lunes, diciembre 18, 2017
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La biografía de Alessandro Solà que nadie esperaba

Recién publicaba un texto biográfico de uno de mis antepasados que vivió durante los siglos XVI y XVII de forma esporádica. Un viaje por las raíces de uno mismo y su familia es a veces necesario y por eso, hoy, día domingo, publico otro pedazo de mí, un fragmento más del camino familiar que me lleva a nuestros días. Pues rebelándome contra el sentimiento de estar escindido de origen y desorientado sobre el futuro. Me temo, como dice Peter Sloterdijk, que la humanidad estaría hoy desacuerdo con Madame de Pompadour: “¡Después de nosotros, el diluvio!” La dama la expresó, entre contrita y alborozada, en una fiesta en Versalles, al enterarse de la derrota de las tropas francesas en Rossbach, en 1757. La modernidad como caída hacia delante y a ciegas.

 

1874: Alessandro Solà nace en Treviso hijo de una antigua familia aristocrática catalana arruinada por culpa de un restaurante fallido de cocina francesa. Desprestigiada, la familia tuvo que emigrar con la intención de mudarse a Génova a principios del siglo XVIII, fueron capturados por bandidos Venecianos y fueron llevados a la fea ciudad de los canales.

 

1875: Los padres de Alessandro creen importante aprovechar el hecho de que la ciudad de Treviso está hermanada con Orleans, una ciudad francesa, para ocupar jóvenes de ese país en el cuidado del joven Alessandro. Empieza a aprender un poco el francés, eso en el futuro le traería problemas para cocinar correctamente la pasta.

 

1879: Con 5 años Alessandro ya percibe claramente que tendrá una vida difícil debido a su personalidad. Lo declara con una frase que repetirá muchas veces en el tiempo: “Te piensas que no, pero a mí se me quiere tumbar de a miles”. Sus padres son aún escépticos con respecto a esta observación que califican de infantil e inmadura. El padre se preocupa por si el hijo puede ser un poco narcisista. De hecho, volviendo un día del colegio en el carruaje le dice que solo Napoleón[1] se sentía así. A lo que Alessandro responde que también Julio Cesar y él mismo.

 

1883: Termina la educación primaria con un creciente interés por la literatura y la cocina de la pasta. Empieza en casa, junto con su madre, Simona, a manejar las primeras paellas y cazuelas. Es capaz de hervir pasta con la supervisión parcial de su mamá, pues esta llega a poder leer en el comedor mientras el joven Alessandro calienta agua. En sus ratos libres imagina mezclas de hierbas aromáticas para salsas. Empieza a presenta una incipiente obsesión por el tomate.

 

1882: En el primer día de instituto, Liceo para llamarlo con su nombre, es tumbado oficialmente por un compañero de clase que lo amenaza porque participa mucho en clase y siempre tiene la respuesta correcta. Al siguiente día, cuando la profesora pregunta por la capital de Ohio, responde diciendo: “Lima”. El bribón que lo había amenazado sonríe satisfecho y cuando le preguntan a él, responde: Modena. Comete un error garrafal y decide no hacerse jamás geógrafo.

 

1885: Con la educación secundaria decide profundizar en el inglés porque es el idioma del imperio británico que gobierna el mundo. Toma clases particulares en una academia que queda cerca de la iglesia de San Francesco en la esquina con Via Campana. Allí estrecha amistad con un inglés, de Manchester, que está viviendo allí contra su voluntad y en profunda concordancia con la voluntad de su mujer, según afirma él refunfuñando.

 

1891: El profesor de inglés, Robert, le recomienda empezar a leer un autor muy nuevo pero no poco famoso llamado Oscar Wilde. Aprende en inglés la palabra “flamboyant” y en pocos días, Alessandro Solà ya trufaría todas sus conversaciones con frases de este escritor mainstream. Cuando su profesora de economía le pregunta de qué quiere trabajar, responde que el trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer. La institutriz no se lo toma bien y manda una carta a sus padres.

