Sábado, Julio 22, 2017
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¿Dónde estaba la juventud?

Álvaro Callejón

Vaya por delante que la Universidad de Verano organizada por el Instituto 25M fue una de las mejores experiencias que ha vivido quien escribe estas líneas, sobre todo a nivel intelectual. El intercambio de ideas y el espacio de discusión pasaron de ser un tópico de la retórica a una realidad, y puedo asegurar que surgían, casi de manera espontánea, debates que se prolongaban durante horas.

Ahora bien, a mí me gustaría hacer notar, con la actitud pesimista que a veces hay que adoptar, lo que considero un problema. Había algo que chocaba en todo aquello. La pregunta que rondaba la cabeza de muchos allí presentes es la siguiente: ¿dónde está la juventud?

Merece la pena hacer un análisis que evite en la medida de lo posible la superfluidad. La respuesta fácil es que, obviamente, y como el propio Íñigo Errejón comentaba en tono jocoso, hay que tener muchas ganas de asistir a la Universidad, en Madrid, a finales de julio, para asistir a unas ponencias… Cuando bien se podría invertir la voluntad y el dinero en pasar unos días en la Costa del Sol tomando espetos. Además, como hemos oído decir a Monedero, el socialismo, lo malo que tiene, es que te quita muchas tardes libres.

En modo alguno es mi pretensión enjuiciar a un sólo joven por no haber asistido, mas creo que pone de manifiesto un problema que no podemos ignorar. Me gustaría recordar que bastante gente define a Podemos como “un partido para gente joven” (para bien y para mal). Efectivamente, en Podemos no abundan caras muy envejecidas.

La expectativa mía, y de los compañeros que hice de mi edad, era de encontrar mucha más gente joven en la Universidad de Verano. Para nuestra sorpresa, las aulas estaban repletas de gente que superaba los treinta años, y para sorpresa particular, la de que hubiera tantas personas cercanas a la edad de jubilación, si no jubilados. Ni qué decir tiene que esto no me parece algo negativo, tan sólo llamativo.

Y es aún más llamativo si recordamos que la Universidad de Verano fue promocionada sólo vía redes sociales y por la web. Que se sepa, no hubo información en telediarios, prensa escrita o radio de que Jorge Lago estuviera realizando semejante proyecto. El propio Lago nos confirmó que la media de asistencia había sido en torno a los mil alumnos diarios. Interrogado por la poca participación de gente joven, él admitía cierta sorpresa, pero lo justificaba alegando que no todo el mundo tiene las ganas y el dinero para pagar el viaje a Madrid (la matrícula solo valía 25€).

A mí, francamente, no me pareció convincente su respuesta. El dinero es selectivo, así como la voluntad. Creo que todo esto pone de manifiesto un problema latente de la juventud española y es la falta de implicación política por una parte, y la poca inquietud intelectual por otra. En España debería haber suficiente demanda joven como para que en la Universidad de Verano hubiera habido muchos más. Pero hay por desgracia un fantasma que sobrevuela la juventud española, el fantasma de la quietud intelectual, del ocio sencillo, del entretenimiento vulgar y directo… Personalmente, rechazo el argumento de que los jóvenes andan cortos de pasta cuando todos los festivales veraniegos agotan sus entradas, algunos meses antes de la celebración de los mismos.

Por lo tanto, el análisis ha de ser más profundo. Charlaba con una mujer en el metro, que también había asistido a la Universidad. Ella me decía que se iba encantada, porque a pesar de que no había visto mucha gente joven, aquellos jóvenes con los que había charlado habían demostrado mucha preparación, implicación, desparpajo, aptitud, etc. Pero subyace una incómoda pregunta: por cada joven de estos, y siendo realistas, ¿cuántos hay que no habrían venido ni a gastos pagados? Por cada joven de estos que ilusionan a generaciones que llevan unos cuantos años más que nosotros, ¿cuántos preferirían estar tomándose un mojito en la playa de Málaga? ¿Cuántos hay que ejercerán su derecho a voto y sin embargo no conozcan el nombre de los principales cinco líderes políticos de los partidos de su país?

