Domingo, Julio 23, 2017
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El amor en nuestra generación

 “Io penso che l’amore platonico possa esistere soltanto nel caso in cui l’oggetto dell’amore, l’oggetto del desiderio sia una donna spaventosamente brutta”. Fabrizio De André

“Yo pienso que el amor platónico solo puede existir en el caso en que el objeto del amor, el objeto de deseo, sea una mujer pavorosamente fea”.

El amor en el mundo clásico era puramente erótico. La edad medieval transmutó el amor a dios por el amor romántico. Los trovadores hicieron que la dama ocupara el lugar de Dios. Con la entrada en la modernidad, el culto a la libertad, el capitalismo, la alfabetización de las grandes masas, la igualdad formal, la alienación, la secularización o el desencantamiento del mundo, la higiene… el amor también ha sufrido cambios[1]. ¿Pero cuáles?

 

Pues bien, nuestra generación parece necesitar una segunda taza de café para poner en Instagram. Una relación oficial en Facebook para que todos puedan comentarla; el post que demuestre el éxito de nuestra pareja. Queremos una cita para el vermut el domingo antes de comer, alguien con quien lamentarnos del cansancio del lunes y alguien que nos escriba “buenos días” el miércoles por Whatsapp. Pero hay miedo a las relaciones serias. ¿Y si nos aburrimos? ¿Y si no soporta nuestras intimidades?

 

Escudriñamos las redes sociales con la intención de encontrar alguien con quién compartamos gustos y creemos que podemos hacer del amor un cálculo racional. Nos encantan los blogs que dicen “Siete maneras de seducirla” o “Cómo saber si le gustas” como si fuera un proyecto más de tu empresa. Invertimos en nuestro perfil de Facebook y Tinder como el departamento de publicidad de una compañía que somos nosotros mismos.

 

Tenemos Snapchat y mandamos mensajes a mucha gente siempre con un cálculo de los riesgos de inversión y rentabilidad. Nos tomamos unas birras, habiéndonos mostrado previamente inaccesibles y diferentes, los más diferentes. Esta, nuestra generación, es una generación miedosa. Que alguien nos coja la mano sí, pero no poner en las manos del otro la posibilidad de herirnos. Fáciles bromas de ligoteo, pero no ligarnos. Queremos permanecer ancorados a nosotros mismos, de un modo seguro e independiente. Nos encanta perseguir la idea del amor, pero sin enamorarnos de verdad.

 

Queremos ver una peli mientras nos acariciamos. Cualquier cosa menos estar de verdad ligado a una persona, o a nada. Queremos ir poco a poco: a ver qué forma toma, y a la primera de cambio, ya que tenemos siempre un pie fuera de la puerta, salimos de allí pulsando el eject. Mantenemos a las personas a una distancia de seguridad, jugando con sus sentimientos, y, creo yo, con los nuestros mismos. Y aun así, somos malos gestores de expectativas.

 

Cuando la cosa se va poniendo seria, nos escondemos detrás de una escapada ilusoria ya que, después de todo, el mar está lleno de peces. Queremos descargarnos una relación perfecta que puede ser actualizada y borrada cuando ya no sirva. No queremos deshacer nuestra maleta emotiva, y menos ayudar a nadie a deshacer la suya. Pensamos que el amor nos llegará por derecho histórico, como si la historia estuviera de nuestra parte. Nuestra infancia mimada nos enseña que cuando queremos algo basta con merecerlo, sin ensuciarnos las manos ni entrar en contradicciones con nuestras ideas para conseguirlo.

 

Escribió Oscar Wilde que “la mejor base para una pareja feliz es la mutua incomprensión”. Pues el amor exige el límite, la imposibilidad del tiempo y la indagación del misterio de lo que permanece oculto y que jamás se podrá volver transparente. Opuesto al amor parece estar una concepción del mundo muy propia de nuestra generación. Queremos que todo se haga transparente como los presupuestos de una empresa a final de año, que todo sea calculable, medible y evaluable. Desaparece el encuentro casual y se quieren programar las relaciones. Buscamos razones para amar a alguien. Y como dice Slavoj Zizek, “si tienes razones para amar a alguien, no lo amas”. No hay razones porque puede que el amor nazca de la necesidad de no terminar en uno mismo, algo que en sí mismo es imposible.

 

[1] https://8ctubre.wordpress.com/2016/02/14/el-invento-del-amor-cuando-como-y-por-que/

Roc Solà
Història a la Autònoma de Barcelona. L'Enric Parellada em va obligar a crear un blog i des de llavors porto La Trivial al cor.
https://rocsola.wordpress.com

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