lunes, noviembre 20, 2017
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La fábrica del zombi

Trabajo, empleo, actividad. Lo importante es saber (o llegar a) diferenciar entre este tridente de conceptos que a primera vista pueden parecer sinónimos pero en absoluto lo son. Tenemos que romper el eje hegemónico que nos hace entender el trabajo como forma de vida, o peor, la vida como forma de trabajo, para construir otro eje en el cual se entienda el trabajo como una suerte de rutina que no impida desarrollar nuestros proyectos vitales. El trabajo no puede ocupar más del cincuenta por ciento de nuestras vidas, si para descansar y nutrirnos ya utilizamos un tercio de día. Es decir, el empleo no puede robarnos la vida, el trabajo debe proporcionar mejor calidad de esta.

Trabajo es la fuerza o el esfuerzo que llevamos a cabo para desarrollar una tarea en concreto. Actvidad es la acción, la cual necesita el trabajo para existir, esto es, a través de fuerza o esfuerzo, construyo una casa. Construir es la acción, pero la fuerza que produce o que se define finalmente como actividad/acción es el trabajo. El empleo es un contrato entre dos personas en la que una vende su fuerza de trabajo para realizar la acción por la cual el otro le contrata. A cambio de que el contratado realice mediante su fuerza de trabajo la actividad que el contratador le pide, el primero recibirá del segundo un sueldo.

Por ahora ya están ubicados los tres conceptos: trabajo es fuerza, actividad es acción, empleo es la venta del trabajo a alguien que lo necesita para desarrollar una actividad.

Actualmente las redes entre contratado y contratador ya están establecidas en la sociedad. Lo están y de manera muy arraigada. Hasta tal punto que nuestra sociedad se rige tanto en cuanto una persona debe tener un empleo para poder desarrollar su proyecto vital. Esto es, si una persona no tiene empleo se lo considerará un ser parado. La Real Academia Española nos explica que un parado es alguien desocupado, o sin ejercicio o empleo. Gracias estimada RAE siempre tan acertada. Dos cosas: primera, esto es mentira, alguien que no tenga empleo no es estrictamente alguien desocupado. Segunda, el hecho de no tener empleo no incluye estar sin ejercicios a realizar en un día. Sin embargo, siendo en realidad donde quiero llegar, si a una persona sin empleo se la considera desocupada o sin ejercicio, lo que se construye de aquí es una suerte de red en la sociedad que la somete a querer tener un empleo. No hay nada más cierto que el empleo es actualmente la única manera de conseguir ingresos para poder vivir, de modo que empleo debe entenderse como un intercambio entre el trabajo de unos y la actividad que otros quieren que se realice.

A partir de aquí en la sociedad se articula una serie de contratos e impuestos que ponen bajo custodia de la justicia y la legalidad los tratos acordados entre empleado y empleador. Uno se compromete a vender su trabajo para realizar la actividad que el otro le dice, a cambio de que este se comprometa también a pagar el valor del trabajo que compra para que la actividad la cual quiere que sea producida se realice. Estas redes son las que construyen una división entre contratado y contratador. Son las que en cierto modo muchos entenderán como división entre tener o no tener responsabilidades burocráticas, de que la empresa que contrata y emplea no quiebre.

Lo más habitual actualmente es que el sueldo se cobra una vez realizada la actividad mediante la fuerza de trabajo. Esto es, el empleado trabaja primero, realiza la actividad y el contratador lo remunera. Hasta aquí todo es correcto. Entrados en la dinámica del funcionamiento laboral de una empresa, para poner un ejemplo, de producción alimenticia, el contratador acuerda unos sueldos a final de mes con los trabajadores. Estos producen el alimento en cuestión día tras día, los encargados de distribución lo llevan a los puntos de venta determinados, el producto final se vende y el contratador recibe el valor del precio de lo vendido.

Con este dinero el contratador debe pagar a sus trabajadores, sus gestiones burocráticas, absolutamente todos los gastos en material para el trabajo, y, por supuesto, la materia prima para producir todo ese alimento que, de nuevo, cuando se vuelva a vender, del ingreso adquirido se hará que funcione otro mes más dicha empresa.

