martes, septiembre 19, 2017
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La psicología del hombre libre

La psicología del hombre libre

Dedicado a aquellos rasgos psicológicos de un individuo libre y de aquella sociedad que le puede hacer la norma y no la excepción. Continuación de “La psicología del fascismo”, imprescindible para comprender el presente artículo y basado también en las ideas expuestas en “El miedo a la libertad”, de Erich Fromm.

Como vimos en el anterior escrito, al crecer nos damos cuenta sin remedio de que somos alguien separado del resto, pero no tenemos por qué adquirir la fortaleza interior suficiente para soportarlo y hacernos dueños de nuestra propia vida. Hay dos vías para solucionar la angustia que nos produce la libertad: el fascismo representa aquella que mata nuestra individualidad para volver a unirnos con el todo; veamos hoy cual es la verdadera alternativa.

¿Por qué el fascismo no es la solución? Éste cumple la misma función que los síntomas neuróticos: permitir continuar la vida bajo circunstancias psicológicas insoportables, pero sin solucionar aquellos problemas que están causando tales condiciones, llegando incluso a agravarlos. Una vez hemos adquirido conciencia de nuestra individualidad ya no hay marcha atrás, intentar volver a unirnos con el mundo sólo reducirá la angustia durante un tiempo. De hecho, su consecuencia es una mayor dependencia e inseguridad del individuo, acompañada de la rebeldía y el deseo de libertad, sea este consciente o inconsciente.

¿Pero qué es el anhelo de libertad? Hoy día tenemos claro que la libertad no es una fuerza metafísica y que no puede ser explicada mediante el Derecho natural, por eso más que centrarnos en definirla, considero que debemos centrarnos en hablar del deseo de esta. Realmente, la libertad es la consecuencia del proceso de individuación y del crecimiento de la cultura, que nos hace luchar para defender la autonomía de nuestro propio yo frente a las agresiones y limitaciones externas. Como vimos en el artículo anterior, todo crecimiento personal lleva al deseo de libertad y al odio a la opresión y el fascismo no podrá acabar nunca con los factores que originan este anhelo.

La única manera viable a largo plazo de soportar la libertad es la forja de una personalidad fuerte y autosuficiente, que sea capaz de relacionarse con el mundo sin dominar ni someterse a nada. Para ello, debemos encontrar la forma de relacionarnos positivamente con el mundo sin caer en la angustia que nos produce tener conciencia de nuestra individualidad e insignificancia en comparación con el Universo.

La primera forma de lograr este objetivo es mediante el trabajo creador. La creatividad permite que expresemos nuestros sentimientos, nuestro propio yo, evitando la inseguridad y la angustia que nos genera el tener que vivir siempre con una máscara, la máscara de lo que la sociedad espera de nosotros. Nuestra propia personalidad se vuelve más fuerte y segura en la medida en que realizamos actividades que permitan su crecimiento y afirmación.

Lo que importa es la actividad como proceso y no sus resultados, todo lo contrario que los valores capitalistas, que nos hacen darle valor únicamente al producto terminado y no a la satisfacción del proceso creador, condenando a gran parte de la población a trabajos aburridos y sin creatividad alguna, en los que, de nuevo, volvemos a ser autómatas.

El otro pilar en nuestras relaciones con el mundo es el amor, pero no un amor obsesivo y controlador que busque dominar, sino un amor espontáneo, solidario y entre iguales, que nos dé seguridad a la par que respete la individualidad de cada uno. El desarrollo de la propia personalidad es un fin en sí mismo y ninguna autoridad puede instrumentalizar a las personas para buscar un fin al que se le atribuya una mayor dignidad. Aquí reside la verdadera diferencia entre el fascismo y la democracia.

Esto no significa negar el valor de los ideales, sino todo lo contrario. Si entendemos como ideal todo propósito por el que estamos dispuestos a sacrificarnos altruistamente, el fascismo también podría ser un ideal tanto como lo es luchar por la libertad y la igualdad. Un verdadero ideal es aquel que afirma y desarrolla la libertad y la felicidad del individuo y no aquel que busca su sumisión a un poder superior.

¿Quiere esto decir que las personas nunca deban sacrificarse por nada? Al contrario, en la vida hay ocasiones en que las necesidades de nuestro cuerpo, como la autoconservación, pueden ser opuestas a lo que nuestra personalidad considera como correcto. Sacrificar nuestra carne para salvar nuestro espíritu se convierte en la afirmación más alta de nuestra individualidad. Por el contrario, el sacrificio del fascismo es la completa destrucción del individuo y su sumisión a un poder superior. La negación de la propia vida se convierte en el fin de esta misma.

