lunes, septiembre 25, 2017
La trivial > Sin categoría > La era digital y la democratización de la cultura

La era digital y la democratización de la cultura

por R. G. Celma

El artículo expone la necesidad y las virtudes de una gran biblioteca pública de libros digitales que permita actualizar las bibliotecas a la la era digital. De lo contrario, el principal instrumento para la democratización de la cultura  será pronto convertido en un anacronismo. 

Una idea ronda por mi cabeza desde hace tiempo, el gran avance social e intelectual que supondría la creación de una gran biblioteca pública digital donde encontrar cualquier libro publicado en la historia del hombre de forma grauita. Supondría el mayor archivo y la mayor biblioteca de la historia, todo ello unido a la posibilidad de acceder a ella desde cualquier lugar que nos otorgan las nuevas tecnologías y de forma gratuita. Imaginense el gigantesco paso que supondría para lograr hacer accesible la cultura a todo el mundo.

La gran biblioteca pública digital (GBPD) se sustenta en dos grandes pilares. Por una parte, en las grandes bibliotecas legendarias, como la de Alejandría o la de Pergamo. Estas surgen en el Periodo helenístico con el deseo de reunir todo el conocimiento de su tiempo. Por otra  parte, en los principios democráticos inspiradores de la revolución francesa, que buscan hacer accesibles la cultura y la educación a todo el mundo y no solo a los eruditos. Conviene aclarar que abordaré el tema desde una perspectiva nacional, pero sería imprescindible para formar la GBPD su construcción entre todos los países y su  implantación mundial.

Para entender que este paso no es algo deseable sino necesario, hay que comprender que si una institución no se adapta a los cambios en su entorno, sufre un proceso de fosilización que a largo plazo resulta mortal. En el caso de las bibliotecas, los cambios en su entorno son producidos por las nuevas tecnologías, concretamente por los libros digitales. La biblioteca pública de libros digitales supone simplemente la adaptación de las bibliotecas a la era digital, aprovechando las ventajas que esta nos ofrece.

El caso es que no solo no se está llevando a cabo esta adaptación del modelo tradicional de bibliotecas sino que encima se está recortando drásticamente el gasto público en ellas, impidiendo que renueven sus fondos. El recorte presupuestario desde 2009 hasta 2015 es de una media de un 60,11% menos, existiendo casos como el de Zaragoza en el que el recorte alcanza un 85%. Gran muestra del insaciable interés por democratizar la cultura y la educación que demuestran nuestros políticos actuales.

Anteriormente mencionaba que la GBPD supone aprovechar las ventajas de las nuevas tecnologías, como demostraré en el hipotético modelo de funcionamiento de la biblioteca (siempre abierto a discusión).  Imaginen una página web, en la que para acceder cada ciudadano tiene un usuario en base a su DNI  y una contraseña (siendo de una importancia primordial que no exista ningún tipo de registro de los libros que ha leído cada ciudadano, para garantizar su derecho a la  privacidad).

Una vez dentro, puede descargar todos los libros electrónicos disponibles de forma gratuita y  sin limitación de ningún tipo, puesto que considero anacrónicas las limitaciones a la cantidad de libros que puede adquirir y del tiempo en el que puede tenerlos, al responder estas a una lógica de préstamo de ejemplares físicos limitados.

La biblioteca incorporaría todos aquellos libros que se publiquen en formato electrónico sin distinción (evitando posibles líneas de pensamiento oficiales, garantizando así una verdadera libertad de pensamiento), pero también dispondría de fondos para progresivamente ir digitalizando libros antiguos sin versión digital, logrando así reunir todo el conocimiento posible.  Además, debería aceptar la ayuda de los ciudadanos, que tendrían la posibilidad de donar nuevos ejemplares digitalizados a la biblioteca.