Según la cantidad de trabajadores en las empresas estas pueden ser pequeñas y medianas, es decir pymes, o bien será una gran empresa, una multinacional pues. No voy a hablar por ahora de las cooperativas, aunque creo que un mercado constituido por una red de estas sería algo positivo. Al ser muy distinto el funcionamiento de pymes y multinacionales, también son gestionadas con distintas políticas las cuales es preciso y necesario distinguir porque no podemos comparar unas con otras. No es que jueguen a distintas ligas las pymes y las multinacionales es que juegan a distintos deportes, para así decirlo.

En España las pequeñas y medianas empresas generan el 65% del PIB y el 75% de empleos. Según nos cuenta un estudio de El Confidencial publicado en abril de 2015, “suponen el 99,2% de nuestro tejido productivo. Tenemos más que el Reino Unido (98%) y Alemania (97%)”.

Los empleadores de las pymes para que todos sus empleados tengan a final de mes los sueldos acordados y para que la empresa supere todos los trámites de legalidad, estoy seguro de que no me equivoco si afirmo que en más de dos y de tres ocasiones (y es que en realidad muchas más) los empleadores han renunciado o disminuido su sueldo para que todos sus acuerdos se puedan cumplir. Los empleadores de las pymes, a menudo asfixiados por sus facturas, producen poco y venden menos de lo que en realidad podrían o estarían dispuestos. Incapacitados por sus deudores y acreedores que tiran cada uno por un lado distinto hasta ahogar, esto dificulta, e impide incluso, el buen funcionamiento y, asimismo, el rendimiento de la empresa.

Cuando llegan a final de mes los propietarios de muchas pymes deben ponerse la capa de superhéroe y convertirse en eso, héroes. Héroes que viven para cumplir esos tratos acordados con sus trabajadores y para que el banco no decida quebrar el negocio. Como cuenta Moruno en su libro “La fábrica del emprendedor”, fíjate que negocio, de neg- y -ocio, es la negación del ocio. Mantener una pyme se está convirtiendo en escalar el Everest a contrarreloj y esto es algo que no puede continuar así mientras el 75 por ciento de los puestos de trabajo de España los aportan las pymes. En suma, a mi modo de ver, los propietarios de las pymes son héroes. En contraposición: las grandes multinacionales.

Contratos de ocho horas, disponibilidad horaria 24 horas, los trabajadores producen mucho más ingreso del sueldo que reciben y además a cuesta de su trabajo enriquecen al propietario. Porque nadie se enriquece con la fuerza de su trabajo. Fíjate que estoy hablando de enriquecerse. Un salario de 1.200€ al mes se puede considerar increíblemente bueno teniendo en cuenta la situación en la que estamos, pero ojo, no es enriquecerse. Esta visión hay que desmontarla, deconstruirla sin parecer alguien que no valora lo que las cosas en realidad son. El trabajo surge fruto de relaciones sociales entre individuos que finalmente acaban tejiendo la sociedad. Como se ha explicado antes, la sociedad se rige en el trabajo. Pero se genera una duda en saber si vivimos y dedicamos unas horas al día a trabajar para así aprovechar las horas que no se trabaja, o viceversa. Esto es, se trabaja primero y si me da tiempo, y puedo, después vivo un ratito al día. Las multinacionales juegan un papel muy grande en nuestra sociedad. Una sola genera muchos puestos de trabajo. Ofrece sueldos que consideramos aceptables, o que al menos son suficientes para poder pagar los gastos básicos y llegar justo a fin de mes y nos permite pagarnos un hogar que al ser propiedad nuestra hace sentirnos muy bien. Sin embargo en realidad someten al trabajador a la precariedad, por tanto hay que entender el trabajador como una suerte de clase social reconocida como el precariado. Si el trabajador ha de estar a la fábrica cada vez que a sus jefes les interese que esté allí, a pesar de que tenga un sueldo y no lo maltraten, esto no es precariedad, esto es esclavitud. Es decir es una farsa hacer creer al trabajador que al poder comprarse la comida, pagarse las facturas y tener una casa no es un esclavo, si siempre que quieran los empresarios debe acudir a la fábrica a trabajar horas extras porque sino lo hace está en condiciones de perder el dichoso empleo a pesar de que en su contrato diga que ese no es su horario.

