miércoles, septiembre 20, 2017
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Los europeos mediterráneos

Los europeos mediterráneos

por Roc Solà

«El único producto mediterráneo realmente uniformador, y quizá algún día unificador, es la presencia de la berenjena en todas las culturas culinarias, de Siria a Murcia, de Viareggio a Túnez». Manuel Vázquez Montalbán

 

 

Hace, como mínimo, más de 3000 años que se cultiva la berenjena. Los datos más antiguos que se manejan son relativos a la India y a la China. El vegetal fue llevado, por comerciantes árabes, al norte de África. Después, en la Edad Media, entró en Europa a través de la España musulmana y se extendió por los países del mediterráneo. La primera documentación sobre esta hortaliza, en lengua castellana, se encuentra en el libro llamado Cancionero de Baena. Fue recogido por Juan Alfonso de Baena hacia 1445 para ofrecérselo a Juan II de Castilla, poeta cancioneril y gran amante de la literatura. En la obra se alaban las virtudes de esta verdura pero hoy en día sabemos que la berenjena es buena para todavía muchas más cosas: prevenir las enfermedades cardiovasculares, degenerativas y el cáncer. Ayuda a reducir el colesterol y es beneficioso para los diabéticos.

Si yo tuviera que escribir un Cancionero de Baena para este tiempo presente, lo haría comiendo una caponata en Italia o berinjela refogada en Portugal. Como en casa. Y si han probado la musaca, mousakás, griega les felicito porque yo aún no. Eso sí, mi padre no podía pasar un fin de semana sin mencionar l’escalivada catalana. Y en verano: berenjenas de Almagro. El Nuevo Cancionero de Baena tiene que incluir todas esas recetas y las cualidades positivas que se han descubierto recientemente. Incluida la que detectó Manuel Vázquez Montalbán. Pero, ¿Quiénes son estos pueblos europeos mediterráneos que se atiborran de berenjenas?

Vamos a partir de que la coexistencia precede a la existencia y de que vivir significa dejarse implicar en las pasiones y obsesiones de esa coexistencia. Por ponerlo como Sloterdijk, somos seres de alta permeabilidad dentro de esferas, tanto individuales como histórico-colectivas, como las relaciones de pareja, familias, amistades, estados, iglesias, naciones.

Empecemos hablando de la península ibérica. Para hacerlo me gustaría mencionar que cuando Fernando Pessoa habla de los grupos religiosos europeos, entre otros, apunta el conjunto ibérico. Este está compuesto por tres naciones reales y dos políticas, España, Portugal y Cataluña. Además, añade, que se yuxtaponen, en este espacio geográfico, dos religiones: el cristianismo y el mahometismo. Un tipo de fe, que no teniendo nada que ver con el protestantismo, tampoco es el catolicismo latino tradicional. Cree que una vez decaída la civilización árabe, que fue notable aunque breve; que una vez decaído el arabismo, quedó su parte inferior: el fanatismo religioso. Este, que tenía una sobrada capacidad para infiltrarse en el cristianismo, produjo una de las formas “crististas” más desoladoramente antipáticas que ha habido: este catolicismo de salvajes de nuestra península, esta fe que había de producir la Inquisición. La España mahometana. Un “ojalá” morisco cristianizado. A veces, no hay más que abrir un programa de tertulia, palabra de origen español, por cierto, en la televisión, para darnos cuenta de los gritos iracundos. Una vehemencia en la defensa del honor, un poco de la corte, menos de los pueblos de levante. El catalán es más mercantil. Un catalán para expresar que “hay para caerse de culo” o que la cosa “tiene huevos”, tiene a su disposición una frase hecha más financiera. “N’hi ha per llogar-hi cadires”(Hay para alquilar sillas), se refiere a las situaciones extraordinarias. Esta frase proviene de cuando el pregonero ofrecía la posibilidad de alquilar sillas porque el espectáculo valía la pena. Este componente comercial de los marítimos catalanes puede hacer que tengan una relación más flexible con la realidad. Que puedan modular su estado anímico en función de los acontecimientos. Aquello de “al pan, pan, y al vino, vino” es muy castellano. Como el honor, aquello de “¿a que no hay huevos a…?”. La verdad y el honor; valores de frontera. Aunque también existe la versión catalanizada: “deixem-nos de collonades”.

Si vamos para Italia, vemos como la sociedad italiana contiene más porcentaje de cinismo. No cree demasiado en el país. En España hay un cierto optimismo que tiene muy presente la tragedia de su historia, pero cree que la situación se puede arreglar. En Italia existe un escepticismo profundo. Enric Juliana destaca que el soberanismo catalán participa de esta visión española esperanzada y trágica. De hecho, considera el soberanismo catalán la rama más excéntrica del reformismo español. Si hablamos de otra característica, los rodeos italianos, le sfumature, los matices, eso tiene que ver con una observación atenta de las cosas. Los españoles podríamos observar dobleces en esa actitud, ya decía Giulio Andreotti que a la política española le faltaba finezza. Esta manera de relacionarse con el mundo tan italiana, tiene que ver con que siempre sus relaciones de poder han sido muy fragmentadas y todo era muy variable y no se sabía cómo irían las cosas. Las burbujas del poder feudal en la espuma del Made in Italy. Ver los intralazzi. Los tejes y manejes, o desde España, las despectivas dobleces. Ennio Flaiano decía que en Italia nunca habría una revolución porque se conocían todos.

 

«In Italia la rivoluzione non si farà mai, perché alla fine ci conosciamo tutti». Ennio Flaiano

 

Por otro lado, hay dos cualidades españolas que pueden encontrar puntos comunes en el mediterráneo. El realismo: siempre se dice que los catalanes solo hacen lo que les conviene– Josep Plà consideraba Catalunya la región más occidental de Italia- pero Gabriel Magalhães cree que existe también en la literatura española una clara voluntad pragmática. Muchos grandes textos españoles, además del Cid, presentan una aguda conciencia de la textura concreta de la vida: La Celestina, la picaresca, el Quijote, por ejemplo. Y nada de esto cambia con esa nota a pie de página que son las jarchas.

Asimismo, creo que el sur de Europa tiene muchos mecanismos de aguante. La teatralidad italiana que funciona como una olla a presión que va soltando las tensiones gracias al Aero-red de su poca seriedad. Los italianos no son de montar pollos, como decía Flaiano, “la situación es grave pero no seria” y, otra frase suya: “En Italia, la línea más corta entre dos puntos es el arabesco”. El italiano se desmitifica y el portugués tiene la saudade. La saudade es una palabra que puede ser definida pero no puede ser traducida. Es un vocablo que expresa la felicidad de estar triste. La melancolía portuguesa. La suave nostalgia mecida por las olas del atlántico. Metafísica Lisboa. Un sentimiento afectivo primario, estimulado por la distancia temporal o espacial a algo amado y que implica el deseo de resolver esa distancia. Manuel de Melo la definió en 1660 como “bem que se padece e mal de que se gosta”. Miguel Falabella como “nunca más saber de quien se ama, y mismo así doler”. Es saber que “todo começo é involuntário”. Que “la perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de los dioses”. Que “há metafísica bastante em nāo pensar em nada”. Que “as coisas nāo têm significaçāo: têm existência.” Saudade de un hermano que vive lejos; Saudade de una cascada de la infancia; Saudade del gusto de una fruta que no se encuentra más; Saudade del amigo imaginario que nunca existió; Heterónimos.

 

«O povo português é, essencialmente, cosmopolita. Nunca um verdadeiro portugués foi português: foi sempre tudo». Fernando Pessoa

Trad. (El pueblo portugués es, esencialmente, cosmopolita. Nunca un verdadero portugués fue portugués: fue siempre todo.)

 

 

La relación con el futuro de los catalanes y los portugueses también puede ser interesante de destacar. La “voluntad de ser” de la que hablaba Vicens Vives, en referencia a los catalanes, podría ser definida como el apasionarse con las ideas que pretenden cambiar la realidad mediante la ética. Esto es definido por Gabriel Magalhães como quijotismo catalán. Por su parte, Portugal también tiene su quijotismo a ojos del autor: el sebastianismo. La nostalgia del futuro. El unir un pasado remoto con el porvenir suave mediante la bruma en Terreiro do Paço. Nadie les quitará a los portugueses los derechos de los horizontes que otearon por primera vez. El saber gestionar las expectativas es algo muy portugués. Dice el mismo escritor que Portugal es en cierto sentido el sueño de Catalunya, y Catalunya el sueño de Portugal. Los portugueses tienen la independencia, la maravillosa posibilidad de vivir en la nube de su idioma, y ese sentido del delirio y de la embriaguez que es necesario si una cultura quiere de hecho ser autónoma. Los catalanes, poseemos, según el autor, una capacidad de organización y un vuelo analítico basado en una agudísima inteligencia. Barcelona es un suave diagrama cartesiano, flotando en el Mediterráneo; Lisboa es un caos lírico, verso libre mirando al Atlántico. Según el profesor Magalhães, los catalanes somos el único pueblo peninsular que ha logrado ser verdaderamente europeo, aunque no tengamos estado propio; por otro lado, los portugueses tienen estado propio, pero cojean mucho en lo de ser europeos de verdad.

 

Una última canción comparativa. En España hay mucha más vivacidad de relaciones comunitarias mientras que en Italia se han perdido. Las peñas, las tertulias semanales con los amigos, o los txokos vascos, por mencionar algunos. Una lengua que pueda considerar la expresión “codearse con alguien” como algo bueno tiene que concebir la experiencia colectiva de un modo diferente. El placer de estar juntos se manifestó durante la experiencia de los indignados de 2011: la sociedad se empezó a juntar en las plazas y se encontró tan bien en el colectivo que decidió acampar. España tiene una voluntad reformista que tiene que ver con ese valor que pintó Goya en su célebre cuadro El 3 de Mayo en Madrid o esa valentía que ya había pintado Velázquez en el célebre cuadro de las lanzas, en el cual sí podemos encontrar la sonrisa, la amabilidad del heroísmo español. También hay voluntad reformista en el Papa Francisco. Según Enric Juliana, el mejor aliado de Podemos.

 

 

“I bé: no en dubteu pas: aquell cafè utòpic, merament somniat, és el que se serveix a Itàlia.” Josep Plà

Trad. (Y bien, no lo dudéis: aquel café utópico, meramente soñado, es el que se sirve en Italia.)

 

 

 

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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