posibilidades que baraja en su cerebro, la cual quizás no es la mejor porque, básicamente, la desconoce. Se deshace de muchas otras posibilidades. Por eso, escribir versos, en realidad, es dejar de escribirlos. A su misma vez, confesó que corregía sus versos mentalmente antes de escribirlos y esto, en ocasiones, es lo que sirve para apreciar a grandes a los autores.

Este estilo, esta manera de hacer, es lo que hace grande a un autor. Tener personalidad, marcar una dinámica de trabajo propia. Leopoldo Alas Clarín escribió La Regenta mandando los capítulos de la novela a su editor antes de acabar de escribirla entera. Esto propiciaba que más adelantada el propio autor no se acordara de los nombres y las edades de algunos personajes, o bien ciertos rasgos que requieren continuidad en la obra. Sin embargo, ello no tiene nada que ver con la autocorrección y censura que el propio Manuel Machado aplicaba a su poesía. Ese estilo, el que caracteriza la manera de hacer de cada autor, es aquel intangible que condiciona la producción de cada uno de ellos.

El mayor de los Machado tiene en mente su obra antes de plasmarla en el papel. Cuando cuidadosamente la representa, eso que podemos leer ha estado muy meditado en la cabeza del autor. Esto influyó a Antonio, la manera de escribir y no corregir, de meditar y darle mil vueltas al producto literario, prematuro en la cabeza, para después darle cabida en el papel. Con una condición, la de no corregirlo una vez plasmada la idea con tinta. Clarín también tenía su obra en la cabeza, pero en el papel la corregía incansable. Ese estilo, conlleva ese carácter, esa condición que comentaba.

Antes hablaba de Manuel como un semipoeta y semisimbolista. Lo de su semipoesía ya queda justificado, pero ahora falta lo de su carácter artístico. Sus aproximaciones al simbolismo idealista, parecen más una manera de aparentar, involuntariamente, algo que le pertenece realmente, antes que a su estilo poético. Aparentar, sin embargo, tiene ciertamente un carácter un tanto peyorativo al que en realidad deberíamos apartarnos. Lo que le ocurrió a Machado es que no acababa de concebir su poesía a este estilo. Sin ser tan exagerado, le pasa un poco como a Bécquer, que no sabe muy bien a que corriente pertenece. ¿A dónde lo situamos estrictamente?

Manuel es un poeta que consigue reflejar bien lo que representa cada momento, fiel a la circunstancia. Y sí, quizás al margen de la sociedad, pero eso es lo que concierne más al modernismo. Es aquello de la vida alienada del sujeto, orientada al fracaso. Tiene por ideal la vida llena de falsedad, a pesar de que sea consciente de lo malo que hay en ello. Todo lo falso que hay en las calles, la prostitución y el sexo. Todo muy urbano, alejándose del locus amoenus del renacimiento y todavía más del espacio natural del romanticismo. El papel de la ciudad y las construcciones, los edificios, lo que hay en las calles, para dejar de lado a la sociedad, marginándose, alienándose como sujeto artístico.

Pintar los versos como sinónimo de componerlos, elaborarlos o escribirlos, es porque la poesía de don Manuel debe comprenderse como tal, una pintura. Pero no porque el autor creyera que su poesía era una obra de arte. Antes ya he explicado la humildad del poeta en cuanto a su obra mediante su profesión de poeta como posibilidad y el término “semipoesía”. Dos conceptos que se alejan de considerarse a sí mismo un artista produciendo. No obstante tocando aquello del estilo, en la pintura y la poesía, se aprecia su vinculación por aquí. El estilo es la manera de pintar. De hecho esto se parece a como escribe. De un sentimiento o idea surgida en el pensamiento, tras meditar y pensar en todas las maneras posibles de representar lo ideado, disculpe la expresión, se escupe, lo expulsa de su interior para que se manifieste por sí solo. Un artista que pinta un cuadro lo representa ya corregido. El producto final es cuestión del arte del autor. Un pintor deberá lanzar a la papelera su pintura si cree que no le gusta el resultado final. A Machado le pasa lo mismo porque desiste a corregir lo ya escrito.

Hay otra parte de la poesía de Machado con la pintura: los retratos. Baudelaire era crítico literario y de arte aparte de traductor, poeta y muchas otras cosas. Oficialmente y en contacto con Baudelaire, Manuel sólo coincide con él en lo de crítico literario, pero obviamente su conocimiento artístico no era ni mucho menos nefasto. Con este recurso, Manuel intenta situar en un hipotético orden, en una especie de clasificación, toda la absurdez y la falsedad que en la vida se manifiesta. Se dice que en este sentido, el ser tan pillo al componer, el ser tan hábil e ingenioso haciéndolo, se le considera un poeta de circunstancias como anteriormente justificaba.

El modernismo lo lleva en el ADN, pero no alcanza el simbolismo con el que Valle-Inclán se sintió más cómodo. Manuel veía en la época anterior una vida mejor, obviamente condenada al fracaso ya que sí conoce el presente. Machado está acaballo del modernismo y el posmodernismo y es en él quien se ve como despierta a otros autores estas ganas de intentar escapar del fracaso sin saber cómo. Esa acausalidad de un conflicto del que no va a poder escaparse. Aún sabiéndolo y volviéndolo a intentar de nuevo, la vida del artista siempre está destinada a la miseria. Cierto es que Machado no toca tanto esta visión más posmodernista y que se atribuye más a poetas posteriores a él. Sin embargo sí que contribuye en el nacimiento de esta mentalidad. La búsqueda de un ideal que jamás será alcanzado.

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