A mi modo de ver no puede ser que una persona dedique ocho horas al día trabajando. No por el hecho de no trabajar tanto y parecer alguien que quiere vivir mantenido, entenderlo así sería una lectura equivocada. Trabajar ocho horas al día implica dedicar más de 10 horas al día al trabajo entre levantarse temprano para llegar a la hora, comer algo, ir y volver del trabajo, ducharse cuando se acaba la jornada. Casi la mitad de un día. Si sumamos a estas horas que consumimos del día las comidas y las horas necesarias para descansar, dormir pues, nos queda una sexta parte del día para vivir. Esto no es vivir y no creo que solo lo crea yo. ¿Trabajo luego existo? No es verdad porque además si se es padre o madre de familia hay que llevar al crío al colegio; a sus extraescolares pertinentes; hay que mantener el hogar en condiciones etc. ¿Para qué vivimos? Para trabajar once meses y tener solo cuatro semanas de vacaciones. Pero, claro, como podemos ir al “pueblo” nos creemos que en realidad la vida es así. No puede ser un leit motiv vital la sonada muletilla: “Es lo que hay”. La verdad es que hay muchas maneras de intentar cambiar esto y negarlo o decir que es una utopía es falso.

¿Por qué mientras los trabajadores de las multinacionales generan sus sueldos y cubren sus impuestos legales, también generan el pago de los costes de fabricación etc. y quienes se llevan la parte más grande del reparto son los que no han participado en la realización de la actividad que genera el capital? Si tú no vas a pescar, tú no te quedas el beneficio de la venta del pescado. Pero claro, el barco es suyo… No es verdad porque se compró uno nuevo con el beneficio de las ventas de un producto no elaborado por él. Discutir el derecho de la propiedad nos llevaría a demasiada extensa reflexión y la intención de este texto no es romper de entrada contra tal esquema, es proponer nuevas pautas, plantear nuevos horizontes, distintas perspectivas.

Mientras tengamos a 300 personas trabajando en una multinacional capaz de generar más de 200 millones de euros en un ejercicio, pero cobrando sueldos que solo les sirven para sobrevivir, no solucionamos nada. Menos horas de trabajo es igual a más vida, es igual a tiempo liberado. Menos horas de trabajo es igual también a creación de más puestos de trabajo. Subir los sueldos y bajar las horas de trabajo, pues, es igual a generar mayor calidad de vida entre los trabajadores, porque vivirán más y trabajarán un poco menos y además si cobran más podrán desarrollar un proyecto vital en el cual se puedan permitir, por ejemplo, comprarse unas cortinas nuevas más a menudo si les apetece (o necesitan), matricularse al gimnasio si quieren etc. Y no es solo eso, en la fábrica estas personas no sentirán desde la primera a la última hora de empleo que han ido a quemar horas de su vida para que se enriquezcan otros a cambio de poder sobrevivir. Adiós, fábrica del zombi.

No puede ser que un trabajador que en su contrato firmó por una jornada laboral de 06:00 a 14:00 de lunes a viernes, le hagan ir a trabajar un día de la semana a las 00:00 hasta las 04:00, cobrando la hora extra a cinco euros sin plus de nocturnidad solo porque a un gran empresario no le apetece contratar una persona que venga a trabajar en el turno de noche. No puede ser que un obrero, con el mismo horario que el anterior de lunes a viernes, reciba una llamada de su encargado diciéndole que le toca ir el domingo a trabajar cuatro horas porque sino los horarios de producción no cuadran. De nuevo porque al gran empresario no le da la gana de contratar a alguien los fines de semana.

Ofrecer más puestos de trabajo, menos horas y con mejores sueldos en las multinacionales es posible y aparte de mayor calidad de vida generaría movimiento económico entre la sociedad y más buen ambiente de trabajo. Las condiciones de precariedad en las multinacionales son por ejemplo el hecho de que se te permita poder pagar una casa y los impuestos, por tanto sobrevivir, mientras que por lo contrario se está en disponibilidad 24 horas. Si no asistes a las horas extras sabes que tu puesto de trabajo peligra. Asimismo tus fondos para sobrevivir desaparecen.

A pesar de todo no se puede leer la flexibilidad laboral como la única relación maligna entre la sociedad neoliberal y el trabajo. Esto es precariedad. Trabajar con miedo a perder el trabajo cuando en realidad estás vendiendo tu esfuerzo para enriquecer a otro. Hay que ser consciente de que difícilmente, a mi modo de ver, se puede romper con esta dinámica, pero sí debemos luchar para trabajar por unas condiciones más justas que velen por una mejor calidad de vida de los trabajadores y a su misma vez de todas las personas que están integrados en los circuitos de cada uno de estos.