En cuanto al conflicto entre los derechos de autor y el derecho a la cultura, me remito al artículo 37 de la ley de propiedad intelectual, el cual niega la facultad de los titulares de los derechos de autor a oponerse a la reproducción de sus obras o a la necesidad de su autorización, cuando aquellas se realicen sin finalidad lucrativa por las bibliotecas de titularidad pública.

Sin embargo, si que considero inadecuado que no se les remunere en base a los prestamos que realicen, puesto que la GBPD puede llegar a suponer un perjuicio económico para el autor o para la distrubución normal de su obra. Por tanto, considero justa cierta compensación en base a las descargas realizadas de una obra y un plazo de tiempo entre la publicación de la obra y su incorporación a la gran biblioteca, como por ejemplo de dos años, plazo suficiente para no perjudicar las ventas de la obra y no suponer un incentivo negativo a los escritores.

Sirva pues esta reflexión para abrir el debate en la calle, en las familias, en los sindicatos y en los partidos sobre la necesidad y la gran conquista social que supondría la gran biblioteca pública digital como un paso imprescindible para cambiar de verdad este país, logrando una gran democratización de la cultura que estimule la formación  de electores críticos y reflexivos.

5 thoughts on “La era digital y la democratización de la cultura

  1. Esta idea de la “GBPD” es tan revolucionaria como la indispensable Enciclopedia Universal Virtual que es hoy por hoy la Wikipedia. El hecho de que haya surgido en nuestro país supone una increíble oportunidad para llevarla a buen término cuanto antes.
    Las bibliotecas públicas físicas están llamadas a desaparecer en las próximas décadas como resultado del avance tecnológico, como tantos otros inventos que ahora se nos antojan obsoletos (las cabinas telefónicas, la correspondencia postal…). No obstante, la reconversión de las bibliotecas en un descomunal recopilatorio virtual de toda la literatura a nivel global supone el progreso de nuestra cultura en tanto avanza el acceso a Internet en todo el planeta.
    El desarrollo por parte del Gobierno español es la vía más natural para emprender este proyecto, sin embargo, el historial del sector público en estos aspectos, como señala el autor del artículo, nos lleva a plantear la iniciativa colectiva al estilo “wiki” como único medio para llamar la atención de las autoridades.
    Es evidente que todos los aspectos de esta “GBPD” propuesta en el artículo son razonables y factibles, sobretodo en lo referente al apoyo legal del artículo 37 de la Ley de propiedad intelectual. Complementando la remuneración a los autores en base al número de descargas con el tiempo de dos años (sería discutible prolongarlo a cinco o más, para garantizar el negocio de creativos y editoriales) mínimos de edición privada antes de su incorporación a la “GBPD”, se garantiza su conveniencia para escritores y comerciantes. Al mismo tiempo, la difusión pública y gratuita de las obras literarias en formato virtual acabará con el fenómeno controvertido y polémico de la piratería y las descargas en Internet, que suponen incertidumbre y pérdidas económicas. Esto anima a desarrollar de modo idéntico grandes archivos públicos virtuales de música, películas y otros contenidos audiovisuales, que al fin y al cabo forman parte de nuestra cultura.
    Este proyecto debería progresar desde un núcleo público español de recopiladores y expertos a una pequeña comunidad internacional que catalogase por años de edición y por países de publicación las distintas obras, que asímismo deberían catalogarse por temática.
    Por último, señalar el vital asunto de la privacidad en las descargas, d la que debería ser garante un sistema informático fiable que impidiera conocer la identidad del usuario en los momentos en los que efectúe cada descarga (aunque para registrarse, como bien dice el artículo, es preferible la identificación por medio del DNI).

    Debemos lograr que España sea referente cultural universal llevando a la realidad esta invención revolucionaria e indispensable (a largo plazo, un país u otro acabará desarrollando esta idea de un modo u otro) mediante una realización seria, sólida, segura y factible.

    Mi enhorabuena al autor, espero que esto sirva para completar su artículo.

    Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *