domingo, noviembre 19, 2017
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Giuliano Spaghetti, la biografía

Giuliano Spaghetti se encontraba pensativo mirando a través de la ventana de su lúgubre cocina. Era un día más gris que el cemento Portland. Su relación con Verónica Marchant sufría un pequeño bache debido a una discrepancia en la idea de relación estable que ella sostenía: él prefería que se vieran. Asimismo, acababa de recibir una carta por correo urgente, escrita con una tinta mágica, que mayoritariamente estaba constituida por ántrax. En el correo, Spaghetti era amenazado con tener que morderle los pezones a un cocodrilo, teniendo que encontrarlos primero, si no retiraba de forma inmediata su teoría de Kant aplicada a la pasta italiana. Giuliano definía la pasta en sí misma como Noúmeno, pues sin ella no podían existir los objetos fenoménicos conocidos como salsas. Su ejemplo más célebre era la frase que siempre repetía al final de las comidas: “Unos macarrones al pesto existen gracias a la existencia suprasensible en base pasta, ya que el pesto es solo fenómeno.” Sus amigos le conocían como “el fideo” por su delgadez y su capacidad de encajar bien con todo. Se comenta que llegó a combinar, sin caer en el ridículo, una camisa amarilla, su correspondiente chaleco negro con lunares rojos, unos pantalones verdes fluorescentes con rayas azules y blancas y una boina beige calada al estilo del che. Como se podría imaginar, Caligula a su lado tenía una estabilidad emocional destacable. Por si fuera poco, en las últimas tres semanas había quemado tres sofás fruto de su estado de destemplanza, no es que fuera un pirómano pero si lo hubiera sido, estaríamos hablando de sofá por semana, lo cual te incluye de forma automática en el grupo de pirómanos en mejor estado de forma, vamos, los que están “on fire”. Este hombre con la autoestima de Franz Kafka y el tacto social del Dr. House, estaba que no levantaba cabeza, su relación con Verónica no funcionaba; no tenía ningún verdadero amigo y ni tan solo había logrado crearse algún enemigo decente. En sus intentos de conocer otras mujeres se comenta que llegó a decirle a una pobre y amable muchacha de veintinueve años : “la belleza es a ti lo que la declaración de la renta a un pingüino”. También quiso recuperar alguna vieja amistad del instituto, una tarde llamó a Fabio, con el cual había perdido el contacto hacía ya mucho tiempo:

“- ¿Fabio? Soy Giuliano.

Sí? Diga?

Hola?

Hay alguien?

Sí! Al habla Giuliano.

Debe haber sido una broma… No, no quiero cannelloni otra vez, no!”

Eso fue lo último que supo de su amigo de la infancia: que no quería cannelloni otra vez. En su lucha contra la desesperación que le causaba su deplorable existencia se apuntó a un curso exprés sobre psicología; creía que sería una buena manera de desconectar de sus problemas durante un rato cada día. Sinceramente, creo que fue una decisión un tanto irreflexiva y en cierta medida, temeraria. A pesar de ello el primer lunes, Spaghetti llegó pensativo a clase y se sentó solo.

“Lo único que pido para mi muerte es que sea póstuma.” Es lo primero que oyó Giuliano al sacar una hoja en blanco para los apuntes. Le pareció una frase divertida que solo un excéntrico podría decir en público. La clase le distrajo de sus problemas pero poco más, lo único que le divirtió fue saber que el profesor había recibido una querella por plagio de su obra: ”La originalidad como modelo”. Al salir un día, el desdichado protagonista se topó con unos atracadores que le amenazaron y cuando le dijeron que les diera todo lo que llevaba encima, él respondió que si eso era una broma le parecía menos divertido que un ventrílocuo por la radio. Le partieron el meñique de la mano izquierda, afortunadamente era diestro. Los días fueron pasando y su aislamiento del mundo no tuvo ninguna pausa, a excepción de un par de noches que salió a tomar algo con una compañera del curso. Él se enamoró al instante y ella creía que los hombres son como las cerillas, si les calientas un poco pierden la cabeza. Para él la relación hacía que ambos volaran, levitaran como una alfombra oriental mientras que para ella un desengaño amoroso era mejor que jugar al bingo. Él la quería pura y completamente mientras que él era como un gato para ella, le caía bien. Cuando dejaron de verse él sobrerreaccionó y ella le dijo que su forma a de ver las cosas era como cortarse la venas con una motosierra: exagerada y impráctica. Por eso mismo nunca se suicidó y acabó dedicándose, por las tardes, a reciclar albornoces usados en las urbanizaciones. Nunca fue feliz.

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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