 

1894: La familia empieza a tener problemas económicos y deciden emigrar a New York porque ya hay más italianos viviendo en lo que dicen que se llama Little Italy. Para el largo viaje en barco se lleva un libro publicado ese mismo año llamado El libro de la selva, de Rudyard Kipling. Se lo da un hombre que le da un apretón de manos muy curioso. El hombre desaparece con el bus número 33. Al llegar a New York, toma una Coca-cola, una bebida que había salido ese año también. La cocaína que contiene le sienta bien y le da un giro copernicano a sus recetas de cocina conocidas hasta ese momento. Mezcla tomates pequeños con albahaca. La gratificación de esa revolución culinaria lo pone contento.

 

1895: Parece que la economía familiar empieza a repuntar en Little Italy. Su padre Enrico ha encontrado trabajo pero se resiste a contar abiertamente de qué trabaja. Extrañamente empieza a hablar con algunas expresiones sicilianas, pero lo importante es que la familia vuelve a tener una vida más desahogada. Alessandro se replantea sus estudios y decide ir a la universidad para estudiar filosofía y literatura inglesa. Su padre le dice que no le faltará de nada y lo matricula en Columbia, pero se equivoca con el papeleo y termina teniendo que estudiar ingeniería electrónica.

 

1896: El primer día de clase, su padre lo lleva a la Universidad. Debajo del asiento encuentra un revólver Smith & Wesson Model 625 para tiro efectivo magnum. Cuando le pregunta a su padre qué va a hacer después de dejarlo en clase, este le responde que lo de siempre, ya sabes, traer comida a casa, que la nevera no se llena sola. Alessandro no se lo cree demasiado pero es pragmático. En la clase empiezan a estudiar matemáticas y cosas de electricidad pero él tiene la cabeza en otro lado: está empezando a investigar con champiñones mezclados con panceta y tomate. Sus amigos más pesimistas le dicen que no lo va a conseguir, pero él con esperanza-sin-optimismo, sigue trabajando por las noches para conseguir la amalgama.

 

1897: Su interés por Tesla le vale una amenaza del rector que está en contra de conseguir electricidad gratis y sin cables para todo el mundo. Esta frustración solo consigue que confíe más y más en sus experimentos en forma de salsas de pasta. Con su grupo de amigos empiezan a trabajar en una revista en la que pretenden difundir toda la cantidad mastodóntica de conocimiento sobre pasta que han acumulado durante esos años. Al tercer día de trabajar en este proyecto, Alessandro lo deja porque tiene la sensación de que lo quieren tumbar y no resistiría una segunda vez lo.

 

1899: Deja la universidad por desinterés, y escribe su primera obra titulada: “Cuando la pasta se pone dura”. La envía a las mentes más lúcidas del viejo continente pero todas la rechazan menos Sigmund Freud que le responde con una carta en la que le exhorta a seguir trabajando y le diagnostica neurosis aguda de la pierna izquierda.

 

1903: La situación es cada vez más negativa y esto le pasa factura en su vida privada. Su novia le dice que ya no es el que era y que ya no es tan divertido como al principio. Le recuerda entre sollozos que ya hace más de dos semanas que no hace aquella imitación del sonido de las nutrias que, literalmente, la volvía loca.

 

1905: Decide volver a Europa porque ve que su obra tiene mejor aceptación entre el público del viejo continente. Llega en un barco a Génova y la misma noche de su llegada, coincide con James Joyce en una trattoria de las afueras. Nada más empezar la conversación, Joyce le dice que los genios no cometen errores que sus errores son siempre voluntarios y originan algún descubrimiento. Eso aún preocupa más a Alessandro y decide que no volverá a ese sitio.

 

1908: Se entera de a muerte de su padre y le dicen que era uno de los mafiosos más importantes de todo Estados Unidos. Esto le lleva a preocuparse por su vida y llega a plantearse contratar a un guardaespaldas. Este fuerte impacto en su vida hace que su obra se torne más lóbrega y su segundo libro se titulará: ”El ser, el tiempo y la salsa de tomate frita. Cómo mezclar berenjena y tomate sin que te dé la risa.” Es un best seller, en los capítulos sobre metafísica critica la modernidad y prevé que habrá dos guerras muy crudas en Europa, muy muy verracas.

 

1910: Stefan Zweig debate con él en los cafés más importantes de las sociedades europeas y su posición es diametralmente opuesta. Alessandro cree y sostiene con firmeza que habrá una guerra, Zweig se ríe de él pero se deleita con su plato de spaghetti con pesto de calabacín y queso fresco. De hecho, le llega a decir que si su capacidad de prever fuera la mitad de su capacidad para hacer pasta, sería un gran previsor. Alessandro, cuentan las leyendas aunque no hay fuentes, que le llegó a coger por el cuello a Zweig. Pero no se sabe.

