lunes, agosto 20, 2018
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El defensor de la belleza

Por Carlos Cascón

«Surtur: No puedes evitar el Ragnarok, ¿por qué combatirlo?

Thor: Porque eso es lo que hacen los héroes.» (Waititi, 2017)

Con esta seguridad y confianza, de la cual sólo podría gozar un superhéroe de ciencia ficción, es con la que Thor, nuestro Dios nórdico favorito, sin perjuicio de Loki, por supuesto, conversa con Surtur, cuyo destino es el cumplimiento del Ragnarok.

Para quien no haya podido aún disfrutar de la última película del superhéroe interpretado por Chris Hemsworth, o para quien desconozca, como es mi caso, el grueso de la mitología nórdica, el Ragnarok es como se denomina a la caída de Asgard, allí donde habitan los Dioses como Thor, Loki u Odín, lo que significa que Thor está mirando, con la actitud propia que hemos mencionado, a lo que sería el fin del mundo.

Más allá de la introducción a la película de la que vamos a hablar y la ligera presentación del contexto ante el que nos situamos, el valor de esta cita recae en una cuestión que está planteando Thor, más por arrogancia que por querer hacerlo propiamente, pero que merece la pena abordar para poder coger cierta perspectiva que nos permita poner de relieve lo relativo a la actuación de los superhéroes, y es que, ¿qué es lo que hacen los héroes?

Muy posiblemente tratar de resolver la cuestión acerca de la labor de los superhéroes conllevara una gran cantidad de tiempo, así como de extensión, sin embargo, el título de este artículo ya indica la posición que vamos a tomar aquí con la intención de arrojar algo de luz a la pregunta, y desglosar todo lo que implica desde el punto de vista con el que vamos a enfocarla.

De este modo, partiendo de que el cine de superhéroes es un cine profundamente característico de la ciencia ficción, un cine perteneciente al ámbito de la fantasía, debería de resultarle imposible escaparse de lo relativo a la estética. Un superhéroe, precisamente por las condiciones en las que se plantea su existencia, no deja nunca de ser un defensor de la belleza, amén de otras cosas que haga, la belleza siempre es un paradigma respecto al cual el superhéroe se ejerce en salvador. Un héroe no está ahí sólo por sus acciones, sino para que se narren sus acciones, el héroe toma parte siempre por lo bello, y frena el avance del villano que ha tomado las riendas de lo feo.

«Thor: Te va a encantar Asgard, es grande, es dorado, brillante.» (Waititi, 2017)

Para comprender mejor esto, podemos ver cómo describe Thor el reino de Asgard cuando trata de convencer a Hulk para escapar de Sakaar e ir allí. Asgard es un sitio que, si bien no es descrito de una manera muy sofisticada, nuestro superhéroe le da una gran simpleza, Asgard es bonito, todo lo bonito que las condiciones que genera la fantasía le permitan serlo, y la labor de Thor va a ser salvarlo.

Ahora bien, ¿qué se extrae de aquí? La cuestión ahora sería que, si admitimos la posición del superhéroe como el defensor de la belleza, tendríamos que virar el enfoque hacia la figura del villano en tanto que sería el líder del ataque de la fealdad. Es en la explicitación de lo que se considere la fealdad, de aquello a lo que la belleza esté dispuesta a imponerse, donde encontraremos una narración que pueda entonces ser realmente política, que pueda ser, incluso, ideológica.

«Hela: ¿Es que nadie se acuerda de mí? ¿No les han enseñado nuestra historia? Fíjate en esas mentiras. ¿Copas rebosantes y recepciones al aire libre? ¿Tratados de paz? A Odín, orgulloso de su reino, le avergonzaba cómo lo había conseguido.» (Waititi, 2017)

En base a esto, si fijamos ahora el punto de vista en la villana de la película, Hela, la Diosa de la Muerte, nos encontraremos con que el estandarte que porta a su llegada es el de la verdad, el de la verdadera historia de un reino que se construyó sobre «sangre y lágrimas», en sus propias palabras, y no sobre paz y armonía. A su llegada, Hela romperá el recubrimiento estético que mantenía a Asgard, en este caso, la labor del villano será la de desmitificar, en el sentido de que su acción constituirá una agresión a lo que sería, en términos de Nietzsche, la «patria mítica» (Nietzsche, 2012). Los grandes tesoros de Odín pasarán a ser juguetes, los idílicos mosaicos quebrarán revelando los anteriores realistas, y el trono de Asgard descubrirá que es una silla.

«Ejecutor: Los tesoros de Odín…

Hela: Falsos (tira uno al suelo), la mayoría son falsificaciones, o sin valor.» (Waititi, 2017)

De esta manera, la verdad se va a configurar como el enemigo de la belleza. Un superhéroe toma parte siempre por lo bello, incluso por encima de lo verdadero, y es aquí donde se puede hablar de la explicitación de una actitud política, es ahora cuando realmente se puede poner de relieve una postura que busca conservar la belleza frente a la verdad. El villano toma las riendas de lo feo, pero lo feo debe hacerse explícito, y entonces sabremos a que se va a imponer lo bello.

«Odín: Asgard no es un espacio, nunca lo fue, esto podría ser Asgard, Asgard es donde esté nuestro pueblo, incluso ahora, justo ahora, necesitan tu ayuda» (Waititi, 2017)

Hemos visto que la fuerza con la que Hela destruirá la superficie artística del reino convertirá al Ragnarok de Sutur en un mero trámite técnico, pues en realidad éste ya se habrá realizado de facto, el pueblo ya habrá abandonado el lugar, y sólo quedarán los edificios que antaño pudieron significar algo, pero que ahora no serán más que piedra y metal. Si bien esto significa que Sutur no va a poder destruir Asgard propiamente dicho, Asgard, o bien ya había sido destruido, o va a estar en otra parte, el pueblo, la fuerza de Hela pudo llegar lejos, pero no tanto como para arrebatar la propia idea mítica de Asgard de los asgardianos.

Esta conclusión de la película nos muestra así que la belleza pudo mantenerse y el héroe cumplir su labor a pesar del ataque, sin embargo, esto no es tan relevante como el hecho de tratar de hacer explícita la narración misma del relato en términos políticos, en posiciones propiamente ideológicas que nos permitan coger la perspectiva necesaria para analizar un cine que está de moda y que logra copar la inmensa mayoría de espectadores en todo el mundo, de un cine que parece no pueda estar exento de contenido discursivo y del que puede merecer la pena el intentar comprenderlo.

Bibliografía

Nietzsche, F. (2012). El Nacimiento de la Tragedia. (A. Sánchez Pascual, Trad.) Madrid: Alianza Editorial.

Platón. (1988). República. (C. Eggers Lan, Trad.) Madrid: Gredos.

  • Waititi, T. (Dirección). (2017). Thor: Ragnarok [Película]. Estados Unidos: Walt Disney Studios Motion Picture.

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