El empleo no deja de ser una forma de pensar el trabajo. Y mientras que el empleo es el baremo que mide el valor del trabajo, se reparte miseria. El empleo es el eje central de nuestras sociedades. Se ha liberado una cantidad enorme de tiempo en el trabajo debido a las nuevas tecnologías, que a su vez resulta disminución salarial. El trabajo es algo que surge, algo no predeterminado a un espacio social. De las condiciones materiales, simbólicas y colectivas, resulta el capitalismo. Este libera de lo ideal al trabajo y se configura una dialéctica de clase social: los de arriba y los de abajo. Se ha convertido en la relación social que vincula las personas a través de necesidades. El salario tan solo es la compensación de tiempo usado para trabajar. Así, pues, se solidifica la relación estable en la que el tiempo no es individual sino que colectiviza mediante relaciones sociales que se ordenan de manera lógica en un relato que ordena a toda una sociedad que está estructurada y definida por el empleo. Esto, entonces, permite la reproducción del sistema.

El empleo es estable. De modo que en función de tu trabajo, se crea tu identidad. Está definida por un trabajo u otro. El ser social es según tenga qué trabajo. Esto es, un hombre o una mujer “es” señor/a de la limpieza, “es” doctor/a, profesor/a, peluquero/a, “es” psicólogo/a, veterinario/a, biliotecario/a, empresario/a, cajero/a de un supermercado. Fíjate que una mujer o un hombre son muchas cosas más que la persona que realiza un empleo. Si a una señora le gusta nadar, o jugar al ajedrez, o pintar en sus ratos libres, ¿por qué no es nadadora, ajedrecista o bien pintora por encima de lo que su empleo defina por defecto lo que cada uno es? No está en pensar que sea malo o bueno, está en darse cuenta de que el trabajo tiene un papel tan indispensable en la sociedsd que este ya te define. Y por si fuera poco, esta determinación está cargada de estigmas o positivos o negativos, por el simple hecho de practicar un empleo. El salario es en realidad el que condiciona esta situación, puesto que al ser la única fuente de ingresos para vivir, derivado del trabajo que realizas, el empleo es, pues, lo que determina qué y quién eres. Hay que ir a la búsqueda de trabajos sociales que dejen de definir tu estado social, porque de hecho, esta crisis tiene que ver con el eje del régimen salarial.

El capital abole el trabajo. Este es el trabajo que se ofrece y que se busca, que es canjeable. Trabajo del cual el capitalista puede conseguir plusvalor a pesar del salario del trabajador. Vivimos en una sociedad de trabajadores, que se ha quedado sin trabajo, esto es una sociedad que se queda atónita. Si el trabajo fuera garantizado, el estado garantizaría el salario. El ser humano solo se considera útil si le pagan por el trabajo que hace. Por tanto toda actividad debe ser pagada a cambio del trabajo, es lo que se vende.

Creo que esta visión hay que ponerla en duda. Hay que ponerla en duda porque a menudo la gente se siente mucho más realizada y satisfecha cuando trabaja para una actividad que no es remunerada. Me viene a la cabeza alguien a quien le guste tener arreglado su jardín y se encarga de hacerlo él mismo por distracción y a su vez entusiasmo. Me viene a la cabeza alguien que le guste ir a andar por la montaña los fines de semana y es esta quien organiza las quedadas y se preocupa de planear un itinerario o ruta. Me viene a la cabeza cualquier persona que organiza algún tipo de acontecimiento sin finalidad lucrativa. En realidad lo queremos todo. El espacio público ha estado mediatizado.

El capitalismo ofrece dos formas: una en la que la actividad no es útil si no te pagan y, otra, en la que el trabajo tiene un valor cuantificado a través del salario. Creo que debemos ir hacia una sociedad de plena actividad y no de pleno empleo. Disociar la necesidad de trabajar por vivir con la necesidad de disfrutar del tiempo libre. Que para eso vivimos. El trabajo lucrativo debe dejar de ser el centro de la sociedad. No debemos sentirnos identificados con el cual estamos empleados sino sentirnos identificados por otras muchas cosas que hacemos. Yo soy escritor.

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