Lamentablemente, creo que la Universidad de Podemos retrató, sin quererlo, lo que sucede, o lo que no sucede, entre los más jóvenes de España. Y pone de manifiesto un auténtico reto, un reto muchísimo más grande que acabar con la corrupción, más grande aún que realizar una reforma a la Constitución antediluviana que tenemos, un reto que ni siquiera una confluencia de todos los partidos y por haber pudiera plantearse: cambiar la cultura general de un país. Éste me parece uno de los mayores problemas que tiene Podemos, y es que es el partido que España necesita, pero quizá no el que se merece.

En este aspecto, creo que lo máximo a lo que aspira Podemos es, si llegara al poder, realizar una legislatura tal que hasta a los más jóvenes les resonara un mantra en la cabeza con el mensaje “al final éstos eran lo bueno” (o, al menos, no eran tan malos). Pero no sólo esto: ¿hasta qué punto puede un partido como Podemos conectar de verdad con los jóvenes? Una cosa es conseguir el voto —que ya de por sí me parece una tarea complicada por el bombardeo de todos los principales medios de comunicación que saca provecho de la poca lectura crítica por parte de los más jóvenes— y otra conseguir una identidad entre el ciudadano de entre dieciocho y veinticinco años y el partido. Porque recordemos que si hay un sólo partido que pudiéramos calificar (siempre en sentido amplio, e incluso vulgar) de intelectual es Podemos. Y si hay un sólo adjetivo que no pudiéramos aplicar al grueso de la sociedad española joven (y casi que en general) es intelectual.

Quizá por eso tantos asistentes, charlando cuando el programa finalizaba cada día, nos sintiéramos en una nube. Efectivamente, la Universidad de Verano nos transportaba a un limbo intelectual donde no parábamos de aprender los unos de los otros, de debatir sobre temas muy diversos que trascendían la política por todos lados, de recomendarnos libros, y por supuesto de reírnos, pero incluso en esto último se advertía algo de diferente. Parece que el humor ya no era el humor zafio y simple que muchas veces nos caracteriza, sino que pareciera que en lo chistes también se exigía cierta lucidez por parte de los interlocutores. Sin embargo, cabe una interpretación, muy a mi pesar demasiado legítima, según la cual estos cuatro días supuso una suerte de oasis en el desierto.

Hay preguntas que hay que realizarse incluso cuando la fiesta está en el mejor momento. Muchos de nosotros disfrutamos tantísimo esa experiencia porque no estábamos acostumbrados a encontrarnos a chavales (valga el aparente elitismo) “como nosotros”. Cabe preguntarse, entonces: “Diantres, ¿por qué lo disfruto tanto, si tampoco debería ser esto nada del otro mundo?”. Realmente, nada te priva, a priori, de debatir e intercambiar ideas con gente de tu edad, ya sea acerca de política, economía, derecho, filosofía, etc. Luego, ¿por qué tanta gente se sentía como si estuviera en libertad? ¿Es por la mera afinidad ideológica? No lo creo, porque bien que había diversidad de ideas también en lo político.

Creo que pocas cosas hay más desesperanzadoras, incluso aterradoras, que considerar esta experiencia un bálsamo y sin embargo no me parece en modo alguno un error considerarlo así.

Una reflexión en el seno de una visión amplia sobre la Universidad de Verano descubre una paradoja: fue una experiencia maravillosa, pero no debería haber sido tan maravillosa. Fue grandioso, sí, y ello porque brilló desde multitud de ámbitos. Pero hagamos notar que, en general, los espacios de intercambio de ideas y debate deberían estar a la orden del día y que la discusión, desde el respeto, sobre política y otros tantos temas de cierta relevancia en la sociedad y el día a día, debería ser una constante entre jóvenes, y no la aguja en el pajar.

One thought on “¿Dónde estaba la juventud?

  1. Álvaro, enhorabuena por el artículo, has expresado perfectamente lo que sentí en la Universidad de verano.
    Sin embargo, no me había percatado de la falta de gente joven, aunque pensandolo detenidamente tienes toda la razón.

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