¿Estoy afirmando que no debamos obedecer a ninguna autoridad? No, todo lo contrario; considero que debemos obedecer a autoridades, pero sólo a aquellas que sean racionales. Basándome en lo dicho por Fromm, clasifico como autoridades irracionales a aquellas que suprimen la individualidad y se imponen a la fuerza, resultando perjudiciales para el ser humano; y las racionales, que ayudan a desarrollar nuestro propio yo sin absorberlo y que aceptamos por nuestra propia voluntad.

Un gran ejemplo de autoridad racional es un amigo que nos enseñe a tocar la guitarra, al cual reconocemos voluntariamente una autoridad temporal sobre nosotros con motivo de sus saberes en la materia. Al contrario que una autoridad irracional, este no necesita controlar nuestras vidas para satisfacer sus inseguridades ni nos va a generar una dependencia al aumentar nuestra debilidad, más bien al contrario, conforme aprendamos vamos a ir igualándonos, hasta llegar el día en que no le necesitemos. O, por poner otro ejemplo, la autoridad del médico al que acudimos cuando estamos enfermos; siendo un ejemplo de autoridad irracional una persona a la que le encomendemos dirigir por completo nuestras vidas, sea esta el Estado o el mercado.

¿Y no surgirá el caos de esta desobediencia? Por lo que he aprendido de Fromm, el hombre no es ni bueno ni malo, tanto las mejores obras del ser humano como las peores atrocidades no son producto de la naturaleza humana, sino que son el resultado de la sociedad en la que viven aquellos que las realizan. La sociedad no sólo limita más o menos a sus individuos para poder funcionar, también crea y moldea sus caracteres y sus pasiones, hasta tal punto que el  hombre es el propio producto de la historia. Debemos luchar por lograr una sociedad que reúna las condiciones necesarias para dar a luz personas libres, solidarias y creativas como norma y no autómatas sin individualidad, capaces de cometer en silencio y sin rechistar un genocidio.

La vida posee una tendencia a la conservación y potenciación de ella misma, y sólo cuando este impulso se ve frustrado por la impotencia e inseguridad, fruto de circunstancias económicas y políticas en nuestra sociedad, surge el impulso de sumisión y de deseo de poder. Si fuera posible que las personas vivieran en un sistema donde pudieran desarrollar su individualidad plenamente desaparecerían sus impulsos asociales, representando únicamente un peligro aquellos con enfermedades mentales, cosa que ninguna sociedad podrá evitar.

¿Y qué clase de sistema lograría estos objetivos? En primer lugar, uno que estimule la libertad y la iniciativa de sus individuos en todos los ámbitos de la vida, especialmente en el trabajo, logrando así que estos tengan confianza en sí mismos y sientan que son una parte importante de la sociedad, no meros autómatas prescindibles.

Las personas deben sentirse responsables de su trabajo y de la organización de este, además de poder aplicar su creatividad en el mismo. A fin de cuentas, se trata de buscar que los fines de la sociedad y los suyos sean idénticos, lo que requiere un alto grado de descentralización, no bastando para alcanzar estos objetivos únicamente la entrega de los medios de producción en manos del Estado, tal como se hizo en la URSS, pues anularía la iniciativa individual e impediría desarrollar la libertad y el individualismo, pese a defender realmente los intereses de todos.

Por otra parte, es necesario que seamos nosotros quienes gobernemos nuestras vidas y no dejarlo en manos del mercado, además de evitar que los grandes capitalistas ostenten un enorme poder sobre nuestras vidas sin rendir cuentas a nadie. Esto requiere de una economía planificada que represente el esfuerzo dirigido y armónico de toda la sociedad, lo que requerirá en mayor o menor medida cierto grado de centralización y personal burocrático que se encargue de la planificación.

Para Erich Fromm, encontrar la manera de combinar estas características en un único sistema, que ha denominado socialismo democrático, constituye uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos actualmente. Por si esto fuera poco, la nueva sociedad también debe encontrar la forma de  que los gestores no puedan hacerse nunca con el control del pueblo.

Sin embargo, he de decir que considero que este enigma fue resuelto por un gran filósofo antes de que Fromm llegara siquiera a nacer. Kropotkin fue el ideólogo de un sistema llamado comunismo libertario o anarquismo comunista, que como podemos ver posee hasta una terminología similar al sistema propuesto por Fromm, y del cual hablaremos algún día.

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