 

1914: Empieza la Primera Guerra Mundial y se ríe públicamente de Stefan Zweig. Le dice: “ya te lo dije, amigo”. Zweig le responde que al menos él tiene novia y no está todo el día experimentando con macarrones, aceites y especias.

 

1917: En un tren hacia Finlandia, conoce a la que sería la mujer de su vida. Tiene un precioso cabello rizado que caracteriza de guasón. Sentados en un vagón pobre, muy de clase obrera, conocen a un amable hombre de aspecto eslavo que parecía ser de su misma quinta. Sin saber cómo, terminan asaltando el palacio de invierno con aquel hombre que más tarde sabrían que se llamaba Vladímir Lenin. Alessandro y Lorenza trabajan de cocineros del ejército rojo. Su nuevo amigo les obliga a cocinar siempre con tomate debido a la afinidad del color. Esa experiencia le lleva a escribir su siguiente best seller: “Más que todo. El socialismo y la pasta bolognese.” Georges Sorel lo define como una obra maestra pero no termina de entender su contenido. En Italia, un grupo de chicos de preciosas camisas azabache tizón se apuran a comprar todos los ejemplares traducidos, pues se escribe en versión original en inglés. La traducción, hecho por Gabriele d’Annunzio, es un éxito en Italia.

 

1919: Se muda a Turín y allí empieza a debatir con grandes intelectuales de su tierra. Palmiro Togliatti y Antonio Gramsci son sus compañeros de andanzas. Empieza a documentarse sobre el momento que esta viviendo su tierra natal y termina por publicar otro libro: “Italia en el sillón”. Este libro recibe más críticas pero es también muy leído. Se le empieza a acusar de muchas cosas, entre ellas la de conformarse con su vida y también de ser un agente doble. Empieza a engordar debido a su nuevo descubrimiento: la lasaña con ragú.

 

1924: A sus 50 años inventa su receta estrella: Pasta a la catalana. Con ella pretende ofrecer un homenaje a sus antepasados que partieron desde Catalunya. La receta consta en poner poco de cada uno de los ingredientes. Se tiene libertad por poner lo que sea, pero siempre que falte un poco. La receta se popularizaría mucho a partir de 1929 porque, a raíz del crack bursátil en Estados Unidos, la pobreza ayudaría a extender y generalizar la pasta a la catalana. Hemingway quiere conocerlo por tal prodigio y se citan el la habana.

 

1925: La cosa se complica en Italia la gente empieza a levantar demasiado el brazo al saludar y eso le molesta mucho a Lorenza por muchos motivos. Sondean varias opciones y terminan decidiendo que la mejor opción es emigrar a Brasil. Para llegar al nuevo mundo, hacen escala unos meses en Lisboa. Una vez llegado allí, alquilan una casa en Rua de São Paulo. En esa ciudad plantea un ensayo metafísico sobre los Rigatoni con pesce spada. Le gusta tanto a Fernando Pessoa que lo traduce al portugués y añade un epílogo en el que hace una oda al chorizo y plantea que vivir es ser otro y que el bien es un mal necesario.

 

1933: Empieza a triturar pimientos brasileños y los añade a unos pappardelle. Pero su salud empieza a nublarle la vista lo que hace difícil el estudio minucioso de las recetas de pasta.

 

1937: En una exposición retrospectiva de sus obras sufre un ataque de tos muy virulento. Acompañado de su mujer, se va a hacer la siesta de la que no se despierta. Cae víctima de un infarto. Julio Cortázar le dedica un cuento corto titulado: ”Instrucciones rallar el parmesano sin rallador”. En el multitudinario entierro, en la abadía de Westmister, Winston Churchill le dedicó un epitafio: “A menudo se tuvo que comer sus palabras y descubrió que eran una dieta equilibrada”.

 

 

[1] Napoleón llegó a la ciudad de Treviso en 1796 con su armée y desde entonces es un trauma histórico para los trevisanos.

Roc Solà

Història a la Autònoma de Barcelona. L’Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.

https://rocsola23.tumblr.com

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